martes, 1 de octubre de 2013

LA GLOBALIZACIÓN

 

ASPECTOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y POLÍTICOS
Arcadi Oliveres
Doctor en Ciencias Económicas, experto en economía mundial. Presidente de “Justícia i Pau”. Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona. Presidente de la “Fundació Universitat Internacional per la Pau”.
Extracto de su intervención.

 

La globalización

Yo creo que la globalización, hoy por hoy, es un fenómeno inexorable, algo que tenemos encima de nosotros, nos guste o no nos guste. Ya les he dicho que a mi no me gusta, por lo menos no me gusta tal como se produce. En cualquier caso, es un fenómeno que tenemos constantemente en nuestras vidas y que se demuestra de distintas maneras. Por ejemplo, nosotros lo primero que hacemos cada día por la mañana es un acto globalizado, porque casi todos lo primero que hacemos es apagar un despertador. Y mirando este despertador por detrás, suele poner: Made in Taiwán. De manera que el primer acto de nuestra vida diaria es un acto globalizado. El segundo acto consiste en colocarnos debajo de una ducha y si la queremos con agua caliente, la calentará el petróleo que viene de Kuwait o la calentará el gas natural que viene de Argelia, y por tanto, el segundo acto de nuestra vida también tendrá que ver con la globalización. Una vez nos hemos duchado, nos dedicaremos a ponernos una camisa, unos pantalones o un vestido, pero les aseguro que esta camisa, aunque ponga que está hecha en París, está confeccionada en Filipinas, donde doscientas mujeres están cosiendo camisas; y los pantalones, probablemente, vendrán de la República Dominicana, donde seiscientas mujeres más estarán cosiendo pantalones. De manera que ya nos habremos vestido en un tercer acto globalizado. Entonces decidiremos que ha llegado el momento del desayuno y  tomaremos café, que debe venir de Colombia, o tomaremos té, que debe venir de Sri Lanka o tomaremos cacao que debe de venir de Costa de Marfil, en cuyo caso ya habremos hecho el cuarto acto globalizado. Después decidiremos que ha llegado el momento de salir a la calle para ir al trabajo, cogeremos un coche, cogeremos un autobús, cogeremos un tren casi siempre de patente o de fabricación alemana o japonesa; y con el tren o con el coche llegaremos a nuestro lugar de trabajo y nos pondremos a escribir encima de un papel, que podría ser  papel reciclado, pero normalmente no lo será; y si el papel no lo es, resulta que lo hemos sacado de una celulosa y para obtenerla ha sido necesario que trituráramos madera, que deberemos cortar de los bosques.
Por ejemplo, en España  nos quedan pocos bosques no los cortamos para hacer papel; la madera del papel nos llega procedente de Finlandia, o de Suecia, o de Canadá. De manera que el siguiente acto que haremos también será globalizado. Y así seguiremos durante todo el día, de manera que es evidente que la globalización es un hecho inexorable, no podemos huir de ella, la tenemos encima de nosotros  constantemente.
Yo suelo militar en lo que se llaman movimientos antiglobalización, pero les aseguro que de dichos  movimientos  me gusta todo menos el nombre, porque antiglobalización es algo que no podemos decir cuando la globalización la tenemos absolutamente encima de nosotros. Por esto me gusta bastante más un nombre que está apareciendo en los últimos meses y creo que es mejor que el anterior: se llama,  movimiento altermundista, para buscar que otro mundo  sea posible. Así se expresa en positivo, otro mundo posible y no en negativo como antiglobalización. Pero, en fin, se llamen de una manera o de otra, estas personas lo que dicen, lo que decimos, es que esta globalización no nos gusta. ¿Y por qué no nos gusta? No nos gusta porque es enormemente injusta, y a partir de ahora explicaré las razones, las características de la globalización y por qué razón yo la considero injusta.

 

Características de la globalización

¿Cuáles son las características de esta globalización? A mi modo de ver son siete, que iremos desgranando.

1.   El comercio internacional

Primera de las características de la globalización: el comercio internacional. Para nosotros, el comercio internacional es una ventaja; ya he explicado hace un momento que tenemos acceso a productos que provienen de tantos países distintos del mundo, que el comercio internacional se halla presente en nuestra vida. Y no sólo así, sino que cada vez hay más globalización, porque cada vez hay más comercio internacional.
1.1. Aduanas
En los últimos años el comercio internacional ha crecido extraordinariamente,  y ha crecido porque en el mundo cada vez hay menos aduanas. Antes, para traspasar un producto de un país a otro hacía falta pagar unos derechos de aduana. Hoy también, pero mucho menos.
Les diré que cuando terminó la Segunda Guerra Mundial pasar un producto de un país a otro significaba pagar una aduana del orden del cuarenta por ciento; es decir, que si nosotros comprábamos un producto que valía cien, teníamos que pagar cuarenta más en derechos de aduana. Hoy el promedio mundial de las aduanas ya no es del cuarenta, es del 3,9 lo cual significa que en los últimos cincuenta años se han rebajado en un noventa por ciento. El hecho de que se hayan rebajado tanto, hace que existan menos impedimentos al tráfico de mercancías y, por tanto, que exista mayor comercio internacional.

1.2.   Compañías transnacionales y multinacionales

Hay mucho comercio internacional, porque en el mundo existen estas compañías que llamamos transnacionales. Antiguamente hablábamos de compañías multinacionales, pero no es exactamente lo mismo una compañía multinacional que una compañía transnacional, aunque con frecuencia lo confundamos. Una compañía multinacional sería, por ejemplo, la Coca Cola. La Coca Cola tiene una sede central en Atlanta, en los Estados Unidos, y plantas embotelladoras en casi todas las ciudades medianas y grandes del mundo. Sin embargo, una transnacional no es que no pueda tener sucursales, que las tiene: lo que pasa es que una transnacional es una compañía que hace del mundo su campo de operaciones: en un país busca materia prima, porque hay unos minerales. Estos minerales los saca y los traslada a un segundo país en el que encuentra mano de obra barata y allí transforma estos productos. Pero, al mismo tiempo, ha de depositar los residuos de esta fabricación: coge los residuos y va a un tercer país, donde hay una legislación medioambiental muy débil y allí los deposita. Después va a un cuarto país, donde el crédito, el tipo de interés, es muy barato y allí pide los créditos. Después va a otro país en el que ayudan a la investigación científica y allí coloca su laboratorio. Después va a otro país en el que casi no hay impuestos, y que se llama paraíso fiscal, y allí coloca su domicilio. Después va a otro país en el que hay buenas comunicaciones y allí coloca su almacén de distribución. Finalmente, va a otro país en el que hay capacidad de compra y allí coloca su tienda para vender. Es decir, que una misma empresa ha sido capaz de transitar, por eso es transnacional, por muchas naciones hasta que llega a vender su producto, y evidentemente, si transita, lo que está haciendo es comercio internacional, porque saca la materia prima de un país, la lleva a otro país para transformarla, lleva los residuos a otro país, lleva las mercancías para vender a otro país, etcétera, etcétera. En Estados Unidos son muy aficionados a las estadísticas, aunque de las estadísticas no hay que fiarse mucho, porque según un dicho, en el mundo hay pequeñas mentiras, grandes mentiras y estadísticas. Sin embargo, algunas debemos utilizarlas de vez en cuando. Y en Estados Unidos han calculado que de su comercio exterior, del comercio que va de un país a otro, el treinta por ciento sale de Estados Unidos, pero dirigido a empresas americanas situadas en otros países. De manera que es un comercio exterior a los Estados Unidos pero interior a la empresas norteamericanas. Se genera, por tanto, un gran volumen de comercio internacional por las compañías transnacionales.

1.3.      Consumidores sofisticados

La globalización crece debido al comercio internacional, porque nosotros como consumidores somos cada vez una gente más sofisticada. ¿Qué significa ser sofisticado? A nosotros nos gustan los productos específicos y no los productos genéricos, justo lo contrario de lo que nos recomiendan en la farmacia, que deberíamos comprar genéricos y no específicos. ¿Qué significa que nos gustan los específicos y no los genéricos?  Pues lo siguiente: si ustedes analizan las estadísticas del comercio exterior español, verán que el primer producto de exportación española son los coches. Antes eran las naranjas, pero los tiempos cambian y ahora son los coches. Bien, primer producto de exportación: los coches. Pero si en lugar de mirar los productos de exportación miramos los productos de importación, que es aquello que España más importa, tenemos en primer lugar el petróleo, en segundo lugar el gas natural y en tercer lugar los coches. Y entonces podemos preguntarnos: Si lo primero que España exporta son los coches ¿por qué ha de importar también tantos coches? Parece que no tiene sentido vender y comprar al mismo tiempo coches. Sí que tiene sentido por lo que les decía de productos específicos o genéricos. A España, cuando exporta e importa no le interesa el producto genérico coche, sino el producto específico coche utilitario que exporta y el producto específico coche de lujo que importa. Es decir, le interesa en cierta manera la marca, saber que ellos venden Seat y que compran Mercedes Benz, por decirlo de alguna manera. Nos interesa la especificidad del producto. En el caso de los coches esto se entiende, porque no es lo mismo circular en un pequeño coche utilitario que en un gran coche de lujo. Pero lo que les estoy diciendo hay ocasiones en que ya no se comprende.
Y les explicaré una pequeña historia que le sucedió a un amigo mío y que es bien significativa. Este amigo tiene a su vez  un amigo que es propietario de un camión. El hombre se gana muy bien la vida porque es su propio patrono, hace los viajes, se establece sus horarios y gana bastante dinero. Pero le explica a mi amigo: “Yo me gano muy bien la vida, pero considero que mi vida es un absurdo” . Y mi compañero le pregunta: “¿Por qué dices que tu vida es un absurdo?” Y él le contesta ”Yo con mi camión realizo un viaje cada semana de Barcelona a Ámsterdam y de regreso de Ámsterdam a Barcelona, cada semana hago lo mismo. En el viaje de ida mi camión desde Barcelona va lleno de lechugas de Prat del Llobregat”. Al lado del aeropuerto de Barcelona, aunque parezca mentira, el Prat todavía  produce lechugas y bastantes. Entonces él carga su camión de lechugas del Prat del Llobregat y las lleva a Ámsterdam. Cuando llega a Ámsterdam, vacía el camión y cuando lo tiene vacío, explica que se va a unos invernaderos, a treinta kilómetros de Ámsterdam, en los que carga unos pequeños lechuguines que trae hacia Barcelona, porque se venden muy bien en el Corte Inglés. Con lo cual su vida no consiste en otra cosa que en el transporte permanente de lechugas  de una punta a otra de Europa, y así él considera y con razón que su vida es un absurdo. ¿Por qué? Porque nosotros nos hemos acostumbrado a los productos específicos y no a los productos genéricos; y ahora ya no nos interesa hacer una ensalada con lechuga, nos interesa hacer una  ensalada con lechuguín holandés, con endibias belgas, con tomatitos de la China y con no sé qué cosas más para poder tener nuestra ensalada. Como somos unos consumidores sofisticados, generamos mucho comercio internacional; en este caso de lechugas de Holanda hacia aquí y de aquí hacia Holanda.
Por tanto, y en resumen, cada vez hay más comercio internacional primero porque cada vez hay menos aduanas: segundo, porque las empresas transnacionales transitan de un sitio hacia otro; y tercero,  porque somos consumidores sofisticados a los que nos gustan los productos específicos y no los productos genéricos. Estas tres cosas son un primer signo de globalización, el gran crecimiento del comercio internacional. Entonces tenemos que hacer una valoración: ¿Es bueno o es malo que haya tanto comercio internacional? Según los libros de economía, esto es muy bueno, porque opinan que  para que exista comercio internacional las empresas deberán ser muy competitivas para poder entrar en mercados extranjeros, que para ser competitivas deberán tener buena productividad y para tener buena productividad deberán tener buena investigación científica. Por tanto, los libros de economía dicen que tener comercio internacional significa amplios mercados, buena productividad, buena investigación científica; esto para el vendedor. Y para el comprador, comercio internacional significa acceso a productos que vienen de todo el mundo, que es lo que he explicado antes con el despertador de Taiwan, y después a unos precios que son, para nosotros asequibles, porque provienen de empresas competitivas. Por tanto, los libros de economía dicen:  Comercio  internacional es algo bueno, cuanto  más comercio haya, mejor para todos. Pero esto es la teoría, y la práctica no es exactamente así. Para que exista comercio debe haber un precio, y si no hay precio, no hay comercio. Si no hay un precio no se produce la transacción.
¿Y cómo se define el precio en una transacción? Los libros de economía lo explican a través de la oferta y  la demanda, y si ustedes quieren también lo podemos explicar con otra palabra:  el regateo. Resulta que yo voy de vacaciones a Turquía y antes de regresar a mi casa quiero llevarme un recuerdo para mi familia;  me paseo por el Bazar de Estambul, veo una figurita que me gusta y le pregunto al vendedor: “¿Qué vale esta figurita?” Y el vendedor me dice dos millones de liras, porque en Turquía las liras valen muy poco y los precios suben enseguida muchísimo. Yo sé que estoy en el Bazar de Estambul y que lo que hay que hacer es regatear;  por tanto, le digo al vendedor de la figurita que yo no le daré dos millones de liras, sólo le quiero dar un millón de liras. El vendedor pone cara de escandalizado y dice: “No, de ninguna manera no le aceptaré un millón de liras, porque  yo conozco mi oficio y le puedo vender esta figurita por un millón ochocientas, en lugar de dos millones. Le hago una pequeña rebaja.” Yo entonces me animaré y le diré al vendedor:   “Pues mire, si usted hace una mejor oferta, yo también se la haré y en lugar de ofrecerle un millón, le ofreceré un millón doscientas mil liras”. A lo cual el vendedor dirá “Pues mire, si usted está bien predispuesto yo haré un segundo esfuerzo y en lugar de un millón ochocientas, se lo dejo por un millón seiscientas”. A lo cual yo diré: “Pues mire, yo también y en lugar de un millón doscientas le ofrezco un millón cuatrocientas”. Y al final el vendedor me dirá:  “¿Por qué no lo dejamos en un millón y medio y todos quedamos satisfechos?”. Aquí habrá habido oferta y demanda y un punto de acuerdo.
Si esto  sucediera siempre, el comercio sería muy positivo, pero no sucede siempre, así es la excepción, no es la norma. Lo normal es que yo vaya aquí cerca a poner gasolina para mi coche, y la verdad, no me veo con fuerzas para decirle al de la gasolinera: “¿A cuánto dejamos el litro hoy? ¿ A cien o a ochenta? ¿Qué le parece a usted a noventa?” El de la gasolinera, probablemente, me sacaría de la tienda. ¿Por qué? Porque en el Bazar de Estambul el que ofrece y el que demanda estamos en igualdad de condiciones y en la gasolinera no, porque aquel señor se llama Repsol o se llama Elf y yo no me llamo ni Repsol ni Elf, y no tengo ninguna fuerza para negociar con él. Y, por desgracia, en el comercio internacional se dan más casos gasolinera que no casos Bazar de Estambul; es decir, en los casos gasolinera hay uno que impone su precio y otro que le obedece. Y aquí quién acaba pagando los platos rotos es el Tercer Mundo.
El Tercer Mundo nunca puede imponer sus precios. El Tercer Mundo, por ejemplo, vende café, pero el precio no lo fija el Tercer Mundo. El precio del café se fija en un Mercado Internacional de Materias Primas que actúa en Chicago y actúa en Londres, que no son paises del Tercer Mundo. Como que Chicago son compradores y no vendedores, el precio del café se fija según los intereses de los compradores. Pero al revés, cuando el Tercer Mundo, en lugar de vender café ha de comprar una fotocopiadora, el precio tampoco lo fija el Tercer Mundo, lo fija la Rank Cherox o lo fija la Canon. Con lo cual resulta que el Tercer Mundo no fija ni el precio del café que vende ni el precio de la fotocopiadora que compra, lo cual acaba resultando un enorme problema, que estadísticamente  demuestra que el Tercer Mundo cada año vende sus productos más baratos y compra sus productos más caros. Y es evidente una cosa: si un comerciante se dedica a vender cada vez más barato y a comprar cada vez más caro, se arruinará; en consecuencia, el Tercer Mundo,  debido al comercio internacional injusto, se está arruinando.
De manera que la globalización implica que cada vez hay más comercio, pero cada vez sea más injusto. Por tanto, este comercio enriquece a unos y empobrece a otros. Y no sólo por esta cuestión de precios sino que hay otra cuestión un poco más escondida. Antes les he dicho que las aduanas han bajado de un 40 a un 3´9  pero cuando nosotros, los países del Norte, pensamos que los productos del Sur más baratos pueden entrar porque no hay aduanas, entonces cambiamos y ponemos una especie de aduanas escondidas para que no lleguen los productos. Por ejemplo, los textiles de Filipinas son más baratos que nuestros textiles. Como no hay aduanas, deberían entrar todos, pero entonces hemos inventado un subterfugio que dice que  los textiles de Filipinas, pueden entrar sin pagar aduanas, pero que no entrarán más de tantas camisas por año, con lo cual, evidentemente, estamos haciendo una protección disimulada a las aduanas. Por tanto, esto lo hacemos con las camisas que vienen de Filipinas,  Estados Unidos lo hace con el acero que viene de Brasil: le pone trabas,  aunque oficialmente no haya aduana. Oficialmente, los países ricos tenemos un discurso de libertad de comercio, pero en la práctica, de escondidas desde debajo de la mesa, nos inventamos obstáculos a esta libertad que perjudican enormemente las exportaciones de los productos del Tercer Mundo.
En esta primera parte he hablado de una primera causa,  el comercio internacional, como elemento destacado de la globalización, y hemos hecho un pequeño balance, en mi opinión, negativo, de este comercio internacional.

