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| Angela María Truszkowska, Beata |
Ángela María nació el 16 de mayo de 1825, en
Kalisz (Polonia). En el bautismo recibió el nombre de Sofía
Camila. Su familia se trasladó a Varsovia en 1837. Desde
su infancia demostró una piedad profunda: participaba todos los días
en la misa, recibía con frecuencia los sacramentos, realizaba vigilias
de oración y visitaba con asiduidad el Santísimo Sacramento: todo
esto desarrolló en ella una espiritualidad intensa.
En un viaje que
realizó atravesando Alemania, Sofía, iluminada por el Señor, durante un
rato de oración en la catedral de Colonia, intuyó su
vocación a estar entre los pobres y necesitados y a
servir en ellos a Cristo con la oración y el
sacrificio. Esta inspiración la llevó a ser miembro de la
sociedad de San Vicente de Paúl. Durante el día trabajaba
sin descanso por los pobres y por la noche oraba
constantemente, buscando la voluntad de Dios en ella. A la
edad de 29 años, descubrió su camino: comenzó a buscar
y a ayudar a los niños abandonados de los barrios
bajos de Varsovia y a los ancianos sin casa. Con
la ayuda económica de su padre y el apoyo de
su prima Clotilde comenzó a hacerse cargo de seis niños.
De esta forma atrajo a muchas voluntarias y floreció el
instituto fundado por ella.
Sofía se hizo miembro de la Tercera
Orden de san Francisco y tomó el nombre de Ángela.
El 21 de noviembre de 1855, ante el icono de
María, su prima y ella se consagraron a hacer la
voluntad de su Hijo: éste fue el comienzo de la
comunidad de las religiosas Felicianas, o de San Félix de
Cantalicio. La madre Ángela determinó como ideal de su congregación:
que en todo y por todo Dios sea conocido, amado
y glorificado. Las religiosas dirigían a las laicas terciarias, instruían
a los convertidos, visitaban las prisiones, y administraban también centros
sociales rurales. Después del fracaso de la insurrección de 1863,
muchos de estos centros se convirtieron en hospitales, donde las
religiosas curaban a los heridos.
La comunidad fue suprimida por el
gobierno ruso en 1864, pero continuó en secreto bajo la
guía espiritual de la fundadora.
A los 44 años, durante su
tercer mandato de superiora general, la madre Ángela se tuvo
que retirar de la actividad de su congregación a causa
de una enfermedad, pero siguió viva su dedicación a las
religiosas. Murió después de 30 años de sufrimiento, devorada por
el cáncer, el 10 de octubre de 1899, en presencia
de las religiosas. Fue beatificada por Juan Pablo II el
18 de abril de 1993.
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