martes, 27 de junio de 2017

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 27 DE JUNIO



Los cinco minutos de María
Junio 27



Difícilmente podríamos definir la casa donde vivió la familia de Nazaret; no sabríamos si ver en ella un templo donde se tributaba el más cálido culto a Dios o el hogar donde se vivían las más perfectas relaciones de amor entre los tres integrantes de aquella Sagrada Familia.

María estaba allí como la animadora de toda aquella actividad, como el brasero que contenía las brasas del fuego del amor que unía aquellos tres santísimos corazones.

Santa María, discípula perfecta de Jesús, que llegue yo a ser también fiel discípulo suyo, capaz de irradiar el calor de su amor al mundo.

NARDOS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA 27 DE JUNIO



Nardo del 27 de Junio
¡Oh Sagrado Corazón, confianza y amor!

Meditación: Jesús, mi corazón se ha puesto triste...porque Tú, que tanto nos quisiste, que nos redimiste, nos miras a través de los siglos y nos dices lleno de dolor y de amor: "...la falta de confianza lastima mis entrañas...". Señor, Tú sabes lo que siento cuando te veo clavado y muriendo por Amor, pero sin recibir amor, pues hoy nuevamente te lo negamos. No confiamos en Vos, no creemos que eres el único Dios, no vivimos para Vos, pues si te amáramos confiaríamos en Ti, y Tú serias nuestro único descanso. Señor, mi amado, Tu sabes que te amo y que por ti clamo, pero también sabes cuan pequeño es mi amor, pues muchas veces te he negado. Hoy Te pido perdón, y como sabes bien que Tú eres mi querer, te pido que aumentes mi fe, que me bañes en el manantial de Tu amor, para ser así el más fiel a mi Rey. Que sea como Tu Mamá: fiel por toda la eternidad. Y hoy te digo despacito y al oído, a Ti, Mi Cristo, a Ti, Mi Señor Bendito: "Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. Sé mío".

Jaculatoria:¡Enamorándome de Ti, mi Amado Jesús!

¡Oh Amadísimo, Oh Piadosísimo Sagrado Corazón de Jesús!, dame Tu Luz, enciende en mí el ardor del Amor, que sos Vos, y haz que cada Latido sea guardado en el Sagrario, para que yo pueda rescatarlo al buscarlo en el Pan Sagrado, y de este modo vivas en mí y te pueda decir siempre si. Amén.

Florecilla: Digamos varias veces al día "Sagrado Corazón de Jesús en Ti confío, más aumenta mi fe".

Oración: Diez Padre Nuestros, un Ave María y un Gloria.

IRRADIAR LA PROPIA LUZ



Irradiar la propia luz



“Si puedes ser una estrella en el cielo, sé una estrella en el cielo. Si no puedes ser una estrella en el cielo, sé una hoguera en la montaña. Si no puedes ser una hoguera en la montaña, sé una lámpara en tu casa”. El Señor te ha regalado la luz de la fe para iluminar a tu alrededor, con el ejemplo y con la palabra. La Reina de la Paz te anima a irradiar tu amor y tu fe con decisión.

“¡Queridos hijos! En sus vidas, todos ustedes han experimentado momentos de luz y de tinieblas. Dios concede a cada hombre reconocer el bien y el mal. Yo los invito a llevar la luz a todos los hombres que viven en tinieblas. Cada día llegan a sus casas personas que están en tinieblas. Queridos hijos, dénles ustedes la luz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Cuando das un buen ejemplo o dices una buena palabra, algo comienza a pasar. Es como tirar una piedra en un lago tranquilo. Pequeñas ondas van generando círculos concéntricos hasta morir en las playas. Conviene que lo pienses para animarte a irradiar tu propia luz. Tendrás el mérito de haber alentado a otros por el camino correcto.

NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO, ADVOCACIÓN MARIANA, 27 DE JUNIO



NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
27 DE JUNIO



De los innumerables títulos de la Madre de Dios, pocos son tan expresivos como el de Perpetuo Socorro. La milagrosa imagen venerada bajo esa invocación es rica en simbolismo.


