martes, 18 de octubre de 2016

A Veces Maestro …A Veces Alumno

El primer grado nos prepara para el segundo y así en adelante.  La vida siempre nos está preparando para el siguiente nivel.  Cada experiencia que tenemos en la vida nos prepara para la siguiente; el estar preparado lo es todo.
Para aquello para lo que nos estemos preparando, la vida nos dará la oportunidad de ganarlo; necesita ser ganado para poder ser valorado.
Si un robot nos reemplaza, querríamos volver a la escuela para aprender cómo hacer robots.  La vida susurra al oído de la oruga: “¡Ahora eres una mariposa!”
Todos necesitan ser transformados ó disolverse; es asunto de nuestra decisión.
Siempre sepamos que estamos siendo entrenados en este planeta.  En cada etapa, estamos siendo capacitados para el siguiente nivel: en algún lugar allá fuera, debajo de la pálida luz de la luna, alguien está pensando de nosotros con amor.  En algún lugar allá fuera, hay alguien haciendo una oración por ti, que logres pasar el adiestramiento.
Intentemos dormir un poco porque mañana comienza el adiestramiento.
He estado casado por cuarenta y cinco años y todavía estoy en adiestramiento.
Recordemos que cada experiencia que tenemos es solo adiestramiento.  No nos tomemos a nosotros mismos demasiado en serio en el adiestramiento.  Tomemos lo que hacemos en el adiestramiento con seriedad porque estamos siendo observados para ver si estamos listos par el siguiente nivel de capacitación.
Siempre con las mejores intenciones para mantenerlos en el piso de baile mientras les adiestran…
El pensamiento de hoy realmente me fascinó ya que nos invita a poner nuestras experiencias en la vida en una perspectiva correcta: ellas no son tan solo sucesos pasados, son la preparación que Dios nos permite para poseer efectivamente nuestros mañanas.
Muchos son los que parecieran simplemente atesorar las experiencias del pasado, archivándolas—si bien con cariño y algo de nostalgia—como si aquello es todo lo que la vida nos deparó.
La verdad es, como bien nos lo plantea el autor de la reflexión, que todo aquello es mero adiestramiento para el futuro.
Atrevámonos a sacarle el máximo provecho a nuestras experiencias—sean estas positivas ó negativas—con una mirada a nuestro futuro… y sí, ¡siempre tendremos uno!
Que Dios les continúe bendiciendo.

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