martes, 4 de junio de 2013

Beato Juan XXIII, papa

 
fecha: 3 de junio
n.: 1881 - †: 1963 - país: Italia
otras formas del nombre: Angelo Giuseppe Roncalli
canonización: B: Juan Pablo II 3 sep 2000
hagiografía: Vaticano
En Roma, beato Juan XXIII, papa, cuya vida y actividad estuvieron llenas de una singular humanidad. Se esforzó en manifestar la caridad cristiana hacia todos y trabajó por la unión fraterna de los pueblos. Solícito por la eficacia pastoral de la Iglesia de Cristo en toda la tierra, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II.
Fragmento dedicado a Juan XXIII en la homilía de la ceremonia de batificación por SS Juan Pablo II, el 3 de septiembre del 2000:


«Tú eres bueno y dispuesto al perdón» (Antífona de entrada). Contemplamos hoy en la gloria del Señor a otro Pontífice, Juan XXIII, el Papa que conmovió al mundo por la afabilidad de su trato, que reflejaba la singular bondad de su corazón. Los designios divinos han querido que esta beatificación uniera a dos Papas [SS Pío IX fue beatificado en la misma ceremonia] que vivieron en épocas históricas muy diferentes, pero que están unidos, más allá de las apariencias, por muchas semejanzas en el plano humano y espiritual. Es muy conocida la profunda veneración que el Papa Juan XXIII sentía por Pío IX, cuya beatificación deseaba. Durante un retiro espiritual, en 1959, escribió en su Diario: «Pienso siempre en Pío IX, de santa y gloriosa memoria, e, imitándolo en sus sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonización» (Diario del alma, p. 560).

Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. ¡Cuántas personas han sido conquistadas por la sencillez de su corazón, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas! Ciertamente la ráfaga de novedad que aportó no se refería a la doctrina, sino más bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpatía con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra. Con ese espíritu convocó el concilio ecuménico Vaticano II, con el que inició una nueva página en la historia de la Iglesia: los cristianos se sintieron llamados a anunciar el Evangelio con renovada valentía y con mayor atención a los «signos» de los tiempos. Realmente, el Concilio fue una intuición profética de este anciano Pontífice, que inauguró, entre muchas dificultades, un tiempo de esperanza para los cristianos y para la humanidad.

En los últimos momentos de su existencia terrena, confió a la Iglesia su testamento: «Lo que más vale en la vida es Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio, la verdad y la bondad». También nosotros queremos recoger hoy este testamento, a la vez que damos gracias a Dios por habérnoslo dado como Pastor.

Ángelo Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, diócesis y provincia de Bérgamo (Italia). Ese mismo día fue bautizado, con el nombre de Ángelo Giuseppe. Fue el cuarto de trece hermanos. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Roma. En 1921 fue llamado a Roma por Benedicto XV como presidente para Italia del Consejo central de las Obras pontificias para la Propagación de la fe, recorrió muchas diócesis de Italia organizando círculos de misiones. En 1925 Pío XI lo nombró visitador apostólico para Bulgaria y lo elevó al episcopado. Su lema episcopal, programa que lo acompañó durante toda la vida, era: «Obediencia y paz».

En 1953 fue creado cardenal y enviado a Venecia como patriarca. Fue un pastor sabio y resuelto, a ejemplo de los santos a quienes siempre había venerado, como san Lorenzo Giustiniani, primer patriarca de Venecia. Tras la muerte de Pío XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, y tomó el nombre de Juan XXIII. Su breve pontificado, de apenas cinco años, marcó sin embargo una profunda huella en la Iglesia al ser quien convocó el Concilio Vaticano II. Puede leerse aquí el discurso del Papa en al inauguración del Concilio, el 11 de octubre de 1962.

La homilía está reproducida en español en el sitio del Vaticano, donde puede leerse completa; lamentablemente, la biografía del Papa en el site no está traducida al español, pero en cambio se podrá hallar allí mismo algo del material de su pontificado (discursos, encíclicas, etc). Los breves dato biográficos los hemos tomado de L'Osservatore Romano de la época de la beatificación. Los artículos completos con la biografía pueden leerse en Mercabá.