Habrá alguien que nunca se haya afligido en momentos de dificultad o ante el anuncio de una tragedia? ¿O que jamás haya necesitado ayuda, ya fuera espiritual, psicológica, afectiva o material?

Con toda seguridad que no, puesto que el ser humano, lejos de bastarse a sí mismo, necesita ayuda por naturaleza: no tiene condiciones de vivir sin el apoyo de sus semejantes, y mucho menos sin el continuo sustento de Dios, Creador del universo.

A una carencia inevitable, una solución infalible

Para ese estado de carencia inevitable Dios nos ofrece a todos una solución infalible: recurrir a la Madre suya y nuestra. Eso ya explica muy bien el título de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el cual señala la certeza del auxilio que se nos dará si recurrimos a ella.

“Perpetuo Socorro” indica una fuente de misericordias que nunca se agota, jamás se interrumpe. “Nunca” significa en ningún tiempo, ningún lugar, ninguna circunstancia. Por más que una situación haya empeorado, por graves y numerosos que sean nuestros pecados, la Virgen María quiere mantenernos continuamente bajo su insondable protección y celestial amparo.

Así, no asombra que la devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro haya conquistado todos los países del mundo. ¿Cómo nació?

Robo sacrílego, increíble porfía

Hacia 1496 se veneraba en una iglesia de la Isla de Creta un milagroso icono de la Virgen María. Según la tradición, un artista desconocido lo había pintado en el siglo XIII inspirándose en una pintura más antigua atribuida a san Lucas.

Para nosotros, la historia parte ese mismo año con un crimen sacrílego: un comerciante que calculaba vender a buen precio la venerable pintura, la hurtó y se hizo a la mar. Al año siguiente llegó a Roma, pero cayó gravemente enfermo. Un amigo, mercader como él, lo hospedó en su casa; poco antes de morir el agonizante le descubrió su vergonzoso hurto, pidiéndole que llevara el cuadro a una iglesia para recibir un culto digno, a lo que éste accedió.

Al morir el comerciante, su amigo romano se dispuso a cumplir su promesa, pero su mujer lo persuadió de guardar el cuadro en casa. Apareció entonces la Virgen María y le pidió que lo llevara a una iglesia, pero no la obedeció. Volvió la Madre de Dios otras dos veces e incluso lo amenazó de muerte si seguía desobedeciendo; pero su mujer se opuso nuevamente y él se mostró más sumiso a ella que a la Reina de los Ángeles. En una cuarta aparición, le dijo al fin la Virgen:

- Te avisé, te amenacé, pero como no me has querido creer, es necesario que tú salgas primero para que yo pueda encontrar un lugar más digno.

De hecho, el obstinado abandonó enseguida su casa, pero en el féretro y rumbo a la sepultura, la Santísima Virgen se apareció entonces a su hija de seis años para decirle:

- Santa María del Perpetuo Socorro os requiere para que la saquéis de vuestra casa, a menos que todos queráis morir sin demora.

La viuda tomó en serio la advertencia porque había tenido una visión idéntica a la niña, pero su vecina la convenció de mantener el cuadro en casa. Esta mujer sufrió enseguida el ataque de terribles dolores, y arrepentida de su mala acción recurrió a la misericordia de María, curándose al tocar el milagroso cuadro. La Santísima Virgen se apareció una vez más a la niña y le comunicó que debían llevar el cuadro a la iglesia de San Mateo, situada en la Via Merulana, entre las basílicas de Santa María la Mayor y San Juan de Letrán.

Una de las iglesias más visitadas de Roma

La viuda, la hija y la vecina se dieron prisa en comunicar los prodigiosos hechos a los Padres Agustinos, encargados de la iglesia mencionada. La noticia corrió por la ciudad como un reguero de pólvora, y cuando el 27 de marzo de 1499 llegó el momento de trasladar el cuadro, se formó una grandiosa procesión en compañía de numerosos miembros del Clero y una multitud de fieles.

