lunes, 7 de mayo de 2012

SAN SERAPIO Santo Mercedario


 

Festividad de San Serapio, santo mercedario de los enfermos

 

Este aceite se ocupa de 2 maneras:
1.-Ungiendo la parte enferma del cuerpo.
2.-En caso de dolencias internas el aceite se puede ingerir solo o en otra forma.
Cuando se usa el aceite bendecido se hace la oración respectiva (oración para imposición del aceite de San Serapio)

Reseña de San Serapio

Siendo en ella los redimidos ochenta y siete, y no pudiéndose redimir por falta de dinero á algunos cautivos, puestos en evidente peligro de renegar [de la fe], discurrió y practicó su grande amor al arbitrio y medio de quedarse en rehenes por ellos; y aquí fue donde, enardecido el celo de la honra y gloria de Dios y del bien y salvación de aquellos infieles, se opuso públicamente á la falsa y abominable secta de Mahoma; por lo que, por mandato del bárbaro y tirano rey de Argel, fue preso y puesto en una hedionda y obscura mazmorra, azotado con crueldad inaudita, y con la misma atado de pies, apaleado en el vientre , entregando después su llagado cuerpo á una dura y pesada cadena, manteniéndole con sólo pan de perro y salvado; y viendo el Rey la invicta constancia de Serapio, que ni el rigor de tantos y tan crueles tormentos como había padecido, ni las amenazas de los que intentaban ejecutar su furor con el Santo, pudiesen no sólo rendirle, pero ni menos atemorizar aquel animoso y valiente corazón del soldado veterano de Cristo, por último resolvió, rabioso y airado, que le fuese quitada la vida, á cuyo fin mandóle sacar á la plaza, donde, viendo Serapio la aspa ó cruz en que había de morir, lleno su corazón de un inalterable gozo é inexplicable júbilo, rindió gracias á Dios en debido reconocimiento del singular beneficio de permitirle sacrificar, á imitación de su santísimo Hijo, la vida en la cruz, y exclamó: ¡Oh dulce y precioso leño, perfecta imagen de aquél en que mi amado Jesús pendió, por ti espero subir á la bienaventuranza!; y, dichas estas palabras, pasaron á atormentarle cruelísimamente.

Desgarraron poco á poco su ya desfigurado cuerpo con acerados garfios y peines de hierro; introdujéronle agudas canas entre carne y uñas; cortáronle todas las coyunturas y artículos de pies, manos, brazos, piernas y rodillas, añadiendo, por último, el riguroso tormento de la rueda ó torno, con el cual, á la violencia de sus giros, le sacaron las tripas, que milagrosamente salieron enteras; y después, cortándole la cabeza, dio el Santo su espíritu á su Criador á 14 de Noviembre del año de 1240; y antes del último aliento dijo: Señor mío, yo os suplico que, por estos tormentos y dolores que gustoso por vuestro amor padezco, tengáis piedad de aquellos que se hallaren afligidos de algún dolor.
Fueron innumerables los prodigios que por intercesión del santo mártir obró Dios, ya en su vida como después de muerto. Dos niños resucitó, viviendo; el uno en el navío en que el Santo pasaba al reino de Escocia, á quien su mismo padre, irritado por un descuido que cometió su hijo, le había muerto; otro en Irlanda, hijo de un caballero, quien, resucitado, dijo delante de todo el concurso: Una señora vestida de blanco, con corona de oro en la cabeza y una insignia en el pecho, al modo que la trae Serapio, me ha mandado volviese al mundo.    
                                                
En vista de cuyos prodigios, y por muchos siglos continuada veneración de los fieles al Santo, de las declaraciones y sentencias, dadas y promulgadas por los ordinarios de Gerona y Barcelona sobre su culto inmemorial del año de 1718, y de las piadosas súplicas del católico monarca de las Españas Felipe V, ruegos repetidos de diferentes eminentísimos cardenales, instancias continuas de los arzobispos y obispos de España, y peticiones humildes de toda la Religión mercedaria, la Santidad del Papa Benedicto XIII, con su bula dada en Roma á 14 de Abril de 1728, se dignó aprobar y confirmar dichas sentencias, y declaró el referido culto inmemorial del Santo.


