viernes, 18 de octubre de 2013

María Purísima de la Cruz Salvat y Romero, Beata


Religiosa, 31 de octubre
 
María Purísima de la Cruz Salvat y Romero, Beata
María Purísima de la Cruz Salvat y Romero, Beata

Religiosa

Martirologio Romano: En Sevilla, España, Beata María Purísima de la Cruz (en el siglo Isabel Salvat y Romero), quien fuera superiora general de la congregación de las hermanas de la Compañía de la Cruz. ( 1998)

Fecha de beatificación: 18 de septiembre de 2010, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.
La Sierva de Dios nació el 20 de febrero de 1926 en Madrid en el seno de una familia acomodada. Al día siguiente, fue llevada a la fuente bautismal en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, recibiendo el nombre de María Isabel. En su ambiente familiar, fuertemente motivado en sentido religioso, junto con la primera educación asimiló también los valores cristianos, que profundizó con creciente conocimiento frecuentando desde niña el colegio madrileño de la Virgen María, gestionado por las Religiosas Irlandesas. En el ámbito de su itinerario formativo, recibió la Primera Comunión, la Confirmación y completó el currículo normal de los estudios. En el 1936, al estallar la guerra civil, la familia se trasladó a Portugal; pero, después de dos años, regresó a la patria, escogiendo como residencia, en un primer momento, la ciudad vasca de San Sebastián y luego nuevamente Madrid.

A lo largo de estos años Maria Isabel fue madurando en todas las cualidades personales y culturales para poder proyectar una vida social llena de satisfacciones, revalorizada posteriormente por su procedencia alto burguesa. Ella, sin embargo, comenzó a percibir con mucha claridad la vocación a la vida religiosa, de manera que, una vez presentada la solicitud, en el 1944 fue acogida como postulante en el Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz de Sevilla. Al año siguiente recibió el hábito religioso, asumiendo el nombre de Sor María de la Purísima de la Cruz, y fue admitida al noviciado.

Ya durante este periodo de formación, la Sierva de Dios se distinguió por su compromiso, espíritu de sacrificio y ejemplaridad. De modo particular se manifiestan en ella, con admirable sencillez, el amor a la pobreza, un comportamiento humilde y un espíritu de obediencia desinteresada y convencida. En el 1947 emitió los votos temporales. Reconociendo en ella la preparación humana y espiritual, a la joven hermana se le confió la dirección del colegio de Lopera, cerca de Jaén, compromiso al que siguieron otros cargos de responsabilidad en Valladolid y Estepa. En 1966 fue llamada a la Casa Madre de Sevilla, primero como auxiliar del Noviciado, luego como Maestra de novicias. Dos años más tarde fue nombrada Provincial, luego Consejera General, después aún Superiora de la comunidad de Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y en el 1977 fue elegida Madre General del Instituto. Sería reelegida, con permiso de la Santa Sede, otras tres veces para este oneroso cargo, particularmente delicado en los difíciles años que siguieron al Concilio Vaticano II y que vieron a la Sierva de Dios comprometida en la actualización de las Constituciones del Instituto dentro de la óptica de la salvaguardia y de la revalorización del carisma original, a través de una renovada fidelidad al Evangelio y al Magisterio eclesial, una intensa dimensión eucarística y mariana, una inteligente adaptación de la tradición a las nuevas perspectivas de la Iglesia y de la sociedad. Su actitud fundamental fue de un equilibrio dinámico: Sor María no vivió la fidelidad como una cansada repetición de fórmulas ensayadas, sino como un deseo de creatividad para ir al encuentro de las exigencias que el Señor le iba haciendo comprender. En cada circunstancia miró a Santa Ángela de la Cruz, Fundadora de la Congregación, como a un manantial perenne de continuidad coherente dentro de la necesaria renovación.

Tuvo una solicitud particular por la formación permanente de las Hermanas, sobre todo por las que atravesaban momentos de crisis y de desorientación, de modo que en aquellos años de experiencias y de no pocas incertidumbres su testimonio de vida constituyó un punto seguro de referencia para muchas de ellas. Cuidó con amor la animación vocacional, cuyos frutos maduraron incluso de modo visible, hasta el punto de que la Sierva de Dios tuvo que dedicarse a abrir nuevas casas religiosas en otras ciudades de España, como Puertollano, Huelva, Cádiz, Lugo, Linares, Alcázar de S. Juan. Incluso en Reggio Calabria, en Italia, en el 1984 realizó la fundación de una casa. Su personalidad serena y jovial contribuía a crear un clima de confianza y de comunión, pero era sobre todo su sólida espiritualidad la que motivaba sus intenciones y sus acciones. En ella, efectivamente, se pone de manifiesto una intensa experiencia religiosa, vivida con clara conciencia de la presencia de Dios y en la constante búsqueda de su voluntad, y alimentada en las fuentes de la oración y de la contemplación; una sincera disponibilidad a las exigencias del prójimo, de manera particular para con los más necesitados, y una sagaz apertura hacia los problemas contemporáneos; una tendencia hacia la perfección, hasta llegar a conseguir un asiduo y fervoroso ejercicio de las virtudes humanas e cristianas.