Por espacio de tres siglos la santa imagen fue venerada en la iglesia de San Mateo, adonde los fieles llegaban de todas partes en tan abundante número, atraídos por la fama de los milagros ocurridos gracias a la intercesión de la Virgen del Perpetuo Socorro. En poco tiempo la iglesia pasó a ser una de las más visitadas de Roma.

Sin embargo, nuevas dificultades vendrían a interponerse entre la Madre de Misericordia y sus hijos.

Abandonada en una capilla, olvidada por casi todos

En 1798 las tropas de Napoleón invadieron Roma, exiliaron al Papa Pío VI y, so pretexto de fortalecer las defensas de la ciudad, arrasaron con 30 iglesias, San Mateo entre ellas. Fue el fin de innumerables reliquias y gran número de imágenes sagradas; a pesar de todo, el milagroso icono fue salvado en el último momento por un sacerdote que lo llevó primero a la iglesia de San Eusebio y después a la capilla privada de los agustinos en el convento de Santa María in Posterula.

El torbellino de acontecimientos políticos y bélicos que sacudieron las primeras décadas del siglo XIX borró casi todo recuerdo de la Madre del Perpetuo Socorro y su bondad para recibir a los hijos que iban en su busca. La imagen terminó relegada a una capilla secundaria de Roma por más de medio siglo, sin ningún acto especial de devoción, sin ornamentos, sin una lamparilla al menos que indicara su augusta presencia. Casi todos parecían haberla olvidado.

"Hagan que el mundo entero la conozca"

Casi todos… pero no Fray Agustín Orsetti, antiguo fraile de la iglesia de San Mateo. En su corazón el fervor no había decaído, y su mente atesoraba el recuerdo de los numerosos milagros obtenidos por esa Madre incomparable. Hacia 1850, ya anciano y casi ciego, hizo amistad con un joven llamado Miguel Marchi, asiduo de la capilla de Santa María in Posterula. Muchos años más tarde, este antiguo monaguillo, convertido ya en sacerdote redentorista, contó que “el buen fraile” acostumbraba referirse con ansiedad a la triste situación de su querida imagen: “Hijo mío, no te olvides que la imagen del Perpetuo Socorro que está en nuestra capilla. Era muy milagrosa. Nunca te olvides, ¿entendiste?"

Fray Agustín murió en 1853 sin ver realizado su sueño de que la Virgen del Perpetuo Socorro fuera expuesta de nuevo a la veneración pública. Aparentemente, los esfuerzos y confiadas oraciones del celoso agustino habían sido infructuosos.

Sólo en apariencia. Su joven amigo, más tarde padre Miguel Marchi CSSR, ¡no se olvidaría!

A mediados del siglo XIX la Congregación de los Padres Redentoristas fue invitada por el Bienaventurado Pío IX a instalar en Roma su Casa General. Como se verá, quien conducía dicha Congregación a la Ciudad Eterna por voz del Papa era la propia Madre del Perpetuo Socorro.

Los Redentoristas, sin saber nada de los hechos relatados, adquirieron un terreno en la Via Merulana… en el mismo lugar donde estuviera una vez la iglesia de San Mateo. Ahí construyeron un convento y la iglesia de San Alfonso. Uno de los sacerdotes, estudiando el sector de la ciudad en que se habían establecido, no tardó en descubrir la providencial coincidencia: su iglesia se situaba exactamente en el sitio ocupado antes por la iglesia de San Mateo, en la que se veneró por siglos la milagrosa pintura de la Virgen del Perpetuo Socorro. Comunicó el hallazgo a sus hermanos de hábito; y escuchándolo entre ellos estaba el Padre Miguel Marchi, nada menos. Éste, a su vez, relató todo cuanto le había dicho sobre esa imagen el viejo fraile agustino del convento de Santa Maria in Posterula.

