miércoles, 23 de julio de 2014

BUENOS CONSEJOS SOBRE HOMILÉTICA

Cómo mejorar nuestra predicación sagrada

Predicaciones Circunstanciales
Por Antonio Rivero

BRASILIA, 21 de julio de 2013 -
 Columna del P. Antonio Rivero, L.C. Doctor y profesor de Teología.
Antes de comenzar un nuevo tema en mi columna de predicación sagrada, quisiera agradecer a mis lectores las sugerencias que me han dado sobre homilías que deben evitarse, y que ahora las resumo aquí:
Homilía soporífera: tan aburridas y con tono de funeral y monótono, que todos se duermen. No hay expresividad, ni entusiasmo, ni cambio de tonos.
Homilía relámpago: no duran ni un minuto. Deberían durar unos diez minutos, y los domingos, hasta quince minutos. En un minuto no se dice nada.
Homilía látigo: donde el predicador regaña a los fieles. Eso, nunca, pues el sacerdote es pastor y no fustigador. Perderá mucha feligresía.
Homilía bufón con carcajada: contando chistes a mansalva para ilustrar lo expresado, olvidando que muchas veces la gente queda con el chiste y se olvida de lo central del mensaje.
Homilía de periodista o cuentero: “…estuve los otros días por el mercado… por la plaza… por el colegio… por la calle… etc.”, y desmenuza y cuenta casos que vio y escuchó. Aquí habla no el presbítero, sino el periodista… Cuando no tiene qué contar, cuenta cuentos breves y simpáticos. La homilía no es para eso.
Homilía enlatada: cuando repite la homilías que tenía archivadas desde hace veinte años.  La homilía tiene que saber a novedad y actualidad, desde el punto de vista eclesial y mundial, si no, olerían a tufo añejo.
Homilía política: cuando el sacerdote habla de política y critica al político de turno.
Homilía pastilla de consuelo: en funerales se alaba tanto al muerto, que se olvida de abrir los ojos de los presentes para que miren de cara a la eternidad y preparen las maletas para el último viaje.
Homilía teatral: el predicador hace teatro, y salta y baila y berrea. Eso no es digno de una acción litúrgica, ni es el lugar ni el momento. Esto no quiere decir, que sea inexpresivo o monótono, como ya explicamos. “In medio est virtus”, en el equilibrio está la virtud.
Ahora sí, expliquemos otro tema.
PREDICACIONES CIRCUNSTANCIALES

Con el nombre de predicación circunstancial designamos todas aquellas predicaciones, dentro o fuera de la celebración eucarística, cuya razón de ser no es el domingo o la festividad del día, sino otra circunstancia que puede variar ampliamente, desde la inauguración del curso escolar hasta las bodas de oro de una asociación civil o religiosa, pasando por la bendición de animales o de coches.
Dentro de esta categoría hay tres casos que merecen una atención especial por su frecuencia, por su relevancia litúrgica y por sus implicaciones con el trabajo pastoral. Se trata de la predicación en el bautizo,  en la boda y en el funeral. Hay otras que también explicaremos: fiesta, presentaciones y brindis.
Demos hoy unas pistas en general respecto a los oyentes, la situación y unas conclusiones. Y los otros días ya hablaremos de cada una en particular.
Primero, los oyentes…

El público que se reúne en un bautizo, en una boda o en un funeral es muy variado: fieles de la comunidad parroquial, católicos no practicantes, indiferentes y hasta es posible que haya ateos o pertenecientes a otra confesión religiosa, sin descartar a los que acuden por curiosidad.
Son más celebraciones familiares a las que se une la comunidad cristiana que celebraciones de la comunidad en las que está presente la familia. Están ahí por lazos familiares o sociales, no por razones religiosas. Algunos soportan la ceremonia religiosa porque se vería feísimo ir sólo al banquete familiar.
Esto no justifica que el predicador esté ahí con una disposición interior desganada. Tiene que dar lo mejor de sí en esa predicación, presentando un mensaje espiritual sencillo y positivo, lleno de fervor y entusiasmo. Es una oportunidad única para que alguno de ellos cambie su opinión negativa de la Iglesia y de los sacerdotes y tal vez sea la ocasión para que alguno de ellos comience a interesarse por la fe. El predicador sagrado llegará al fondo de su corazón por la fuerza de su fe sencilla y por hablar el mismo lenguaje que ellos. Hay que tratar de conectar con ellos. Se aconseja que la predicación sea sencilla, positiva y respetuosa de las diversas creencias. El predicador debe aprovechar esa ocasión en que los oyentes están con más apertura emocional, para hablar de esos misterios humanos: el nacimiento, el amor y la muerte.
Segundo, la situación….

