 |
| María Teresa de Jesús (María Scrilli), Beata |
Fundadora del Instituto de Nuestra Señora del Monte Carmelo
Nacida en desamor Nace
María Scrilli el 15 de mayo de 1825 en Montevarchi,
ciudad del Gran Ducado de Toscana. Era la segunda niña
que nacía en el hogar de los Scrilli-Checcucci; se esperaba
fuera un varón y la desilusión fue grande. “Aquella misma
mañana de domingo y muy temprano…a las pocas horas de
haber nacido, fue llevada a la pila bautismal de forma
privada con gran disgusto de mis padres por haber tenido
una segunda hija”, cuenta ella misma. “Hasta la edad de
cuatro años o poco más, me sentía rechazada por mi
misma madre, razón por la cual caía en una profunda
tristeza y era propensa al llanto; no siéndole de mucho
agrado, procuraba alejarme de ella lo más que podía”. (El
drama infantil estaba servido). Y continúa escribiendo: «Cuando apenas fui
capaz de comprender el desamor que me tenía mi madre
no tengo palabras para poder expresar la magnitud de esa
espina que atravesaba mi corazón. Mi tormento no era causado
por la envidia de ver a mi hermana tan delicadamente
querida por mis padres, sino porque en el fondo también
yo sentía la necesidad de verme amada».
Terribles palabras de esta
muchacha que descifrarán en parte la vida y la obra
de esta singular mujer. Sin embargo, lo que pudo haber
sido un verdadero trauma para la chiquilla le sirvió para
ir modelando su carácter sin guardar ninguna acritud; afortunadamente supo
comprender a tiempo que la envidia es la que corroe
el corazón y no el vacío por la ausencia del
amor; a colmar esas ansias va a dedicar María Teresa
toda su vida sin amargura, sin tan siquiera un mínimo
resentimiento para con su propia madre. En María la Virgen
encontrará la solución a su íntimo problema de afectividad: Ella
será su auténtica Madre, la del Cielo, ya que teniéndola
no la tenía en la tierra; una tiernísima devoción mariana
brotará con fuerza y modelará aquel corazón hecho para entregarse
a cuantos eran víctimas del desamor, a semejanza de María.
A los 21 años ingresa en Santa María de los
Ángeles en Florencia, el monasterio de Sta. María Magdalena de
Pazzis, pero no prospera en su propósito. De aquella experiencia
carmelitana adquiere unos sólidos fundamentos, base de toda su espiritualidad
para el futuro; en su diario escribe, por ejemplo: “Pureza,
pureza de intención. Buscar en todo complacer a Dios, hacer
bien a los demás (esto también en Dios), y la
abnegación de uno mismo. Todo basta para hacer un santo”.
La pureza de intención y el amor propio fueron los
ejes centrales de la espiritualidad de la santa florentina. Este
principio no es solamente una feliz coincidencia. Del Carmelo de
Florencia sale con una clara decisión: será contemplativa, pero «contemplativa
en acción». Y lo conseguirá, perdiéndose.
Por la cultura y la
dignidad humana Y es que desde 1849 aquella región toscana vive
un virulento anticlericalismo originado por el liberalismo más radical entonces
de moda; aquella sociedad yace bajo un ínfimo nivel de
analfabetismo y de miseria, factores que de ordinario suelen ir
juntos. María Scrilli piensa qué puede hacer para remediarlo y,
consciente de que la incultura e ignorancia degrada especialmente a
la mujer, comienza a impartir enseñanza en su propia casa
de Montevarchi a un grupo de niñas que encontraba por
la calle. “En 1849 el número de mis pequeñas alumnas
había llegado a doce; las tenía gratuitamente, pero ellas correspondían
con tantas demostraciones de agradecimiento, que no tenía más remedio
que corresponderlas”, escribe. Pronto se le unen a esta labor
otras compañeras. “Éramos Edvige Sacconi, Ersilia Betti, Teresa del Bigio
y yo…Escribí algunas normas que nos regularan, pero regularmente lo
hacía de palabra”. En 1854 nace el Pío Instituto de
Pobres Hermanitas del Corazón de María aprobado por el obispo
de Fiésole. En agosto de 1857, estando en el monasterio
de Sta. María Magdalena de Pazzis, Pío IX la bendice:
“…y puso su mano sobre mi cabeza, mientras que yo
me incliné y le besé los pies”, escribe, interpretando aquel
gesto como un signo aprobatorio.
En junio de 1859 las tropas
piamontesas entran en Montevarchi y ocupan el convento de las
religiosas y por un decreto del 30 de noviembre el
Instituto es suprimido; toda la obra de M. Scrilli se
viene abajo y las monjas han de marchar a casa
secularizadas. María Teresa se refugia en Florencia desde donde trata
de reconstruir su instituto, hasta que en 1878 el arzobispo
Eugenio Cecconi les concede recomponer la comunidad, quedando restablecido en
1892. “El Instituto, sin duda, según el diseño de Dios,
debía fundarse con lagrimas, con dolor y con los combates
de la fundadora”. Algunas Hermanas abandonan la casa, otras fallecen
y ninguna otra ingresa. La mejor colaboradora, Clementina Mosca, se
marcha con las dominicas de clausura. Todo el proyecto de
la Scrilli se derrumba. Pero su ánimo no decae. Sabe
muy bien que si aquello es obra de Dios y
María su Madre lo quiere, la obra saldrá adelante; es
consciente de que ella, como grano de trigo, debe morir
y desaparecer para que una nueva vida surja.
Y así acontece.
María Teresa se ofrece como víctima por aquella obra de
la Iglesia. Cae gravemente enferma y muere en el mayor
de los desamparos; el panorama congregacional era desolador: una Hermana
anciana, otra enferma prácticamente paralítica y una novicia. Era el
14 de noviembre de 1889. Tras la muerte de María
Teresa se presagia la total extinción. Todo ha terminado. Pero,
el grano de trigo no cae en tierra y muere…
(Jn 12, 24). Y se produce el milagro. He aquí
que inesperadamente vuelve Clementina Mosca (1862-1934), «el ángel enviado por
Dios»; adopta el nombre de María de Jesús y recoge
el precioso legado de María Teresa. «Bajo el dinámico liderazgo
de esta segunda fundadora el Instituto cobró nueva vida, creció
en miembros y multiplicó las fundaciones, ampliando el arco de
la acción apostólica: enseñanza, cuidado de enfermos y otros trabajos
de caridad. Elaboró Constituciones y logró que su congregación fuese
reconocida de derecho diocesano por el Cardenal Mistrangelo en 1929;
el mismo año el prior general Elías Magennis las afilió
a la Orden ya con el definitivo nombre de Instituto
de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Fue beatificada el 8 de
octubre de 2006.
|
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario