lunes, 3 de octubre de 2016

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS, 2 DE OCTUBRE



LOS CINCO MINUTOS DE DIOS
Octubre 2


En el siglo de la productividad incentivada, los hombres nos estamos fijando más en hacer que en ser. Sin embargo, el hacer no tiene sentido si no es una exigencia del ser.

El hacer puede convertirse en un activismo, en un dinamismo, en una acción descontrolada, siempre que a ese hacer no responda un ser íntimo y profundo.

Porque, en ese caso, ese hacer se convierte en un estéril aparecer.
El ser exige una transformación sincera y profunda, que cambia toda mi vida y en consecuencia, también el hacer; y cambiar el hacer, porque entonces el hacer es legítimo, auténtico, profundo, apostólico.

Y el único que puede juzgarme si "soy" de verdad es mi propia conciencia.

Siempre que no la tenga o acallada o deformada; y mi conciencia, en último término no es sino la voz de Dios.

“Muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante” (Cant 2, 14). Es bueno hablar a Dios pero no es menos bueno, ni menos provechoso, oír la voz de Dios; nada de cuanto nosotros le podamos decir a Dios lo ignora Él; en cambio, Él puede decirnos muchas cosas ignoradas u olvidadas por nosotros.