 

2.   Poder sin control de las compañías transnacionales

Ahora entraremos en el segundo de los siete elementos que, a mi modo de ver, describen la globalización. Este segundo elemento no es otro que el poder, prácticamente sin control, de las compañías transnacionales. Hay que decir que las compañías transnacionales en el mundo son extraordinariamente poderosas, y esto se puede explicar con unos datos bien concretos.
Imaginémonos que  calculamos la cifra de ventas de las primeras cincuenta compañías transnacionales del mundo. Tomemos las más importantes: General Motors, Nestlé...  Sumemos ahora  cuál es su cifra de negocios, cuánto dinero mueven en un año. Y con ello tendremos una cifra en dólares. Anotémosla. Ahora hagamos otra cosa: observemos cuál es la renta total de los países pobres del mundo. En el mundo hay ciento noventa y un miembros de Naciones Unidas, es decir, ciento noventa y un estados independientes. De estos ciento noventa y uno, aproximadamente treinta son países ricos, países desarrollados. Y ciento sesenta o ciento sesenta y uno son países pobres o países subdesarrollados. Cuando digo ricos o digo desarrollados, o digo pobres o digo subdesarrollados, lo hago sólo pensando en sus condiciones económicas.  No me atrevería a decir desde otro punto de vista que un país es más rico o es más pobre que otro, por ejemplo desde el punto de vista artístico, desde el punto de vista creativo, desde el punto de vista intelectual... ¿Qué país es más rico o más pobre que otro? La verdad es que esto sería muy difícil de decir. Es más, nosotros  un día cualquiera en casa por la noche, nos ponemos frente al televisor, y hacemos záping, nos tendríamos que preguntar si  éste es un país culturalmente desarrollado y la respuesta sería, obviamente, no.
Mirando la televisión nos damos cuenta de que éste no es un país culturalmente desarrollado. Por lo tanto, cuando yo hablo de países desarrollados o de países subdesarrollados, lo digo desde el punto de vista estrictamente económico, no intelectual, no cultural, no artístico, no de pensamiento, no de ninguna otra cosa.
Desde el punto de vista estrictamente económico, separamos los países entre treinta, que son los ricos, y ciento sesenta y uno,  que son pobres o subdesarrollados. Respecto a estos ciento sesenta y un países, observamos qué renta, qué ingresos tienen, y los sumamos. Obtendremos los ingresos de la población que vive en estos ciento sesenta y un países.  Antes hemos obtenido los ingresos de las cincuenta empresas más importantes del mundo. Pues bien, las cincuenta empresas más importantes del mundo tienen cada año más ingresos que los ciento sesenta y un países pobres del mundo. Las cincuenta primeras empresas del mundo mueven cada año más dinero, que el dinero que ingresan los habitantes de los ciento sesenta y un países pobres del planeta.
Dicho de otra manera, una empresa, como puede ser General Motors, tiene más ingresos que un país entero ni muy grande ni muy pequeño como Polonia. General Motors mueve al año más dinero que todo los ingresos de Polonia. Esto significa, sencillamente, que el presidente de General Motors tiene más poder que el presidente de Polonia. ¿Para qué utiliza su poder el presidente de Polonia? La verdad es que no lo sé muy bien, pero si lo utilizara como es debido, lo utilizaría para el bienestar de sus ciudadanos. ¿Para qué utiliza su poder el presidente de General Motors? Como que no tiene ciudadanos, lo utiliza para hacer máximo el beneficio de su empresa y les aseguro que las grandes empresas no tienen ningún escrúpulo en hacer máximo su beneficio.
Esta es la realidad de este segundo punto que quería explicar. El comportamiento, totalmente descontrolado porque no hay ningún gobierno mundial que ponga orden a las compañías transnacionales.
 
3.   Las finanzas
Pasemos entonces al tercer elemento de la globalización. El primero sería el comercio internacional, el segundo sería las transnacionales. El tercero es el elemento financiero. Se ha dicho, y con razón, que en los últimos años el mundo se ha convertido en un gran casino. Todos podemos especular desde cualquier parte del mundo. Si nosotros tenemos Internet y nos conectamos  con las grandes bolsas del mundo, en las cuales  tenemos a un representante,  podemos, a las cuatro de la madrugada, colocarnos frente a Internet, ver como está evolucionando la bolsa de Tokio, y comprar en Tokio. Y después a las ocho de la mañana vemos como está evolucionando Londres y podemos vender en Londres algo que hemos comprado a las cuatro de la mañana en Tokio y que ahora acaba de subir un poco en la bolsa. Y después  vamos a Frankfurt,  y después  a Nueva York, y después de Nueva York vamos a Singapur, y de Singapur vamos a Melbourne,  y de Melbourne regresamos a Tokio sin movernos de casa y del ordenador. Con esto vamos a comprar mucho y vamos a vender mucho. Podemos ganar, pero podemos habernos equivocado y podemos perder.
Puede ser que aquella acción que nosotros hemos comprado, en lugar de subir haya bajado. Hay, sin embargo, algunas personas en el mundo que casi nunca pierden, siempre ganan cuando juegan  a bolsa.  ¿Por qué ganan siempre? ¿Es que conocen el futuro, es que saben como evolucionarán las acciones arriba o abajo para comprar o vender de la forma adecuada? La respuesta es no, que yo sepa en el mundo no hay nadie que pueda conocer con anticipación el futuro. Sin embargo, ellos ganan siempre por una sencilla razón: porque compran en tan gran cantidad que al comprar, hacen subir, y venden en tan gran cantidad que, al vender, hacen bajar. Esto es como si nos imaginamos una ballena  que se lanza a una piscina e inmediatamente el nivel del agua subirá;  si la ballena emergiera de una piscina, inmediatamente el nivel del agua bajaría. Aunque los que intervienen en bolsa no son ballenas, pero sí que se les conoce con el nombre de tiburones, y entran o salen de bolsa en grandes cantidades,  la hacen subir o la hacen bajar y, en consecuencia, ganan siempre.
 Hay un caso muy conocido del tiburón en bolsa, el de un señor de origen húngaro afincado en Estados Unidos, que se llama George Soros. El señor Soros se hizo famoso ahora hace exactamente diez años, en 1993, en una operación que realizó en contra de la libra esterlina. Soros procedió de la siguiente manera: Tenía agentes de los que hemos hablado, distribuidos por todo el mundo, y les dio la orden de ir a todas las bolsas y comprar todas las libras esterlinas que se puedan comprar. Y la misma orden, al día siguiente Y al tercero, y así, durante diez días. Al cabo de diez días había acumulado una enorme cantidad de libras esterlinas. Es evidente que, para dedicarse a un negocio de este tipo, hace falta un pequeño capital inicial. Soros dispone de este capital inicial y se hace con todas estas libras y, cuando ya las tiene, espera el momento que él cree oportuno y en aquel momento ordena a sus agentes acudir a la Bolsa y ofrecer a venta todas las libras esterlinas  compradas los días anteriores. Aquel día en las bolsas del mundo se produce una sobreoferta de libras, porque están colocando libras de diez días y en cambio sólo hay la demanda de un solo día de libras. Por tanto, al hacer una oferta tan superior a la demanda, aquel día en concreto la cotización de la libra baja un poco. Aquellos que son propietarios de libras y no saben los planes del señor Soros, pero que ven que la libra empieza a bajar de cotización, cogen miedo y venden rápidamente sus propias libras esperando que no bajen más, con lo cual evidentemente contribuyen a hacerlas bajar, porque todavía hace una mayor oferta de libras. Al tercer día, aquellos que habían  esperado con paciencia que la libra remontara, al ver que no lo hace, también van a vender las suyas, con lo cual todavía aún hay una mayor oferta de libras y la libra baja un poco más. Así durante diez días,  la libra ha ido perdiendo y perdiendo valor, hasta perder al final el quince por ciento del inicial, que para una moneda es muchísimo. Cuando la libra ha perdido el quince por ciento de su valor inicial, Soros dice: “Esto es magnífico, las libras van muy baratitas. He comprado todas estas libras baratas y ahora,  será cuestión de que las venda para realizar el beneficio diferencial. Pero no las venderé de golpe, porque si las ofrezco todas de golpe volverá a bajar la cotización, las venderé en muy pequeñas cantidades”. El hombre acude a la Bolsa a través de sus agentes cada día con una muy pequeña cantidad de libras que pudiera ser absorbida por el mercado a este valor, un quince por ciento por arriba. Estuvo cuatro meses y medio acudiendo cada día a la Bolsa a vender pequeñas cantidades de libras y, al final, después de cuatro meses y medio, consiguió vender toda las libras un quince por ciento más caras de cómo las había comprado.
Como resultado final de la operación el señor Soros ganó mil millones de dólares que, en aquel momento, equivalían a unos ciento cincuenta mil millones de pesetas. El hombre estuvo extraordinariamente satisfecho con su operación, y además tuvo como una especie de vocación literaria que le hizo escribir un libro y en este libro entre otras cosas escribe que sabe que se dedica a algo moralmente inaceptable y que debería estar prohibido, pero, no habiendo ninguna autoridad mundial que lo prohíba, puede seguir practicándolo una temporada. De todo esto hace ya diez años y la temporada sigue, porque en este mundo financiero hay una especulación absoluta, sin ningún control. En esto consiste también la globalización financiera.
En  esta globalización, quien acaba pagando con los platos rotos es de nuevo el Tercer Mundo. No porque el Tercer Mundo especule en bolsa, que  lo puede hacer poco, sino porque el Tercer Mundo tiene otro problema financiero de la máxima consideración, que es la famosa  deuda externa. El Tercer Mundo está sometido a una deuda externa más que considerable, y esto lo constatamos con  una única cifra de referencia. En el año 2000 el Tercer Mundo nos pagó al Primer Mundo en concepto de pago de la deuda,  trescientos ochenta mil millones de dólares. Tengamos presente que una parte  son intereses de la deuda y otra parte es devolución de la deuda. Y nosotros, generosos, ayudamos al Tercer Mundo con el famoso 0’7 -que nunca llega a ser el 0’7- y que en el mismo año 2000 supuso la cantidad de cincuenta y tres mil millones de dólares. Dicho de otra manera, el Norte ayuda al Sur para su desarrollo con cincuenta y tres mil millones de dólares, pero el Sur ayuda al Norte para pagar la deuda con trescientos ochenta mil millones de dólares; es decir, que el Sur manda al Norte siete veces más  de lo que el Norte manda al Sur para su desarrollo. Esta es la enorme injusticia de la globalización financiera.
Y así cerramos el tercer punto. El primero se refería al comercio, el segundo, a las multinacionales o transnacionales, el tercero, a las  finanzas.
 
