martes, 16 de septiembre de 2014

Mira este vídeo y contempla Un MILAGRO REAL de Dios..!




Mira este video y contempla el Milagro de Dios.  A 4 días  de haber nacido su hijo Ward, Lindsay fue a alzarlo por primera vez. Él nació 3 semanas y media prematuro y pesó solo 1.5 libras.
pero después de pasar 107 días en Cuidados Intensivos Neonatal y muchas noches sin su madre, Ward finalmente fue a CASA.
Jeremías 1:5
Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.
Salmos 139:16
Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.
Cuántos agradecen a Dios por el Milagro de la Vida?

San Juan Macías: Un millón de almas salvadas



estampa de San Juan Macías
Un millón de almas salvadas
Fue la maravillosa conquista que hizo San Juan Macías, O.P. con el rezo del Santo Rosario. Desde sus más tiernos años consagró su vida al amor y al servicio de María. Se propuso rezar todos los días el rosario entero, dedicando una de sus partes por las almas del Purgatorio.
Cuando más tarde, entra en la Orden de Predicadores, no deja de rezar el Santo Rosario. Lo rezaba y meditaba con tal frecuencia y piedad, que supera toda ponderación.
Punto menos que imposible nos resultaría querer calcular  los frutos que para sí y para los demás, en especial las almas del Purgatorio, cosechó su perseverante piedad en la práctica de la devoción preferida por la Madre de Dios.
Acostumbraba pasar las noches orando ante el altar del Santísimo Sacramento y el de la Madre del Rosario.
Una de estas noches se le aparecieron, según cuenta él, una multitud de almas del Purgatorio, haciéndole presente la gran necesidad que ellas tenían de sus oraciones.
El Beato se comprometió a socorrerlas con el rezo del Santo Rosario; y fue tan grande el fruto, que, al narrar su vida por mandato de sus superiores, declaró que habría librado del Purgatorio, un millón cuatrocientas mil almas.
R. Fr. Lucas, O.P.
Convento PP. Dominicos – Granada
San Juan Macías
San Juan Macías, querido hijo de Santo Domingo y el bastión del Santo Rosario. Sacrificando tu vida para el alivio de las almas que sufren en el Purgatorio. Las tradiciones dicen que trucaste para millones de almas a través de tus oraciones y buenas obras. San Juan, ofrece tus oraciones ahora con Nuestra Madre Santísima a Nuestro Señor Jesucristo para que se apiade de las Benditas Almas. Amén.
3 Avemarías
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San Juan Macías, el emigrante que no volvió


San Juan Macias (blanca_chavarri_1966)
Una de las páginas más entrañables de la vida de Juan Macías es la de su burrito, que con sus vacías alforjas limosneras volvían repletas al convento para los más necesitados. Aquel burrito fue la “personalización” de los milagros de Fray Juan. Cuadro de Blanca Chávarri (1966)
“San Juan Macías, el emigrante que no volvió”, así reza, de manera acertada, el título de una obra sencilla y preciosa del querido Padre José Luis Gago (q.e.p.d). Y no volvió porque se ha quedado con nosotros para siempre. San Juan Macías, desde jovencito consagrado enteramente al servicio de la Santísima Virgen, fue un gran evangelizador del nuevo mundo, humilde y ensoñecido, penitente y caritativo. Fue verdadero amigo de los pobres, como lo fueron muchos de sus hermanos de orden entre ellos, su fiel confidente y amigo del alma, nuestro Fray Martín de Porres. El uno y el otro se dedicaron a amar a Dios en sus prójimos, a los que se entregan generosamente en gestos y detalles de cariñosa correspondencia. Precisamente, los restos de ambos descansan juntos en el Convento de Santo Domingo de Lima, además de los de Santa Rosa de Lima.
san juan macías
Los pobres buscan ayudan en Fray Juan Macías. Uno de los signos era su incondicional y bondadosa disponibilidad y humilde servicio a los hermanos. Un hombre que fue puro amor: a los pobres, a María, a Jesús Eucaristía, a los Santos, a las Almas del Purgatorio…
Por eso libros como el suyo despiertan la nostalgia, no de un mundo pasado, sino de un mundo íntimo mejor y posible no sólo hacia atrás, claro es, sino también actual y hacia adelante. No se puede leer la vida de un santo sin caer en la cuenta de que es una vida tremendamente sencilla y hacedera, una vida posible para todos, pero, al menos, para quien siente echar en falta la intentona. Los hombres actuales se ruborizarían si alguien les demostrase su secreta y acaso fallida esperanza de ser santos. Y, sin embargo, ser santo es posible, aun sin altar. Incluso es probablemente más fácil de los que nos permite pensar la vida de algunos santos.
Del Prólogo de “El emigrante que no volvió”.  José María Sánchez-Silva
san juan macías 1
Glorioso Juan Masías, que supiste grabar en el fondo de tu corazón ese divino precepto de la caridad, que por su importancia se inculca tanto en la antigua ley, y que la renueva y perfecciona Jesucristo en su Evangelio, declarándonos que es el primero y más grande de todos los mandamientos, y prometiendo la vida eterna al que lo cumpliese; tan fielmente le escuchas, como pronto supiste guardarlo y cumplirlo en todo el curso de tu vida.
A tu ayuda acude mi suma debilidad y flaqueza, para que poniendo esta fundamental piedra al edificio de mi verdadera conversión, comience desde hoy a ejercitarlo y practicarlo, a fin de que consiga ser discípulo de Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y Gloria.
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juan macias