Esa situación concreta –un bautizo, una boda, unas exequias-  es una excelente oportunidad para iluminarla con la Palabra de Dios. Por eso, hay que partir de un texto bíblico que vaya al corazón de esa situación humana. Si no hacemos esto, hay el peligro de “echar el rollo teológico” en esos momentos, con lenguaje eclesiástico que algunos de los oyentes odian. Es una ocasión para instruirlos en la doctrina cristiana con gran respeto: ¿para qué nacemos, de dónde procede esa nostalgia de amor y de comunidad, por qué acabamos en la tierra? Hay que hacerles ver cómo la Iglesia celebra el amor gratuito de Dios manifestado en Cristo en todas esas situaciones (bautismo, boda, entierro); Dios no se desinteresa del hombre, a quien ha creado con tanto amor.
Finalmente, unas conclusiones…

Primera, el predicador no puede prescindir del estado anímico de los oyentes.
Segunda, el predicador debe preparar su predicación de modo que ayude a los oyentes a ir más allá de dónde se encuentran, para que lo vivan más profundamente. Así ofrece el consuelo objetivo con el calor de una participación verdaderamente humana.
Y, por último, siempre predicará con palabras humanas, con tono auténtico y vocabulario comprensible para todos, y con tacto, delicadeza y respeto a la intimidad de los variados asistentes; con calor humano, un gran corazón y una dosis de sabiduría adquirida en las experiencias de la vida.
 
 
 
Decálogo homilético a la luz de la Verbum Domini.
 
La nueva exhortación apostólica de Benedicto XVI recién salida a la luz, Verbum Domini, entre otras cosas nos indica que se deben “evitar homilías genéricas y abstractas, que oculten la sencillez de la Palabra de Dios, así como inútiles divagaciones que corren el riesgo de atraer la atención más sobre el predicador que sobre el corazón del mensaje evangélico” (VD nº 59). Y por otra parte invita a “que los predicadores tengan familiaridad y trato asiduo con el texto sagrado; que se preparen para la homilía con la meditación y la oración, para que prediquen con convicción y pasión (Ibidem).
Soy consciente de que la homilía “ideal” siempre la inspira el Señor a través de su gracia. A los que tenemos la responsabilidad de ejercer este ministerio, el Papa nos dice que hemos de tomarnos muy en serio esta tarea, y esto lo conseguiremos con esfuerzo, trabajo intenso, un poco de ilusión y sobre todo, mucha oración. La homilía ha de surgir del diálogo del Señor. Ya que para hablar de Dios, es necesario primero hablar con Dios.
Sin más dilación, quisiera aportar y proponer un decálogo homilético que pueda servir a aquellos pastores que se dedican a proclamar y anunciar la Palabra de Dios.

1. Preparación: Tanto remota como próxima. Y eso se hará consultando textos, profundizando en la exégesis y tomando nota de todo lo que nos sirva para adentrarnos en el espíritu del texto y para poder explicarlo desde una fe vivida.

2. Selección. Hay que elegir, primero el tema con el mensaje principal que queremos abordar, y después las ideas secundarias (no han de ser más de dos o tres) que ayuden a entender mejor el primero. Al escoger un tema determinado éste nos indica de que tenemos que hablar y de que no; es decir, queda limitado a algo concreto y así no caemos en divagaciones que no tengan relación con el pasaje/s escriturístico/s.

