 |
| Nicolás Tavelic y compañeros mártires, Santos |
Santos Nicolás Tavelic, Deodato de Rodez, Pedro de Narbona y Esteban de Cuneo
(†
1391) sacerdotes y mártires de la Primera Orden.
Canonizados por a
Pablo VI el 21 de junio de 1970.
Nicolás Tavelic (1340-1391)
es el primer croata canonizado. Su figura se destaca grandemente
en el ambiente de su tiempo. Nació hacia 1340 en
la ciudad dálmata de Sebenic. Siendo adolescente entró en la
Orden de Hermanos Menores y ya sacerdote fue enviado como
misionero a Bosnia, donde se prodigó por cerca de 12
años por la conversión de los Bogomiles, patarenos balcánicos, junto
con Deodato de Rodez. Hacia 1384 ambos se dirigieron a
Palestina, donde se juntaron con otros dos cohermanos, Pedro de
Narbona y Esteban de Cuneo. Todos cuatro entregaron su vida
como mártires de Cristo.
Nicolás y los tres cohermanos, permanecieron en
Jerusalén en el convento de San Salvador, en estudio y
oración. Después de larga meditación, Nicolás proyectó una empresa audaz.
La empresa estaba en el espíritu de San Francisco, movido
por el Espíritu Santo, por el celo de la fe
y por el deseo del martirio. Se trataba de anunciar
públicamente en Jerusalén ante los musulmanes principales la doctrina de
Cristo.
Deodato († 1391) nació en una ciudad francesa que
en los textos originales latinos de la mayor parte de
los autores es llamada “Ruticinium”, identificada con la actual ciudad
de Rodez, sede episcopal. Todavía joven se hizo hermano menor
y fue ordenado sacerdote en la Provincia franciscana de Aquitania.
En
los años 1372‑1373, el vicario general Padre Bartolomé de la
Verna había hecho un llamamiento para conseguir religiosos para una
particular expedición misionera a Bosnia. Una bula de Gregorio XI
del 22 de junio presentaba en aquel momento buenas perspectivas
para el progreso en la verdadera fe de aquellas zonas
devastadas por la herejía de los Bogomiles, una secta hereje
de fuerte tinte maniqueo, que a los errores dogmáticos unía
en sus principales representantes una rígida austeridad de vida.
A Deodato
de Rodez lo encontramos en este campo de actividad, en
compañía de Nicolás Tavelic. Fue a Bosnia para responder al
deseo del Vicario general y del Papa Gregorio XI, en
las mismas circunstancias en que fue Nicolás de Tavelic. De
este encuentro entre los dos santos nace una fraternal e
íntima amistad, que los sostiene por doce largos años en
medio de dificultades y fatigas comparables a las de los
grandes misioneros de la Iglesia. Una relación pormenorizada, la “Sibenicensis”
describe esta venturosa expedición apostólica de Bosnia junto con la
relación de su martirio.
Hacia 1384 ambos se trasladaron a Palestina,
donde encontraron otros dos cohermanos: Pedro de Narbona y Esteban
de Cuneo, con quienes compartieron las actividades apostólicas y la
palma del martirio.
Pedro de Narbona, de la provincia de los
Hermanos Menores de Provenza, por varios años adhirió a la
reforma surgida para una mejor observancia de la regla de
San Francisco, reforma iniciada en 1368 en Umbría por el
Beato Paoluccio Trinci. En poco tiempo se difundió en la
Umbría, las Marcas, tanto que en 1373 contaba con una
decena de eremitorios. Era un movimiento de fervor que tendía
a renovar la forma primitiva de la vida franciscana, especialmente
en el ideal de la pobreza y en el ejercicio
de la piedad. Que Pedro de Narbona haya llegado de
Francia meridional a los eremitorios umbros, es indicio del fervor
religioso de su espíritu y esto proyecta una luz singular
sobre toda su vida precedente a su permanencia en Jerusalén.
Esteban
nació en Cuneo en el Piamonte y se hizo Hermano
Menor en Génova, en la provincia religiosa de la Liguria.
Durante ocho años trabajó activamente en Córcega, como miembro de
la vicaría franciscana corsa. Podemos decir que de este modo
hizo un buen noviciado apostólico. Pasó luego como misionero a
Tierra Santa, donde el 14 de noviembre de 1391 selló
con el martirio la predicación evangélica. Junto con los tres
compañeros, quería demostrar que el islamismo no es la verdadera
religión. Cristo Hombre‑Dios, no Mahoma, era el enviado de Dios
para salvar a la humanidad.
 El 11 de noviembre de 1391 después de intensa
preparación los cuatro misioneros realizaron su proyecto. Salieron juntos del
convento llevando cada uno un papel o pliego escrito en
latín y en árabe. Se dirigieron a la mezquita, pero
mientras querían entrar fueron impedidos. Interrogados por los musulmanes qué
querían, respondieron: “Queremos hablar con el Cadi para decirle cosas
muy útiles y saludables para sus almas”. Les respondieron: “La
casa del cadi no es aquí, vengan con nosotros y
se la mostraremos”.
Cuando llegaron a su presencia, abrieron los papeles
y los leyeron, explicándoselos y presentando con firmeza sus propias
razones. Dijeron: “Señor cadi y todos ustedes aquí presentes, les
pedimos que escuchen nuestras palabras y pongan mucha atención a
las mismas, porque todo lo que les vamos a decir
es muy provechoso para ustedes, es verdadero, justo, libre de
todo engaño y muy útil para el alma de todos
aquellos que quieran ponerlo en práctica”. Luego hicieron una prolongada
relación que ilustraba la verdad del mensaje evangélico de Cristo,
el único en quien está la salvación y demostraron la
falsedad de ley de Mahoma. Se reunió una enorme turba
de mahometanos, primero asombrados, luego irritados, finalmente hostiles. Nunca se
habían oído ante una turba de musulmanes semejantes afirmaciones contra
el Corán y contra el islamismo. Al oír este discurso
pronunciado con fervor de espíritu por los cuatro Hermanos, el
Cadí y todos los presentes se airaron grandemente. Comenzaron a
llegar innumerables musulmanes.
El Cadi entonces dirigió la palabra a los
cuatro religiosos en estos términos: “¿Esto lo han dicho ustedes
en pleno conocimiento y libertad, o en un momento de
exaltación fanática, sin el control de la razón como tontos
o locos? ¿Han sido enviados a hacer esto por el
Papa de ustedes, o por algún rey cristiano?”. A tal
pregunta los religiosos respondieron: “Nosotros hemos venido aquí enviados por
Dios. Por tanto si ustedes no creen en Jesucristo y
no se bautizan, no tendrán la vida eterna”. Fueron condenados
a muerte y el 14 de noviembre de 1391 fueron
asesinados, despedazados y quemados.
|
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario