jueves, 29 de agosto de 2013

El misterio de Nazaret

  
Hoy somos invitados a contemplar el misterio de Nazaret a partir del texto de Lc. 2, 39-52.
Según el Evangelio, Nazaret es una aldea insignificante, de la que dice San Juan: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn. 1, 46). Una vez más, los caminos de Dios no coinciden con los de los hombres. Por lo que es en Nazaret, el pueblo de José y de María, donde Jesús vivió durante treinta años, creciendo y fortaleciéndose, lleno de sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres (Lc. 2, 40 y 2, 52). Es en este pueblo donde Carlos de Foucauld comprendió el anonadamiento de Jesús y descubrirá su propia vocación, marcando así un nuevo estilo en la Iglesia-
Hablar de la vida del Señor en Nazaret es hablar de vida escondida, de aquí que la espiritualidad de los siglos pasados cargara el acento sobre la humildad, el silencio, la obediencia, apartamiento del mundo... Pero Nazaret es algo más: hay un aspecto humano y otro divino que conviene destacar:
• La vida de Jesús de Nazaret es una vida normal de trabajo, encarnada, sencilla. Que significa aceptación del ambiente humano de su pueblo y adaptación completa a él.
• Una vida de familia, comunitaria. Una vida de amor junto a sus padres y también con los demás. Una comunidad de amor.
• Vida de oración, como era normal entre los habitantes de aquella pequeña aldea. Pero hay algo más, porque la oración de aquella familia está cargada de secretos: secreto de Dios, secreto de María y de José, secreto de Jesús. Cada uno respetando el misterio del otro.
Este aspecto humano divino, podríamos decir que encierra el misterio de Nazaret. Un misterio que nosotros debemos descubrir en nuestra vida y en la Iglesia en el momento actual y que ha de llevarnos a vivirlo en la misma dimensión que Jesús lo vivió: vida normal y comunitaria, vida de oración, o mejor, contemplativos en medio de la vida, y todo con una dimensión redentora.
Este descubrimiento fue el que llevó a Carlos de Foucauld a imitar a Jesucristo y a amarlo como se ama a un amigo. Buscando la abnegación en su vida personal. Humildad, sencillez, pobreza y fe en la presencia eucarística, le llevarán a las Clarisas de Nazaret. Pero este primer paso queda corto para sus aspiraciones. Su vida en Nazaret le empuja a compartir la amistad con los hombres del pueblo, viviendo entre ellos, como uno de ellos, al igual que Cristo, "su bien amado Jesús". Así, poco a poco, en su fidelidad a Jesús, va descubriendo a los hombres. Su devoción eucarística no se queda sólo en la presencia real, sino que se extiende al silencio del asekrem, de la naturaleza y de la vida de los hombres; ve al Señor en los otros, adora al Señor en los otros.
Carlos de Foucauld abre un camino nuevo en la Iglesia: Nazaret es una vida encarnada en los hombres, es una vida escondida al servicio de los demás, aunque los hombres no lo comprendan. Tampoco comprendían el misterio de Cristo los paisanos de Jesús. Una realidad que con frecuencia olvidamos los hombres actuales en  nuestro afán o celo malentendido, de querer hacer más viva la presencia del Evangelio entre los hombres. Nazaret no es un esconderse físico, sino un hecho de vida de fe, que se desarrolla entre los hombres que no comprenden el misterio de Cristo.
En el mundo moderno no se comprende el misterio de Cristo y muchos no creen en Él. Tampoco se comprende el misterio de Dios. Algo muy normal es un mundo secularizado en el que Dios apenas cuenta. Por ello, Nazaret es un nuevo modo de ser y de estar entre los hombres.
 
a) Nazaret, un reto para la Iglesia y para los cristianos Nazaret sigue siendo un reto para la Iglesia, para los cristianos. Precisamente ahora que ciertas formas de apostolado están en crisis-
Nazaret es como la acción del Señor en medio de los hombres y los que eligen este camino viven como los otros, sin hacer nada especial exteriormente, viviendo con los otros y dándoles sólo su amistad. He aquí un camino nuevo en la Iglesia. Un camino hacia una nueva manera de hacer apostolado, de estar entre los hombres: sin hacer grandes obras ni grandes cosas, sino lo que hacen todas las personas, pero con un testimonio de vida encarnada, de presencia del Señor, en el que el misterio de Nazaret vivido interrogará a los hombres.
El testimonio del Hno. Carlos ha sido clave en el camino de unión entre la vida y la espiritualidad. No hay separación entre fe y vida. La vida total está unida. El misterio de Cristo es uno. Es ser, sobre todo, más que hacer.
De todo esto se deducen algunas pistas:
• Vivir el misterio de Nazaret como un camino de profundización en la fe, en la vida cristiana,
 • Un camino comunitario, encarnado, viviendo con los hombres y como ellos, no como casta aparte.
 • En esta dimensión de amor y de aceptación de la misión redentora del Señor es una vida escondida. Pero no escondida en el sentido de separada, sino porque los otros no aceptan a Cristo.
Esta espiritualidad ofrece una nueva forma de estar entre los hombres:
• Vida normal, sencilla, encarnada con los otros, trabajando en el mismo compromiso de los demás hombres.
 • Vida en comunidad con otros hombres o vida comunitaria.
 • Vida que conoce la presencia del misterio, sabe de la presencia del Señor, de la oración, de la mirada contemplativa.
Para nosotros, hombres y mujeres, que vivimos este tiempo de transición y de cambios, en el que participamos de los gozos y las sombras de lo que nace y de lo que muere...
- Nazaret significa la caridad que traspasa todas las reglas y nos hace disponibles para todos los hombres. Es el modo de salvar el mundo con Jesús, siendo hermanos de los hombres.
 - Nazaret es aceptar ser hombres con una historia, una cultura, una familia, unas relaciones. Es ser compañero, amigo, hermano, que camina con los demás, que escucha y que respeta al otro, dando, recibiendo, buscando y aprendiendo.
 - Nazaret es la gracia de entender que la vida cotidiana, la nuestra y la de los demás, no es común. Es descubrir que la fidelidad a lo cotidiano es la fidelidad a Dios, que quiere que seamos antes que hacer. Nazaret nos enseña a leer los signos del Reino en el mundo.
 - Nazaret es el tiempo de la paciencia. Saber que Dios trabaja siempre. Querer trabajar con Él, buscar lo que Dios quiere, hacer proyectos y renunciar a ellos buscando siempre el proyecto de Dios.
 - Nazaret es la oportunidad de ir hacia los menos amados, los más pequeños, los que siempre estorban. Sin eso, ¿cómo podrían recibir la Buena Noticia?
 - Es también el tiempo de la soledad, en el cual podemos descubrir que Dios nos quiere solitarios para hacernos solidarios.
 - Nazaret es el tiempo de la oración, de la contemplación y del silencio, en el que descubrimos que Dios ama el mundo y trabaja en él. Es el lugar donde aprendemos a ser hijos para ser hermanos.
Así, e! camino del misterio de Nazaret, descubierto por el Hno. Carlos, es un camino nuevo en la presencia de la Iglesia entre los pobres y que después del Concilio se generalizó en múltiples experiencias, que como un fermento están naciendo en el mundo, pero que como todo lo nuevo no está exento de sufrimientos. Pues si nunca fue fácil La vida de un consagrado, de un cristiano, hoy menos que nunca. Con todo, teniendo en cuenta todo lo anterior es bueno subrayar algunas actitudes que antes apuntábamos y ahora concretamos un poco más:
 
