domingo, 21 de diciembre de 2014

El Ministerio de la Oración: Liberación y Sanación Interior




La oración por los hermanos es una oración de intercesión que 
se dirige a Dios a favor de una persona, orando en presencia de
 esta persona, con la manifestación de los carismas que el Espíritu
 done libremente a aquel grupito de personas para ayudar a la persona 
necesitada. En este sentido el ministerio de la oración por los hermanos
 y el de intercesión viven dos realidades tanto espirituales como
 ministeriales muy cercanas.  

Recordamos para el ministerio de intercesión, cuáles son 
las condiciones espirituales más importantes para la oración 
de intercesión: la fe (confianza), la perseverancia, el perdón, la 
asistencia del Espíritu Santo.

Señalamos algunos aspectos que pueden concernir más específicamente
 a la oración sobre los hermanos: cuando hablamos de fe como
 condición indispensable para la oración es suficiente (y ciertamente
 no es poco) poseer un don de fe que sea confianza incondicional
 en el amor omnipotente de Dios. Por lo tanto no es indispensable
 el carisma de la Fe carismática, o sea el don que el Espíritu
 concede a algunos de modo que puedan “saber” y afirmar,
 con absoluta certeza lo que Dios realizará (curaciones, signos, milagros, etc.).


Debería ser superfluo recordar la necesidad del perdón. “Cuando oren,
 si tienen algo contra alguno, perdonen…” (Mc 11,25). La falta de
 perdón hacia Dios, hacia nosotros mismos, hacia el prójimo o con
 respecto a los enemigos puede bloquear la acción del Espíritu Santo.
 Ninguna oración de intercesión puede ser agradable a Dios si no va
 acompañada del Amor por el prójimo, particularmente por la persona 
por la cual oramos. Cuando oramos sobre una persona debemos pedir
 el don de la compasión: un amor que logre hacernos coparticipar
 de los sufrimientos ligados a las pobrezas espirituales y materiales del hermano.

Una compasión humana similar a la que Jesús tenía con los sufrientes 
y que lo movía a realizar milagros (Mt 15,10; Jn 11,38; Lc, 7,13).

Un secreto para ser escuchados es el de orar con humildad: ser 
conscientes  de que estamos pidiendo a Dios “algo que, por más 
que nos parezca bueno y justo, no nos corresponde por derecho,
 y por lo tanto, no podemos pretender por parte de Dios. Ser
 humildes en la oración significa estar sometidos totalmente a su voluntad.
Durante la oración pedimos frecuentemente  ser escuchados en 
nombre de Jesús. Esto nos lo enseñó Jesús mismo. Es necesario, 
sin embargo recordar el verdadero significado de la oración 
hecha en el nombre de Jesús: no consiste en una simple (casi mágica)
 invocación, sino en invocarlo haciendo que este nombre, o sea esta
 Persona Divina, sea totalmente acogida y por lo tanto esté presente
 dentro de nosotros y entre nosotros.

Es importante tener en cuenta la indicación de la Congregación
 para la doctrina de la Fe en su documento sobre las oraciones 
para obtener sanación en cuanto a que el carisma no puede ser
 atribuido a un determinado grupo de fieles:

El “carisma de curación” no puede ser atribuido a una determinada
 clase de fieles. En efecto, queda bien claro que San Pablo, 
cuando se refiere a los diferentes carismas en 1 Co 12, no atribuye 
el don de los “carismas de curación” a un grupo particular, ya sea
 el de los apóstoles, el de los profetas, el de los maestros, el de los
 que gobiernan o el de algún otro; es otra, al contrario, la lógica la
 que guía su distribución: “Pero todas estas cosas las obra
 un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular 
según su voluntad” (1 Co 12, 11). En consecuencia, en los encuentros
 de oración organizados para pedir curaciones, sería arbitrario atribuir
 un “carisma de curación” a una cierta categoría de participantes, 
por ejemplo, los dirigentes del grupo; no queda otra opción que la de
 confiar en la libérrima voluntad del Espíritu Santo, el cual dona a 
algunos un carisma especial de curación para manifestar la fuerza 
de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones
 más intensas obtiene la curación de todas las enfermedades. 
Así, el Señor dice a San Pablo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza
 se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Co 12, 9); y San Pablo
 mismo, refiriéndose al sentido de los sufrimientos que hay que
 soportar, dirá “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones 
de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24).