4.    Retroceso en el papel del Estado: el Estado del Bienestar
Nosotros, los que vivimos en Francia,  en Holanda, en Italia e incluso en España, disfrutamos relativamente de aquello que se llama el Estado del Bienestar. El Estado del Bienestar tiene un primer componente que es el de la Seguridad Social. Nosotros sabemos que el día que estamos enfermos podemos acudir al médico que nos visita; durante dos minutos y medio, pero nos visita. Y sabemos que el día que debemos tener una operación la Seguridad Social nos operará; al cabo de dos años, pero nos operará. Bien, incluso tenemos la suerte de que, si la operación es urgente, quizás nos operan la misma semana. Y también sabemos que el día en que nos jubilemos la Seguridad Social nos pagará una jubilación.  Y también sabemos que el día que estemos de baja por enfermedad nos pagarán también una pequeña cantidad en concepto de baja. Este es el sistema que funciona en los países europeos desde la Segunda Guerra Mundial. Pero este sistema, esta primera parte del Estado del Bienestar, está retrocediendo. No de golpe, no es que aparezca el Gobierno y  diga que a partir de mañana por la mañana no hay Seguridad Social, porque esto no lo aceptaría nadie. Pero sí que nos hacen pequeñas rebajas cada día. Los que vivimos en España sabemos que hace un año, el veinte de junio, fuimos a la huelga general, porque el Gobierno había pretendido tirar adelante una cosa llamada el Decretazo, que después  no aplicó debido a la huelga, y que pretendía reducir el seguro de paro: que aquellos que están parados cobraran menos en concepto de seguro de paro. Pero esto no es lo último, hace algunos años más se firmó un llamado Pacto de Toledo, que arbitraba las pensiones, y que  ha cambiado el sistema de cálculo de las pensiones de jubilación que se cobran. Antes cuando una persona se jubilaba, en España, su pensión se calculaba en función de lo que había cotizado los diez últimos años en que había trabajado; ahora, cuando te jubilas, tu pensión se calcula de acuerdo con lo cobrado los quince últimos años y dentro de un tiempo cuando te jubiles tu pensión se calculará en función de lo cotizado en toda tu vida laboral. Hay una cosa que es evidente: que la gente, por lo general, cobra más los diez últimos años de su vida laboral que no en toda la vida laboral. A medida que vas haciéndote mayor vas subiendo puestos en la empresa y vas cotizando más, de manera que tu cotización es mejor los diez últimos años que los diez primeros, excepto en el caso de los futbolistas. Pero los demás siempre mejoran en los diez últimos años.
Si ahora se calcula la pensión respecto de toda la vida laboral y antes  la calculaban respecto de los diez últimos años, a pesar de que se han establecido unos pequeños coeficientes correctores, la verdad es que se acaba cobrando menos que antes.
Resumiendo:  rebajan el seguro de paro;  rebajan la pensión de jubilación;  vas a la farmacia y cada día hay más productos excluidos de la lista de productos protegidos, de manera que, en pocas palabras, el sistema de Seguridad Social está realizando marcha atrás. Y cuando se pregunta al Gobierno el motivo,  responde lo mismo: la globalización. Si nosotros -dice el Gobierno- debemos competir en nuestra economía con otros países que no tienen Seguridad Social, nuestras empresas no serán competitivas porque ellas sí  pagan Seguridad Social y la que viene de Filipinas no paga Seguridad Social. De manera que, o  quitamos algo de Seguridad Social a nuestros empresarios, o no podrán competir;  deberán cerrar y todavía será peor porque la gente entonces, no es  que se quede sin Seguridad Social, sino que se quedará sin empleo. De manera que  acaban diciendo que es mejor conformarse  porque la alternativa podría ser aún peor. 
Quiero hablar de una propuesta que me parece mucho más interesante. Pongamos cifras para concretar:  Imaginémonos que una camiseta hecha en Filipinas vale sesenta y una;  hecha en España vale cien. El Gobierno entonces dice  que hay que quitar impuestos de la Seguridad Social a los empresarios para que puedan producir  una camiseta más barata. Pero se puede proponer una vía distinta:  Si la camiseta de Filipinas  vale sesenta y la camiseta en España vale cien, carguemos  cuarenta de tasas a la camiseta de Filipinas. Sesenta, más cuarenta de tasas,  serán cien, y así competirá en igualdad de condiciones con la camiseta fabricada aquí. Otras camisetas que lleguen también pagarán esas tasas,  y así a finales de año habremos cobrado cuarenta, más cuarenta, más cuarenta, ...  de todas las camisetas que hayan llegado de Filipinas. Entonces podemos coger el dinero de estas tasas acumuladas y  lo mandamos a Filipinas con la condición de que ellos establezcan su propio sistema de Seguridad Social, que deberán mantener, y que dará como resultado que dentro de un tiempo las camisetas de Filipinas sean tan caras como las camisetas de aquí. Filipinas habrá hecho marcha adelante y nosotros no habremos hecho marcha atrás.  Es en este sentido que deberíamos regular la globalización, pero de momento no lo estamos haciendo.
El Estado del Bienestar, que es este cuarto punto del que estoy hablando, tiene otra faceta. Aparte  la Seguridad Social, también están los impuestos. En un país en el que los impuestos funcionan bien, el sistema fiscal debe actuar como Robin Hood, es decir, quitar a los ricos para dar a los pobres. En un sistema fiscal los más ricos deben pagar más impuestos y el Estado debe dar este dinero, en forma de inversiones sociales, a los que tienen menos. En España un sistema fiscal de este tipo no está muy perfeccionado, pero la verdad es que en el año 1997 un ministro de la UCD que se llamaba Francisco Fernández Ordóñez creó un sistema fiscal relativamente progresista.
La verdad es que los más ricos no se preocupan mucho de si el gobierno sube o baja los impuestos, por la sencilla razón de que no los pagan aquí. Los más ricos tienen sus impuestos domiciliados en lo que se llama los paraísos fiscales, y en un paraíso fiscal los ricos casi no pagan impuestos. En resumen, los que deben pagar los impuestos no los pagan, y el Estado del Bienestar hace marcha atrás. Este es el cuarto punto; abordemos el quinto.
En los cuatro puntos anteriores hay una cierta coherencia ideológica, aunque se trate de una coherencia que no nos guste: más comercio, más empresas transnacionales, más movimiento de capitales, menos Estado. Todo esto que acabo de decir se resume en una palabra muy de moda hoy,  neoliberalismo. El neoliberalismo dice que cada vez hay que tener menos Estado, que hay que comerciar más, que las transnacionales deben tener más poder y que las finanzas deben ser libres. Por tanto, aunque malos, los cuatro primeros puntos de la globalización son por lo menos coherentes entre sí. Sin embargo, los otros tres puntos, que constituyen los que faltan para el total de siete, no son ni siquiera coherentes con lo dicho anteriormente, porque ni son puntos liberalizadores, propios en la ideología neoliberal, sino que son puntos intervencionistas, que desde el Estado pretenden regular la vida económica.

 

5.   Estricto control sobre la tecnología

En el mundo todo circula: circulan los capitales, las empresas, las mercancías, pero la tecnología, en cambio, es guardada muy celosamente por aquellos que disponen de ella. Quizá ustedes hayan oído el caso del gobierno de Sudáfrica, que hace dos años quiso repartir masivamente fármacos contra el SIDA, y los laboratorios farmacéuticos se le echaron encima, diciendo que aquello se tenía que pagar con la patente incluida, no con el coste de fabricación de la pastilla, que es un coste muy barato, es decir, no podía vender genéricos, sino que los laboratorios obligaban a Sudáfrica a comprar específicos para pagarles la patente. El gobierno de Sudáfrica pedía genéricos porque no tenía dinero para pagar específicos y los laboratorios se negaron. El gobierno alegó que la gente se   moriría  de SIDA, y los laboratorios consideraron que el problema no era suyo, e impidieron que el gobierno de Sudáfrica repartiera fármacos contra el SIDA.

En el mundo se produce una situación cada vez más paradójica: la tecnología de la que disponemos en lo países del Primer Mundo, la adquirimos gracias a los esfuerzos de aquellos investigadores que vienen desde el Tercer Mundo a nuestro país en forma de lo que llamamos cerebros fugitivos. Cada vez hay más gente del Tercer Mundo que nos ayuda a  disponer de estas novedades tecnológicas, que después no cedemos con facilidad al Tercer Mundo.
Sólo en Estados Unidos hay, en este momento, treinta y dos mil científicos de la India trabajando. Treinta y dos mil científicos de la India que ayudan a los Estados Unidos a tener un nuevo software informático, a crear un nuevo producto farmacéutico, a fabricar una nueva pieza electrónica. Pero si la India quiere disponer de este producto farmacéutico debe pagar una patente a los Estados Unidos. Mientras que en cambio, en ningún momento a los Estados Unidos se les  ocurre indemnizar a la India porque le ha cedido treinta y dos mil científicos preparados, cuya formación básica ha corrido a cargo de la India. Este es un problema grave.
Este fenómeno no solamente sucede en Estados Unidos.  En Francia viven y trabajan más médicos senegaleses que en todo el Senegal, porque resulta que los médicos senegaleses cuando terminan sus estudios tienen la posibilidad de realizar dos años de especialización en Francia. Transcurridos estos dos años llegan a la conclusión de que es mejor para ellos  quedarse a vivir en Francia y no regresar al Senegal. Lo cual, a título particular, se  entiende perfectamente, pero a título colectivo  es especialmente grave, porque si un médico senegalés se pone a trabajar en Francia, pongamos por caso a los veinticinco años, los veintitrés primeros años de su vida quien le ha mantenido y le ha alimentado es el Senegal,  y Francia sólo le habrá alimentado los dos últimos años, suponiendo que le haya dado una beca durante este tiempo y este médico acaba trabajando al servicio de los franceses y no al servicio de los senegaleses. Entonces acudimos a una estadística de Naciones Unidas, muy conocida, de número de médicos por habitante, y resulta que en Francia hay un médico por cada aproximadamente trescientas personas, lo cual es una proporción muy lógica para que los franceses estén bien cuidados. Un médico por trescientas personas es una buena proporción, tan sólo superada por la que dice que en España hay un bar por cada ciento noventa personas. Ésta  también es una manera de estar bien cuidados, pero de una forma distinta. Bien, en Francia un médico por cada trescientas personas, en Senegal un médico por cada dieciocho mil personas. Pero los médicos senegaleses viven en Francia y no viven en Senegal. Esta es la primera gran contradicción de la globalización.
 