b) Actitudes:
1) Vida sencilla
En las sociedades modernas vamos a una situación de perder los privilegios como curas y como Iglesia. Vida pobre y poco reconocida. Bien por propia elección o porque
nos empujan los acontecimientos. El mundo de hoy nos lleva a la sencillez como reacción ante una sociedad consumista y derrochona. El Señor nos llama a una vida muy sencilla, a una participación activa en la transformación de esta sociedad, a una conversión profunda a través de la meditación de su misterio de Nazaret.
Esto no será posible sin aceptar la realidad. Aceptar la realidad es un aspecto de la vida sencilla. Aceptar la situación en que vivo. Sin soñar cosas grandes, porque en la realidad en que nos movemos hay valores que no percibimos por nuestra falta de sencillez. Ver el valor de las cosas pequeñas de cada día, de lo ordinario, de las personas con quienes convivo.
Aceptar nuestros propios límites, nuestra pobreza y nuestra falta de amor puede ayudar a la gente a descubrir los valores de la realidad de cada día. Algo muy importante en este momento de cambio que todos vivimos, en el que tanto se valora lo exterior como lo más importante.
Aceptar la realidad es la humilde aceptación del propio destino personal desde el lugar en que Dios me ha puesto.
 
2) Vida de amistad
Dice R. Voillaume que cada día el apostolado será más amistad que obras. Amistad es querer lo que los otros quieren. Por lo que la amistad es ayudar a los otros a desarrollar en su vida los valores que tienen, pero antes tenemos que creer que tienen valores.
Todos debemos tomar iniciativas de amistad, pues hay mucha gente que vive aislada. No basta con estar disponibles, sino que hay que tomar iniciativas. A veces tendremos que renunciar a nuestras ideas, pues no hemos de olvidar que el amor exige ir más allá de las ideas, lo cual no es fácil.
La verdadera amistad exige una mirada a nosotros mismos. Voillaume dice que "la castidad es llegar a una libertad del corazón que permite no tratar a ninguna persona para servicio nuestro". Por lo que, al igual que Jesús, hemos de ir hacia las personas con una pureza absoluta, porque Él es el don de s¡ mismo hacia los demás. "No hay mayor amor que dar la vida por los amigos." Este fue el descubrimiento de Carlos de Foucauld en su trato con los habitantes del desierto sahariano.
 
3) Vida de presencia
Los dos puntos anteriores son cosas que todos los hombres tienen que desarrollar, pero es necesario vivirlos como el Señor está presente en la vida de María y de José. Porque entonces todos los aspectos de búsqueda, de vida sencilla, de amistad y de encuentro con los otros tienen una dimensión sagrada, porque nosotros, como cristianos, debemos vivir atentos a una presencia de Dios en el mundo, en la vida, en los hombres. Pues, en definitiva, en todos los aspectos se da esta presencia.
María puede ayudarnos a vivir esta presencia, porque con su silencio, con su actitud de abandono a la voluntad de Dios, vivió en Nazaret esta presencia. No fue una presencia estática, sino dinámica, abierta a los acontecimientos: "María guardaba estas cosas en su corazón".
Es una dimensión de fe en la presencia del Hijo de Dios en nuestros caminos, es amor hacia el Padre, es esperanza de que en esta forma de vida hay un aspecto salvador. María vivía como los otros, pero vivía esta dimensión de fe, esperanza y amor de tal manera, que su vida tenía un valor redentor.
Todo esto hemos de vivirlo con una secreta alegría y con mucha esperanza, igual que María y Jesús de Nazaret, a quien sus vecinos no aceptaron. Como lo vivió el Hno. Carlos, a veces sin frutos aparentes. ...Y lo vivimos porque estamos convencidos de que en esta vida hay un misterio de Nazaret que se esconde. Vivimos esta vida con María sabiendo que hay un misterio de Jesús que redime y que salva.
Así, nuestra vida de sencillez y de amistad, si tiene esta presencia, es una vida de esperanza redentora.

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