Festividad de San Juan Macías, el gran amigo de Fray Martín


San Martín de Porres y San Juan Macías
Pintura anónima del S. XVII que representa a San Juan Macías y a San Martín de Porres
Juan de Arcas Sánchez, San Juan Macías, O.P., el gran amigo y confidente de San Martín de Porres. Amigos íntimos en vida habría que destacar la coetaneidad de ambos santos: San Martín en el convento del Rosario, San Juan en el de la Magdalena. Martín debió de ver en Juan, al hombre que sólo Juan era; al hombre ensoñecido y ensimismado, al pastor de ovejas y luceros, al “raro”. Los dos cooperaban en socorrer a pobres y enfermos, y se ejercitaban intensamente en la caridad para con sus hermanos. También en ocasiones gustaban de orar juntos, y especialmente en el caso de Juan, buscando la salvación de las almas del purgatorio. Juan deslumbró a todos con su derroche de amor, caridad, paz y dones taumatúrgicos hacia los demás. Efectuada su profesión religiosa, se sintió plenamente poseído de Dios, y se mostró último en humildad, limpísimo en castidad, obediente sin límites, devotísimo de la Eucaristía y de la Pasión de Cristo. Sus restos descansan junto a los de su gran amigo San Martín de Porres y a los de Santa Rosa de Lima, en el altar de los santos peruanos en Lima, concretamente en la Basílica del Rosario. Beatificado por Gregorio XVi en 1837, el 28 de Septiembre de 1975 fue canonizado por Pablo VI. La iglesia Católica celebra su festividad el 16 de Septiembre (la orden dominica conmemora su fiesta el 18 de Septiembre)
Parroquia San Juan Macías - Cáceres 1
Parroquia de San Juan Macías (Cáceres – España)
Bendito, alabado y glorificado seas por siempre, Oh Dios Todopoderoso y Padre amorosísimo de todas las almas, y muy en particular de las que gimen, abandonadas, en este valle de lágrimas y miserias, como lo demostrásteis con vuestro siervo y abogado mío, el Santo Juan Macías, dándole por visible guía al discípulo amado San Juan Evangelista. Yo os suplico me concedáis el favor que os pido por esta oración, si es para vuestra mayor gloria y bien de mi alma. Amén

Novena a San Juan Macías,O.P.


Fuente de la novena: devocionario.com

Iconografías por el Padre Fernando Fuentes, O.P. (Serie Santos de la Orden de los Dominicos)


San Juan Macías y San Martín de Porres (Fr. Fernando Fuentes H., 1980)
santa catalina de siena