3. Buscar anécdotas o parábolas que sean apropiadas y estén relacionadas con las lecturas dominicales. Se puede también evocar algún testimonio que conozcamos o que hayamos leído. Esto atraerá la atención de la gente.

4. Escribir el texto. Esto es algo muy útil, y aunque sea verdad que no es preciso escribir la homilía entera (aunque es recomendable), al menos es aconsejable anotar las ideas principales, es decir, los puntos clave a recordar y tener en cuenta. Algo imprescindible si uno va a predicar sin papeles será escribir el principio y el final de la homilía, para tener claro como “despegar” y como “aterrizar”.

5. Brevedad. Como ya dijimos antes, no es bueno ofrecer muchas ideas a los oyentes, ya que está comprobado que al final de la prédica los fieles no se quedarán con casi nada de lo escuchado. Y además algo fundamental es no repetirse constantemente en lo mismo, usando las mismas expresiones en el lenguaje, ya que se cae en el riesgo de cansar y alargar la “agonía”. Esto es, se trata de exponer una misma idea temática desde enfoques diferentes pero unitarios, acudiendo a diversas fuentes: Padres de la Iglesia, a los santos, al Catecismo… En resumen, unidad (temática) en la diversidad (de ideas) para poder acabar en unos alrededor de diez minutos.



6. Ser “claros”. Esto se consigue usando un lenguaje sencillo adaptado a todo tipo de oyentes, intercalando a ser posible algún ejemplo práctico que ayude a comprender lo expuesto teóricamente. De lo contrario, el homileta podrá predicar con una retórica excelente, pero corre el peligro de estar “hablando” a las paredes del templo.

7. Mirar a la gente. Este es otro punto importante, ya que es el mejor modo de poder comunicar con los fieles a los que nos dirigimos. Esta es la llave maestra para entrar en contacto personal con los feligreses. Por eso, si usamos un guión, será bueno tener las ideas principales “memorizadas” para levantar la mirada al auditorio. En caso de leer la homilía habrá que tener en cuenta que no podemos estar todo el tiempo con los ojos “pegados” al papel y tendremos que darle una entonación natural como los locutores de radio.

8. Cuidar los detalles accesorios: Así por ejemplo, la megafonía, los ruidos exteriores, el frío, el calor, u otras circunstancias que pueden ayudar o en su defecto empobrecer la atención de los oyentes.

9. Resumir bien los mensajes principales. Es decir, hay que saber sintetizar, ya que toda palabra usada no ha de ser ociosa, ya que la homilía es el momento oportuno y tal vez el único de instruir y formar en las verdades de la fe a los oyentes.

10. Terminar con alguna frase que sirva de “titular”. Puede servir alguna sentencia de un santo, alguna frase que resuma todo el contenido del mensaje. Lo importante es que ésta impacte de tal forma que se quede grabada en el “corazón” de las personas.
 

Animales y Personas

Esta expresión sólo resulta admisible cuando constituye un corolario natural de un deber mucho más perentorio que nos obliga a compadecer el sufrimiento de nuestros semejantes
 
Animales y Personas
Animales y Personas
Ayer aparecían publicadas en ABC, por caprichos del azar, dos noticias que invitan a la evaluación conjunta. El Parlamento catalán aprobaba una muy estricta ley de protección de los animales que, reconociéndoles su entidad de «seres vivos dotados de sensibilidad física y psíquica», castigará a quienes los abandonen a su suerte o les inflijan daño. Simultáneamente, se presentaba en Madrid un libro titulado «Los límites de la exclusión», firmado por los profesores Manuel Muñoz, Carmelo Vázquez y José Juan Vázquez, que nos habla de los mendigos, otros seres vivos (¿quizá menos dotados de sensibilidad física y psíquica?) igualmente abandonados y vapuleados por la indiferencia colectiva. Resulta paradójico y perturbador que la misma sociedad que permite que una porción nada desdeñable de sus miembros agonice en la calle se preocupe de aliviar el sufrimiento de los animales desamparados.