San Serapio, mártir mercedario


San Serapio
Nació el glorioso mártir San Serapio, según la más corriente opinión, en la famosa ciudad de Londres, corte del rey de Inglaterra, Año del Señor de 1178. Fue su padre Rothlando, llamado de Escocia, por ser su casa originaria de la noble y clara estirpe y familia de los Escotos de dicho reino, y deudo muy propincuo de su rey Guillermo.
De su madre se ignora el nombre como el apellido; pero, según se colige de lo que las mismas historias refieren, fue de sangre nobilísima, igual y correspondiente en todo á la esclarecida de su esposo. Impusiéronle en el bautismo por nombre Serapio, pronóstico y claro indicio de que sería pío.
 Hallándose aún Serapio en los primeros ardores de su juvenil edad, ya manifestó los puros quilates de su católico celo; pues llegando á sus oídos los lastimosos estragos y raras crueldades que ejecutaban los bárbaros infieles en Palestina, dijo á su padre: Señor y padre mío, ¿no sería de grande gloria de Dios de que fuésemos á morir para restaurar los Santos Lugares de Jerusalén?
Y si bien procuró disuadírselo, proponiéndole lo tierno de su edad, oída su discreta y cristiana réplica, y para suavizar en algún modo su desconsuelo, hubo de condescender á su instancia, ofreciéndole partir juntos siempre y cuando llegase la ocasión.
 Logró ésta felizmente el Santo, año de 1190, pasando con su padre, general del ejército de Inglaterra, y su rey Ricardo á la Palestina.
 Allá asistió al sitio y rendición de Tolemaida y otras muchas plazas, venciendo y triunfando valerosamente de sus enemigos, y en la célebre batalla de Assur dio singulares muestras, no sólo de su heroico Valor destruyendo y poniendo en precipitada fuga á un sinnúmero de sarracenos [árabes mahometanos] y turcos del formidable ejército de Saladino [nacido en el año de 1138 en Tikrit, Iraq], si también de su gran piedad consolando y socorriendo á tanto mísero cautivo que lloraba allí entre aquellos bárbaros su dura esclavitud.
Y habiendo en estas y otras gloriosas empresas y piadosos ejercicios empleado algunos años, muertos sus padres, deseó sacrificar su vida en obsequio de la fe, y vino con el duque de Austria á España, sirviendo al rey D. Alfonso VIII de Castilla en la guerra contra los sarracenos, quienes fueron vencidos y valerosamente sacados de muchas plazas y fuertes de Castilla y Andalucía, nombrándole el rey Alonso, por sus relevantes virtudes y méritos, consejero suyo; con cuyos consejos y dictámenes se prosiguió la guerra hasta quedar del todo humillado el mahometano poder. Volvió otra vez, á impulsos de los mismos deseos de morir por Cristo, á Palestina, donde batalló con indecible intrepidez y esfuerzo contra el ejército de Conradino, hijo del gran soldán de Egipto y Babilonia, capital enemigo de la santa fe católica.
Ilustrado, pues, del Cielo resolvió abrazar el instituto sagrado y caritativo de redimir cautivos en el real Orden de la Virgen santísima de la Merced; á cuyo fin, enterado de la gran santidad del glorioso San Pedro Nolasco, fundador de aquélla, fue á él, pidiéndole con profunda humildad el hábito, que vistió en la ciudad de Barcelona, con demostraciones de singular alegría y ternura grande de su corazón, de mano del mismo santo patriarca.
 Pasó su noviciado bajo la dirección del V. P. Fr. Bernardo de Corbera, grande dechado de perfección; y concluido por Serapio el año de su probación, en que fue un señalado ejemplo de toda virtud y edificación, hizo la profesión solemne de los tres votos de castidad, obediencia y pobreza, y el cuarto de quedarse en rehenes por los cautivos, con inexplicable devoción y muy especial consuelo de su espíritu.
Infestaban de tal forma los mares y costas de Cataluña los moros de Mallorca, que no podían, sin riesgo y peligro evidente de ser presos y cautivos, navegar aquellos mares, ni gozar de alguna paz en sus casas y pueblos sus habitantes; y como, para remedio de estos daños y de los continuos estragos que ejecutaban los moros contra los que rendían, inclinase Dios, siempre piadoso de nuestras aflicciones, el ánimo del invicto rey D. Jaime á la conquista de aquella isla, pasó Serapio con él á tan santa expedición, á la felicidad de la cual fueron sin duda gran parte las humildes súplicas y ruegos fervorosos para con Dios de Serapio; el cual, apenas ganada Mallorca, deseoso de propagar y dilatar su religión en Inglaterra, Escocia é Irlanda, pasó á dichos reinos, padeciendo muchos trabajos é incomodidades en sus viajes, y en particular en éste, en que, siendo preso el navío en que iba por un capitán pirata, fue el Santo grandemente atropellado, de manera que, atado á un palo de fornidos nudos, le azotaron sin piedad alguna; y, considerándole ya difunto, fue su cuerpo impíamente arrojado desnudo en un arenal en las costas de Inglaterra; pero dispuso la Providencia divina que, encontrado de unos pescadores, se compadeciesen de él y le cubriesen con una capa sus ensangrentadas carnes, y que llegando á Londres, su patria, fuese prontamente curado y asistido de hábiles religiosos.
