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| Rosa Filipina Rosa Duchesne, Santa |
Religiosa
Martirologio Romano: En la ciudad de San Carlos, en el
estado de Missouri, de los Estados Unidos de Norteamérica, santa
Filipina Duchesne, virgen, de las Hermanas del Sagrado Corazón, que,
nacida en Francia, durante la Revolución Francesa reunió la comunidad
religiosa y, trasladándose a América, abrió allí muchas escuelas (1852).
Etimología:
Rosa = aquella que es bella como una rosa, es
de origen latino.
Filipina Rosa Duchesne es el primer nombre que
aparece en la lista de los pioneros del Memorial Jefferson
de San Luis, Missouri. Llegó a los Estados Unidos a
la edad de cuarenta y nueve años y durante otros
treinta y cuatro se dedicó a la educación de los
colonos y los indios, muriendo a la edad de ochenta
y tres.
Nació en Grenoble (Francia), el 29 de agosto
de 1769. De niña su mamá la llevaba a visitar
a los pobres y enfermos y regalaba a los niños
algunos de sus juguetes. También ayudaba a los pobres con
el dinero que sus papás le daban para gastar. Estudió
con las Visitadinas en el colegio de Santa María d´en
Haut. Como a los doce años manifestó a sus padres
la idea de hacerse religiosa, la retiraron del colegio y
le pusieron un tutor que le enseñara matemáticas, latín, lengua,
música y danza. Hacia los dieciocho años pidió permiso a
su papá para ingresar al convento, pero él se opuso
rotundamente. Sin embargo, visitando un día el convento en compañía
de una tía, se quedó con las religiosas, y con
el tiempo obtuvo el consentimiento de su padre, quien quedó
convencido al constatar su determinación por seguir el camino de
la vida consagrada.
Al estallar la revolución francesa el convento
de Santa María fue confiscado y las religiosas expulsadas. Filipina
Rosa tuvo que regresar a casa de sus padres donde
vivió como religiosa. Durante los siguiente once años desarrolló una
intensa labor apostólica desde su casa, asistiendo a prisioneros, pobres
y enfermos. Terminada la revolución en 1801 se unió a
las religiosas del Sagrado Corazón, congregación que había sido fundada
recientemente por la madre Magdalena Sofía Barat.
En 1817, el
obispo de Luisiana, Estados Unidos, en visita por Francia, pidió
religiosas para educar a las niñas y a los indios
de su diócesis y la Madre Rosa Felica fue elegida,
con cuatro compañeras para realizar esta misión.
Luisiana era un
amplio territorio explorado por los franceses durante un siglo y
que por ochenta millones de francos había vendido el gobierno
de Napoleón Bonaparte a los Estados Unidos. Ya al año
siguiente había fundado numerosas escuelas en todo el Valle del
río Mississippi, y en 1820 abrió un noviciado con el
ingreso de la primera religiosa norteamericana de la congregación.
En medio
de numerosas penalidades físicas, y la crítica e incomprensión de
muchas personas, realizó durante casi treinta años un apostolado infatigable
en favor de la educación de la juventud y de
servicio a los indígenas. Una vez relevada del cargo de
superiora, cuando tenía setenta y dos años, llevó a cabo
el deseo que había añorado durante muchos años: llegar a
un campamento de indios Potawatomi en Sugar Creek (Kansas) y
entregarse de lleno a su evangelización. Como se le dificultó
mucho aprender el difícil idioma de los indios, dedicó gran
parte de su tiempo a la oración, por lo que
los pieles rojas la apodaron “la mujer que ora siempre”.
Después de un año fue llamada a la ciudad de
San Carlos donde permaneció hasta su muerte ocurrida el 18
de noviembre de 1852. Fue beatificada por el papa Pío
XII en 1940 y canonizada por el papa Juan Pablo
II en 1988.
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