ASPECTOS CARACTERÍSTICOS DE LA ORACIÓN SOBRE LOS HERMANOS

 A la persona que pide la oración se le debería recordar que en aquel
 momento está presente realmente Jesús: “Donde hay dos o tres reunidos
 en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). Y que el
 mismo Jesús pregunta: “¿Qué quieres que haga?” (Mc 10,51). 
Por este motivo es aconsejable, como acto de fe y de humildad,
 que manifiesten las propias necesidades.

Si es necesario se debe explicar que las necesidades espirituales o 
materiales de personas queridas (familiares, amigos, etc.) pueden 
ser confiadas a otros tipos de oración de intercesión.

 La imposición de las manos que acompaña la oración sobre los hermanos 
es un gesto bíblico rico de significados. Este gesto es, sobre todo:
 “Una expresión concreta, sensible, de aquella solidaridad que en
 la Renovación no es una palabra vana (Laurentin). Nuestras 
manos no tienen ningún poder específico taumatúrgico: sino que 
muestran el amor profundo que nos une al hermano y son signo
 del poder que Jesús tiene sobre toda creatura.
La invocación del Espíritu Santo,  tanto sobre la persona que pide
 la oración, como sobre aquellos que oran debe preceder siempre
 la oración para obtener la ayuda necesaria y sobrenatural de Dios.

Es, por lo tanto, una oración carismática, con la ayuda de aquellos
 carismas que el Espíritu querrá regalarnos libremente como
 respuesta a las necesidades de los hermanos.

En docilidad al Espíritu, la oración sobre los hermanos puede 
orientarnos hacia una oración de sanación física, una oración de
 sanación interior, una oración de liberación, una oración de
 consolación o de apoyo para el crecimiento espiritual (dificultad
 de conversión, ayuda en momentos de prueba, etc). Nos detenemos
 brevemente en la oración de liberación y de sanación interior.

Papa Francisco: Vivamos una Navidad “verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad”