En esto aparece con nitidez la mano de la Virgen Santísima guiando los acontecimientos. Inspiró en los corazones de sus hijos misioneros el ferviente anhelo de ofrecer nuevamente a la veneración pública el cuadro milagroso. A instancias de ellos, el Superior General de la Congregación, P. Nicolás Maurón, se dirigió al Papa para formular el pedido directamente. Recibido en audiencia por Pío IX, le expuso la historia del icono y la solicitud de confiarlo a su congregación para que recibiera otra vez las honras y súplicas de los fieles en el mismo lugar elegido por la Virgen María en 1499.

El Papa lo oyó todo con atención y escribió de puño y letra esta nota fechada el 11 de diciembre de 1865: “El Cardenal Prefecto de Propaganda llamará al superior de la comunidad de Santa Maria in Posterula y le dirá que es Nuestro deseo que la imagen de la Santísima Virgen, a la que se refiere este pedido, sea colocada de nuevo entre [las basílicas] de San Juan [de Letrán] y Santa María la Mayor; los redentoristas van a sustituirla por otro cuadro adecuado".

Enseguida, el Santo Padre entregó a los redentoristas, por medio de su superior general, la misión de difundir la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: “Hagan que el mundo entero la conozca!"

"¡Oh María, termina lo que empezaste!"

Los Padres Agustinos asintieron con respeto filial al deseo del Sumo Pontífice y entregaron el milagroso cuadro a sus nuevos guardianes. En una solemne procesión, cerca de 20 mil fieles lo llevaron por las calles adornadas de flores hasta la iglesia de San Alfonso.

La Madre del Perpetuo Socorro manifestó su satisfacción ese mismo día a través de algunos milagros. “¡Querida Madre, cura a mi hijo o llévatelo al Cielo!”, imploró una angustiada madre desde la ventana de su casa, levantando en sus brazos al hijito moribundo mientras el cuadro pasaba por la calle. En ese instante su hijo quedó curado.

2.jpg Poco más adelante, otra madre pidió la curación de su hija, atacada por una parálisis total. Inmediatamente, las piernas de la niña cobraron fuerzas, pero sólo las suficientes para empezar a caminar. Madre e hija fueron al día siguiente a la iglesia de San Alfonso y suplicaron: “¡Oh María, termina lo que empezaste!” Y la niña salió completamente restablecida.

Comenzó así una nueva fase en la historia del milagroso icono mariano. Hoy sigue recibiendo maternalmente a sus hijos e hijas en el Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Y gracias al celo de los Padres Redentoristas, miles de iglesias se han levantado en su honor en todas partes del mundo.

Un cuadro de rico simbolismo

El milagroso icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro mide 53 por 41 centímetros. Es una pintura de estilo bizantino, realizada en madera sobre fondo dorado, color muy empleado por los artistas de la Antigua Roma cuando se debía retratar a grandes personalidades. Para este caso, el oro es un expresivo símbolo de la gloria de la Reina del Cielo.

Más que retratar a María, la pintura reproduce una escena.

La Virgen sostiene con desvelo, afecto y adoración al Niño Dios; sin embargo, no lo está mirando a él sino a nosotros, sus hijos adoptivos. Jesús no la mira a ella ni a nosotros; la atención de su divina mirada se dirige a los dos ángeles que portan los instrumentos de la Pasión: a la izquierda san Miguel, de manto verde, con la lanza y la esponja de vinagre; a la derecha san Gabriel, de manto violáceo, con la cruz y los clavos que perforaron pies y manos al Redentor.

Un pormenor altamente expresivo es la sandalia que cuelga del pie derecho del Niño, pendiente de un hilo, casi cayéndose. Simboliza muy bien la situación del alma en pecado mortal: prendida a Jesús por un hilo, la devoción a María.

Bajo el manto azul, María viste una túnica roja. En los albores del Cristianismo, las vírgenes se distinguían con el color azul, símbolo de pureza, y las madres con el color rojo, signo de caridad. La combinación cromática define estupendamente a María, Virgen y Madre. Se nota también el verde en el revés de su manto. Como la combinación de los tres colores era privilegio de la realeza, la soberana dignidad de la Reina de los Ángeles y de los Santos queda bien representada en su vestimenta.