6.   La inmigración
El sexto punto también es intervencionista, como el  anterior. En este mundo todo circula, ya lo hemos dicho antes, los capitales, las empresas, las mercancías; no circula en cambio la tecnología y tampoco circulan las personas. Las personas, entendidas como trabajadores migrantes, tienen muy difícil la libre circulación. Lo cual es una contradicción con la ideología neoliberal dominante. Aquellos que nos gobiernan dicen que son neoliberales y que creen en el Mercado. Pues bien, si ellos creen en el Mercado, deberían creer también que cuando hay trabajo los inmigrantes vendrán y cuando no hay trabajo los inmigrantes no vendrán. Esto es lo que enseña el Mercado sobre el movimiento de las migraciones. Pero como que aquellos que dirigen el mundo, aunque se califican de neoliberales y dicen creer en el Mercado, no acaban de creer totalmente en él,  lo que hacen  es aprobar leyes de extranjería que impiden la llegada de extranjeros, fundamentalmente del Tercer Mundo, hacia estos países.   Hoy en día Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia, se están dotando de fuertes leyes de extranjería, que impiden la llegada de inmigrantes.  Yo soy radicalmente contrario a estas leyes.
6.1.   Razón ética
Este planeta es de todos y todos tenemos derecho a circular por él libremente.
 6.2.    Razón histórica
 ¿Quiénes somos los europeos para poner barreras a la inmigración cuando los europeos hemos sido tradicionalmente los grandes emigrantes de la historia?. Durante quinientos años hemos emigrado tanto como hemos querido, yo creo que el primer sin papeles, el primer sans papiers, de la historia moderna se llamaba Cristóbal Colón, porque llegó a América sin visado y por tanto desde él hasta ahora todos los que habíamos ido allí, los que han ido desde hace quinientos años, han sido todos unos perfectos sin papeles. Y además nosotros, por lo menos en España, pero en Francia es exactamente igual,  hemos construido una parte de nuestra riqueza gracias a la inmigración. Nosotros trajimos hacia aquí la plata americana en el siglo XVI. Los indianos, los que habían ido a América a hacer fortuna, regresaron en el siglo XIX y aportaron capital para la industrialización española. Y si no queremos ir ni al siglo XVI ni al siglo XIX, en nuestro siglo XX bastantes millones de españoles se fueron a Alemania, Inglaterra y Holanda a trabajar, y esto sirvió para que España se desarrollara en los años sesenta del siglo XX. La inmigración ha corrido paralela al desarrollo económico y esto ahora lo olvidamos. Olvidamos que entre 1850 y 1920, durante un período de setenta años,  cincuenta millones de europeos abandonaron Europa cosa impensable actualmente, y se fueron a lo que  llamamos “hacer las Américas”. Fueron a América del Norte, a América del Sur a Australia, a la India, a Sudáfrica, ... a hacer fortuna. Esto significó que en Escandinavia, en Inglaterra, en Irlanda, la población se redujera en un treinta por ciento. En Italia, en este período del que estoy hablando, la población se redujo en un cincuenta por ciento: media Italia se marchó, es decir, entre un cuarenta y un cincuenta por ciento y mi idea es que la mitad se fue a Nueva York y la otra mitad a Buenos Aires. Vale la pena recordar un pequeño proverbio que corre y que me gustará repetir: “Los mejicanos descienden de los aztecas, los guatemaltecos descienden de los mayas, los peruanos descienden de los incas y los argentinos descienden de los barcos.” Ésta es  la historia de la inmigración.  Ésta es la historia migratoria española y europea. Y ahora nos hemos olvidado por completo de que también nosotros hemos sido inmigrantes.
 6.3.    Razón estadística
El Ministerio del Interior ha dado, no hace mucho, las estadísticas de inmigración en España y nos ha dicho que en España hay un millón doscientos mil inmigrantes procedentes del Tercer Mundo. Un millón doscientos mil para una población española de cuarenta millones de habitantes significa el tres por ciento de la población. En Francia es el siete, en Alemania es el nueve, en Estados Unidos es el catorce, en Suiza es el dieciocho. Tener en España un tres por ciento de inmigración es no tener prácticamente nada de nada. Es muy poco, y más  si tenemos en cuenta que hace cincuenta años tres millones de españoles salieron hacia Alemania a trabajar y, de ellos, un millón y medio regresó, pero el otro millón y medio se quedó fuera: resulta que expulsamos a un millón y medio y hemos recibido un millón doscientos; en resumen, el saldo migratorio español, hoy por hoy, es negativo. Que no se plantee el tema como un problema grave.
Otra cosa muy distinta es que los inmigrantes están concentrados en determinados barrios: en Barcelona en el barrio del Raval  el porcentaje de inmigrantes probablemente esté en el doce, trece, quince por ciento. Una maestra que trabaja en el Raval seguramente me diría: “Mira, la inmigración quizás no es algo negativo, pero yo tengo un aula de treinta niños que vienen de veinte países distintos y que me hablan quince lenguas distintas. ¿Qué hago yo  en clase?”,  y esta chica tendrá toda la razón, pero no me presentará un problema migratorio, me presentará un problema distinto que se llama ghetto, la concentración en determinadas zonas. Porque es verdad que en el Raval ahora hay un quince por ciento de inmigrantes, pero el año pasado estuve en el mes de agosto en la provincia de Ávila y pregunté cómo está en Ávila la inmigración y me dijeron que había veinticinco inmigrantes en toda la provincia. Pues con todos los respetos, en el Raval habrá muchos inmigrantes, pero en Ávila hay pocos y en general en España hay pocos.
6.4.   Razón económica
El inmigrante nos aporta riqueza. Primero, porque el inmigrante llega en el momento en que nosotros, los países ricos, hemos tenido menos nacimientos y nos hace falta una mano de obra que nuestra población ya no suministra para trabajar. Según la ONU, a España cada año deberían  llegar trescientos mil inmigrantes para cubrir el déficit de nacimientos que tenemos. Por lo tanto, obtenemos una mano de obra que nosotros no tenemos por razones de natalidad. En segundo lugar, son una riqueza, porque como he dicho antes, son gente que viene ya preparada y nosotros no hemos gastado ni cinco en su formación; es su país de origen el que les ha formado, y vienen en general con una buena formación que después nos regalan, y ésta es una segunda riqueza. Y la tercera riqueza todavía es más materialista:  la Generalitat de Catalunya calculó en el año 98, y por desgracia no tengo ningún otro informe más actual, la inmigración en Cataluña. Y en aquel año 98 la inmigración en Cataluña había pagado, en  cotización a la Seguridad Social, ochenta mil millones de pesetas,  y sólo había recibido prestaciones de la Seguridad Social por siete mil millones de pesetas. Por lo tanto, nos había regalado a los catalanes la diferencia, que es de setenta y tres mil millones de pesetas, para ayudarnos a pagar nuestras pensiones y nuestra Seguridad Social. Y aunque descontemos, porque  hay que descontar aquellos que no tienen papeles y que reciben servicios médicos, el descuento supone al máximo cinco o seis mil millones de pesetas. De manera que nos siguen regalando sesenta y ocho o setenta mil millones.
Por lo tanto, cuarta razón, la inmigración es una riqueza económica. Es muy egoísta este argumento porque no debemos recibir a la gente porque nos pague la Seguridad Social, pero sin embargo hay que saber que nos la está pagando.
6.5.   Evitar la xenofobia
Aunque yo diga que hay que proteger muchísimo a la inmigración, que hay que recibirla con los brazos abiertos, también quiero decir con ello que, lo que no debemos, es caer en un agravio comparativo respecto de los que viven aquí. Nunca una persona de aquí se puede sentir marginada por una persona recién llegada, porque si es así, esta persona se constituye inmediatamente en un xenófobo de primera categoría. ¿Qué sucede? Sucede que las administraciones públicas suelen dar ayudas, del tipo viviendas sociales, guarderías para niños, comedores,  a gente con pocos ingresos ¿Cómo se adjudican estas viviendas, estas guarderías, estos comedores? Mediante unos sistemas de cálculo, según unos baremos, en los cuales cuentan, fundamentalmente, dos cosas, los ingresos y el número de hijos. Y si por ingresos y por número de hijos ponemos a concurrir a alguien,  siempre acabaran ganando los inmigrantes, que son los que tienen menos ingresos y tienen más número de hijos. Con esto, el ciudadano de aquí, que está en una situación un pelín mejor, tiene unos ingresos un poco mejores y  un hijo menos, se queda sin la guardería, se queda sin el comedor, se queda sin la vivienda social, e inmediatamente piensa que el que acaba de llegar se lleva su vivienda,  y se convierte en un xenófobo. Lo que debemos evitar es esto, pero no desatendiendo al inmigrante, sino atendiendo también al de aquí. Buscando el dinero donde sea, por ejemplo, entre los cuarenta y tres millones de euros diarios de las fuerzas armadas. Pero debemos evitar la xenofobia.
6.6.  Choque de culturas
A veces el tema migratorio se plantea más como un tema cultural, y no como un tema económico. Alguien podría decirme que nos traen riqueza, que estadísticamente son pocos, que históricamente...,  pero que se produce un choque de culturas.  Hay un problema, que los medios de comunicación intentan resaltar, de choque de culturas. Lo primero que quisiera decir es que esta idea es fruto de un libro que no se llamaba choque de culturas, sino Choque de Civilizaciones, que escribió un profesor norteamericano llamado Samuel Huntington. Este señor escribió este libro en el año 1993, y esto fue muy bien porque, como que los países occidentales después de la caída del muro de Berlín se habían quedado sin enemigos,  y necesitaban enemigo para justificar la OTAN y otras cosas,  pensaron cuando la Unión Soviética ya no era el enemigo, cuál podía ser el nuevo enemigo: El Islam. Y a partir de aquel momento, más los atentados del 11 de septiembre, se convirtió al Islam  en este nuevo enemigo.
El señor Huntigton, que tanto habla del choque de civilizaciones, no es al fin y al cabo ni más ni menos que un asalariado de la industria de armas, aunque muy selecto, y que por lo tanto ha de decir que el mundo está en peligro para que la gente compre armas y justifique a las industrias que le pagan. Recibe  financiaciones, dinero de fundaciones privadas. Da la casualidad que la fundación que financía el Instituto del señor Huntigton es la Fundación Olin, que recibe su dinero de las industrias Olin, que son la octava industria de armamento de los Estados Unidos. Así que hay que decir que lo del choque de civilizaciones es una falsedad. Y cuando alguien pregunta qué pasa con estas culturas distintas que nos llegan,  hay que contestar que esto es la Historia, porque  la Historia de la Humanidad no es ni más ni menos que la historia de las migraciones.
Lo pondré en un ejemplo: Yo soy catalán y me siento verdaderamente catalán, aprecio la cultura catalana, pero sé, como sabemos todos los catalanes, que la cultura catalana es el resultado de todas las migraciones que han atravesado Cataluña a lo largo de la Historia. Y hoy por hoy un catalán es un trocito de fenicio y un trocito de cartaginés, y un trocito de griego y un trocito de romano, y un trocito de judío, y un trocito de Islam, y un trocito de andaluz, y un trocito de magrebí, y un trocito de gallego, y  la propia Historia lo demuestra.
Si ustedes, los que vienen de fuera de Cataluña, tienen la oportunidad de ir un día de excursión para conocer la cultura catalana, pueden levantarse por la mañana, cogen  el cinturón de Ronda,  y se van hacia Girona y cuando lleguen, se presentan en la Oficina de Turismo y preguntan qué hay que visitar en Girona y les dirán la judería, es decir, el call, y los baños árabes. Judería y baños árabes son los dos elementos más representativos de Girona. Y cuando terminen la visita de Girona se van ustedes a una población cercana a Girona que se llama La Bisbal, que dicen que es la capital de la sardana,  la danza catalana por antonomasia. Entonces ustedes bailan una sardana y, cuando la han bailado, consultan la enciclopedia y la enciclopedia les dice que la sardana es una danza de origen bizantino que, moviéndose por el Mediterráneo, llegó finalmente a Cataluña.  Y cuando ustedes hayan visitado la judería, los baños árabes y hayan bailado una danza bizantina, será ya la hora de comer e irán a comer y, en según que épocas del año, les darán o turrones o una cosa que aquí en Cataluña llamamos panellets, que en castellano se llaman “huesos de santo”, y que no es ni más ni menos que la herencia árabe de mezclar la miel con avellanas y con piñones y cosas por el estilo. Y cuando ustedes hayan bailado una danza bizantina, visitado una judería, estado en los baños árabes y  comido un postre árabe, entonces tendrán una sensación fuerte de catalanidad después de comer y se colocarán una barretina. Una barretina es un gorro rojo que tiene como una caída, que de acuerdo con lo que explica el diccionario, es un sombrero proveniente de Asia Menor. Y entonces, con el sombrero proveniente de Asia Menor, ustedes continuarán su jornada catalana y se irán al Monasterio de Montserrat, en donde verán un referente básico de la cultura catalana, una virgen negra. Y cuando hayan visto una virgen negra, aunque hoy alguien duda de su color original y se están haciendo estudios históricos al respecto, entonces terminarán ya su jornada en un lugar donde hace un año era el lugar preferido del noventa y cinco por ciento de los catalanes, aunque ahora haya perdido bastantes posiciones. Este lugar se llama el Camp Nou. El Camp Nou es el estadio de un equipo que se llama Club de Fútbol Barcelona, que fundó un suizo llamado Juan Gamper, en el cual los jugadores son argentinos, brasileños y holandeses. Ésto es la cultura catalana. Es decir, la cultura catalana no es ni más ni menos que el sedimento, el pósito, de todas las migraciones.
En consecuencia, yo creo, que debemos entender las migraciones, no como un choque, sino como una riqueza cultural. Y  cambiar, en consecuencia,  radicalmente, nuestra manera de entenderlas.
 