Papa Francisco. Foto: L'Osservatore Romano
Papa Francisco. Foto: L'Osservatore Romano
VATICANO, 21 Dic. 14 / 10:21 am (ACI/EWTN Noticias).- Al presidir hoy el rezo del Ángelus en el cuarto y último domingo de Adviento, a pocos días de Navidad, el Papa Francisco invitó a los fieles a vivir una Navidad “verdaderamente cristiana”, al tiempo que señaló a María y a José como ejemplos de cómo recibir a Jesús en nuestras almas.
El Santo Padre indicó que “hoy, cuarto y último Domingo de Adviento, la liturgia quiere prepararnos a la Navidad, ya a las puertas, invitándonos a meditar el relato del anuncio de Ángel a María. El Arcángel Gabriel revela a la Virgen la voluntad del Señor, que ella se convierta en la madre de su Hijo unigénito: ‘Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo’.
“Fijemos la mirada sobre esta sencilla muchacha de Nazaret, en el momento en que se vuelve disponible al mensaje divino con su ‘sí’; captamos dos aspectos esenciales de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad”.
Según cita Radio Vaticano, el Papa destacó “ante todo” la fe de María, “que consiste en escuchar la Palabra de Dios para abandonarse a esta Palabra con plena disponibilidad de mente y de corazón”.
“Al responder al Ángel María dijo: ‘Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho’. En su ‘sí’ lleno de fe, María no sabe por cuáles caminos deberá aventurarse, cuáles dolores deberá padecer, cuáles riesgos afrontar. Pero es consciente que es el Señor quien pide y ella se fía totalmente de Él, se abandona a su amor. Ésta es la fe de María”.
Francisco señaló que “otro aspecto es la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios. María es aquella que ha hecho posible la encarnación del Hijo de Dios, ‘revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad’”.
María, subrayó el Santo Padre, “ha hecho posible la encarnación del Verbo gracias precisamente a su ‘sí’ humilde y valiente. María nos enseña a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida y pide una respuesta rápida y generosa”.
“Y Jesús pasa. En efecto, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén, que se produjo históricamente hace ya más de dos mil años, se produce como evento espiritual, en el ‘hoy’ de la Liturgia”.
Francisco aseguró que “el Verbo, que encontró morada en el seno virginal de María, en la celebración de la Navidad viene a llamar nuevamente al corazón de cada cristiano. Pasa y llama. Cada uno de nosotros está llamado a responder, como María, con un ‘sí’ personal y sincero, poniéndose plenamente a disposición de Dios y de su misericordia, de su amor”.
“Eh, cuántas veces Jesús pasa por nuestra vida. Y cuántas veces nos envía un ángel. Y cuántas veces no nos damos cuenta, porque estamos tan ocupados e inmersos en nuestros pensamientos, en nuestros asuntos e incluso, en estos días, en nuestra preparación de la Navidad, que no nos damos cuenta que Él pasa y llama a la puerta de nuestro corazón pidiendo acogida, pidiendo un ‘sí’, como el de María”.
El Santo Padre recordó que “in santo decía: ‘Tengo temor de que el Señor pase’. ¿Saben por qué tenía temor? Temor de no darse cuenta y dejarlo pasar”.
“Cuando nosotros sentimos en nuestro corazón: ‘Pero yo querría ser más bueno, más buena, me he arrepentido de esto que he hecho’, aquí está precisamente el Señor que llama, que te hace sentir ganas de ser mejor, las ganas de permanecer más cerca de los demás, de Dios”.
“Si tú sientes esto, detente. Allí está el Señor. Y ve a rezar, tal vez a la Confesión. A limpiar un poco el orujo. Eso hace bien. Pero acuérdate bien, si tú sientes esas ganas de mejorar, es Él quien llama. No lo dejes pasar”.
El Papa destacó que “en el misterio de la Navidad, junto a María está la silenciosa presencia de San José, tal como es representada en todo pesebre, también en el que pueden admirar aquí, en la Plaza de San Pedro”.
“El ejemplo de María y de José es para todos nosotros una invitación a recibir acoger, con total apertura del alma a Jesús, que por amor se ha hecho nuestro hermano”.
Jesús, dijo, “viene a traer al mundo el don de la paz: ‘En la tierra, paz a los hombres que él ama’, como anunciaron a coro los ángeles a los pastores. El don precioso de la Navidad es la paz, y Cristo es nuestra paz verdadera. Y Cristo llama a nuestros corazones para darnos la paz. La paz del alma. Abramos las puertas a Cristo”.
“Nos encomendamos a la intercesión de nuestra Madre y de San José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad, dispuestos a acoger al Salvador, el Dios-con-nosotros”, concluyó.

Sin título


Le propongo que limpiemos entre todos esta palabra santa, y no toleremos que la irreverencia se extienda






Empiezo a redactar este artículo en la capilla del Centro universitario donde trabajo. En este pequeño oratorio celebraré la Santa Misa dentro de media hora. Entre tanto permanece en penumbra. Para escribir me basta la luz tenue que ilumina el Sagrario.

He puesto una palabra como título. La leo en voz alta y siento la misma desazón que me produce oírla a todas horas: en la radio, en la televisión, en la calle, en las conversaciones más triviales e incluso en ambientes presuntamente cultos. Decido tacharla. Había escrito "La Hostia".

"La Hostia" es una palabra profanada, un vocablo envilecido, contaminado por el vómito de millares de blasfemos que se han ensañado con Ella durante años. No tengo tiempo ni ganas de hacer un análisis sociológico o histórico de la cuestión; pero, en todo caso, ofender a Dios con la palabra siempre me ha parecido un pecado estúpido, una especie de pataleta de adolescente, aunque sea cosa de viejos. Los blasfemos se rebelan contra sus más íntimas creencias con la misma agresividad del quinceañero que escupe a un retrato de su padre para reivindicar su autonomía.

No tan grave, pero sí tan necia como la blasfemia, es la irreverencia consciente, el manoseo torpe o graciosillo del lenguaje sagrado para escándalo de ancianitas o regocijo de clerófobos. La Hostia Santa (tenía ganas de poner este adjetivo) se ha convertido para muchos en un sustantivo "audaz", en un churrete asqueroso del lenguaje progre o en una muletilla mohosa para tartamudos mentales.

Hace un rato, frente al despacho del capellán, un grupo de alumnos de Derecho comentaba el último examen de no sé qué asignatura. Una alumna repitió tres o cuatro veces esta palabra con su correspondiente artículo determinado. Yo no podía verla, y quizá ella tampoco era consciente de que la escuchaba a pocos metros. La chica probablemente no quería ofender a nadie, pero su reducido vocabulario precisaba de un comodín, y por lo visto no tiene otro mejor.