santa rosa de lima
Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima (Fr. Fernando Fuentes H.)
Santo Domingo de Guzmán (Fr. Fernando Fuentes H.)
FRAY FERNANDO FUENTES HERNANDEZ, O.P. (1943-1984)
Nació en Medina de Rioseco, Valladolid, España, el día 30 de marzo de 1943. Miembro de una familia cristiana y numerosa, eran nueve hermanos.
Ingresó a la Orden de Santo Domingo en la Escuela Apostólica de Arcas Reales en 1954, donde estudió las humanidades. El noviciado lo hizo en el Convento de Ocaña, Toledo, el año 1959. Su profesión religiosa la hizo al año siguiente,  1960.
Los estudios de Filosofía los realizó en el Convento de Estudios de Alcobendas, Madrid, hasta el año 1964.
Fue ordenado sacerdote el día 4 de octubre de 1969, en el templo de la Recoleta Domínica de Santiago (Chile). Desde estudiante manifestó sus cualidades artísticas en la pintura; nos dejó hermosas colecciones de imágenes de Santo Domingo, de los Santos de la Orden y otra gran variedad de pinturas.
Desempeñó muchos e importantes cargos en esta Provincia dominicana de Chile. Fue Maestro de Novicios, Liturgo, Profesor, Consejero y Promotor de las Hermanas Domínicas; Prior de los Conventos de Valparaíso y Santo Domingo de Santiago; finalmente, Prior Provincial de la Provincia el año 1976.
Habiendo sido trasladado al Convento de Recoleta Dominica, fue elegido Rector del Colegio Academia de Humanidades, en enero de 1984.
Cuando apenas llevaba cuatro meses en el cargo, falleció repentinamente el domingo 1 de julio de 1984, a la edad de 41 años. Su muerte fue muy sentida por todos, siendo sus funerales muy concurridos y emocionantes.

Sello conmemorativo del Vaticano por la canonización de San Juan Macías


Sello vaticano 1975 canonizacion de juan macias
Sello conmemorativo del Vaticano por la canonización de San Juan Macías (Roma, 28 de Septiembre de 1975)

Homilía del Papa Pablo VI en la canonización de San Juan Macías


Estandarte de la beatificación de San Juan Macias (1837)
Estandarte de la beatificación de San Juan Macias (1837)
Pablo VI
S.S. Pablo VI
Homilía pronunciada por el Papa Pablo VI con motivo de la canonización de San Juan Macías (Roma, 28 de Septiembre de 1975):
Pinche aquí (documento pdf)

Festividad de San Juan Macías en el santoral dominico (18 de Septiembre)


Imagen de San Juan Macías - Lima (Perú)
Abogado de la Almas del Purgatorio y Padre de los Pobres
San Juan Macías, nacido en Ribera del Fresno, Badajoz (Extremadura – España) el 2 de Marzo de 1585,  y fallecido en Lima el 16 de Septiembre de 1645. Religioso y santo dominico español, amigo de San Martín de Porres, que evangelizó el Perú desde 1620 y fue canonizado el 28 de Septiembre de 1975 por Pablo VI.
estampa de San Juan Macías
Oración a San Juan Macías
Glorioso Juan Macias, Tú que al entregar tu vida a Dios, lo hiciste de una manera tan radical amándole a tus hermanos los hombres, especialmente a los más pobres y desamparados, presenta nuestras oraciones a Dios Padre, dador de todo bien a fin de que socorridos en nuestras necesidades temporales, caminemos con generosidad y espíritu, y fidelidad inquebrantable, tras los pasos de Jesucristo, camino verdad y vida, hasta que lleguemos a las moradas eternas por Jesucristo nuestro señor. AMÉN.

Oración a San Juan Macías


San Juan Macías - Lima
 San Juan Macías, el buen amigo de San Martín de Porres
¡Oh Dios!, que quisisteis que floreciera el Santo Juan Macías por cl candor de las costumbres, enriqueciéndole en su humilde vida con abundancia de gracias; os rogamos nos concedas imitar de tal manera sus virtud que, limpios de toda mancha, merezcamos llegar a nuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

Vitral del Convento de Santo Domingo (Lima – Perú)


San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima y San Juan Macías

CUATRO REGLAS PARA ACTUAR CON CALMA



Cuatro reglas para actuar con calma

Mantener la calma en ciertas situaciones  no es fácil, sin embargo el hacerlo puede llevarte a mejorar tus relaciones interpersonales e incluso culminar con éxito muchas situaciones a las que te afrontas de forma cotidiana.  Aqui tienes cuatro tips que te ayudarán a controlarte.


1.- Vigila los síntomas. Mantente alerta sobre los síntomas que tienden a desencadenar tu reacción emocional para deshechar de raíz lo que te puede llevar a un conflicto.

2.- Mantén la calma. Cuando te sientas amenazado o maltratado, evita responder sintiéndote emocionalmente herido: eso sólo te pone a la defensiva y crea una situación aún más tóxica. La contestación meditada, respetuosa y pacífica equivale a echar un jarro de agua fría al agua caliente: baja tu temperatura, la vuelve tibia.