Juan XXIII

 
Beato Juan XXIII
Papa de la Iglesia católica
28 de octubre de 1958 - 3 de junio, 1963
Pope John XXIII.jpg
Ordenación10 de agosto de 1904
por Giuseppe Ceppetelli
Consagración episcopal19 de marzo de 1925
por Giovanni Tacci Porcelli
Proclamación cardenalicia12 de enero de 1953
por Pío XII
SecretarioLoris Francesco Capovilla
PredecesorPío XII
SucesorPablo VI
Cardenales creadosVéase categoría
Información personal
Nombre secularAngelo Giuseppe Roncalli
NacimientoFlag of Italy.svg Italia Sotto il Monte, Lombardía, Italia
25 de noviembre, 1881
FallecimientoFlag of the Vatican City.svg Ciudad del Vaticano Vaticano
3 de junio de 1963 (81 años)
Santidad
Beatificación3 de septiembre de 2000
por Juan Pablo II
Festividad11 de octubre
John 23 coa.svg
Obœdientia et Pax
Ficha en catholic-hierarchy.org
Beato Juan XXIII (latín: Ioannes PP. XXIII), de nombre secular Angelo Giuseppe Roncalli (Sotto il Monte, Bérgamo, Lombardía, Italia, 25 de noviembre de 1881 - Ciudad del Vaticano, 3 de junio de 1963), fue el papa número 261 de la Iglesia católica entre 1958 y 1963.
En su dilatada labor apostólica, ocupó numerosos cargos críticos. Como obispo titular de Areopoli y, más tarde, de Mesembria, desempeñó el cargo de visitador apostólico en Bulgaria desde 1925, luego como delegado apostólico en la misma Bulgaria desde 1931. Fue designado delegado apostólico en Turquía y Grecia desde 1935, cargo que desempeñó durante la mayor parte de la segunda guerra mundial. A fines de 1944 fue designado nuncio apostólico en Francia, donde permaneció hasta 1953. Elegido cardenal en ese año, fue patriarca de Venecia hasta el cónclave de octubre de 1958. Como pontífice romano, tuvo un pontificado relativamente breve pero sumamente intenso.
Sus encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963), ésta última escrita en plena guerra fría luego de la llamada «crisis de los misiles» de octubre de 1962, se convirtieron en documentos señeros que marcaron el papel de la Iglesia católica en el mundo actual. Pero el punto culminante de su trabajo apostólico fue, sin dudas, su iniciativa personal, apenas tres meses después de su elección como pontífice, de convocar el Concilio Vaticano II, imprimiendo así su carisma a la Iglesia católica del siglo XX.
Fue beatificado en el año 2000, por el papa Juan Pablo II, durante el Jubileo de dicho año.
En Italia es recordado con el cariñoso apelativo de "Il Papa Buono" ('El Papa Bueno').

