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| María Luisa Merkert, Beata |
Cofundadora de la Congregación de Religiosas de Santa Isabel
Martirologio Romano: En
Nysa, Polonia, beata María Luisa Merkert, cofundadora y primera superiora
general de la Congregación de las Religiosas de Santa Isabel
(1872).
Nació el 21 de septiembre
de 1817 en Nysa, en Silesia de Opole (entonces diócesis
de Breslavia), en el seno de una familia muy católica
de la burguesía. Era la segunda hija de Carlos Antonio
Merkert y María Bárbara Pfitzner. En el bautismo le pusieron
los nombres de María Luisa. Sus padres y su hermana
pertenecían a la Cofradía del Santo Sepulcro. Su padre murió
cuando ella tenía un año. Su madre influyó mucho en
la inclinación de sus dos hijas, María Luisa y Matilde,
al servicio caritativo de los necesitados y a la vocación
a la vida religiosa.
A la muerte de su madre,
acaecida en 1842, decidió dedicarse totalmente a los pobres, a
los enfermos y a los abandonados. Aconsejada por su confesor,
junto con su hermana Matilde y con Francisca Werner, se
unió a Clara Wolff, joven virtuosa y terciaria franciscana, que
había decidido servir a los enfermos y a los pobres
a domicilio. Comenzaron la actividad caritativa en Nysa el 27
de septiembre de 1842. Se prepararon para dar ese paso
con la confesión, la comunión y un acto de consagración
al Sacratísimo Corazón de Jesús. El presbítero Francisco Javier Fischer
les dio la bendición. A partir de entonces, María cumplía
diariamente los compromisos asumidos, asistiendo a los enfermos y a
los pobres en sus casas y recogiendo limosnas para los
necesitados. El 8 de mayo de 1846 murió su hermana
Matilde, que se había contagiado de tifus mientras cuidaba a
los enfermos.
María Merkert, con Clara Wolff, se dirigió a
las Hermanas de la Misericordia de San Carlos Borromeo en
Praga, para un período de noviciado, trabajando como enfermera en
los hospitales de Podole, Litomierzyce y Nysa. Notando que estas
religiosas consideraban secundaria la asistencia de los enfermos a domicilio,
dejó su noviciado el 30 de junio de 1850, si
bien la formación recibida en ese período le sirvió de
mucho. No faltaron incomprensiones, pero María pudo dedicarse totalmente al
proyecto original de la asistencia a domicilio de los enfermos,
los pobres y los más necesitados.
El 19 de noviembre
de 1850, fiesta de santa Isabel de Hungría, María Merkert
y Francisca Werner, llenas de confianza en Dios, reemprendieron en
Nysa la actividad caritativa-apostólica, escogiendo a santa Isabel, llena de
amor a Dios y a los indigentes, por patrona de
la comunidad naciente. Nueve años más tarde, el 4 de
septiembre de 1859, la Asociación de santa Isabel recibió la
aprobación por parte del obispo de Breslavia. El 15 de
diciembre sucesivo se celebró el primer capítulo general, que eligió
a María Merkert como superiora general. El 5 de mayo
de 1860, María, junto con otras veinticinco religiosas hizo los
votos de castidad, pobreza y obediencia, a los que añadieron
un cuarto voto de servir a los enfermos y necesitados.
En los años 1863-1865 construyó en Nysa la casa madre
de la congregación; el instituto obtuvo el reconocimiento jurídico estatal
en 1864. El 7 de junio de 1871, el Papa
Pío IX le concedió el "Decretum laudis"; y León XIII
le otorgó la aprobación definitiva en 1887.
El amor a
Dios impulsaba a María al amor al prójimo, en favor
del cual gastó todas sus energías hasta la muerte. La
asistencia a los enfermos y abandonados en sus domicilios no
distraía a la sierva de Dios de la vida de
oración, pues en su relación íntima con el Señor y
en la filial devoción al Sacratísimo Corazón de Jesús encontraba
la fuerza para su obra caritativa; sentía también una gran
devoción a la Virgen, a la que tenía como modelo
de fe y mediadora.
Se preocupaba mucho por sus religiosas,
a las que instruía intelectual y espiritualmente en un espíritu
de humildad profunda. En sus veintidós años de gobierno, formó
a casi quinientas hermanas y fundó noventa casas, distribuidas en
nueve diócesis y en dos vicariatos apostólicos. La llamaban "la
querida madre de todos" y "la samaritana de Silesia".
Murió
con fama de santidad el 14 de noviembre de 1872
y esa fama fue aumentando después de su muerte. Juan
Pablo II promulgó el decreto sobre sus virtudes heroicas el
20 de diciembre de 2004; y Benedicto XVI firmó el
decreto sobre el milagro el 1 de junio de 2007.
Fue beatificada el 30 de septiembre de 2007.
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