Aunque Serapio, por su rara y profunda humildad, procuraba encubrir los preciosos quilates del oro de su mucha virtud, tanto más el Señor disponía que fuese á todos más patente; pues, apenas llegado á Londres, noticioso el rey de Escocia, Alejandro, de su mucha santidad, envió por él, para que procurase que un grande rebelde suyo y sus secuaces se redujesen á su obediencia y real servicio; y fue el Santo tan mal recibido de éstos, que, habiéndole rigurosamente azotado, le dijeron: Dirás á tu rey que en tus espaldas hallará la respuesta: desacato que, sentido de él agriamente por Alejandro, juntó numeroso ejército y les persiguió hasta quedar vencidos y tomar de ellos la debida satisfacción y justo castigo.
Hizo algunas redenciones, y entre éstas una en Murcia con su compañero Fr. Pedro de Castellón, redimiendo noventa y ocho cautivos, y en todas fue indecible el incendio de su ardiente caridad que mostraba con los pobres esclavos que no podía redimir; y á fin de conseguir por todos modos algún alivio á los cautivos, impelido de la compasión y amor que les tenía, se postraba rendido á los pies de los dueños de los mismos esclavos y, regándolos con sus lágrimas, procuraba con palabras llenas de dulzura y caridad persuadirles alzasen la mano de su rigor contra los pobres y míseros esclavos, y que fuesen tratados más blandamente.
Otra redención hizo Serapio en Argel con Fr. Berengario de Bañeres, en la cual el glorioso San Ramón Nonato, del mismo real Orden, á quien comunicaba y profesaba Serapio muy estrecha amistad, le anunció, al tiempo de partir, su feliz y deseado martirio.
Siendo en ella los redimidos ochenta y siete, y no pudiéndose redimir por falta de dinero á algunos cautivos, puestos en evidente peligro de renegar [de la fe], discurrió y practicó su grande amor al arbitrio y medio de quedarse en rehenes por ellos; y aquí fue donde, enardecido el celo de la honra y gloria de Dios y del bien y salvación de aquellos infieles, se opuso públicamente á la falsa y abominable secta de Mahoma; por lo que, por mandato del bárbaro y tirano rey de Argel, fue preso y puesto en una hedionda y obscura mazmorra, azotado con crueldad inaudita, y con la misma atado de pies, apaleado en el vientre , entregando después su llagado cuerpo á una dura y pesada cadena, manteniéndole con sólo pan de perro y salvado; y viendo el Rey la invicta constancia de Serapio, que ni el rigor de tantos y tan crueles tormentos como había padecido, ni las amenazas de los que intentaban ejecutar su furor con el Santo, pudiesen no sólo rendirle, pero ni menos atemorizar aquel animoso y valiente corazón del soldado veterano de Cristo, por último resolvió, rabioso y airado, que le fuese quitada la vida, á cuyo fin mandóle sacar á la plaza, donde, viendo Serapio la aspa ó cruz en que había de morir, lleno su corazón de un inalterable gozo é inexplicable júbilo, rindió gracias á Dios en debido reconocimiento del singular beneficio de permitirle sacrificar, á imitación de su santísimo Hijo, la vida en la cruz, y exclamó: ¡Oh dulce y precioso leño, perfecta imagen de aquél en que mi amado Jesús pendió, por ti espero subir á la bienaventuranza!; y, dichas estas palabras, pasaron á atormentarle cruelísimamente.
Desgarraron poco á poco su ya desfigurado cuerpo con acerados garfios y peines de hierro; introdujéronle agudas canas entre carne y uñas; cortáronle todas las coyunturas y artículos de pies, manos, brazos, piernas y rodillas, añadiendo, por último, el riguroso tormento de la rueda ó torno, con el cual, á la violencia de sus giros, le sacaron las tripas, que milagrosamente salieron enteras; y después, cortándole la cabeza, dio el Santo su espíritu á su Criador á 14 de Noviembre del año de 1240; y antes del último aliento dijo: Señor mío, yo os suplico que, por estos tormentos y dolores que gustoso por vuestro amor padezco, tengáis piedad de aquellos que se hallaren afligidos de algún dolor.
Fueron innumerables los prodigios que por intercesión del santo mártir obró Dios, ya en su vida como después de muerto. Dos niños resucitó, viviendo; el uno en el navío en que el Santo pasaba al reino de Escocia, á quien su mismo padre, irritado por un descuido que cometió su hijo, le había muerto; otro en Irlanda, hijo de un caballero, quien, resucitado, dijo delante de todo el concurso: Una señora vestida de blanco, con corona de oro en la cabeza y una insignia en el pecho, al modo que la trae Serapio, me ha mandado volviese al mundo.                                                    
En vista de cuyos prodigios, y por muchos siglos continuada veneración de los fieles al Santo, de las declaraciones y sentencias, dadas y promulgadas por los ordinarios de Gerona y Barcelona sobre su culto inmemorial del año de 1718, y de las piadosas súplicas del católico monarca de las Españas Felipe V, ruegos repetidos de diferentes eminentísimos cardenales, instancias continuas de los arzobispos y obispos de España, y peticiones humildes de toda la Religión mercedaria, la Santidad del Papa Benedicto XIII, con su bula dada en Roma á 14 de Abril de 1728, se dignó aprobar y confirmar dichas sentencias, y declaró el referido culto inmemorial del Santo.
 