En el fondo de este comportamiento social, cada día más arraigado, subyace una peligrosa perversión del sentimiento. Acallamos la mala conciencia que nos produce el sufrimiento del prójimo (de quien nos es más próximo) ideando falsificaciones de la piedad que nos permitan posar de «humanitarios» ante la galería. Hemos logrado recubrirnos de una especie de coraza impertérrita que nos permite esquivar el dolor rampante que se enseñorea del mendigo de la esquina, de la prostituta que se ofrece al peor postor, del inmigrante que malvive en un cubículo o ergástulo; y, mientras las personas que sufren a nuestro derredor se convierten en un lejano runrún que preferimos no escuchar, desaguamos nuestra indignidad ideando leyes que consagran el respeto sacrosanto a los animales. Anticiparé que considero la protección de los animales una expresión muy enaltecedora y necesaria de humanidad; pero creo que esta expresión sólo resulta admisible cuando constituye un corolario natural de un deber mucho más perentorio que nos obliga a compadecer el sufrimiento de nuestros semejantes. En los últimos años, sin embargo, he observado que desde diversos púlpitos más o menos ecologistas se pretende hacer tabla rasa de hombres y animales, adjudicándoles los mismos derechos; esta pretensión igualitaria se me antoja el germen de un pavoroso relativismo moral. Y he observado también que, con excesiva frecuencia, el celo que destinamos a los animales constituye un sucedáneo que nos exonera de responsabilidad ante otras formas más insoportables de inhumanidad, que atañen directamente al hombre.

Con muy atinado sarcasmo escribía ayer Zabala de la Serna en las páginas de este periódico que acabaremos inaugurando más albergues para perros y gatos que albergues para indigentes. Los estudiosos de las patologías sexuales definen el fetichismo como un «andarse por las ramas», a través del cual el enfermo soslaya la angustia que le produce enfrentarse al ser amado y lo suplanta o sublima a través de su representación. ¿No serán también ciertas manifestaciones fanáticas de la zoofilia una forma de suplantación, una patología vergonzante que desarrollamos para soslayar la vergüenza que nos produce la aniquilación cotidiana del hombre, mediante la denuncia de otras aniquilaciones menores? Me parece muy loable que se prohíban -como hace esa ley catalana- las «atracciones feriales» y la «exhibición ambulante de animales que son utilizados como reclamo»; pero cuando permitimos que el dolor ambulante del prójimo forme parte del paisaje urbano y aceptamos la exhibición ferial de tantas vidas en almoneda, estas medidas legislativas se nos antojan un mero subterfugio ornamental, un «andarse por las ramas» demasiado hipocritón y exasperante.

La Leyenda Dorada de los santos

Para la dimensión vocacional son sumamente importantes esos modelos: hombres y mujeres de los que quizás nunca se escriba pero que quedarán en las leyendas propias
 
La Leyenda Dorada de los santos
La Leyenda Dorada de los santos
Hay libros que pese a tener una importancia capital en la cultura de nuestro mundo, apenas son conocidos, y desde luego sus autores casi no llegan al mundo de la cultura popular pese a haber contribuido de un modo imprescindible con sus obras a hacer nuestro mundo como es. Pienso en Beda el Venerable, un monje inglés que con sus crónicas conservó en la Edad Media mucho del conocimiento que luego se recuperó en el Renacimiento, pienso en Geofrey de Monmouth que recogió toda la saga artúrica transmitiéndola al mundo tras él, Maimónides y Averroes desde la Andalucía musulmana otro tanto que Beda el Venerable, y desde luego, hay que mencionar al Beato de la Orden de Predicadores que celebramos hoy.

Jacopo da Varezze, Santiago de la Vorágine, Jacobo de la Voragine son distintos modos de encontrar el nombre de este fraile dominico del siglo XIII (1230-1298) que llegó a ser Obispo de Génova pero que ha pasado a la historia por ser el autor de la Leyenda Dorada, la más célebre recopilación de biografías de santos y la más influyente en el arte europeo, pues la iconografía de los santos -los símbolos con los que son representados los santos atendiendo a episodios de su vida- nace en su inmensa mayoría de esta obra.