En lo alto del cuadro, escritas en letras griegas y la mitad a cada lado, figuran las iniciales de la expresión “Madre de Dios”; al lado de la cabeza del Niño, las iniciales de “Jesucristo”; sobre el ángel a la izquierda, “el Arcángel Miguel”; y sobre el otro, “el Arcángel Gabriel".

El Papa a Cardenales: Somos los abuelos de la Iglesia llamados a darle sentido

El Papa Francisco durante su homilía. Foto: L'Osservatore Romano




VATICANO, 27 Jun. 17 / 01:56 am (ACI).- El Papa Francisco negó que la Iglesia sea una institución gobernada por ancianos, y animó a los Cardenales y Obispos que ya tienen una edad avanzada, a vivir en la Iglesia “como abuelos que cuidan y enseñan a sus nietos”.
El Santo Padre realizó esta afirmación durante la Misa, concelebrada con los Cardenales presentes en Roma, que presidió en la Capilla Paolina del Palacio Apostólico del Vaticano con motivo del 25 aniversario de su Ordenación Episcopal, que tuvo lugar el 27 de junio de 1992.

En ella, reflexionó sobre los tres mandatos que Dios le da a Abraham, y que son asumibles también para los Cardenales, Obispos y demás pastores de la Iglesia: “levántate, mira y espera”.
El Papa comenzó su homilía recordando que “en la primer lectura hemos escuchado cómo continúa el diálogo entre Dios y Abraham, ese diálogo que comenzó con aquel ‘deja tu tierra’”.
Explicó que en ese diálogo se encuentran tres imperativos: levántate, mira y espera. “Tres imperativos que muestran el camino que debe recorrer Abraham y también el modo de hacerlo: levántate, mira, espera”.
Levántate
“Levántate, camina, no te quedes parado”, eso es lo que Dios le dice a Abraham “y a todos nosotros”. “Tienes una misión, una obligación, y debes hacer el camino. Levántate, en pie”.
Abraham escuchó ese mandato sin protestar, a pesar de su edad, “y comenzó a caminar. Siempre en camino, y el símbolo de esto es la tienda. Dice el libro del génesis que Abraham andaba con la tienda, y cuando se paraba, la montaba. Abraham nunca hizo una casa para él. En ocasiones construía un altar para adorar a Aquel que le mandaba levantarse, ponerse en camino con la tienda”.
Mira
El segundo imperativo es “mira”, “levanta los ojos, y allí donde estés, dirige la mirada en medio del oriente y el occidente, mira el horizonte. No construyas muros. Mira siempre y ve adelante. Es la mística del horizonte: cuanto más avanzas, más lejano está el horizonte. Dirige la mirada, adelante, siempre caminando hacia el horizonte”.
Espera
Por último, Dios le pide que tenga paciencia, que espere, “y se lo dice a un hombre anciano que no pudo tener hijos. Le dice: ‘Tu heredad será como el polvo de la tierra, y si alguien puede contar el polvo de la tierra, podrá contar el número de tus descendientes’”.
Y más adelante le dice: ‘Levanta la mirada y mira el cielo, cuenta las estrellas: así será tu descendencia’. Y Abraham creyó y el Señor le concedió la justicia”.
“Nunca muros, horizontes: levántate, mira, espera. La esperanza es sin muros, siempre con horizontes”.
Abuelos de la Iglesia
A continuación, tras reflexionar sobre estos tres imperativos, Francisco se dirigió a los Cardenales de la Curia para explicarles que, aunque casi todos tienen ya, al igual que él, una edad avanzada, deben seguir el ejemplo de Abraham, quien asumió la vocación y la misión que Dios le encargó cuando ya era anciano.
El Pontífice explicó que cuando Abraham recibió la llamada de Dios, “tenía más o menos nuestra edad. Estaba más bien camino a retirarse, para descansar. Era un hombre anciano con el peso de la vejez, esa vejez que trae el dolor, las enfermedades, pero él como si fuera un joven, un ‘scout’: levántate y ve. Mira y espera”.
“Estas palabras de Dios son también para nosotros, que tenemos una edad como aquella de Abraham, y a nosotros hoy el Señor nos dice lo mismo: levántate, mira y espera. Nos dice que no es hora de poner nuestra vida en cierre, que no es hora de cerrar nuestra historia. El Señor nos dice que nuestra vida está todavía abierta, en misión, una misión que se resume en esas tres palabras: levántate, mira y espera”.
El Obispo de Roma rechazó las acusaciones de “gerontocracia”, gobierno de los ancianos, en la Iglesia, y señaló que los Cardenales y los Obispos, sobre todos aquellos que ya tienen una edad avanzada, deben ser como “abuelos” que enseñan a sus “nietos”.
“Algunos, que no nos quieren demasiado, dicen de nosotros que somos la ‘gerontocracia’ de la Iglesia. Es una maldad, no comprenden lo que dicen, nosotros no somos viejos, somos abuelos, y si no sentimos esto tenemos que pedir la gracia de sentirlo, abuelos a los que miran sus nietos, a los que debemos dar un sentido de la vida con nuestra experiencia. Abuelos que no están cerrados en la melancolía de la historia, sino abiertos”.
“Para nosotros –continuó– ese ‘levántate, mira y espera’ se llama soñar. Somos abuelos llamados a soñar y a dar nuestro sueño a la juventud necesitada de hoy, porque ellos tomarán de nuestro sueño la fuerza para llevar adelante sus obligaciones”.
Y concluyó insistiendo en que lo que Dios les pide es ser ‘abuelos’ de su pueblo. “Eso es lo que el Señor nos pide hoy: ser abuelos, tener la vitalidad de dar a los jóvenes lo mejor de nosotros, sin cerrarnos. Ellos esperan de nuestra experiencia y de nuestros sueños positivos la profecía y el trabajo para ir adelante”.