Sin embargo, la Hostia es Jesucristo. No quiero decir que "signifique" la presencia de Jesús entre nosotros; ni siquiera que "esté" escondido en un pedazo de pan. No: el pan ya no existe. La Forma consagrada "es" Jesús, su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad.

Miro al Sagrario. Todavía faltan diez minutos para la Misa. Dentro de poco tendré la Hostia en mis manos: el Cuerpo glorioso e inmortal de Jesús, que ha querido permanecer con sus heridas abiertas, entregándose eternamente al Padre desde la Cruz, para hacer perenne su Sacrifico.

Por eso, mientras trato de prepararme para celebrar la acción más sagrada y trascendente que podemos realizar en esta vida, pienso en ese Jesús escupido, torturado y humillado que se dispone una vez más a ser Sacerdote y víctima del Sacrificio. Y me pregunto si, tal vez, permitirá tantas ofensas, insultos e irreverencias a su presencia eucarística para poder seguir sufriendo como Hostia igual que sufrió en la Cruz.

He terminado la Misa hace veinte minutos. Hablo con Nacho de todo esto. Él piensa que tengo razón en el fondo, pero que exagero.

— La gente no sabe lo que dice. A mí no me gusta emplear esas palabras, aparte de que soy la mar de tranquilo, pero cuando juegas a basket y te dan un codazo, no sé…, a lo mejor se me escapa. ¿Está mal eso?

— Las palabras salen siempre de algún sitio –respondo–; y nunca son inocuas.

Le propongo que limpiemos entre todos esta palabra santa, y no toleremos que la irreverencia se extienda entre personas que ni siquiera sospechan que ofenden al Señor. Que no vaya de boca en boca como si fuera basura.

— ¿Y qué se consigue con eso?

— Dar gloria a Dios. Y, de paso, reparar por tantas ofensas.

Imagina por un momento que estás en el Huerto de los Olivos con Jesús. Él lleva ya sobre sus hombros todos los pecados de los hombres, y no aguanta más el peso y la repugnancia de ese cáliz terrible. Ha empezado a sudar gotas de sangre… ¿No te gustaría limpiarle la frente y besar su rostro?

Limpiemos al menos su Nombre; no seamos cobardes.

ORACIÓN PARA PEDIR LA SERENIDAD



    Señor, acompáñame en mi enfermedad. Enséñame a tener serenidad, 
no me dejes caer en el aturdimiento, en la pereza, no dejes que pierda las 
ansias de superación y mejora. Dame fortaleza y paz para aceptar lo que 
puedo cambiar.

    Dame coraje para hacer todo lo que puede ayudarme a mejorar mi salud
 y estado de ánimo.

    Dame inteligencia para descubrir en cada momento lo que es más 
provechoso para mí y para los que me rodean.

    Señor, enséñame a tener serenidad, para saber disfrutar de los 
buenos momentos, para sentir el gozo de estar con los de casa y
 con los que me visitan, para recibir los momentos dolorosos y difíciles 
con paz de espíritu, para no dejarme abatir ni desesperar, para sacar
 buen fruto de mi situación.

                                                                    Amén.

Padre, Estoy en Tus Manos..


Hermoso canto de entrega a nuestro Padre.. Háganlo oración..



¿Por qué Dios me Abandona?




Pregunta:
Hola tengo 23 años. Soy una persona que en esto de la fe ha tenido unos 
baches bastante grandes, en parte, traídos del hecho de que perdí a mi
 padre cuando tenía 10 años de una manera a mi entender totalmente
 injusta para él. La cosa es que en esta etapa de mi vida me siento bastante
 triste. Como me suele pasar en estos casos recurre a rezar y a la Iglesia 
pidiendo ayuda porque me encuentro realmente sin ilusión en la vida desde
 que mi primer y único novio me dejara hace 5 meses. Siempre he tratado 
de ser buena gente y ayudar en cuanto se me pida y he tratado de vivir de
 la manera más honesta posible. Mi única ilusión en la vida es encontrar a
 alguien que me quiera y me cuide (y viceversa) y poder formar una gran familia. 
Sé que Dios me ha dado muchas cosas pero no me ha dado lo que yo más 
quiero que es el amor de una persona por mí, pido y pido y rezo y rezo
 porque me lo conceda pero… no lo veo posible y eso hace que dude de que 
realmente Dios me quiera y me cuide porque estoy sola y todo me sale al
 revés. ¿Por qué Dios no podría darme ese o que quiero y anhelo por una 
vez? creo que he sufrido tanto en mi vida que necesito que me dé por
 fin algo que me haga feliz por primera vez en mi vida. L.