Que Santo Domingo de Guzmán aparezca junto al perro blanco y negro con la antorcha en el hocico, que San Lorenzo se le represente con la parrilla de su martirio, que San Jorge sea siempre representado matando al dragón tiene su origen en esta obra y en este fraile dominico.

Santiago de la Voragine comenzó a escribir la "Legenda aurea" en 1250 (el primer manuscrito aparecido es de 1260) y se dedicó a esta tarea hasta 1280. En algunas de sus primeras ediciones la obra se tituló "Lombardica Historia" debido a que de la Voragine dedica el segundo y último capítulo de su obra a la vida del papa Pelagio, incluyendo un resumen de la historia de los lombardos, hasta 1250, originando una falsa idea de tratarse de trabajos distintos.

No es la Leyenda Dorada un documento histórico con la narración de hechos reales como hoy los entendemos, pues el objetivo principal no fue el redactar biografías históricas tal cual hoy consideramos, o escribir tratados científicos para eruditos, sino libros de devoción para la gente común, que estaba inmersa en la creencia inquebrantable de la omnipotencia de Dios y su cuidado paternal, que los llevaría a alcanzar una vida santa. La Leyenda Dorada ofrecía a través de su páginas, la posibilidad de conocer modelos de vida dignos de ser emulados.

Y tal es el inmenso valor que tiene la obra de este Beato Dominico. Los modelos humanos son algo connatural al ser humano, necesarios para todo desarrollo personal. Referentes para guiar nuestra vida son necesarios a todo plano: humano, religioso, vocacional, familiar, profesional... nos movemos más de lo que somos conscientes según referentes y modelos. La publicidad y el marketing, los medios de comunicación, lo saben bien y lo utilizan para potenciar el consumo y vender productos.

La Iglesia Católica lo ha tenido siempre presente y sin perder de vista que el modelo último, perfecto y referente completo de todo creyente es Jesús de Nazaret, el Señor, propone modelos para ese seguimiento... éso son los santos. Hombres y mujeres como todos los demás que han recorrido su camino de seguimiento, con sus aciertos y sus intentos, pero cifrados siempre en la pasión de su seguimiento, de intentar hacer vida el Evangelio de Jesucristo. No son los únicos, los hay públicos y notorios, famosos diríamos hoy, pero junto a ellos hay toda una muchedumbre inmensa de creyentes que han caminado bien su camino, que han seguido a Jesús desde su vida quizás poco conocida, o sólo para los suyos, para quienes con ellos trataron.

Creo que para la dimensión vocacional son sumamente importantes esos modelos. Los de otros tiempos -para nosotros dominicos será Santo Domingo, pero junto a él toda una cantidad de hombres y mujeres que han encarnado la pluriforme identidad dominicana de la predicación, canonizados oficial y públicamente u ocultos en los pliegues de la historia y la memoria- y los de este nuestro tiempo. Casi todos los dominicos de hoy en día podemos dar una serie de nombres que tuvieron o tienen mucho que ver con nuestra vocación y nuestra identidad, nombres de hombres y mujeres que encarnan lo dominicano con sus vidas entregadas a la pasión de Dios y de la predicación, hombres y mujeres que en su seguimiento del Señor Jesús han sido y son modelo para muchas personas que buscan su camino de fe o que caminan por él. Hombres y mujeres como los de la Leyenda Dorada del Beato Santiago de la Vorágine, de los que quizás nunca se escriba pero que quedarán en las leyendas propias de quienes son conscientes de haber encontrado en ellos verdaderas mediaciones de Dios y modelos de vida.