Papa Francisco: El cristiano no consulta horóscopos, vive la voluntad de dios y bendice


El Papa durante la Misa. Foto: L'Osservatore Romano



VATICANO, 26 Jun. 17 / 04:45 am (ACI).- El Papa Francisco criticó en la homilía en la Casa Santa Marta a los cristianos que consultan los horóscopos y adivinos y que se instalan demasiado en la vida, en lugar de buscar en todo la voluntad de Dios y bendecir a Dios, también en las cosas malas.
Un cristiano “que está parado” no es un “verdadero cristiano”, por lo que advirtió del peligro de “instalarse demasiado” en lugar de “fiarse de Dios”.

Francisco reflexionó sobre la lectura del Génesis de la liturgia del día, en la que se habla de Abraham: “este es el estilo de la vida cristiana, el estilo de nosotros como pueblo” que se basa en 3 puntos: “despojarse”, la “promesa” y la “bendición”.
“Ser cristiano lleva siempre esta dimensión de despojarse que encuentra su plenitud en el despojarse de Jesús en la Cruz. Siempre hay un ‘ir’, ‘deja’, para dar el primer paso: ‘deja y vete de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre’. Si hacemos un poco de memoria veremos que en los evangelios la vocación de los discípulos es un ‘ve’, ‘deja’, ‘ven’”.
Por tanto, los cristianos deben tener “la capacidad” de ser despojados porque si no se dejan “despojar y crucificar con Jesús”, no son cristianos auténticos.
“El cristiano no tiene el horóscopo para ver el futuro; no va al adivino que tiene la bola de cristal, o a que le lean la mano. No, no. No sabe dónde va. Es guiado. Y esto es como una primera dimensión de nuestra vida cristiana: el despojarse”, dijo el Papa.
“¿Pero despojarse para qué? Para ir hacia una promesa. Y esta es la segunda. Somos hombres y mujeres que caminamos hacia una promesa, hacia un encuentro, hacia algo que debemos recibir en herencia”.
El Papa recordó que Abraham se “fía de Dios”, y “siempre está en camino”. “El camino comienza todos los días desde la mañana; el camino de fiarse del Señor, el camino abierto a las sorpresas del Señor, muchas veces no son buenas, son feas. Pensemos en una enfermedad, en una muerte. Pero es un camino abierto porque yo sé que Tú me llevarás a un lugar seguro, a una tierra que has preparado para mí: el hombre en camino, el hombre que vive en una tienda, una tienda espiritual”.
El Papa también dio el aviso de que cuando el alma “se acomoda demasiado, se instala demasiado, pierde esa dimensión de ir hacia la promesa y en lugar de caminar hacia la promesa, lleva la promesa y posee la promesa, y esto no funciona, no es cristiano”.
El tercer punto es la “bendición”. El cristiano “bendice”, es decir, “dice bien de Dios y dice bien de los otros” y “se hace bendecir por Dios y por los demás”.
Y este es el esquema “de nuestra vida cristiana”, porque todos “debemos bendecir a los otros, ‘decir bien de los demás’ y ‘decir bien a Dios de los demás’.