7.   Control social y fuerza armada: policía y ejército
La séptima característica  es un poco distinta de las anteriores, porque hasta aquí tratábamos básicamente de cuestiones de tipo económico. En cambio, esta última característica es más bien de tipo político. Yo creo que la globalización, en razón de la enorme injusticia que contiene,  tal como hoy tiene lugar en la práctica, sólo se mantiene gracias al control y a la fuerza armada. Yo creo que detrás de la globalización se esconden dos elementos que son los que desarrollaré en este séptimo punto.  
7.1.  Control social
Control social y militarización, esto es lo que permite que la globalización injusta se mantenga, porque una injusticia sólo se mantiene gracias a la fuerza.  Si yo castigo a mi hijo sin salir de casa una noche y lo hago con justicia, seguramente el chico lo comprenderá. Si yo castigo a mi hijo sin salir de casa porque se me antoja, él no lo comprenderá, y la única manera que yo tendré de prohibirle que salga de casa es echar el cerrojo y ponerme la llave en el bolsillo, una opción de fuerza. La injusticia se mantiene gracias al control social y gracias a la militarización.  El control social es algo que a veces nos pasa desapercibido, pero yo estoy convencido de que será uno de los terrenos principales de lucha por los derechos humanos en los próximos años. Nuestra intimidad, nuestra vida, está absolutamente controlada y pondré algunos ejemplos significativos al respecto.
No hace mucho leía en el periódico que un ciudadano de Londres, sólo por el hecho de salir a la calle, cada día es fotografiado un promedio de cuarenta veces, porque pasa frente a un banco y le fotografían, sube las escaleras del metro y una cámara le fotografía, entra en unos grandes almacenes y le vuelven a fotografiar, y así hasta cuarenta veces al día. Pero  no es el único, el año pasado el Parlamento Europeo mandó una severa acusación al espionaje norteamericano, británico, australiano y canadiense, porque estos cuatro espionajes habían desarrollado lo que se llama la Red Exelon. La red Exelon es una red absolutamente ilegal, montada por estos cuatro países, que pincha diariamente cuarenta millones de llamadas telefónicas. Las pincha aleatoriamente,  y las lee o más bien,  las escucha, no como en mis tiempos en que un policía se ponía al teléfono para escuchar tus conversaciones, hacía todo tipo de ruido, tú te dabas cuenta y le preguntabas “¿Señor policía? cómo va el servicio?”. No, ahora la cosa es un poco distinta, esto se lee informáticamente y cuando en la conversación aparecen algunas palabras clave, la conversación es analizada y se identifica a los interlocutores. Algunas de estas palabras tienen una cierta lógica: la palabra “bomba” o la palabra “atentado”, pero hay otras palabras que no tienen lógica y también están en la lista, por ejemplo, la palabra pub. Si pronuncias la palabra “ayuda al Tercer Mundo”, eres inmediatamente una persona sospechosa para estos servicios de espionaje, tu conversación es identificada y los dos interlocutores son fichados inmediatamente. Esto ha sido denunciado por el Parlamento Europeo, acusando de  ilegalidad a estos cuatro espionajes que acabo de decir. Cuarenta millones de llamadas telefónicas al día significa que por lo menos una de nuestras llamadas de cada año es interceptada.
Pero no solamente esto, también el Parlamento Europeo acaba de denunciar a la Comisión Europea, otra institución de la misma organización, porque la Comisión Europea ha autorizado a las compañías aéreas europeas para que, bajo pedido de la CIA, envíen cada día el detalle de todos sus vuelos con todos los pasajeros. Si hoy voy a Madrid, mañana la CIA sabe que yo hoy he ido a las ocho de la mañana a Madrid y he regresado a las seis de la tarde. Pero además hay otra información complementaria, que también la CIA solicita, que las compañías aéreas den otras características del viajero, por ejemplo si el viajero ha pedido no tomar carne de cerdo en el menú,  también consta en la ficha de la CIA. Saben, por lo tanto, mucho de nosotros. Pero no solamente saben mucho en este sentido, hay otras cosas también posibles. El año pasado se celebró en Barcelona una de las cumbres comunitarias. España ocupaba la presidencia europea y el último día el presidente comunicó que, entre otras cosas, Europa había decidido la construcción de treinta y dos satélites de una serie que se llamará Galileo Galilei. Esto hará que treinta y dos aparatos de este tipo estén dando vueltas alrededor de la Tierra constantemente. De estos treinta y dos, siempre habrá tres que caigan encima de nosotros, los otros estarán dando vueltas, pero permanentemente tres estarán  encima nuestro.  Sólo por el hecho de llevar un teléfono móvil en el bolsillo emitimos unas señales que serán captadas por los tres satélites y, mediante una sencilla figura piramidal, acabarán posicionando el lugar donde nosotros nos encontremos en aquel momento. 
Añadió que esto era fantástico porque, si vamos de excursión y nos perdemos, nos podrán encontrar. Pero  si no vamos de excursión también, hasta el punto de que esto ya es practicado por otros sistemas, por ejemplo por la Policía suiza. Desde hace cinco años la Policía suiza dibuja el recorrido de todos los teléfonos móviles suizos. Es decir, que sabe que este señor llamó desde un teléfono móvil en tal sitio, siguió hasta Berna y durmió en Lausanne, y por la mañana se fue a Ginebra. Esto hoy en día ya se sabe, es decir, el poder lo empieza a saber todo, absolutamente todo, de nosotros. Si a esto añadimos que nuestra ficha médica está informatizada, que nuestra ficha universitaria está también informatizada, resulta que lo saben todo. Pero añadamos que nuestras entradas en Internet pueden ser perfectamente controladas, que nuestro correo electrónico puede ser perfectamente leído y que además nosotros ayudamos a que nos fichen cada vez más mediante una cosa que se llama tarjeta de crédito. Demostramos que hemos pagado la autopista en este lugar, después que hemos comido en este sitio y que hemos hecho esta compra en este otro sitio. Y al final dejamos huellas nuestras en todas partes. Y alguien dirá ¿y qué?;  en principio, nada hasta que pasa algo.
Pondré un pequeño ejemplo que me sucedió hace ya bastantes años. En 1989 iba con unos compañeros a Perpinyà. Perpinyà es una población en Francia, pero cercana a Barcelona, a doscientos kilómetros, tú coges la autopista y en un par de horas te colocas allí. Pero antes de llegar a Perpinyà, treinta kilómetros antes, hay una pequeña aduana, la Jonquera, en la que normalmente un policía iba haciendo muy apáticamente una señal para que los coches fueran circulando. Hasta que llegó el coche en el que yo me encontraba, el policía lo vio, observó algo que no le gustaba y, en lugar de decir que circuláramos, nos indicó que nos separáramos. Los cuatro del coche entendimos inmediatamente la razón, porque lo que sucedía era que los cuatro del coche éramos barbudos. Yo supongo que para un policía no es lo mismo ver pasar un coche con una señora y los niños, que ver un coche con cuatro barbudos. Nos pidió que los barbudos nos separáramos de la ruta y la identificación de cada uno. El tema se nos complicó porque, de los cuatro, uno era vasco. Y claro está: cuatro barbudos, y entre ellos un vasco,... el tema podía ser delicado. Entonces pidió al vasco que entrara dentro de la comisaría de la Jonquera. Estuvo no más de diez minutos y al salir nosotros le preguntamos “¿Qué te han dicho?”. Y el hombre nos contestó “En realidad no me han dicho mucha cosa, simplemente han pedido mi documento de identidad, se lo he entregado, han tecleado el número de mi documento en  la terminal del ordenador y ha aparecido mi ficha.” Y el policía, que parece que estaba de buen humor, le dijo: “Usted está fichado”. El otro, obviamente, lo sabía, pero se hizo el despistado y preguntó: “¿Y puede usted decirme que pone en la ficha?”. En principio, el policía no tenía por qué decírselo, pero este hombre estaba de buen humor y se lo dijo, y además le dijo la verdad: “Mire, su ficha pone que en el año 1974 usted fue detenido en Madrid en una manifestación a favor de la amnistía política”. Ahora bien, en España cuando se aprobó la Constitución en el año 1978, quedó claro que todos los antecedentes policiales del Franquismo quedaban borrados. Pues no solamente no quedaban borrados sino que, once años más tarde, en el año 89, al pasar por la frontera de la Jonquera, de un señor vasco que vivía en Madrid, sabía la Policía perfectamente que en el año 74 se había manifestado en contra del General Franco. No pasa nada, el tema es menor, pero en cualquier caso es significativo de la medida en que este Gran Hermano, no el de la tele, sino el de verdad, nos está vigilando constantemente.
7.2.   Control militar
No sólo nos controlan, esto sería la parte policial, sino que además intervenimos militarmente cuando entendemos que nuestros intereses están en peligro. Y creo que el ejemplo más claro de militarización que hemos vivido en los últimos meses es el de la guerra de Irak
Lo que ahora podemos preguntarnos es por qué, si ya en la primera guerra del Golfo obtuvieron Arabia Saudí y Kuwait,  y si ahora en la segunda guerra de Afganistán han obtenido el petróleo del mar Caspio, por qué ahora Estados Unidos tiene todavía interés en ir hacia Irak a buscar más petróleo. Y la respuesta es muy sencilla: Estados Unidos necesita muchísimo petróleo, porque su nivel de vida exige mucho consumo de petróleo. Estados Unidos tiene el cuatro y medio por ciento de la población mundial, pero consume el veinticinco por ciento del petróleo mundial. Estados Unidos se come cinco veces más el petróleo que le tocaría por la población que tiene, porque el sistema de vida norteamericano, el famoso american way of life, exige mucho petróleo. Y los mitos de Estados Unidos se llaman Rockefeller, que era el presidente de Standard Oil, y Henry Ford, que construía los coches que se comían el petróleo de Rockefeller.
Éste es el sistema de vida norteamericano. ¿Tienen petróleo los norteamericanos? Lo tienen,  todos nosotros hemos visto al menos  un capítulo de una larguísima serie televisiva que nos enseñaba que los americanos tienen petróleo en Dallas, en Texas. Pero no solamente tienen petróleo en Dallas, Texas, sino que además tienen abundantísimo petróleo en Alaska, que por cierto no explotan, esperando que se termine el petróleo del resto del mundo y poder salir ellos con el petróleo de Alaska al precio que más les convenga.
De todos modos, un último desastre, antes de empezar con las alternativas. Esta globalización que he explicado en siete puntos nos llevan a un mundo enormemente injusto, extraordinariamente injusto. Hoy en día la globalización, que podría ser una cosa buena, es realmente un desastre. Dos muestras de los malos resultados de la actual globalización.
Para empezar, tengamos  una noticia. El año pasado hacia el mes de junio se reunió en Roma la FAO, la Organización Mundial de la Alimentación. La FAO publicó, con motivo de su reunión cumbre, varios informes y en uno de ellos aparecía una noticia verdaderamente chocante. Nos decía este informe, que diariamente en el mundo cien mil personas mueren de hambre. Un estadio del Barça hundido cada día con toda la gente dentro. Hemos estado hablando de las Torres Gemelas, hemos hablado de Pearl Harbor, en Pearl Harbor hemos recordado catorce mil personas muertas; en las Torres Gemelas tres mil doscientas. Pues bien, de hambre mueren  cien mil personas cada día: cien mil. Pero lo curioso es que la FAO decía también en sus informes que en el mundo no faltan alimentos, sino que sobran; que con lo que hoy en día se produce mundialmente se podrían cubrir las necesidades alimenticias de toda la población mundial y que existiría un sobrante de un diez por ciento. Por lo tanto, no es que falten alimentos, es que están mal distribuidos. Es que en alguna zonas del planeta, en Europa, en Estados Unidos, en Japón, en Australia, tenemos exceso de alimentos y en los países de América Latina, en África, en Asia Meridional tienen déficit de alimentos. Entonces la FAO proponía algo muy  sencillo: coger alimentos del Norte y mandarlos al Sur. Esto es una mala solución, porque si nosotros les enviamos alimentos a ellos, entonces los campesinos de allí no pueden vender los suyos y todavía complicamos más la situación. La solución, decía la FAO, es producir menos nosotros y que produzcan más ellos. Para lograr este objetivo, la FAO pidió cincuenta mil millones de dólares al año y dijo que, si  disponía de cincuenta mil millones de dólares al año, se comprometía a erradicar el hambre del planeta. Los países ricos, como era de suponer, dijeron que no. Dijeron que no estaban dispuestos a pagar cincuenta mil millones para erradicar el hambre, que no los tenían, que sus presupuestos no permitían eso. Pero lo paradójico del caso es que, mientras que estos países no fueron capaces de hallar cincuenta mil millones para erradicar el hambre, han hallado de golpe, no cincuenta mil, sino doscientos mil para financiar la guerra de Irak. Es decir, la guerra de Irak, ha costado en dinero lo que significaría cuatro años de erradicación de hambre. Han encontrado el dinero para este objetivo, pero  no han encontrado dinero para el otro. Esto es un escándalo de la actual globalización.
El otro gran problema es que esta situación de muerte de mucha gente cada día no es sólo un problema estático, sino que  es algo que se agudiza cada día que pasa. Cuando yo era estudiante, en los años sesenta, se me decía que el veinte por ciento más rico de la población mundial tenía unos ingresos treinta veces mayores que el veinte por ciento más pobre. Dicho de otra manera, un señor de Canadá ingresaba igual que treinta señores de Bolivia. Esto sucedía en los años sesenta. En los años ochenta un señor de Canadá ingresaba, no como treinta, sino como sesenta personas en Bolivia. Y ahora un señor de Canadá ingresa como ochenta y seis personas de Bolivia. Es decir, las diferencias van aumentando en vez de disminuir.
Éstas son para mí las dos últimas cosas feas que quiero explicar sobre la globalización. La muerte de hambre cada día de muchísima gente y las diferencias cada vez mayores entre el Norte y el Sur.
 