Respuesta:


Estimada L.



No conocemos los tiempos de Dios ni cuando ha de darnos lo que
 le pedimos. Pero jamás podemos decir que Dios no cuida de nosotros
 o que Dios no nos quiera. Todo lo contrario: somos el fruto del amor de
 Dios. Si Dios no nos amara, simplemente no existiríamos. Y no debes 
olvidar que Jesucristo ha muerto en la Cruz por ti; ¿cómo puedes decir
 que no te ama quien ha dado por ti su propia vida? Lo que tú no serías
 capaz de hacer por un amigo (o tal vez sólo lo harías por un amigo,
 si eres realmente generosa) Él lo hizo por ti cuando eras su ‘enemiga’, 
como dice San Pablo (porque lo hizo para perdonarnos los pecados y por
 el pecado éramos enemigos de Dios).

Dios nunca nos abandona, incluso en medio de nuestro dolor.

Quiero que leas un hermoso testimonio escrito por un hombre joven, 
casado y padre de un hijo adoptado; enfermo de cáncer, sigue confiando
 en el inmenso amor y sabiduría de Dios. Éstas son sus palabras:

‘Me llamo Alfonso Cervantes Pavón y tengo 40 años de edad. 
Estoy casado con Isabel Oviedo y llevamos 14 años de matrimonio. 
Hace un año y medio adoptamos a un niño pequeño. Dios, en 
el vínculo matrimonial, no nos había concedido hasta ese momento
 ninguno. Ya está cercano a los tres años de edad (los cumple el 18 de julio).
 Se llama Ángel (ciertamente es un ángel para nosotros) y padece retraso
 psicomotor, como consecuencia de una encefalopatía prenatal. 
Quiero contar, a través de estas líneas, mi experiencia de cómo el 
Señor ha acontecido en mi vida. Lo conocí hace ya muchos años, 
cuando empecé este Camino de gestación en la fe que es el Camino 
Neocatecumenal. En la Iglesia, Él se ha revelado como un Padre que me 
cuida, guía mi vida y me ofrece diariamente la salvación y el perdón de mis 
pecados. En el entorno familiar, he tenido los problemas típicos de 
convivencia de todos los matrimonios, pero siempre con el perdón del
 Señor como respuesta a nuestras debilidades. En el aspecto laboral, 
he alternado tiempos de trabajo como albañil, tubero, operario en la 
construcción de barcos…, pasando también por momentos de desempleo.

Especialmente significativos, aquellos tiempos que vienen a mi memoria
 ahora de forma especial. Trabajaba por aquel entonces como operario en
 la construcción de un barco. Inesperadamente, y sin estar éste finalizado,
 sufrí un despido que, ciertamente, no esperaba. Aquellas fechas, mi parroquia,
 mi segunda casa necesitaba mano de obra para finalizar la fase de construcción 
de los salones de Catequesis. El complejo parroquial se ha terminado a base de 
donaciones y de personas que han trabajado sin recibir ninguna compensación 
material a cambio. En contra, espiritualmente, todos los que hemos echado 
alguna peonada hemos recibido bendiciones de Dios, el ciento por uno,
 porque Dios nos ha bendecido con la fe, algo que hoy se me revela más 
valioso que todo aquello que la sociedad me puede ofrecer, incluida la salud.

Nunca Dios me ha abandonado, y menos ahora. A principios de diciembre 
de 2001, acudí al médico por padecer un fuerte dolor pectoral. Con el paso 
de los días, observaba cómo el cuadro clínico se iba agravando, al aumentar
 el dolor y por la aparición de fiebre intermitente. En la tarde del día de Navidad,
 quedé ingresado en el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz. 
Querían realizarme algunas pruebas. Se pensó en la posibilidad de una
 hepatitis C, de una inflamación hepática, o alguna enfermedad parecida; 
al cabo de unos días y sin mejoría aparente, recibí el alta médica en espera 
de resultados de unas pruebas médicas. Fueron pasando los días y
 continuaba sin experimentar mejoría alguna. Una tarde del mes de febrero,
 tras recibir la visita del padre Emilio, el párroco de San José Artesano,
 y algunos miembros de mi Comunidad Neocatecumenal, mi mujer, en
 contra de la voluntad de los médicos, me reveló la verdad: ‘Tienes un 
cáncer de hígado’, me dijo entre lágrimas. Una enfermedad de mal pronóstico,
e irreversible por lo avanzado de su estado. No había solución.

