Sábado Santo. VIGILIA PASCUAL
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CRISTO HA RESUCITADO
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Los primeros cristianos fueron los que experimentaron el poder de la presencia de Jesús entre ellos incluso después de su muerte. Cuando todo parecía perdido, cuando el anuncio de la Buena Noticia corría el peligro de convertirse en una ilusión pasada, descubrieron que Jesús seguía guiándolos e inspirándolos, algunos de los que le habían visto y conocido lo vieron de nuevo vivo después de su muerte. Había resucitado.
La resurrección de Jesús produjo, y sigue produciendo, tal impacto en nosotros, sus seguidores, que nos resulta imposible creer que nadie pueda ser mayor que él. La resurrección no significa simplemente que Jesús volvió a la vida, sino que se ha mostrado como el único y definitivo criterio del bien y del mal, de la verdad y de la mentira, la única esperanza para el futuro, el único poder capaz de transformar el mundo.
Jesús resucitado está por encima de todo, su valor sobrepasa el de cualquier persona o acontecimiento anterior o posterior, ni siquiera la muerte es capaz de acabar con él, ni con su mensaje y su vida. Su palabra es la palabra de Dios, su Espíritu es el Espíritu de Dios, sus valores y actitudes son los valores y actitudes del mismo Dios. Creer en Jesús hoy es compartir esta experiencia y esta convicción. Si ponemos a Jesús, su vida y su muerte en segundo lugar frente a cualquier otra cosa negamos su resurrección y con ella su divinidad. Jesús no es un asunto de vida o muerte, sino algo más importante todavía, porque él vale más que la vida y que la muerte. Creer que Jesús ha resucitado, que es Dios, significa reconocer la divinidad, la prioridad absoluta, de todo aquello por lo que él vivió y murió.
Aceptar a Jesús resucitado como nuestro Dios es aceptar cómo Dios nuestro aquél a quien Jesús llamó Padre. Este poder supremo del bien, la verdad y el amor, más fuerte que cualquier otro poder, podemos ahora verlo y reconocerlo en Jesús, tanto en lo que él dijo sobre el Padre como en lo que el mismo fue. Creer en Jesús es saber que el bien puede y tiene que triunfar sobre el mal, lo mismo que Jesús ha triunfado y triunfa sobre la muerte. A pesar del mal del mundo, a pesar de las dificultades que se interponen en nuestra vida, el hombre puede ser y acabará siendo libre como Jesús lo es aún a pesar de la muerte.
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NOSOTROS RESUCITAMOS CON JESÚS
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En la Vigilia Pascual celebramos dos cosas fundamentales: Que Jesús vive y que nosotros vivimos su vida.
La misma celebración es una realidad sagrada, un acontecimiento con fuerza salvadora. Escuchamos la proclamación en las lecturas de las maravillas que Dios ha ido haciendo a lo largo de la historia (Creación, paso del mar Rojo etc.) que culminan en la resurrección de Jesús. Y estos acontecimientos proclamados por la Palabra se cumplen en la asamblea reunida en el nombre del Señor. La Palabra y los símbolos hacen presente y viva la salvación en la Iglesia.
La celebración es el cumplimiento de la salvación. La celebración de la Vigilia Pascual constituye un nacimiento de la nueva vida en la Iglesia. Es hoy, al celebrar el acontecimiento fundamental de la historia, cuando el cristiano recibe personalmente la salvación ganada "de una vez por todas" por la Resurrección del Señor. El tema fundamental, pues, de la Vigilia Pascual, es la novedad de vida que manifiestan las lecturas que nos hablan de las acciones de Dios en el mundo y que se realiza por la renovación del Bautismo y la participación en la Eucaristía.
En nuestra fiesta acogemos a Cristo como luz del mundo representado en el cirio pascual del que encendemos nuestras velas. Cristo, la luz definitiva, es también nuestra luz. Por el Bautismo, que renovamos en nuestra celebración, hemos pasado a formar parte de su Cuerpo, la Iglesia, hemos muerto y resucitado con él. Por la Eucaristía seguimos participando siempre de la presencia de su vida entre nosotros. La Vigilia Pascual, en su celebración, es para el creyente la ocasión sagrada de renovar sacramentalmente su configuración con Cristo.
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ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN
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PARA LA REFLEXIÓN Y PUESTA EN COMÚN
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*"Deja el amor del mundo y sus dulcedumbres, como sueños de los que uno despierta; arroja tus cuidados, abandona todo pensamiento vano, renuncia a tu cuerpo. Porque vivir de la oración no significa sino enajenarse del mundo visible e invisible. Nada. A no ser el unirme a Ti en la oración de recogimiento. Unos desean la gloria; otros las riquezas. Yo anhelo sólo a Dios y pongo en Ti solamente la esperanza de mi alma devastada por la pasión"
miércoles, 27 de marzo de 2013
Sábado Santo. VIGILIA PASCUAL
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