Notas de esperanza

·         Redistribución

Pero vayamos a la contrapartida,  a una segunda  parte de esperanza. Intentaré justificarla; estoy seguro que coincidiremos en que no tenemos derecho a perder la esperanza. Pero debemos apuntalarla un poco, debemos saber en qué se basa nuestra esperanza. A mí uno de los puntales de esta esperanza  me lo dio un profesor inglés, que trabaja en Bilbao desde hace muchos años y que vino hace ya siete u ocho años a dar una charla  a Barcelona. Él puso sobre la mesa unos datos muy sencillos, pero muy interesantes, y nos dijo: “¿En este mundo globalizado podemos todos vivir bien, o no?”. Entonces hizo un cálculo sencillo: “Imaginémonos -dijo- que todo el mundo tuviera los mismos ingresos, todo el mundo.” Una cosa absolutamente utópica.  Tomó los ingresos globales, lo que en términos económicos se llama el Producto Interior Bruto de todo el mundo, y lo dividió por el número de habitantes que tiene el planeta, con lo cual teníamos los ingresos medios de toda la población mundial. Y una vez tuvo este dato, se fue al ranking de países del mundo, mirando cuál era el país del mundo que en aquel momento tenía una renta igual a la del promedio de la humanidad. Dicho de otra manera, cuál era el país promedio del mundo. En el momento de dar esta conferencia este país era Portugal. Dicho de otra manera, si todo el mundo, hace siete años -ahora quizás ya no-, hubiera distribuido su renta por igual, todo el mundo hubiera vivido como vivían en aquel momento los portugueses. Y creo que estaríamos todos de acuerdo en que toda la humanidad viviera con la dignidad con la que se vive en Portugal. Posteriormente Portugal ha mejorado incluso un poco sus condiciones económicas. Durante cinco años más el país promedio del mundo fue Hungría, y este año es un país un poco desconocido que es Lituania. Yo no sé cómo viven los lituanos,  pero en cualquier caso estoy convencido de que en Lituania se vive mejor que en Haití, o que en Sierra Leona, o que en Bolivia, o que en otros muchos países,  de manera que para mí lo importante es llegar a una situación intermedia en la que unos tengamos menos y otros tengan más y todo el mundo pueda vivir con dignidad. Por tanto, para mí lo principal para abrir la puerta a la esperanza se puede resumir en una sola palabra: redistribución. En este mundo hay algunos que abusamos demasiado de la riqueza y hay otros que están faltos de esta riqueza, y esto es necesario que cambie para que todo el mundo viva mejor.
Al fin y al cabo, lo que yo he estado explicando en los siete puntos anteriores no son más que mecanismos por los cuales los ricos nos hacemos más ricos y los pobres se vuelven más pobres. El primer mecanismo era el comercio: les pagamos mal y les cobramos mucho. El segundo mecanismo eran las multinacionales: les sacamos mucho dinero de beneficio. El tercer mecanismo era la deuda: les cobramos mucha deuda. En fin, todo lo  explicado hasta ahora es el sistema por el cual nosotros nos hacemos más ricos y ellos se hacen más pobres. Por lo tanto, las alternativas han de ser justamente invertir  esta tendencia. 

·         Alternativas a nivel público: la política

Las alternativas tienen que darse a dos niveles: uno a nivel público: la política;  y otra, en la privada: la individual. Es decir, para conseguir un equilibrio hace falta que los gobiernos hagan algunas cosas y que nosotros hagamos otras. Explicaré primero la vía pública, la política, y acabaré con aquella que más de cerca nos toca, que es la vía individual o la de nuestro compromiso personal.

Gobernabilidad mundial democrática

Desde el punto de vista político, la redistribución no es ninguna novedad, sino algo muy antiguo. Siempre, desde que el capitalismo es capitalismo, es decir, desde hace doscientos y pico de años, el capitalismo ha generado diferencias. El capitalismo a lo largo de la Historia debe haber generado otras cosas positivas, por ejemplo la industrialización, por ejemplo el progreso tecnológico, pero lo que también es evidente es que el capitalismo, siempre y por su propia naturaleza, crea diferencias, hace a unos más ricos y a otros más pobres. Pero en este mundo capitalista los estados se han dotado de determinados medios para reequilibrar mínimamente estas diferencias que crea el capitalismo.
Por ejemplo, antes de que España se industrializara, dicen los historiadores que Extremadura era más rica que Cataluña. En Extremadura tenían toda la ganadería de la Meseta  y nosotros no la teníamos y, aunque los cálculos son un poco difíciles, Extremadura vivía antes de la revolución industrial mejor que Cataluña. Ahora la situación es inversa, Cataluña tiene una renta que es casi el doble de la de Extremadura. Entonces llega una estructura política que es el gobierno central en Madrid y el gobierno central en Madrid nos dice que los catalanes debemos pagar más impuestos y lo extremeños deben recibir más inversiones públicas. A mí esto me parece absolutamente correcto: que Cataluña entregue parte de su riqueza a Extremadura, me parece muy bien. Lo que no me parece tan bien es que Madrid se lo quede por el camino. Pero sí que Cataluña pague y Extremadura cobre. Y cuando digo Madrid, no digo la ciudad de Madrid, que es de las que más paga, digo el gobierno central. Bien, ¿qué sucede? Sucede que esto se ha establecido así y hoy lo aceptamos. Si en lugar de situarlo en España, lo situamos en Europa, sigue funcionando el mismo sistema. Es cosa sabida que en la Unión Europea hay países que pagan: Alemania, Holanda, Suecia, Dinamarca,  Inglaterra...  y es cosa sabida que hay países que cobran: España, Portugal, Italia, Grecia, Irlanda... Y bien contentos estamos en España de cobrar, entre otras cosas porque somos los que más cobramos de todo Europa: un billón de pesetas al año, nos regala a España la comunidad europea; un billón de pesetas. Entre paréntesis diré que nuestra ayuda al Tercer Mundo, la ayuda española al Tercer Mundo, es de unos doscientos mil millones de pesetas al año, lo cual significa que la solidaridad que Europa tiene con España es cinco veces mayor que la solidaridad que España tiene con el Tercer Mundo. Por lo tanto hay solidaridad, la hay dentro de España y la hay dentro de Europa. Pero en cambio no la hay a nivel mundial. Es decir, Cataluña da y Extremadura recibe; Alemania da y España recibe. Bien.  Pero Canadá no da y Bolivia no recibe, cuando en realidad sería mucho mejor que Canadá diera y Bolivia recibiera, porque las diferencias entre Canadá y Bolivia son enormemente mayores que las diferencias entre España y Alemania, o las diferencias entre Cataluña y Extremadura. ¿Por qué funciona el reequilibrio entre Cataluña y Extremadura, el reequilibrio entre Alemania y España y no funciona el reequilibrio entre Canadá y Bolivia? Pues sencillamente, porque entre Cataluña y Extremadura existe el gobierno español. Y entre Alemania y España existe el gobierno europeo. Pero en cambio entre Canadá y Bolivia no existe ningún gobierno. El gran drama actualmente es que la economía está globalizada, lo cual significa que está mundializada, y en cambio no hay ningún organismo económico que haga esta labor de redistribución. Y no es porque no existan estos organismos, existen, pero  no hacen bien su trabajo. Estos organismos se llaman Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Grupo de los siete, Organización Mundial del Comercio, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico etc. Hay organismos internacionales, pero no cumplen con su labor.
Hablando del famoso drama de la deuda externa hay que tener en cuenta que, para pagar la deuda, estos países nos mandan siete veces más de lo que nosotros les mandamos a ellos en concepto de ayuda. Lo lógico no sería que de aquí a allí pase uno y de allí a aquí lleguen siete, sino que lo lógico para la redistribución de la que hablamos  es que fuera justo al revés: que del Norte se mandara mucho más al Sur, que no del Sur hacia el Norte. Si  esto no es así es porque los organismos internacionales no obligan a hacerlo de esa manera. ¿Quién se encarga de la deuda? En concreto, del tema de la deuda se encarga una organización llamada el Fondo Monetario Internacional. ¿Y por qué el Fondo Monetario Internacional permite que el Sur nos mande siete veces más para pagar la deuda de lo que nosotros le mandamos para ayudar a su desarrollo? Pues sencillamente, porque el Fondo Monetario Internacional no es una organización al servicio de todos, sino que es una organización al servicio de los ricos. El Fondo Monetario Internacional tiene ciento setenta países miembros, pero: cuidado ¿cómo toman las decisiones estos ciento setenta países miembros? Por votación, ¿por votación como en la ONU, es decir, cada país un voto? No,  el sistema de votación de la ONU no es muy bueno, porque si cada país tiene un voto Andorra acaba votando lo mismo que la India y es evidente que Andorra no debiera votar lo mismo que la India. Pero el sistema del Fondo Monetario es todavía peor, porque, no es que cada país tenga un voto, es que en el Fondo Monetario cada país vota según la cuota que paga. Y resulta que en el Fondo Monetario Internacional, y esto es lo grave, hay nueve países que aportan el cincuenta y dos por ciento de la cuota y tienen el cincuenta y dos por ciento de los votos,  y ganan así todas las votaciones. Y hay ciento sesenta y un países que aportan el cuarenta y ocho por ciento de la cuota, tienen el cuarenta y ocho por ciento de los votos y pierden todas las votaciones. Como es de suponer, los nueve son acreedores y de los ciento sesenta y uno, la mayoría son deudores, por lo cual las decisiones siempre se toman a favor de los acreedores y no a favor de los deudores. Estamos en una organización mundial perversa y lo mismo podríamos decir del Banco Mundial, de la Organización Mundial de Comercio o de los otros organismos.
Por lo tanto, para proceder a este reequilibrio, lo primero y fundamental es crear sistemas democráticos de gobierno mundial. Y no nos ha de extrañar que en este sentido éstas hayan sido las principales acciones de lo que llamamos movimiento antiglobalización,  que quizás preferiría llamar  movimiento altermundista. ¿Qué han hecho estos movimientos? Todos lo recordamos: han tenido presencia pública en Seattle cuando se ha reunido la Organización Mundial de Comercio; en Praga, cuando se ha reunido el Fondo Monetario Internacional; en Génova cuando se han reunido el grupo de los G siete, ahora recientemente en Milán y en Ginebra cuando se ha vuelto a reunir el G siete; es decir, estas organizaciones han aparecido frente a los organismos internacionales y les han dicho: “Ustedes se han de organizar de otra manera, para dar la voz a los países pobres y dejar de tener tanta fuerza los países ricos”. Y éste es el primer reto y está dentro de la vía de lo que se llama movimiento antiglobalización.
Pretender cambiar las estructuras políticas mundiales, es imprescindible, absolutamente imprescindible que estos organismos cambien, porque es evidente que en una economía global hace falta también un gobierno global. Esto nos parece muy lejano, ciertamente, pero hay que hacerlo.
Hemos dicho con motivo de la guerra en Irak que nos faltaba la ONU: políticamente necesitábamos una ONU que se impusiera y que no se ha impuesto a los Estados Unidos. También económicamente necesitamos una ONU, necesitamos un nuevo, podríamos decir, gobierno mundial que se imponga, democráticamente eso sí, frente a la política enormemente dura de los países ricos. Esto sería la primera cosa que yo recomendaría. ¿Y hasta cuánto deben pagar los países ricos a los países pobres? Este es un dato que habría que poner sobre la mesa, porque hoy en día circulamos con una información falsa, en éste,  como en tantos otros campos. Hace años está corriendo un mito que se sabe incluso en los ayuntamientos más pequeños, según el cual el mundo rico ha de dar al mundo pobre el 0’7 por ciento de su renta anual para ayudarles en su desarrollo. El mito del 0’7 funciona. En el año 1994 y 1995  pusimos tiendas de campaña en la Castellana, las pusimos en la Diagonal, y pedíamos el 0’7% ¿ Hacíamos bien? Claro que hacíamos bien. Pero es demasiado poco. Primero hay que decir que el 0’7%, aunque la ONU lo haya solicitado los últimos treinta años, no se ha alcanzado:  hay sólo cinco países en el mundo que cumplen con el 0’7. En su honor hay que decir que son Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Luxemburgo. Después hay, dentro de los países ricos, una lista más o menos larga de países en situación intermedia, que no llegan al 0’7. Y después al final en los treinta países ricos del mundo hay los tres farolillos rojos que, no solamente no cumplen con el 0’7, sino que están lejísimos del 0’7 y son: el antepenúltimo España, el penúltimo Italia y el último los Estados Unidos. Estos son los tres del final de esta historia. Por tanto, el 0’7 no se cumple, pero aunque el 0’7   se cumpliera hoy ya no serviría. El 0’7 podía valer cuando las diferencias entre Canadá y Bolivia eran de uno a treinta, pero ahora que las diferencias entre Canadá y Bolivia son de uno a ochenta y seis, el 0’7 ya no sirve. Hay un premio Nobel de economía, que falleció hace dos años, un señor llamado Leon Tyier, que apuntó antes de morir que, de acuerdo con sus cálculos, si queríamos que el Tercer Mundo se desarrollara haría falta que desde el Primer Mundo les mandáramos cada año, no el 0’7 sino el 3’5 % de nuestra renta, y que sólo entonces podríamos empezar a hablar de desarrollo. Por tanto debemos pensar en esto, por lo menos el 3’5, que para nosotros no es mucho, de nuestra renta, debería ser transferido al Sur para que esta redistribución mundial se produjera. Y alguien dirá: ¿y de dónde salen las misas? Porque si ya no llegamos al 0’7, ¿cómo llegaremos al 3’5? Bien, podemos llegar a este 3’5 de una manera bien sencilla. Primero: cumpliendo una resolución de la ONU del año 1978, que dice que todos los países del mundo cada año deberán reducir un cinco por ciento su gasto militar. Si desde el año 1978 hasta ahora, cada año hubiéramos reducido en un cinco por ciento el gasto militar, que fue lo que se aprobó en la ONU, hoy casi no habría gasto militar en el mundo. Y por tanto no habría guerras, lo cual sería muy interesante. Pero esto no se ha hecho. Lo primero que debemos hacer es cumplir la resolución de la ONU. Estados Unidos dicen a Irak que hay que cumplir las resoluciones de la ONU. De acuerdo, pues empiecen ustedes. Disminuyan cada año, ustedes que son los que más gastan, el cinco por ciento del gasto militar.