En aquel momento ocurrió algo sorprendente y trascendental: tras recibir 
la noticia de mi enfermedad, no me asusté. El Espíritu Santo, sin duda, 
nos asistió a mi mujer y a mí, y nos acompañó durante aquella tarde. 
Experimenté una paz interior que no se puede describir ni explicar.

Con esto quiero decir que Dios realmente asiste en los momentos 
trascendentales de la vida. Sin duda, el Señor me paraba los pies. 
Van pasando lentamente los días desde mi lecho. Ya apenas me levanto. 
He salido de casa algunos sábados para acudir a la Eucaristía en la parroquia. 
Solamente incorporarme del lecho me produce el mismo cansancio que a 
vosotros un día entero de trabajo. Pero, como dice el Salmo, ‘El Señor
 está conmigo todos los días’. Él me asiste en mis dolores. Hace un par 
de semanas me han reforzado el tratamiento contra el dolor, para tener una 
mejor calidad de vida. Pero realmente lo que me hace sufrir son aquellas 
personas cercanas a mi familia que de alguna forma se han separado de 
Dios, han abandonado la fe, buscan, sin duda, la felicidad en otras cosas… 
Ruego al Señor por ellas.

Tengo muy claro que no soy yo, es Dios quien lleva mi enfermedad.
 Esta situación me supera, y ha redimensionado mi vida. Personalmente, 
no tendría fuerzas para llevarla adelante sin su ayuda. La garantía de que 
Él existe es que esta fuerza que actúa en mí es espiritual. Esto no lo puede 
explicar ni la ciencia ni la sabiduría humana, porque esta fuerza viene de Dios.

Espero y le pido constantemente no dudar de su amor, para que no salga 
de mis labios la siguiente pregunta: ‘¿Por qué a mí?’; deseo con todo mi 
corazón resistir a las acechanzas del demonio, que quiere que yo juzgue a Dios. 
Para gloria de Dios, no lo ha conseguido. Me siento asistido por todos los
 que me rodean, no sólo con su presencia, sino sobre todo por medio de 
la oración.

Todos los días recibo a Jesucristo en la Comunión y esto me mantiene vivo, 
me da fuerzas para dar una palabra de ánimo a quien lo necesita. Es Dios 
quien viene a mí; me visita, de igual forma que visitó a la Virgen María. 
También siento la presencia de Ella, mi Madre del Cielo, que escondida, 
en lo oculto, también intercede por mí.

Sé que me muero, no sé exactamente cuándo Dios me querrá llevar, 
pero tengo la garantía de que la muerte es precisamente un nacer a la 
Vida Eterna. Es el paso necesario para llegar a la presencia del Padre. 
Sé que en esta vida que se acaba -y que aquellos que me visitan y no 
creen en Dios lamentan como si hubiera recaído sobre mí una maldición- 
es necesario pasar por este trance, dar el salto a lo mejor, a lo definitivo, 
a lo verdadero: la Vida Eterna, la presencia del Padre.

Oraciones Para Bendición de los Alimentos.




Aquí se presentan como ayuda varias oraciones en la mesa para antes 
y después de comer, para bendecir y dar gracias.

 Algunas ya son conocidas otras no tanto, al final he agregado las que
 la inspiración del Señor me ha hecho hacer en mi familia.

Dios sabe bien de nuestras necesidades, por tanto en lo profundo del 
corazón de cada cual, que brote la oración intima y personal a quien nos ama.
\
El señor les Bendiga

Pedro Sergio

ORACIONES PARA ANTES DE LAS COMIDAS

Tradicional:

Señor, bendice estos alimentos
que recibimos de tu generosidad
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor

Amén.

ADVIENTO

Padre, ahora que nos disponemos a celebrar el nacimiento de Tu Hijo,
 Prepara nuestros corazones para recibirlo hoy y todos los días de 
nuestras vidas.