3.- Utiliza el silencio. Si crees que no aportas nada al contestar, mira al otro directo a los ojos, con mucha conciencia, sin amenazarle ni odiarle, como diciendo "Mírate, ¿qué te ocurre?, ¿estás mal?, ¿qué necesitas?, ¿qué tienes?". Esa actitud te hará reflexionar de manera automática.

4.- Busca la paz. Afronta el enfado o gritos ajenos sin saltar, atacar, defenderte ni responder la amenaza, sintiendo que haces lo que quieres en cada instante, mantienes tu equilibrio y controlas la situación. Devolver paz, serenidad y contención a la violencia desarma a cualquiera.

SAN JUAN MACÍAS, DOMINICO, EL PADRE DE LOS POBRES, 16 DE SEPTIEMBRE




Juan Macías, Santo
Dominico, 16 de septiembre



Juan Macías, Santo
El padre de los pobres

Martirologio Romano: En Lima, en el Perú, san Juan Macías, religioso dominico, que, dedicado por mucho tiempo a oficios humildes, atendió con diligencia a pobres y enfermos y rezó asiduamente el Rosario por las almas de los difuntos (1645).

Etimología: Juan = Dios es misericordia. Viene de la lengua hebrea.

Fecha de canonización: 28 de setiembre de 1975 por Pablo VI

Nació en Rivera de Fresno, en Extremadura, España, el 2 de marzo de 1585. Era muy niño cuando sus padres murieron, quedando él bajo el cuidado de un tío suyo que lo hizo trabajar como pastor. Después de un tiempo conoció a un comerciante con el cual comenzó a trabajar, en 1616 el mercader viajó a América y Juan junto con él.

Llegó primero a Cartagena y de ahí decidió dirigirse al interior del Reino de Nueva Granada, visitó Pasto y Quito, para llegar finalmente al Perú donde se instalaría por el resto de su vida. Recién llegado obtuvo trabajo en una hacienda ganadera en las afueras de la capital y en estas circunstancias descubrió su vocación a la vida religiosa. Después de dos años ahorró un poco de dinero y se instaló definitivamente en Lima.

Repartió todo lo que tenía entre los pobres y se preparó para entrar a la Orden de Predicadores como hermano lego en el convento de dominicos de Santa María Magdalena donde había sido admitido. El 23 de enero de 1622 tomó los hábitos.

Su vida en el convento estuvo marcada por la profunda oración, la penitencia y la caridad. Por las austeridades a las que se sometía sufrió una grave enfermedad por la cual tuvo que ser intervenido en una peligrosa operación. Ocupó el cargo de portero y este fue el lugar de su santificación. El portón del monasterio era el centro de reunión de los mendigos, los enfermos y los desamparados de toda Lima que acudían buscando consuelo. El propio Virrey y la nobleza de Lima acudían a él en busca de consejos.

Andaba por la ciudad en busca de limosna para repartir entre los pobres. No se limitaba a saciar el hambre de pan, sino que completaba su ayuda con buenos consejos y exhortaciones en favor de la vida cristiana y el amor a Dios.

Murió el 16 de setiembre de 1645.

ORACIÓN A SAN JUAN MACÍAS, ABOGADO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO Y DE LOS POBRES



LAS BILOCACIONES DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA



LAS BILOCACIONES DEL PADRE PÍO


Bilocación significa la facultad de estar en dos lugares al mismo tiempo. San Antonio De Padua, por ejemplo, se encontró simultáneamente en Lisboa y en Padua. A San Alfonso María de Ligorio se le vio en los funerales de Clemente XIV cuando no había dejado la Parroquia de Santa Ágata de los Godos. En el caso del Padre Pío, se cuentan por cientos los testimonios de diversa índole, de los que aquí sólo relatamos algunos como ejemplo. 

Es conocido el caso de una muchacha que insistía en confesar el mismo pecado una y otra vez. El Padre Pío, luego de advertirle en repetidas ocasiones que Dios ya había perdonado esa falta, y que no debía confesarla más, y ante la desobediencia de la joven, le dijo claramente que si volvía a confesar el mismo pecado iba a recibir un cachetazo. La muchacha, conociendo el temperamento del Santo del Gargano, pero no pudiendo resistir la tentación, confesó su pecado a otro sacerdote en Roma. De inmediato, y ante su sorpresa, recibió un cachetazo en pleno rostro. 