Erradicación del fraude fiscal

En segundo lugar: otra manera de tener este 3’5 por ciento es mediante la erradicación del fraude fiscal. Los países pueden tener más dinero si pagan los ciudadanos que deben pagar sus impuestos. Hace un año leía en el periódico una noticia curiosísima, que decía: “Los dentistas españoles declaran de promedio a Hacienda unos ingresos anuales de un millón doscientas mil pesetas”. Yo estoy convencido que los dentistas españoles, el millón doscientas lo deben ganar cada mes,  más que al año. Con lo cual se llega a la feliz conclusión de que los dentistas españoles en su conjunto y con excepciones individuales, que las habrá,  son fraudulentos en el tema fiscal. Por lo tanto, si el gobierno español quiere reequilibrar la situación y mandar el 3’5 por ciento al Tercer Mundo puede, por un lado reducir el gasto militar, como  ordena la ONU, y que con siete mil seiscientos millones de pesetas diarios no hace ninguna falta y, en segundo lugar, puede perseguir a los fraudulentos.

La tasa Tobín

Y el tercer elemento que nos permite reequilibrar la situación y llegar a este 3’5 por ciento del que hablaba el premio Nobel, que servirá para que todo el mundo viva bien, lo podemos sacar de algo que se ha convertido en  famoso en los últimos meses, llamado la tasa Tobin. ¿Qué sería la tasa Tobin? Pues sería un impuesto sobre la especulación financiera.  El famoso especulador señor Soros se decía: “Esto que yo hago no está bien, pero como que nadie me lo prohibe, lo seguiré haciendo una temporadita”. Podríamos ahora entablar algo así como un diálogo imaginario en el que este señor Tobin,  premio Nobel de economía,  fundador de la tasa Tobin, le diría al señor Soros: “Mire yo no sé si lo que usted hace es legal o es ilegal, no sé si es moralmente aceptable o no, pero algo sí  sé, y es que usted debe pagar impuestos cada vez que coge las libras esterlinas de ayer y las vende y las compra y vuelve a comprar y a vender”. El señor Tobin proponía que en cada movimiento de estos se pagara un impuesto del 0’1 por ciento, que es el equivalente al uno por mil. Podemos estar seguros de que,  con este uno por mil sobre el movimiento especulativo, con la reducción del gasto militar y con la eliminación del fraude fiscal, el mundo tendría más que de sobras para mandar, desde los países ricos, el 3’5% a los países pobres y evitar su miseria. Todo es una cuestión de voluntad política que no existe.

Voz conjunta de los países pobres

Esta sería la intervención pública. Hay otra pequeña cosa, antes de pasar a la cuestión privada,  y es  que hace falta que los países del Tercer Mundo empiecen a tener una voz conjunta. Hasta ahora los países ricos hemos aplicado un principio muy conocido: “Divide y vencerás”. Y cada uno de nosotros hace pequeños chantajes a países del Tercer Mundo y ellos, que están en una posición difícil y por lo general tienen dirigentes completamente corruptos, en lugar de unirse entre sí para plantar cara a los del Norte que les estamos explotando, lo que hacen es pelearse. Lo que hace falta es buscar la manera de que  estos países puedan alcanzar la unidad. En algunos casos lo han conseguido. Por ejemplo, en la reunión de Seattle en 1999, se tenían que aprobar unos acuerdos comerciales. Es cierto que la gente estaba en la calle, pero también es cierto que la gente de la calle no vota; quienes votaban eran los embajadores en la sala de reunión. Y los embajadores en la sala de reunión votaron que no a una propuesta que Estados Unidos estaba haciendo dentro de su propia casa, que era Seattle. Y  votaron que no. ¿Por qué? Porque consiguieron una acción de unidad. En temas comerciales hay un grupo muy interesante de países del Tercer Mundo que se reúnen para analizar temas comerciales antes de pasar a la reunión de la Organización Mundial de Comercio. Y entonces toman posturas comunes que les dan fuerza en el momento en que hay una reunión mundial. Este grupo, que agrupa a los países pobres, se llama Grupo de los Setenta y Siete. Este grupo, que inicialmente era de setenta y siete y que ahora ya ha crecido, aunque mantiene el nombre de Grupo de los Setenta y Siete, hasta ciento veinticuatro es un grupo que cada vez que hay que tomar decisiones comerciales,  por ejemplo durante  el mes de septiembre en México, en Cancún, se reunirá la Organización Mundial de Comercio, se tendrán que tomar decisiones comerciales y antes, a lo mejor ahora en agosto, se reunirá el Grupo de los Setenta y siete para tomar posturas comunes que les permitan tener una posición de fuerza en la reunión de Cancún. Esto es muy importante y a la vez muy difícil: la unidad entre los países pobres.
Son las dos cosas a colocar en la primera serie de alternativas, las públicas: creación de gobernabilidad mundial democrática – democrática, por descontado- que permita que los ricos transfieran el 3’5 % a los pobres,  y  unidad entre los países pobres para tener una respuesta común frente a los ricos. Creo que con estos dos elementos se puede conseguir en alguna medida la redistribución de unos a otros. 

·         Alternativas desde la óptica privada

Además de estas acciones públicas de gobierno mundial, de unidad de los países del Tercer Mundo, ¿qué se puede hacer desde nuestra óptica privada? Yo creo que se pueden hacer por lo menos cinco o seis cosas muy interesantes.
La primera, ya   apuntada, y que ahora sólo voy a  recordar: intentar tener una buena información de lo que sucede. Leer el periódico, tener una lectura crítica de los acontecimientos. En España,  desgraciadamente, el setenta por ciento de los ciudadanos no lee el periódico, sólo se alimenta por la televisión y esto no es bueno. Intentemos tener una información crítica, contrastable, de aquello que sucede.
Segunda cuestión, yo creo que en este mundo injusto debemos darnos cuenta de que nosotros somos los privilegiados y tenemos un nivel de consumo que no es posible seguir manteniendo. El año pasado se celebró en Johannesburgo, en Sudáfrica, la Conferencia Mundial del Medio Ambiente. En esta conferencia se ofreció un dato muy interesante: si los seis mil trescientos millones de personas que poblamos este planeta consumieran como consumimos los mil trescientos millones de privilegiados que vivimos en el Primer Mundo; si todos los que viven en la Tierra quisieran consumir papel, agua, petróleo, madera, como los consumimos nosotros, harían falta dos planetas y medio. Es decir, toda la población mundial consumiendo a nuestro ritmo, necesitaría dos planetas y medio. Y no disponemos, por el momento, de dos planetas y medio.  Sólo tenemos uno y por lo tanto, con este solo,  si la población de la India quiere vivir mejor, y están en su derecho, esto sólo será posible si nosotros reducimos un poco nuestro consumo.
Veámoslo en un tema muy importante, que es el tema energético. Los ingenieros saben una fórmula, que yo no sé, pero que parece que es sencilla,  mediante la cual se convierte toneladas de carbono en equivalentes de toneladas de petróleo, kilovatios de electricidad en equivalentes de toneladas de petróleo, metros cúbicos de gas natural en equivalentes de toneladas de petróleo.  Toda la energía se queda reducida a su equivalente en petróleo. Si contamos el gasto energético del mundo en  unidades de petróleo y nos imaginamos que todo el mundo consume petróleo por un igual,  cada ciudadano del mundo consumiría al año 1’7 toneladas de petróleo. Estas 1’7 Tm de petróleo sería el consumo mundial energético si estuviera equilibradamente repartido por el mundo, pero no lo está. Cada uno de los ciudadanos de los Estados Unidos consume 7’7 toneladas de petróleo. En Europa consumimos 3’3 toneladas de petróleo. En el mundo, un  promedio del 1’7. Y en la India 0’4. Es evidente que la India ha de subir y es evidente que Estados Unidos, en mayor medida, pero también nosotros, hemos de bajar. Por lo tanto, hemos de reducir nuestro consumo. Estamos obligados a ello. Aunque podamos pagarlo, no tenemos derecho a consumir tanta madera, a consumir tanto papel, a consumir tanta agua, a consumir tanto petróleo; porque  si nosotros lo consumimos no se reproduce y tampoco los demás  pueden consumirlo.
Por lo tanto, algo que los privilegiados del Norte  hemos de hacer en este mundo globalizado es plantearnos una reducción en nuestro consumo. Esto no es, evidentemente,  muy sencillo, porque estamos presionados por los medios de comunicación, que más bien nos incitan constantemente a hacer lo contrario, a consumir cada vez más y más. E incluso se preocupan de identificar en algunas ocasiones más consumo con más felicidad, que son dos cosas que no tienen nada que ver. Uno puede ser muy feliz consumiendo casi nada. Recordemos aquella famosa historia del señor que buscaba la felicidad y a quien le dijeron: “Ponte la camiseta de aquel hombre que encuentres feliz y tú también serás feliz”. El hombre empezó a dar vueltas por el mundo le preguntaba a uno: “¿Usted es feliz?”, “No”, hasta que encontró a un campesino. “¿Usted es feliz?”, y él le responde: “Sí”,  “Présteme su camiseta” y, naturalmente, no tenía. De eso se trata: reducir el consumo no significa reducir la felicidad. Y ni siquiera significa reducir nuestro nivel de vida. No significa que, consumiendo menos, nuestro nivel de vida disminuya; al contrario. Puede ser que nuestro nivel de vida se mantenga, e incluso que nuestra calidad de vida mejore.
Veamos un ejemplo. Yo vivo en la ciudad de Barcelona y trabajo no muy lejos de aquí, en la Universidad Autónoma, que está a veintitrés kilómetros de mi casa. Afortunadamente existe un sistema ferroviario llamado els Ferrocarrils de la Generalitat: yo cada mañana subo al tren y allí voy leyendo mi periódico tranquilo hasta que llego a la Universidad para dar mi clase. Pero algún día me invitan a Girona a dar una charla. El día que me piden que  vaya a Girona a dar una charla, yo sé que no puedo ir en tren a la Universidad, porque por la tarde, en cuanto termine, tendré que ir a Girona. El día en el que yo soy un consumidor pequeñito, pequeñito, voy en mi tren, voy leyendo tranquilo el periódico, mi calidad de vida sube. El día que yo soy un gran consumidor, voy solo en mi coche, ocupo carretera, gasto gasolina, contamino y  aquel día llego tarde a clase, aquel día me pongo nervioso y aquel día no leo el periódico. De manera que consumir menos aumenta con frecuencia la calidad de vida.
Es decir, disminuir el consumo no significa reducir nuestra calidad de vida; disminuir el consumo significa racionalizar. Por lo tanto, lo que hemos de hacer es disminuir el consumo, siendo conscientes que con esto probablemente no disminuiremos nuestra calidad. A veces sí que deberemos hacer un esfuerzo para consumir todavía algo menos. En Barcelona  hasta el año pasado el Ayuntamiento nos decía: “Ponga usted sus muebles en la calle el día tal de cada mes, que pasa la furgoneta municipal y se lleva los muebles antiguos”. Si tú el día tal de cada mes te paseabas por tu barrio te amueblabas el piso entero, porque las cosas que somos capaces de tirar son extraordinarias. Yo pienso que deberíamos intentar pensar si hace falta o no cambiar de comedor, y si hace falta o no tener tres sillas nuevas, porque es muy alegre tener tres sillas nuevas a costa de cortar un árbol más en Finlandia. Por tanto, reflexionemos. Primero: un poco menos de consumo. Y segundo: no solamente un poco menos de consumo, sino un consumo responsable.
¿Qué significa un consumo responsable? Varias cosas. Primero: unos hábitos de consumo muy lejanos de los que hoy nos predican. De entrada, aunque supongo que ya es suficientemente conocido, evitar estos grandes hipermercados que son la ruina de todos los comercios locales. En segundo lugar: evitar ir en domingo, un domingo no hay que ir nunca a comprar. En domingo sólo se puede comprar el pan, el periódico y la farmacia y nada más. Y después: ir a comprar con cesta. ¿Por qué tenemos que ir a comprar con bolsa de plástico que se hace con petróleo y tendremos que ir a buscar después más petróleo para buscarlo en Irak?  La cesta es una cosa de toda la vida. Tener unos ciertos hábitos de consumo, creo que esto es absolutamente necesario. Y después, si podemos, seleccionar un poco los productos que estamos comprando.

