martes, 4 de octubre de 2016

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS, 4 DE OCTUBRE



LOS CINCO MINUTOS DE DIOS
Octubre 4


En muchas ciudades de nuestro medio existe una calle principal, una calle a la que se denomina algo así como "la vía blanca", porque está llena de luz.

Hasta existe una ciudad (París) a la que se la conoce con ese epíteto: "la ciudad luz".

El mundo de hoy, el hombre de hoy, necesitan luz, mucha luz blanca, que atraviesa el grueso manto de tinieblas que le ocultan la verdad y el bien.

La luz viene de Dios, pero viene a través de los hombres; cada uno de nosotros debe llegar a convertirse en algo así como en un reflector de Dios.

Reflectores que reciban y transmitan y, si es posible, refuercen la luz recibida; reflectores que iluminen y orienten; reflectores que hagan sentirse más seguros a cuantos alcanzan su chorro luminoso.
Disipar tinieblas, transmitir la luz. ¡Hermoso ideal!
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?” (Sal 42,3). El rostro de Dios será el que hará infinitamente felices a los que gocen de él; tanto más feliz serás en esta vida, cuanto más puedas y sepas descubrir el rostro de Dios en las personas y acontecimientos.