Un día, el Ingeniero Todini, de Roma, se quedó hasta muy tarde en San Giovanni Rotondo. En el momento de partir, se dio cuenta de que llovía a torrentes. Pidió entonces al Padre Pío permiso para pasar la noche en el monasterio, pero este se negó. 

Padre, dijo entonces el Ingeniero, ¿cómo voy a hacer para volver al pueblo sin paraguas?. Me voy a mojar hasta los huesos!. Yo lo acompañaré, repuso el Padre. 

El señor Todini se despidió. Antes de abrir la puerta que da sobre la plaza, oyó la lluvia azotar la calle. Se subió el cuello del sobretodo, se encasquetó el sombrero para que el viento no se lo llevara, y salió. Una ráfaga violenta lo embistió, pero por sorpresa suya, solo le cayeron unas pocas gotas de lluvia. Qué fastidio, vendrá empapado!, le gritaron sus huéspedes no bien entró. Pero si apenas llueve!. Vamos!, cómo que apenas?. Si parece el diluvio universal!. Toldini entonces les mostró que traía la ropa completamente seca, quedando todos estupefactos. 

La "bilocación de la voz" es un fenómeno frecuente en él. Sus hijos espirituales, y hasta personas extrañas a él, le han oído a grandes distancias dar noticias o consejos, y hasta amonestaciones, especialmente en medio del sueño, y han oído esa voz suya en forma clara y comprensible, pero sin ver al Padre Pío. 

El 8 de mayo de 1926 una docena de fieles venidos de Bolonia esperaban al Padre en el vestíbulo del monasterio. Recordemos que en 1926 no existía la puerta que comunica directamente la sacristía con el monasterio, de modo que el Padre estaba obligado a pasar por la iglesia si quería ir a la sacristía donde él confiesa. 

Pasaron horas de vana espera. Luego se acercó al grupo un capuchino: "¿Buscan al Padre Pío?, hace ya rato que está confesando". ¿Cómo era posible, si ellos habían vigilado la entrada durante tres horas largas?. Hay que pensar que se había hecho invisible, y no era esa la primera vez. 

Se recuerda la aventura de un actor venido en auto desde Foggia con otros miembros de su compañía. Su actitud era insultante. A ver, ¿dónde está ese Padre Pío?, preguntó con un tono arrogante. Quiero que me convierta, quiero confesarme. Y dejando a sus compañeros a las carcajadas entró a la iglesia. Le dijeron que el Padre debía estar en la sacristía. Pero no se le encontró ni en ésta ni en su celda, ni en el locutorio ni en el jardín. Imposible hallarlo. A fin de cuentas, el hombre gruñó, cansado de esperar: está bien, me voy. Lástima!, me hubiera gustado ver si este fraile era capaz de convertirme. 

No bien partió el automóvil, los fieles se encontraron de frente con el sacerdote. Padre, ¿dónde estaba?, hemos registrado por todas partes. Yo estaba aquí, hijos míos, he pasado tres o cuatro veces delante de ustedes, pero no me vieron. Los fieles de San Giovanni comprendieron y se abstuvieron de hacer comentarios. 

En San Martino de Pensilis, los miembros de la Tercera Orden tenían costumbre de reunirse en casa de uno de ellos por turno. Una noche, la reunión tuvo lugar en el lugar del Comisario Trombetta. Su hijito Juan corrió de pronto a refugiarse en las faldas de su madre, diciendo: Mama, tengo miedo, el Padre Pío está allí!. ¿Dónde, dónde?, preguntó la madre. Allí, allí, respondió el niño, señalando a un punto. Ah! , ya se ha ido!. "La historia de Juanito" llegó a oídos de quien era su protagonista. Veamos Padre, ¿era realmente usted?. ¿Y quien querían que fuera?, contestó él con tono de fastidio. Siempre se muestra disgustado e intimidado cuando hace alusión a sus dotes sobrenaturales. Pero con la falta de tacto que caracteriza a los paisanos, los buenos vecinos de San Martino, vuelven a la carga. Padre, ¿entonces usted estaba "realmente" en nuestra reunión?. Y la respuesta fue: Cómo!, ¿lo dudan todavía?. 