Nos has bendecido con muchas cosas maravillosas.

Así como nos alimentas con estos dones de la tierra, danos la fortaleza
 para ser testigos efectivos de la vida evangélica.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

NAVIDAD

Padre, los pobres pastorcillos fueron los primeros a los que se les 
anunciaron las buenas noticias del nacimiento de nuestro Salvador.

Te damos gracias por los frutos de la tierra, y te pedimos que nos
 hagas conscientes de sufrimiento de aquellos que son pobres o 
están en necesidad.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.



CUARESMA

Padre, que durante este tiempo de penitencia seamos verdaderos
 peregrinos y extraños en este mundo.

Te damos gracias por todos los dones de la creación, y te pedimos 
que nos fortalezcas mediante el compartir de esta cena, danos las 
fuerzas para continuar nuestro camino de arrepentimiento y conversión.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

PASCUA

Bendito seas Señor Dios nuestro.

Tu Hijo nos dice en la Pascua: "la Paz sea con ustedes."

Te damos gracias por estos alimentos.

Que sepamos vivir agradecidos siendo instrumentos de tu paz.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

PENTECOSTÉS

Padre, la presencia del Espíritu Santo colma la Iglesia con alegría.

Ese mismo Espíritu nos reúne para alabar tu nombre en Jesús, nuestro Señor.

Ahora que compartimos estos alimentos, Te pedimos que el Santo
 Espíritu consuma nuestras vidas Con el fuego de tu amor.

Que seas bendecido y alabado, ahora y por siempre.

Amén.

TIEMPO ORDINARIO

Padre, ahora que vamos a disfrutar estos alimentos, llénanos con 
el espíritu de la gratitud para que te demos alabanza y gracias al
 compartir estos alimentos.

Que seas bendecido y alabado, ahora y por siempre.

Amén.

Padre, tu hiciste todas las cosas que son buenas.

Que ahora, que compartimos estos dones de la creación, seamos 
conscientes de tu presencia constante en nuestras vidas.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

Padre, tu nos llamas a estar juntos en esta mesa y has proveído 
estos alimentos.

Que esta comida fortalezca nuestras mentes y cuerpos para que 
podamos hacer tu trabajo eficientemente.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

 BENDÍCENOS, SEÑOR

Bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a recibir; bendice 
las manos que los prepararon, da otro tanto a los que nada tienen y concede tu paz y tu justicia a nuestra Patria. Amén.

ORACIÓN PARA BENDECIR LOS ALIMENTOS

Formas de bendecir la mesa:

1.- Señor, bendice estos alimentos que recibimos de tu generosidad.
 Da pan a los que tienen hambre y hambre de Dios a los que tienen pan.

2.- Bendito seas, Señor por esta comida que vamos a compartir y 
que es signo de paz, de alegría y fraternidad. Amén.

3.- Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a tomar. 
Haz que no les falte el pan a los que pasan hambre. Amén.

4.- Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan; bendice a cuantos 
lo hicieron y a cuantos no lo tendrán. Amén

BENDICIÓN DE LA MESA

Antes de Tomar los Alimentos

V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad
 vamos a tomar. Por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

V. El Rey de la Gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.

R. Amén.

Después de Tomar los Alimentos

V. Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios. Tú, que vives 
y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

V. El Señor nos dé su paz.

R. Y la vida eterna. Amén.

BENDICIÓN DE LA MESA (2)

 1. En el nombre del Padre...

Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a tomar para 
mantenernos en tu santo servicio. Amén.

2. Bendícenos, Señor, y bendice nuestros alimentos.  Bendice también 
a quienes nos los han preparado,  y da pan a los que no lo tienen.

3. Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan Bendice a quienes 
lo hicieron  y haz que juntos lo comamos en la mesa celestial.

4. Porque me das de comer, muchas gracias, Señor. Sé que hay muchos hombres que hoy no comerán...  Danos a todos el pan de cada día.

ACCIÓN DE GRACIAS

1. Te damos gracias, Señor, por el alimento que nos has dado;    
         haced que de él nos sirvamos siempre para nuestro bien.

2.   Gracias por todos tus dones. Que el Rey de la eterna gloria 
nos haga partícipes de la mesa celestial. Amén.

3. Gracias, Señor, porque, de nuevo, hemos podido alimentarnos
 con los dones que Tú generosamente nos das. Señor, que no haya
 más hambre en el mundo.