En el 1994 le diagnosticaron un tumor, por el que tuvo que ser operada. Afrontó la enfermedad con gran docilidad a la voluntad de Dios y con fortaleza de ánimo y durante cuatro años continuó generosamente con su actividad. En los últimos días de vida, cuando el sufrimiento fue más doloroso, renovó su confianza en la bondad de Dios, preparándose para el momento del encuentro con el Esposo.

El 31 de octubre 1998 se durmió piadosamente en la Casa Madre de Sevilla. En su funeral participaron numerosos sacerdotes y religiosas, junto con un grandísima asistencia de fieles, testimonio de una fama de santidad que ya en vida había acompañado a la Sierva de Dios.

El sábado 27 de marzo de 2010, S.S. Benedicto XVI firmó el decreto referente a un milagro atribuido a la intercesión de la venerable María Purísima de la Cruz Salvat.


Beata María Purísima de la Cruz Salvat Romero, religiosa
fecha: 31 de octubre
n.: 1926 - †: 1998 - país: España
canonización: B: Benedicto XVI 18 sep 2010
hagiografía: Zenit.org
En Sevilla, España, beata María Purísima de la Cruz (Maria Isabel) Salvat Romero, religiosa profesa de la Compañía de la Cruz.

"En la casa de Dios no hay oficios bajos, todos son altos", era la frase que solía repetir la futura beata, quien durante 22 años fue la superiora general de las Hermanas de la Compañía de la Cruz de Sevilla, fundada en 1875 por santa Ángela de la Cruz.

Su nombre de pila era María Isabel Salvat Romero. Nació en 1926 en Madrid, en el seno de una familia acomodada y profundamente religiosa. En 1936 al estallar la Guerra Civil Española se trasladó a Portugal y después de dos años regresó a su patria. Al descubrir su vocación a la vida religiosa, ingresó en 1944 en el Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz de Sevilla. Luego de la formación, pasó a dirigir el colegio de Lopera, cerca de Jaén. En 1966 fue llamada a la casa Madre de Sevilla donde sirvió como auxiliar de noviciado y luego como maestra de novicias.

Dos años más tarde la Congregación hizo la experiencia de vivir en Provincias y ella fue nombrada Provincial de una de estas. Esta experiencia no tuvo aceptación y, por consiguiente no prosperó; luego fue Consejera General, después aún Superiora de la comunidad de Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y en el 1977 fue elegida Madre General del Instituto. Durante su generalato fue beatificada su fundadora Ángela de la Cruz (noviembre de 1982).

Pese a que siempre desempeñó cargos importantes en su comunidad, la futura beata nunca se vanaglorió por ello: "Su ideal era siempre pasar sin hacer ruido, procuraba llamar la atención lo menos posible; no quiso nunca aparecer, buscaba siempre los puestos más bajos", dice el padre Ramírez, postulador de la causa. "Era la primera en tirarse al suelo para fregar"; "Estaba siempre al quite para hacer los trabajos más humildes, arremangándose con prontitud para lavar a los enfermos pordioseros, amortajar a los ancianos más pobres, bajando hasta las cuevas más recónditas de los que sufren, amiga del barro donde viven los pobres, de los bohíos de los marginados, de la gente solitaria, limpiando los servicios de la casa sin que las hermanas se percataran de ello", cuenta.

Una de sus principales virtudes fue la fidelidad al carisma iniciado por la fundadora, el cual vivió "no como una cansada repetición de fórmulas ensayadas, sino como un deseo de creatividad para ir al encuentro de las exigencias que el Señor le iba haciendo comprender". Para su postulador, una de las principales cualidades fue "su personalidad serena y jovial" la cual "contribuía a crear un clima de confianza y de comunión". Dones que iban acompañados de una intensa vida espiritual, "vivida con clara conciencia de la presencia de Dios y en la constante búsqueda de su voluntad, y alimentada en las fuentes de la oración y de la contemplación": "No nos permitamos el descanso, sigamos en la brecha", decía ella. "El amor a Jesucristo es nuestro ideal, y acudiendo constantemente a él su gracia nunca nos faltará".

En 1994 le fue diagnosticado un tumor maligno y tuvo que ser operada. "Afrontó la enfermedad con gran docilidad a la voluntad de Dios y con fortaleza de ánimo y durante cuatro años continuó generosamente con su actividad". Murió el 31 de octubre de 1998, y fue beatificada apenas 12 años más tarde, en 2010.