La señora de Devoto, de Génova, estaba seriamente enferma y con la amenaza de que le amputaran una pierna. Una de sus hijas rezaba en un cuarto vecino, pidiendo que se evitara esa operación e invocando la ayuda del Padre Pío. De pronto éste apareció en el umbral de la puerta. El deseo de obtener una gracia para su madre obnubilaba a tal punto la mente de la joven, que ella ni se preguntó cómo podía estar el Padre en Génova estando en San Giovanni, a varios cientos de kilómetros, ni se le ocurrió dudar de lo real de su presencia. Arrojándose a sus pies, le suplicó: "Oh, Padre, salve a mamá!". El santo la miró y le dijo simplemente: "Espere nueve días". Ella iba a pedir una explicación, pero al levantar la vista de nuevo sólo vio la puerta cerrada. 

A la mañana siguiente pidió a los médicos que aplazaran la intervención quirúrgica, y ni las advertencias ni los consejos ni las súplicas de sus parientes, ni el mismo estado de la paciente que se agravaba por momentos lograron disuadirla. Al décimo día, cuando los cirujanos examinaron a la enferma, cuál no sería su estupefacción al comprobar que la herida de la pierna estaba completamente cicatrizada y la señora estaba en vías de restablecimiento. Unas semanas más tarde la familia toda se dirigió a San Giovanni para agradecer al Padre la merced que les había alcanzado. Pero nuestro hombre no quiere que se agradezca nada: "Id a la Iglesia a dar gracias a Dios y a la Virgen!", es su abrupta manera de rechazar todo agradecimiento. 

Telegramas, mensajes telefónicos, cartas de todas las especies, y numerosos testigos oculares atestiguan sus bilocaciones en Italia, Austria, Uruguay, Estados Unidos. 

Para la inauguración de su capilla privada, en la Vía Tritone 56, en Roma, la Condesa Virginia Sili había mandado muchas invitaciones, entre otras a su primo, el Cardenal Gasparri y al Cardenal Sili, su cuñado. La condesa y sus invitados estaban discutiendo el nombre que le darían al oratorio, cuando un novicio entró en la habitación trayendo un relicario que contenía un fragmento de la Cruz de Cristo. Anoche, explicó el joven, el Padre Pío se me apareció en carne y hueso y me ordenó que trajese a la condesa ésta reliquia por la mañana, antes de la consagración de la capilla. Días más tarde, la Condesa se presentó en San Giovanni Rotondo, y escuchó de labios del capuchino la confirmación de ese relato.

Se sabe que San Martín de Porres fue visto en Manila, en África, en Francia y en otras cincos partes al mismo tiempo. Y la explicación que dio cuando se la pidieron, fue ésta: "Si Jesús multiplicó los panes y los peces, ¿acaso no podría multiplicarme también a mi?". 

La señora Concepción Bellarmini, de San Vito Luciano, sufrió de pronto un envenenamiento de sangre seguido de una bronconeumonía. La infección le provocó una ictericia terrible, y los médicos la desahuciaron. Una pariente le aconsejó que confiase su situación al Padre Pío, a quien ella no conocía. Así lo hizo, y de pronto se le apareció a plena luz un fraile estigmatizado que le sonrió y la bendijo sin tocarla. La enferma le preguntó entonces si su venida era señal de que había logrado la conversión de sus hijos o su próxima curación. El capuchino afirmó: "El domingo por la mañana usted estará curada" y luego se desvaneció dejando una estela de perfume. 

Ya al día siguiente la piel de la enferma fue tomando un color normal, cedía la fiebre y pocos días después la señora pudo levantarse. Acompañada de su hermano, fue a San Giovanni para verificar la identidad de "su" fraile. Cuando divisó al Padre Pío en la iglesia, se dirigió a su hermano y le dijo al oído: "Es él, no hay duda de que es él". 

El Sr. Arturo Bugarini, de Ancona, cuenta que estando junto a su hijo muy grave, golpeaban en la espalda tres veces mientras una voz le murmuraba: "Soy el Padre Pío, soy el Padre Pío, soy el Padre Pío". En el mismo momento lo invadió una ola de intenso calor, luego nada más. El niño se salvó.