4.         Te agradezco, Señor, esta alegría de la mesa: el alimento y
 la compañía de los míos. Bendice siempre a esta familia y a quienes 
no tienen ni hogar ni pan.

OTRAS ORACIONES

Oración para bendecid los alimentos del Padre Pío

Oh Jesús, tú que provees y alimentas a las aves del aire, provee y 
aliméntanos también a nosotros, que no sabemos ni sembrar, 
ni segar ni recoger.

Ven, bendice nuestro alimento y dáselo también a los que no lo tienen. Amén

MIS ORACIONES SEMANALES EN LA MESA

LUNES

Padre, estamos en la mesa para recibir estos agradables alimentos,
 son frutos del trabajo de muchos de tus hijos, como aquellos que 
sembraron la tierra, como los que pusieron su amor en prepararlos 
para nosotros, para todos ellos te pedimos tu bendición. Antes de
 comenzar su degustación, te agradecemos por el privilegio de
 tenerlo en la mesa y de todo corazón deseamos que te sientes con
 nosotros para acompañarnos de  tu amor.

Amen

 MARTES

Dijo Jesús: Muchachos, ¿no tenéis a la mano nada que comer?
 Le respondieron: No……  EL les dijo: Echad la red a la derecha 
de la barca y hallaréis…..Luego  bajaron a tierra y vieron unas
 brasas encendidos  y un pez puesto sobre ellas, y pan. …..
Jesús les dijo: Venid y comed…..Se acercó Jesús, tomó el pan 
y se lo dio, e igualmente el pez. (Jn 21, 5-6-9-12-13)

 Amado Jesús, siempre has mirado por nosotros, por nuestras tareas 
y fatigas, hoy al sentarnos a comer, queremos firmemente comer no
 solo un alimento restaurador de nuestras energías, además deseamos 
alimentar nuestro corazón de ti, quédate en esta mesa con nosotros, 
somos brasas encendidos de tu amor.

Amen

 MIERCOLES

Entonces dijisteis Señor: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver, ellos se
 cercioraron, y te dijeron “Cinco, y dos peces” y tomando los cinco
 panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunciasteis 
la bendición, partisteis los panes y los fuisteis dando a los discípulos 
para que se los fueran sirviendo. También repartisteis entre todos los 
dos peces. (Mc 6, 38)

¡Oh Señor!, cuanta preocupación por lo hombres, cuanta preocupación 
para hoy tengamos ya alimentos en la mesa, pronuncia tu bendición 
sobre nosotros y estos alimentos, te lo pedimos con sencillez y alegría 
Señor. Amen

 JUEVES

Padre amado, pedimos tu bendición para los alimentos de esta mesa, 
agradecidos de recibirlos y compartirlos y extiende tu bendición a las 
amorosas manos que los han preparado, de mismo modo, te pedimos 
que concedas alimentos a los carecen de ellos. Amen.

 VIERNES

Padre bueno, acompañasteis al campesino, protegisteis al pescador,
 le distes trabajo al comerciante, me disteis los recursos para suministrarme 
estos alimentos, es grande tu obra para que me pueda hoy alimentar,
 acompáñanos hoy en nuestra mesa, protégenos y danos tu fuerza 
para que una vez alimentados tengamos mucha energía para trabajar 
por el reino.

Amen

 SABADO

Oh Padre, nosotros queremos trabajar a la luz de tu Luz, en la Palabra 
de tu Palabra, en el sabor de tu Sabiduría, concédenos una bendición 
a estos alimentos, ellos nos darán la energía para rendir más y mejor,
 te lo pedimos por tu Hijo, nuestro amado Jesucristo

Amen

 DOMINGO

Padre amado, estamos participando en esta mesa de las cosas cotidianas
 de la vida y tu estas presente en ella. Es momento de darte gracias, 
estos acontecimientos de nuestra vida son rutinarios, pero de mucho
 agradecimiento porque nos has provisto de alimentos. Queremos
 que sepas Padre bondadoso, que no podemos vivir sin tu presencia 
y no podemos tomar estos alimentos sin recibir antes tu bendición, 
hazla llegar ahora Padre, te lo pedimos por nuestro amado Jesucristo, amen