Juan Pablo II y Gianna Beretta, santos patronos del Encuentro Mundial de las Familias 2015

La Iglesia Hoy

El arzobispo de Filadelfia, Charles J. Chaput, ha anunciado oficialmente que san Juan Pablo II y santa Gianna serán los santos patrones para el Encuentro Mundial de las Familias, Filadelfia 2015. Lo comunicó el pasado domingo 20 de julio durante la misa celebrada en la Catedral de San Pedro y San Pablo. El anuncio del arzobispo Chaput se realizó junto con la presentación de la reliquia de de san Juan Pablo II para la veneración pública.

 “San Juan Pablo II y santa Gianna han sido elegidos como los dos dignos santos patronos, para guiar todo en la preparación y participación de este evento internacional, ya que ellos encarnan plenamente la historia, misión y tema del Encuentro Mundial de las Familias 2015”, dijo el arzobispo Chaput.  Asimismo indicó que ambos "tenían un profundo y permanente compromiso con el fortalecimiento de la familia y la sostenían con amor. Este acontecimiento histórico dará a miles de personas de todo el mundo la oportunidad de participar en el mismo compromiso de nuestros santos patronos".
En 1979 san Juan Pablo II fue el primer papa en visitar Filadelfia, donde celebró la misa en Logan Circle con casi un millón de presentes. 15 años después, en 1994, san Juan Pablo II celebró el primer Encuentro Mundial de las Familias, que tiene como objetivo fortalecer los lazos sagrados de la familia en todo el mundo. El día de su canonización, Francisco dijo de él que fue "el Papa de la familia".
Santa Gianna también fue elegida como santa patrona para el Encuentro Mundial de las Familias 2015, que, como ella, lleva el lema "El amor es nuestra misión: la familia plenamente viva". Pediatra y madre de cuatro hijos, santa Gianna es mejor conocida por su amor desinteresado como madre, dando su vida por su cuarto hijo en 1962.  Fue beatificada por Juan Pablo II en 1994 - año que se celebró el primer Encuentro Mundial de las Familias- y canonizada en 2004. Santa Gianna es patrona de las madres, los médicos y los niños no nacidos.
Para conmemorar el anuncio de los patronos, el arzobispo Chaput concluyó la misa con la bendición de una reliquia del Papa san Juan Pablo II pidiendo su intercesión celestial. La reliquia es la sangre del Santo Padre, que permanece en estado líquido. Los Caballeros de Colón han confiado esta reliquia para fomentar la devoción al papa polaco.
Miles de familias procedentes de todo el mundo se reunirán del 22 al 27 de septiembre de 2015 en Filadelfia, EEUU, para el VIII Encuentro Mundial de la Familia. Un encuentro -tal y como explicó el arzobispo en la presentación del evento en el Vaticano el pasado mes de marzo- que quiere ser un don no solo para los católicos de Filadelfia, sino para todas las personas de buena voluntad que quieran acudir al evento. "Todo el que tenga un corazón generoso será bienvenido, y en los meses futuros yo trabajaré en estrecha colaboración con mis hermanos en el episcopado, para animar a las familias de todo el mundo a venir a Filadelfia en el 2015", afirmó.

Cristianismo...religión para valientes

No nos acobardemos, no tengamos miedo, al contrario, nos hemos de sentir orgullosos de ser y profesar el ser cristianos.
 
Cristianismo...religión para valientes


"Hace muchos, muchos años..." así empezaban los cuentos de antaño, pero esto no es un cuento sino una tremenda y dolorosa realidad, los primeros cristianos fueron perseguidos y martirizados de una y mil maneras de lo más bárbaras e inhumanas: encarcelados, torturados, decapitados y así murieron los primeros testigos de Cristo y después... una serie incontable de seres humanos, a través de los siglos han derramado su sangre sobre la faz de la Tierra por dar testimonio de su fe y por querer seguir con el mandato, que a todos nos obliga y que Cristo nos dejó: ¡Id, por el mundo y predicar el Evangelio!

Se escondían en catacumbas para celebrar la Santa Misa y repartir la Eucaristía, pero llenos de valor con la presencia del Espíritu Santo en sus corazones, salían a dar evidencia, cumpliendo la petición que el Maestro les dejara al partir, para reunirse ya resucitado, con su Padre.

