martes, 18 de octubre de 2016

Leyendas de San Pedro de Alcántara.


        Este año se celebra el 50 aniversario del nombramiento de San Pedro de Alcántara, como Patrón de Extremadura el 22 febrero de 1962, por obra de Juan XXIII. Por ello relataré algunos de los milagros que realizó y la historia de la estatua dedicada a él en la Plaza de Santa María de Cáceres. 

San Pedro de Alcántara
(por Melchor Perez Holguin)
En 1499 en la Villa de Alcántara (Cáceres), nace Juan de Sanabria, era hijo de Juan Garavito y María Viela de Sanabria, una de las familia más pudiente de la Villa. En 1515 deja sus estudios en la Universidad de Salamanca para tomar los hábitos franciscanos, cambiando su nombre por Pedro de Alcántara.

En la Villa de Brozas (Cáceres) se custodia un báculo que según cuentan fue propiedad de San Pedro de Alcántara. Utilizó varios a lo largo de su vida y uno de esos bastones está ligado al nacimiento de El Palancar, un monasterio pequeño, austero y pobre. De camino algún lugar iba San Pedro con sus compañeros franciscanos cuando se detuvo en un paraje donde decidió crear una ermita. Sus compañeros se sorprendieron ante la imposibilidad que en aquel sitio tan inhóspito pudiese sustentar una ermita. San Pedro para saciar la incredulidad de sus compañeros clavó en el suelo mustio la vara que portaba, floreciendo a la vista de todos una hermosa higuera, cuyos frutos eran milagrosos y curaban enfermedades. Desde entonces la higuera (hoy desaparecida) será venerada en la huerta al lado de una cruz de oraciones utilizada por el santo y muy cerca a su vez de una fuente también con aguas milagrosas.
Monasterio de El Palancar, Cáceres.
 (Foto por Miguel Urbina Gómez)

Otro día de camino, iba a lomos de su inseparable asnillo acompañado por un hermano franciscano, y hallándose por la Sierra de Gredos es sorprendido por una profusa nieve. Sin refugio alguno alrededor, el santo comienza a rezar, respetándole la nieve que ni le calaba sus ropajes, le forma a su alrededor  un refugio blanco para resguardarle del frio. Dicen también que del cielo apareciendo una legión de ángeles que le fabrican un abrigo. Pronto el milagro se difunde por el entorno levantando en dicho lugar una ermita. Con la desamortización de Mendizábal en 1835, los frailes son expulsados y la ermita olvidada.

Yendo San Pedro hacia Garrovillas (Cáceres) acompañado de Fray Miguel, tuvo éste un percance en la oscuridad de la noche, con una roca del camino lesionándose el pie a pocos kilómetros de la orilla derecha del rio Tajo. Como San Pedro tenía que resolver urgentemente unos asuntos y para ello debía pernoctar en el convento de San Francisco, es convencido por su compañero para que parta en solitario.

“Hermano partid vos hacia Garrovilla, pues nada por mi podéis hacer y yo sólo retrasar vuestro camino puedo, partid que yo aquí espero la ayuda que mandéis al amanecer para recogerme. Id con Dios hermano.”

Y así partió el santo con sus pensamientos por el bosque guiado por luz de una hoguera que divisaba en la lejanía. Cuando llegó a luz de la hoguera se encontró sentado al barquero del rio y le rogó que le pasase al lado izquierdo del rio.

“Os ruego señor me paséis a la orilla izquierda del rio, pues unos asuntos importantes debo resolver en la villa de Garrovilla y mi presencia requieren esta misma noche.”

El barquero extrañado, creyendo al fray ebrio le respondió despectivamente: “Padre ya estáis en el margen izquierdo del rio, váyase a dormirla.” –Y le indicó el camino hacia Garrovillas.-

Y llegó San Pedro al convento dando gracias al Señor.

Al día siguiente cuando Fray Miguel habló con el barquero si la noche anterior había cruzado a un fraile, este le respondió:

“No hay mas barca ni mas barquero en esta zona que yo, y andaba me yo en el margen izquierdo y no lo pude pasar, mas apareció él, en la noche seco de ropa y cuerpo. ¿Cómo pudo cruzar?”

Contestándole: “Dios obro el milagro, pues aquel que viste cruzar el rio a píe, absorto en sus pensamientos, no era otro que San Pedro de Alcántara.”

El barquero maravillado hizo correr la voz del milagro acaecido por la comarca.
Lugar de rezo de San Pedro en El Palancar, Cáceres
(Foto por Juanfran y Alicia)

Además de ésta, San Pedro volvió a cruzar ríos a pie obrando el milagro en innumerables ocasiones, siempre sin darse cuenta. También se le vio elevarse en el aire sobre arboles, dar de comer prodigiosamente a necesitados, curar a enfermos y ayudar a todo aquel que lo necesitara.

San Pedro vivió y murió siendo fiel a la regla franciscana donde sus pilares son la contemplación, la oración, la penitencia, el retiro espiritual, la pobreza y la ayuda a los demás mediante el amor y la caridad. Y esto se reflejaba en su cuerpo: su cara era esquelética y su cuerpo enjuto; la cabeza siempre baja quemada por el sol y la nieve, además la tenía llena de golpes y ampollas pues andaba por la vida con los ojos casi cerrados, no miraba a nadie a la cara, pero transmitían paz y sosiego; sus pies partidos y llagados por ir siempre descalzo, así era San Pedro de Alcántara.

El 18 de octubre de 1562 muere Pedro de Alcántara en Arenas (Ávila) a la edad de 63 años.

El 18 de abril de 1622 es beatificado por el Papa Gregorio XV y el 28 de abril de 1669 es canonizado por el Papa Clemente IX.

Estatua de San Pedro de Alcántara, Cáceres.

El 10 de noviembre de 1954 se inaugura en Cáceres la estatua dedicada a San Pedro de Alcántara ubicada en una de las esquinas de la Concatedral de Santa María, concretamente la situada bajo la torre del campanario. La obra fue realizada por el extremeño Enrique Pérez Comendador, y según dicen todo aquel que visita la ciudad debe tocar o besar sus pies para atraer la suerte.

Pero, ¿de dónde viene esa tradición?

Cuando se instaló la estatua en el año 1954, muy cerca de la plaza de Santa María, en lo que hoy es el Centro Cultural San Jorge, albergaba el instituto El Brocense, el centro enseñanza laica más antiguo de toda Extremadura, creado por Real Decreto de la Reina Gobernadora doña María Cristina de Borbón en 1839. Era la plaza por aquel entonces un lugar de tránsito de los estudiantes, y la estatua pronto se convirtió por aquella tradición de besar estampa de santos para atraer la suerte, en un amuleto eso si de gran tamaño y en bronce, que según los propios los estudiantes de dicho instituto, ayudaba en los exámenes. Y lo que en un principio era tan sólo un talismán de suerte, con el paso de los años, la estatua de San Pedro de Alcántara fue adquiriendo nuevas facultades como encontrar pareja, casarte o ver cumplidos tus deseos.