El 21 de julio de 1921, Monseñor d’Indico de Florencia, estando sólo un su escritorio, tuvo la sensación de que había alguien detrás de él. Se dio vuelta y vio desaparecer un religioso. Interrumpiendo su trabajo, fue en busca de un sacerdote y le contó lo que acababa de ocurrirle. Este le habló de alucinaciones: Monseñor estaba mortalmente angustiado por la salud de su hermana que estaba agonizando. Cuando la fue a visitar, ésta (que estaba casi en coma), había visto al mismo tiempo que su hermano, entrar un fraile a su cuarto, acercarse y decirle: Nada tema. Mañana su fiebre habrá desaparecido y dentro de pocos días ya no quedarán ni rastros de su enfermedad. Pero, Padre, ¿quién es usted entonces?, ¿un santo?. No, repuso el religioso, soy una criatura que sirve al Señor y soy dispersor de sus auxilios. Padre, permítame besar su hábito. Bese mas bien el signo de la Pasión, replicó mostrándole las manos. Y después de bendecirla, desapareció. Inmediatamente la enferma se sintió mejor, y ocho días después estaba sana. 

Durante el éxtasis, el Padre Pío se nos aparece como inhibido. Cuando vuelve en sí, diríamos que sale de un síncope. Su cuerpo no reacciona ante ninguna excitación externa, luz enceguecedora, luces de magnesio, etc. Por eso resulta tan fácil sacarle cuantas fotografías se quiera mientras está oficiando: un estruendo de platillos lo deja impasible. Se le creería sordomudo. Santa Teresa escribe: "En la cúspide del éxtasis no se ve ni se oye nada". 

Monseñor Damiani, Vicario General De la Diócesis de Salto en el Uruguay, mantenía este diálogo en 1930 con su amigo el Padre Pío: Me gustaría morir aquí para que usted me asistiera en mis últimos momentos. Le contestó el Padre Pío: No, usted morirá en Uruguay. ¿Y usted irá a ayudarme a morir bien?. Naturalmente. 

Durante ese mismo viaje, una mañana, Monseñor Damiani tuvo un ligero ataque cardíaco y al punto envió en busca de su amigo. Pero como estaba confesando, el capuchino no acudió al llamado. Cuando éste subió hacia mediodía, el prelado lo retó suavemente: Capuchino, ¿porqué no vino cuando lo mandé a llamar?, podía haber muerto. Hombre de poca fe, ¿no le dije que usted morirá en el Uruguay?. Y veamos ahora el fin de la historia, contada en 1942 por el R. P. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo: En 1942, en la víspera de las bodas de plata sacerdotales del Obispo de Salto, Monseñor Alfredo Viola, que reunía en el Obispado al Delegado Apostólico y a cinco prelados, fui despertado a medianoche por un golpe dado en la puerta de mi cuarto. Al entreabrirla, vi pasar un capuchino y oí una voz que me susurraba: "Vaya al cuarto de Monseñor Damiani, está muriéndose". Me puse la sotana, desperté a algunos sacerdotes y fuimos al cuarto de Monseñor. Sobre la mesa de noche había una hoja de papel con unas palabras escritas de puño y letra: "El Padre Pío ha venido" (el Arzobispo conserva este testimonio). Cuando fui a Italia y vi al Padre Pío, le pregunté: "Padre, ¿era usted el Capuchino que yo vi la noche en que murió Monseñor Damiani?. El Padre pareció confuso, cuando le hubiera sido tan fácil negarlo. Como no insistí él sigue guardando silencio. Yo me eché a reír diciendo: "Ya comprendo". Entonces movió la cabeza y dijo: "Si, usted ha comprendido". 

Un día, durante la guerra, el General Cardona, sólo en su despacho, la cabeza entre las manos, pensaba con espanto en todos los jóvenes que iban a dar su vida por su patria, cuando de pronto sintió un violento perfume de rosas que invadía toda la oficina. Levantando la cabeza, quedó estupefacto al ver ante sí a un monje de sonrisa amplia que pasó diciendo: "No tema, nadie le hará mal". Cuando la visión se desvaneció, también se disipó el perfume. El General confió ese episodio a un franciscano, y éste le dijo: "Excelencia, usted ha visto al Padre Pío", y le contó a grandes rasgos la biografía de este hombre extraordinario. Después de oírla, Cardona no tuvo más que un deseo, el de ir a San Giovanni. Fue vestido de civil para no ser reconocido, pero no bien penetró en el monasterio, dos Capuchinos se le acercaron: "Excelencia, el Padre Pío lo espera. Nos mandó para recibirlo". 