ORACIÓN
Glorioso mártir San Serapio,
ejemplo de fe en Cristo Redentor
y de Amor a los cristianos cautivos
por cuya causa fuiste crucificado en una cruz,
te pedimos, ruegues a Él
para que los cristianos vivamos conscientes
del compromiso con nuestra fe.
Tú que demostraste con tu muerte
que no hay mayor amor dar la vida
por el hermano;
te pedimos que los méritos de tu vida sean
una fuente de consuelo y esperanza,
para los enfermos del Cuerpo y del Alma
que desean verse libres de sus males.
Por Cristo Nuestro Señor.
AMÉN

MISA

SAN SERAPIO



Antífona de entrada 1 Cor 1, 18

El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; para los que están en vías de salvación- para nosotros- es fuerza de Dios.

Oración colecta

Oh Dios, fuerza y esperanza de los oprimidos, que otorgaste a San Serapio la gracia de morir mártir en la cruz para liberar a los cristianos cautivos; concédenos vivir abrazados a la cruz de tu Hijo y servir con activa solicitud a nuestros hermanos necesitados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Primera lectura

“Fijos los ojos en Jesús que soportó la cruz”.

Lectura de la carta a los Hebreos Hbr 11, 1-2. 35-38; 12, 1-4

Salmo responsorial. Del salmo 30

R. El Señor ha hecho por mí maravillas de amor.

Yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios”.
En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
 y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos! R.

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R.

Bendito el Señor,
que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
Amad al Señor, fieles suyos:
el Señor guarda a sus leales. R.

Aleluya Jn 16, 20

R. Aleluya, aleluya

V. Vosotros estaréis trstes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

R. Aleluya.

Evangelio

“No tengáis miedo a los que matan el cuerpo”.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Mt 10, 28-33

Oración de los fieles

Animados con el ejemplo de San Serapio, que dejó todo para dedicarse a los demás, abramos nuestro corazón a las necesidades de todo el mundo y roguemos a Dios.

v  Por todo el pueblo de Dios, para que comprenda el amor que Cristo crucificado revela y oferce, y para que lo encarne en el mundo de este tiempo.

v  Por todas las naciones de la tierra, para que los hombres aprendan a mirarse como hermanos, a superar fronteras e intereses locales, para que se forme una nueva humanidad, basada en el intercambio de relaciones y servicios.

v  Por los Hermanos Cooperadores de la Orden, para que imiten siempre gozosamente el espíritu de fe y de sacrificio de San Serapio y crezcan en la caridad de Cristo.

v  Por todos los reunidos en este banquete del Señor, para que la comunión del cuepo y sangre de Cristo nos dé fuerza para testimoniarlo hasta con el martirio, si hace falta, como hizo San Serapio.