Hoy, a muchos años de distancia, tanto como algo más de 20 siglos, seguimos viendo que aquello que dijo Jesús:

Si el mundo os odia, sabed que a mi me ha odiado antes que a vosotros. Si fueraís del mundo, el mundo amaría lo suyo ,porque yo al elegirlos os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Si a mi me han perseguido también os perseguirán a vosotros. Pero todo esto lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mi. Os he dicho esto para cuando llegue la hora, os acordeís de que yo ya os lo había dicho (Juan 15, 14-16) .

Y esto se hace verdad a través del tiempo y hasta nuestros días. El Santo Papa Juan Pablo II llevó a los altares a muchos mártires mexicanos y a sacerdotes, religiosas y laicos de la Guerra Civil española y del mundo entero.

Constante y tristemente nos llegan noticias, de cómo en algunas aldeas en lejanos países mueren asesinados por defender la religión católica... La sangre sigue y seguirá derramándose hasta el final de lo tiempos porque las palabras de Cristo se cumplen.

Al Papa Francisco le duele el corazón y sufre por sus hijos, a nosotros, tan lejanos de esa tierras, también.

Y no siempre se llega al extremo de derramamiento de sangre, porque gracias a Dios, no en todo el mundo los seres humanos son perseguidos por su fe, pero de una u otra forma, aunque se vive en naciones donde hay libertad de cultos, a veces nos duelen las burlas y los comentarios de personas que nos tildan de anticuados y "mochos" por nuestro modo de pensar y de vivir.

No nos acobardemos, no tengamos miedo, al contrario, nos hemos de sentir orgullosos de ser y profesar el ser cristianos.

Y llenos de paz y de alegría recordemos siempre las palabras de Cristo al decirnos:- Por todo aquel que se declare por mi ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quién me niegue ante los hombres, lo negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos. (Mateo 10, 32. Lucas, 12, 8-9.)

El que tenga oídos, que oiga

Mateo 13, 1-9. Tiempo Ordinario. ¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo.
 
El que tenga oidos, que oiga
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento: otros, sesenta: otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga.

Oración introductoria

Gracias, Señor, por este tiempo de oración, ayúdame a ser una buena tierra para aprovechar bien esta contemplación. Incrementa mi fe para que pueda descubrirte en lo ordinario de este día. Aumenta mi esperanza para que pueda confiar en Ti siempre. Ensancha mi amor para serte fiel en los detalles más pequeños que hoy pongas en mi camino.

Petición

Señor, concédeme vivir unido a Ti, para dar muchos frutos para la misión.

Meditación del Papa Francisco

Un cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada. La tradición y la memoria del pasado tienen que ayudarnos a reunir el valor necesario para abrir espacios nuevos a Dios.
Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la "seguridad" doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva. Y así la fe se convierte en una ideología entre tantas otras.
Por mi parte, tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de cada uno. Y aún cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Por eso, se puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana. Aunque la vida de una persona sea terreno lleno de espinas y hierbajos, alberga siempre un espacio en que puede crecer la buena semilla. Es necesario fiarse de Dios. (S.S. Francisco, 27 de septiembre de 2013).

Reflexión

Hay hombres que han sobresalido por sus grandes discursos. Sin duda, hombres formados y con excelentes capacidades para la oratoria. Sin embargo, el mensaje más importante, el que trajo Jesucristo de parte de Dios, su Padre, no se construyó utilizando un vocabulario y unas estructuras gramaticales prodigiosas, sino con palabras sencillas: tierra, semillas, pájaros, sol...

Jesús utilizó las parábolas para explicar los grandes contenidos de su predicación. De esta manera no excluía a nadie, porque todos podían entenderle. ¿Todos? Bueno, sólo aquellos que tuvieran oídos para escucharle.

¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Principalmente los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo, los que permiten que el Espíritu Santo les hable en lo más profundo del alma.