Inversión privada

Esta es una posibilidad, que seamos consumidores responsables. Pero dentro de este punto nosotros no sólo somos consumidores, nosotros también somos ahorradores e inversores y nuestro dinero también tiene consecuencias. Yo creo que lo que no puedo hacer es salir durante algunos meses como hemos salido todos, de enero a junio, a la calle, diciendo que no queríamos la guerra de Irak, en domingo, y el lunes cobrar mi nómina y colocarla en el Banco de Bilbao Vizcaya Argentaria, que es el mayor inversor en España en Industria de Armas después del gobierno. No puedo decirle al gobierno que no quiero la guerra, un domingo, y el lunes decirle al Banco de Bilbao que allí tiene un poco de dinerillo, a ver si lo invierte para ampliar su industria de armas. Y lo que tampoco puedo hacer es constituirme un fondo de pensiones y después cuando tengo el fondo de pensiones ir a mi banco y decir: “¿Dónde tengo invertido mi fondo de pensiones?”. Y el del banco, muy sonriente, me dirá: “Nada, esté usted tranquilo lo tiene todo en Repsol, en Endesa y en Telefónica”. Ya sabemos la historia de Repsol, de Endesa y de Telefónica.
Por lo tanto, hemos de entrar en este mundo llamado de las finanzas éticas o como algunos dicen, de la banca ética. Es una expresión un poco contradictoria. Pese a ello,  puedo decir que hoy en día ya tenemos instrumentos que nos permiten invertir: en Francia,  en Italia...  En España, menos, pero empieza a haber la manera de invertir en fondos que sabemos que tienen un resultado. 
Militancia en cualquier organización social
Militancia en cualquier organización social, la que más nos guste pero todas ellas tienen la intención de transformar el mundo. A uno le gustará más trabajar en las cárceles, a otro le gustará más en los hospitales, a otro le gustará más en el Tercer Mundo, a otro le gustará más con la juventud, a otro le gustará más con la gente mayor, ... pero militancia social mientras podamos y físicamente nos sea permitido. Creo que esto es otro elemento que también nos obliga a trabajar para la transformación social.

Apertura frente a la inmigración

Creo que la inmigración es un hecho inexorable; creo además que es positivo. Quizás alguien pueda pensar que no lo es, pero en cualquier caso es un hecho inexorable, y por lo tanto nuestra obligación es recibirlo de la mejor manera para evitar conflictos el día de mañana. Creo que la inmigración entendida como un hecho positivo, como un hecho enriquecedor, como multiculturalidad, es algo que a la larga nos beneficiará como ha beneficiado durante toda la historia mucho tiempo a muchas generaciones. Y aquí sí que tenemos un trabajo importante que hacer, porque por desgracia la opinión pública mal informada es casi siempre bastante reacia a abrir la puerta a la inmigración. Entre otras cosas porque ya el gobierno se encarga de dar mala información, de intentar identificar inmigración con delincuencia, y de hacernos ver que las cosas van por otro camino. Creo que no, que la inmigración es enriquecedora y que un trabajo necesario para que esta sociedad sea distinta es que, puesto que nosotros a través de la globalización, generamos estas injusticias en el Tercer Mundo, por lo menos que seamos lo suficientemente generosos como para abrir las puertas a aquellos que se hartan de la situación en su país y que están dispuestos a venir al nuestro, igual que nosotros nos fuimos hacia otro. Creo que este es el tema. 

Educación para la paz: Ejemplos concretos

Otro punto importante podríamos llamarlo “educación para la paz”. Por desgracia, todo lo que nos rodea es educación para la violencia. Leía no hace mucho que en España, pero en otros países supongo que igual, un niño de once años ya ha visto en su vida once mil asesinatos en televisión, porque hay unos tres asesinatos por cada película. Si contamos los trescientos sesenta y cinco días al año, son mil asesinatos al año; durante once años, son once mil, aunque los dos primeros años no se enterara de nada. Esta es  la prioridad: parece que en este mundo el crimen, el asesinato, la violencia, sean lo que existe, cuando en realidad es algo más bien excepcional. Todos nosotros vivimos sin violencia y vivimos relativamente tranquilos, pero la violencia está presente. Y los niños se empapan de ella, la reciben y al final acaban actuando de manera violenta. Una noticia en el periódico nos decía que dos niñas de seis años de Estados Unidos, dos amiguitas, habían salido por la tarde de la escuela y se habían ido a jugar a casa de una de ellas. Se pelearon por una tontería de nada y la niña que estaba en su casa fue a la habitación de su padre, sacó el rifle y mató a su compañera de seis años con toda naturalidad y siguió jugando. Eso es lo que ve esta niña en las películas de cada día. Debemos exigir a las corporaciones de radio y televisión que cambien radicalmente su programación. Si hay violencia es porque, esta violencia, hay alguien que la inspira. Y las radios y televisiones en parte son públicas y en parte son privadas; las privadas, basta con no mirarlas y no comprar los productos que nos recomiendan, y respecto a las públicas, debemos obligar a nuestros diputados, aquellos que forman parte de los consejos de radio y televisión, que cambien las programaciones. ¡Qué barbaridades en las programaciones infantiles y en las no infantiles! Es nuestra obligación reclamar una educación para la paz y decir a los distintos partidos políticos que tienen representación parlamentaria en la televisión que obliguen a sus representantes a cambiar las programaciones.

Notas de esperanza

Explicaré un par de casos de cómo sí se pueden conseguir cosas, queriendo. Por la organización Justicia y Paz, he asistido durante bastantes años a una coordinadora de pacifistas europeos.  Nos hemos ido reuniendo en distintas ciudades europeas. En  1991, en Londres, se nos presentó una chica de veintidós o veintitrés años, de Washington, diciéndonos que quería explicar a los pacifistas europeos una iniciativa que habían puesto en marcha en  Estados Unidos. Había venido en un vuelo barato de fin de semana para explicarnos a los europeos que un grupo reducido de unas veinte personas, habían empezado una campaña para eliminar las minas antipersonas  en el mundo. Le dijimos que nos parecía muy bien, aunque la verdad es que nos cogió un poco de sorpresa, y yo creo que no reaccionamos hasta al cabo de unos meses. Sea como fuere, ella pidió la colaboración de los pacifistas europeos y se la dimos. Esta campaña evolucionó y aparecieron cada vez más grupos que señalaban las minas antipersonas  en el mundo.
Al fin  el gobierno de Bélgica y el gobierno de Canadá les dieron su apoyo y  tomaron esta reivindicación como propia. Después de esto, la propia ONU la reconoció, y se acabó firmando un tratado internacional, sin la firma, por cierto, de Estados Unidos, pero con la de España, que prohibe las minas antipersonas.  En 1997 esta chica, Jody Williams, fue galardonada con el premio Nobel de la Paz por la “Campaña Internacional por la Prohibición de las Minas Antipersona”.
¿Qué  demuestra este caso?  Que desde que se nos presentó aquella muchacha, y su grupo pequeñito de americanos, una cosa pequeña había ido creciendo y hoy en día su propuesta es reconocida internacionalmente. Creo que es un buen ejemplo.
El segundo sucedió durante la Guerra Fría. La  Guerra Fría consistía en que los americanos disponían de un tipo de armas y los rusos, de otras. Los americanos adquirían otras todavía más sofisticadas y los rusos, aún otras, y los americanos, otras. Esto era  la escalada del terror. En un momento determinado, los rusos colocaron unos misiles más modernos y los americanos quisieron colocar otra serie de misiles más modernos todavía, pero como que los misiles americanos situados en América caen en el agua, se tenían que situar en Europa para que pudieran, potencialmente, alcanzar a la Unión Soviética. Entonces la OTAN pidió a cinco países europeos: Alemania, Inglaterra, Italia, Bélgica y Holanda, que permitieran la instalación en su país de estos misiles nucleares norteamericanos para amenazar a la Unión Soviética.
Estos cinco países,  mejor dicho, los gobiernos de estos cinco países, accedieron a instalar las armas, y se iban a instalar, pero en Holanda los pacifistas holandeses dijeron que no querían armas nucleares en su territorio. El gobierno alegó que ya habían  tomado acuerdos en la OTAN y no podía  volverse  atrás. Y los pacifistas insistieron.  Leyeron la Constitución holandesa y se dieron cuenta que un artículo  decía que, en el caso de decisiones concerniente a la política exterior, no era suficiente con el acuerdo del propio gobierno, sino que el parlamento debía dar su visto bueno. El gobierno contaba con mayoría parlamentaria, y convocó una sesión. Pero durante los quince días previos a la sesión parlamentaria los pacifistas holandeses se organizaron. Si en Holanda había, pongamos por caso, trescientos diputados, tres padrinos se encargaban de cada uno de ellos. Y los tres padrinos, durante los quince días previos a la votación, empezaron a visitar al diputado o diputada que les había tocado en suerte. Les preguntaban: “Usted dentro de quince días ha de votar. ¿Ya sabe lo que ha de votar?”. Ellos respondían que votarían según las directrices del partido, sin saber muy bien de qué se trataba.
La tarea de los padrinos consistía entonces en concienciar a los parlamentarios de las consecuencias de lo que se votaba: la nuclearización de Holanda. Que Holanda se pudiera convertir en un nuevo Hiroshima, y un niño holandés, en un niño de Nagasaki. Nadie podía querer esto. Se iba el padrino de la mañana y llegaba el padrino de la tarde. “¿Usted qué va a votar dentro de quince días?”  Y volvía otra vez a empezar.  Después llegaba el padrino de la noche. Y al final este diputado acababa con la cabeza hecha un bombo, de tal manera  que el día de la votación rechazaron la propuesta del gobierno y no dejaron instalar misiles nucleares en Holanda.
Conclusión: Cuando tenemos la voluntad de hacer algo, muchas iniciativas pueden  llegar a tener éxito.

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