Protege, Padre que estás en los cielos, al pueblo redimido por tu Hijo; escucha sus deseos y concédele caminar gozoso hacia los bienes futuros, confortado por tus consolaciones. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones para el sacrificio redentor de tu Hijo, y acrecienta en nosotros el deseo de los bienes celestiales, que San Serapio anheló sin cesar durante su vida y testumonió con valor en su gloriosa muerte. Por Jesucristo nuestro Señor.


Antífona de comunión Rom 8, 38-39

Ni la muerte, ni la vida, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Oración después de la comunión

Alimentados con esta Eucaristía, que es prenda de nuestra salvación eterna, suplicamos, Señor, tu ayuda para que, como tu mártir San Serapio, sepamor reconocer la imagen de Cristo paciente en los pobres y débiles, y caminar siempre hacia la patria que nos has prometido. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

BENDICIÓN DEL ACEITE DE “SAN SERAPIO”

(Aceite común de la alimentación es el que se bendice)


S.- Nuestro auxilio, etc.
P.- Que hizo el cielo y la tierra.

S.- El Señor esté...
P.- y con tu espíritu.

OREMOS: omnipotente y sempiterno Dios, alivio y remedio del género humano; dígnate santificar este aceite que nosotros bendecimos en Tu Nombre.
Te pedimos, por el martirio de San Serapio, que los enfermos de úlceras, fracturas, quemaduras o cualquier otra enfermedad del cuerpo, al ser ungidos con este aceite, se vean libres de ellas, sientan el auxilio temporal y alcancen la salvación eterna. Por Cristo Nuestro Señor.

1)      ORACIÓN: ¡O Jesús, Redentor nuestro! Inflama a nuestro corazones en el fuego de tu amor, para que como Serapio que murió que murió como Vos en la cruz, para la redención de cautivos, así nosotros, mediante su intercesión poderosa, suframos resignados los trabajos y penalidades de la vida. Así sea.

S.- Y la bendición de Dios Todopoderoso, Pdre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
P.- amén

Al aplicar o aplicarse el aceite: que la unción con este aceite bendecido en honor de San Serapio, alivie y suprima todos los males que nos aquejan. Amén.

Piadosísima Madre de la Merced, ruega por nosotros.

Novena

 

sAN SERAPIO



Acto de contricción

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón...

Oración para todos los días

Oh Dios, fuerza y esperanza de los oprimidos, que otorgaste a San Serapio la gracia de morir mártir en la cruz para liberar a los cristianos cautivos; concédenos vivir abrazados a la cruz de tu Hijo y servir con activa solicitud a nuestros hermanos necesitados.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona

Ni la muerte ni la vida, ni criatura alguna porrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Oración final

¡Oh Jesús, Redentor nuestro! Dignaos inflamar nuestro corazones en el fuego vuestro amor para que así como el bienaventurado Serapio murió como vos en una cruz por la redención de los fieles cristianos, así nosotros, mediantes su intercesión poderosa, nos animemos a sufrir con paciencia los trabajos y advertencias de la vida, y vivamos siempre abrazados a la cruz, como cos vives y reinas con Dios Padre, en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


REFLEXIONES

Día primero

Un impulso interior, que ascética católica llama “vocación” movió a nuestro Santo a seguir a su padre, enrolado en la lucha contra los sarracenos. Eso puso a San Serapio en contacto con la tremenda situación de los cautivos cristianos. ¡Debió recibir una presión obsecionante! ¡Desde aquel momento será su tortura el sufrimiento de sus hermanos, cautivos por la fe!

Día segundo

 No siempre coinciden los derechos de Dios con las aspiraciones de los hombres. Es imperativo optar: o consagramos nuestra vida a los intereses superiores de Dios, o nos esclavizan los intereses humanos. De nosotros depende.