Ema Meneghetto, jovencita de catorce años, era epiléptica y sufría crisis varias veces por semana. Un día que oraba con fervor, se le apareció el Padre Pío, posó su mano sobre la colcha de la cama, le sonrió y desapareció. La epiléptica se sintió curada, se levantó para besar el lugar donde posara su mano el Padre Pío, y vio impresa una pequeña Cruz de sangre. Cortó el trocito de género y lo colocó bajo un farol de vidrio. La joven curada milagrosamente escribe que desde entonces ella ha obtenido numerosas gracias, especialmente la curación de bebitos a punto de morir.

La Señora Ercilia Magurno, mujer de mucha fe, había velado durante meses junto al lecho de su marido, sumamente grave de angina de pecho. Cierta noche invadió la habitación un penetrante perfume a flores, pero el enfermo seguía empeorando por momentos. Con dos días de intervalo, la señora envió dos telegramas al Padre Pío para implorar su intercesión, pues su marido estaba ya en coma. El 27 de febrero, el enfermo pareció dormirse con sueño profundo y sereno. A la mañana siguiente, al despertar, dijo a su mujer: Estoy curado. Me siento perfectamente. El Padre Pío acaba de dejarme. Por favor, abre los postigos y tómame la temperatura. No tenía ya ni rastros de fiebre. El Padre Pío vino acompañado por otro fraile, explicó el hombre, me examinó el corazón y me dijo: "Mañana se le habrá ido la fiebre y dentro de cuatro días podrá levantarse". Luego miró los remedios que le daban, leyó las recetas y se quedó largo rato junto a mí. Como para confirmar este milagro, una fuerte fragancia de violetas flotaba todavía en la habitación. Cinco meses después, ambos esposos se dirigían a San Giovanni, y el ex-enfermo reconocía a su salvador. El Padre Pío se le acercó, le puso la mano en el hombro y con tono amistoso le dijo: "Como le ha hecho sufrir ese corazón!". 

Se cuenta que una joven inválida, curada providencialmente, quiso experimentar el don milagroso del Padre Pío y volvió a visitarle simulando su enfermedad pasada. Vuelve a tu casa, le dijo el sacerdote dándole un golpecito en la espalda, vete sin perder tiempo, pues ya sabes que estás perfectamente sana y no se debe tentar a la divina misericordia. 

Durante la segunda guerra mundial los norteamericanos instalaron una base aérea a algunos kilómetros de San Giovanni, cuando todavía había alemanes en la región. Llegó a la base la noticia de que allí había un depósito de municiones enemigas, y de inmediato se despachó un bombardeo con el pueblo del Gargano como objetivo. El piloto a cargo de la misión estaba preparándose para lanzar las bombas, cuando ve junto a su avión en pleno vuelo a un monje con hábito capuchino, que con ambas manos le decía: “NO”. El piloto, aterrado, soltó las bombas en el campo y volvió a su base. Cuando narró la historia al oficial a cargo de la base, un italiano del lugar que escuchaba le dijo que allí había un famoso cura milagrero. Juntos fueron a San Giovanni, y grande fue la sorpresa de todos cuando el piloto, viendo al Santo del Gargano, exclamó: es él!. 

Podríamos seguir por horas relatando historias de bilocación del Padre Pío, y los libros sobre su vida están llenos de ellas. Pero lo que cuenta aquí es el mensaje Celestial: Para Dios no hay nada imposible, nada. Nuestro pobre entendimiento juzga a las cosas de Dios con la débil perspectiva del hombre, y allí es donde nos alejamos de Dios, atándonos a las reglas y cosas del mundo, que es el reino de satán.

TRABAJAR CON ILUSIÓN




TRABAJAR CON ILUSIÓN


Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. 
Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó: 

-¿Qué están haciendo ustedes aquí?

El obrero lo miró con dureza y le respondió: 

-¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Ahí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros, arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos en la obra el pellejo.

El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo. 
- Aquí, como usted puede ver, picando piedras para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos. 

Se acercó el visitante a un tercer obrero y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo: 
- Estamos levantando un Hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura. 

El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma realidad. 

Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. 

Piensa que el mundo es un infierno y lo será.  Piensa que este mundo es parte del paraíso y lo será. 

Vivir con ilusión, convertir el trabajo en una fiesta, sentirnos parte de las buenas obras... De ti depende. 

Si haces lo que te gusta y encima te pagan, ¿qué mas le pides a la vida? Vive tu trabajo con ilusión y dale gracias a Dios, que no todos tienen la dicha que tienes tú.