Por unos instantes, vamos a situarnos en la escena de este evangelio. Jesús se sentó junto al lago y acudió mucha gente.

¿Guardamos cada día unos momentos para acudir a ese "lago" para escuchar a Dios? ¿Con qué frecuencia tomamos entre las manos las páginas la Biblia? Es allí, en esa intimidad, en la que Dios nos habla y nos desvela sus secretos. Es en la oración donde hace que las sencillas palabras impacten en nuestro corazón y nos transformen.

Diálogo con Cristo

Señor, desde la eternidad has sembrado en mi corazón la vocación de ser tu discípulo y misionero. Permite que la semilla de mi fe, recibida en mi bautismo, crezca y dé abundantes frutos para el bien de los demás, principalmente aquellos más cercanos. Ayúdame a vivir con el constante deseo de trabajar por Ti y corresponderte como Tú te mereces.

Propósito

Pidiendo la luz del Espíritu Santo, darme un tiempo para reflexionar y descubrir ese apego que no me deja crecer en mi amor a Dios y a los demás.
 

miércoles 23 Julio 2014

Miércoles de la decimosexta semana del tiempo ordinario

Santa Brígida de Suecia

Leer el comentario del Evangelio por
San Juan Crisóstomo : «¡El que tenga oídos, que oiga!»

Jeremías 1,1.4-10.
Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes de Anatot, en territorio de Benjamín.
La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
"Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones".
Yo respondí: "¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven".
El Señor me dijo: "No digas: 'Soy demasiado joven', porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.
No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-".
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: "Yo pongo mis palabras en tu boca.
Yo te establezco en este día sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar".

Salmo 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17.
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.



Mateo 13,1-9.
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Juan Crisóstomo (345?-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía sobre Lázaro, 2

«¡El que tenga oídos, que oiga!»

Un sembrador se fue a echar la semilla y una parte cayó al borde del camino, pero vinieron las aves y se la comieron, otra parte cayó en tierra buena. Tres partes se perdieron, una sola fructificó. Pero el sembrador no cesó de cultivar el campo. Le basta que una parte se conserve para no dejar su trabajo. En este momento es imposible que el grano que yo echo en  medio de un auditorio tan numeroso deje de germinar. Si no todos escuchan, una tercera parte sí que escucha. Si no es una tercera parte será una décima. Si incluso no llega a una décima parte, si hay uno sólo que escucha en esta asamblea numerosa, no dejaré de hablar.


No es pequeña cosa la salvación de una sola oveja. El Buen Pastor dejó las noventa y nueve para correr tras la oveja descarriada. (Lc 15,4) No podría despreciar a ninguna. Incluso si no hubiera más que uno que escucha, siempre sería un ser humano, un ser tan querido por Dios. Aunque fuera un esclavo, no lo despreciaría, porque busco el valor personal y no la condición social, busco al hombre. Aunque no hubiera más que uno, siempre sería el hombre, aquel por quien fueron creados el sol, el aire, los manantiales y el mar, enviados los profetas, dada la Ley. Por el ser humano, el Hijo único de Dios se hizo hombre. Mi Señor se inmoló, su sangre ha sido derramada por el hombre y yo ¿sería capaz de menospreciar a quien fuera?...


No, no dejaré de sembrar la palabra aunque nadie escuchara. Soy médico, ofrezco mis remedios. Tengo que enseñar, tengo que instruir porque está escrito: «Te he constituido centinela de Israel.» (Ez 3,17)
 

martes, 22 de julio de 2014

venid conmigo

31 Él les dijo: «Venid conmigo a un lugar desierto, para descansar un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.32 Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. 33 Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
34 Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. 35 Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde. 36 Despide a la gente, para que vaya a los campos y pueblos cercanos a comprar algo para comer». 37 Él respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos». 38 Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». 39 Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, 40 y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. 41 Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. 42 Todos comieron hasta saciarse, 43 y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. 44 Los que comieron eran cinco mil hombres

(Mc 6, 31-44)