Día tercero

La Providencia de Dios traza y cumple el destino sin violar la libertad humana. Así lo hará con Serapio. Providencialmente se separó de su padre al que había importunado para que lo llevara consigo; providencialmente no regresó a su patria; prvidencialmente arribó a España; providencialmente tabó contacto con el fundador de la Merced para la redención de los cautivos.

Día cuarto

Para la apreciación humana lo realizado hasta hoy y lo que se realizará en toda la vida de Serapio, serán meras coincidencias. En esta perspectiva, a lo sumo serán causas y efectos que se concatenan con el rigor de una lógica fatal.
Para el sentido providencialista de la vida, no. Por esas coincidencias lo llevaba Dios al cumplimiento de su destino.

Día quinto

El hombre debe a Dios el tributo de una adoración total. La adoración celestial del Apocalipsis está llena de gestos y palabras. El éxtasis es un don de Dios, no un tributo del hombre. Es necesario respaldar nuestra alabanza de palabras con el complemento de las obras para que nuestra adoración sea completa. Por eso la vida de Serapio en adoración a Dios en obras y en palabras.

Día sexto

La organización y ecución de una Redención Mercedaria era una empresa colosal. Era tomar la cruz... seguirlo a Jesús... ¡Perder la vida! ¿Cuántas veces los redentores mercedarios gustaron algo de a tremenda agonía de Gersemanit? ¡O la voluntad divina... o la voluntad humana! Eran hombre y, ¡ni uno solo traicionó su voto!

Día séptimo

No fue sacerdote San Serapio ni le alagaron los títulos y actividades universitarias. La Orden Redentora de Nolasco forjó santos y sabios. Serapio perteneció a los santos que son los sabios del Padre celestial, a quienes confiaba la heróica misión de Redentores.

Día octavo

Cuando la Orden designó Redentor a San Serapio, le confería una distinción excelsa, porque ese cargo se confería a los más virtuosos. Pero también lo cargaba con una tarea de héroe, con una tremenda responsabilidad. ¡Jamás pasaría por la mente del humilde fraile que este sería el camino de su gloria! ¡De eso velaba por él su Padre del cielo!

Día noveno

“A quien me sirve, mi Pader le honrará” dijo Jesús (Jn 12, 24) y pasarán los cielos y la tierra pero la palabra del Señor no pasará. El Padre bondadoso no olvidará a su humilde hijo, pero testigo heroico, San Serapio.
La Santa Iglesia lo ha elevado a los altares y consagra con una Bendición Litúrgica especial el aceite llamado “Aceite de San Serapio”, y a siglos de su muerte, millares de devotos invocan su nombre, se ungen con su aceite y consiguen por su intercesión extraordinarias curaciones, incluso en casos de parálisis.
¡Sea bendito su santo nombre!

Triduo


2)      Señal de la cruz

3)      Pésame... te lo pedimos por méritos de tu glorioso mártir San Serapio. Así sea.

4)      Oración: danos Señor la gracia de vivir en comunión con todos los Santos; que el sufrimiento de nuestros hermanos en la Fe, sea también el nuestro, y que podamos con nuestras limosnas ser su consuelo. Así sea.

5)      ¡O Jesús, Redentor nuestro! Inflama a nuestros corazones en el fuego de tu amor, para que como Serapio que murió que murió como Vos en la cruz, para la redención de cautivos, así nosotros, mediante su intercesión poderosa, suframos resignados los trabajos y penalidades de la vida. Así sea.

Glorioso San Serapio ruega por nosotros.

NOTA: para el triduo repetir esto tres días seguidos una vez al día. Para novenario: nueve días. Un momento de reflexión y pedir la gracia. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Con aprobación eclesiástica


SAN SERAPIO
Mártir mercedario - Patrono de los enfermos y afligidos
Fiesta 14 de noviembre

ORACIÓN

Glorioso mártir San Serapio,
ejemplo de fe en Cristo Redentor
y de Amor a los cristianos cautivos
por cuya causa fuiste crucificado en una cruz,
te pedimos, ruegues a Él
para que los cristianos vivamos conscientes
del compromiso con nuestra fe.
Tú que demostraste con tu muerte
que no hay mayor amor dar la vida
por el hermano;
te pedimos que los méritos de tu vida sean
una fuente de consuelo y esperanza,
para los enfermos del Cuerpo y del Alma
que desean verse libres de sus males.
Por Cristo Nuestro Señor.

Amén