Francisco también advirtió de que estamos acostumbrados “a no decir bien” del prójimo cuando “la lengua se mueve un poco como quiere”, en lugar de seguir a “nuestro Padre”.
Lectura comentada por el Papa:
Primera lectura
Génesis 12:1-9
1 Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.
2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición.
3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.»
4 Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán.
5 Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán,
6 y Abram atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Por entonces estaban los cananeos en el país.
7 Yahveh se apareció a Abram y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra.» Entonces él edificó allí un altar a Yahveh que se le había aparecido.
8 De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí edificó un altar a Yahveh e invocó su nombre.
9 Luego Abram fue desplazándose por acampadas hacia el Négueb.

Prioridades



Reloj de arenaSi supieras que hoy es el último día de tu vida, ¿cuánto tiempo dedicarías a cosas que no significan nada en el contexto de la eternidad?
Los minutos se tornarían sumamente valiosos, por lo que optarías por emplearlos en lo que es más importante para ti. Las cosas del mundo te parecerían vanas, te resultarían casi ofensivas.
Desearías manifestar amor a quienes quieres más entrañablemente y te asegurarías de que supieran cuánto significan para ti.
Te dedicarías a subsanar todo lo que hiciste mal y a reconciliarte con quienes has tenido alguna diferencia.
Si alguna vez has visto la muerte cara a cara o has convivido con un ser querido que padecía una enfermedad letal y te diste cuenta de cómo cambió por completo su orden de prioridades, ya me entiendes. En esos momentos, todo se vuelve sumamente claro. Lo único que reviste importancia es el amor.
La felicidad y la alegría que Jesús puede darnos no tienen punto de comparación con lo que el mundo nos ofrece.
Él nos da alegría, paz, amor, satisfacción, conocimiento, verdad... El mundo no tiene forma de competir con Él en esos aspectos. Se requiere cierta disciplina mental y física para aprender a valorar esas cosas más que las imágenes, los sonidos, los sabores y los placeres del mundo. Se trata de satisfacer el corazón y la mente más que los cinco sentidos. En última instancia, eso es lo único que el mundo puede darnos: una satisfacción temporal por medio de la vista, el oído, el olfato, el paladar y el tacto. Más allá de eso, no hay nada en el mundo que pueda satisfacer las ansias del alma. Solo Jesús puede. Él es la solución. Pero mientras sigamos procurando que las cosas de este mundo nos satisfagan y nos hagan felices, no encontraremos la verdad (1 Juan 2:15-17).
Nuestra alma recibe de Dios su personalidad. Fue concebida para que Él la llenara. El peligro al que nos enfrentamos todos es el de llenar nuestra alma de mezquinas ambiciones y de nuestra miope concepción de lo que es sentirnos realizados, sin dejar espacio para la obra que debe realizarse en nosotros.