Sacerdocio y labor apostólica

 
A la izquierda del obispo Radini Tedeschi (tercero en la segunda fila) se encuentra Angelo Giuseppe Roncalli, que más tarde sería el papa Juan XXIII. La imagen proviene del libro de Mario Benigni y Goffredo Zanchi (2000), Giovanni XXIII. Biografia ufficiale a cura della diocesi di Bergamo, edizioni San Paolo.
Angelo Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, en Lombardía, Italia. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904 en Bérgamo. En 1905 fue nombrado secretario del obispo de Bérgamo, Giacomo Radini Tedeschi, y en el año siguiente fue el encargado de la enseñanza de Historia y Patrología en el seminario de Bérgamo. Ocupó estos puestos hasta la muerte de "su" obispo, como siempre recordaría a Radini Tedeschi, acaecida en 1914.
Durante la Primera Guerra Mundial, ejerció primero como sargento médico y más tarde como capellán militar. En 1921, fue llamado desde Roma por el papa Benedicto XV para ocupar el cargo de presidente para Italia del Consejo Central de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.
El papa Pío XI lo designó simultáneamente arzobispo de Areópolis y enviado oficial para Bulgaria el 3 de marzo de 1925. El 19 de marzo de 1925 Angelo Giuseppe Roncalli fue consagrado arzobispo titular de Areopoli;[1] eligió como su lema episcopal "Obedientia et Pax". En Bulgaria, realizó su labor apostólica visitando las comunidades católicas y estableciendo relaciones de respeto y estima con otras comunidades cristianas, en especial de la Iglesia Ortodoxa. En una ocasión en Bulgaria fue a visitar a unos heridos internados en un hospital católico que trataba gratuitamente a todas las personas, independientemente de su religión. Estos heridos fueron víctimas de un atentado contra el rey Boris III en una catedral ortodoxa de Sofía, siendo ortodoxos que frecuentaban su lugar de culto. El rey búlgaro quedó tan impresionado que lo recibió en audiencia privada, siendo un acto inédito porque los visitadores apostólicos no gozaban de ningún estatuto diplomático y las relaciones entre la minoría católica y la mayoría ortodoxa eran muy tensas. Hechos como este constituyeron las bases de la futura delegación apostólica. En efecto, su labor fue tan fructífera que se lo designó delegado apostólico para Bulgaria el 16 de octubre de 1931.[1]
El 30 de noviembre de 1934 fue designado Arzobispo títular de Mesembria,[1] y el 12 de enero de 1935 fue nombrado delegado apostólico para Turquía[1] (vicario apostólico de Estambul, antigua Vicaría Apostólica de Constantinopla). El mismo día se lo designó Delegado Apostólico para Grecia,[1] atendiendo desde Estambul los asuntos relativos a ambos países.
Su intervención para socorrer a miles de judíos de la persecución nazi mientras servía como Delegado Apostólico del Vaticano en Turquía durante la Segunda Guerra Mundial fue proverbial.[2]
El 23 de diciembre de 1944, el papa Pío XII lo nombró nuncio apostólico de Francia.[1] Contribuyó a normalizar la organización eclesiástica en Francia, desestabilizada por los numerosos obispos que habían colaborado con los alemanes. Gracias a su cortesía, su sencillez, su buen humor y su amabilidad pudo resolver los problemas y conquistar el corazón de los franceses y de todo el Cuerpo Diplomático.
El 12 de enero de 1953 el papa Pío XII lo crea Cardenal presbítero con el título de Santa Prisca, siendo designado tres días después como Patriarca de Venecia.[1]

Pontificado

Elección

El 28 de octubre de 1958, contando con casi 77 años, Roncalli fue elegido papa ante la sorpresa de todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre por el evangelista de nombre Juan). Fue entronizado el 4 de noviembre (21 días antes de su cumpleaños 77) por el cardenal Nicola Canali, protodiácono de San Nicola in Carcere Tulliano.
Después del largo pontificado de su predecesor, los cardenales parecieron escoger un papa de transición a causa de su avanzada edad y de su modestia personal. En referencia a la expresión «papa de transición», su secretario personal comentó:
 
Monumento al papa Juan XXIII en Porto Viro (Rovigo, Italia)
Ni siquiera debe leerse en sentido negativo esta calificación, porque ahí estaban sus 77 años, y él mismo afirmó: «No puedo mirar demasiado lejos en el tiempo». Sabía que era ya un anciano, no se preocupaba de lo que podría hacer. Habituado a vivir comunitariamente y a no considerar los problemas desde el punto de vista personal, citando a Tibulo, decía Est nobis voluisse satis, para el honor de un hombre es ya mucho haber concebido una empresa, haber pensado, ideado, iniciado algo. Recuerdo su comentario a mi perplejidad y a mi falta de entusiasmo cuando me comunicó la idea del Concilio. Me dijo: «No hay que preocuparse de sí mismo y de quedar bien. En la concepción de las grandes empresas basta con el honor de haber sido providencialmente invitados. Hemos sido llamados a poner en marcha, no a concluir[3]
Loris Francesco Capovilla
Ni los cardenales ni el resto de la Iglesia esperaban que el temperamento alegre, la calidez y la generosidad del papa Juan XXIII cautivaran los afectos del mundo de una forma en que su predecesor no pudo. Al igual que Pío XI pensaba que el diálogo era la mejor forma para dar solución a un conflicto.
Enseguida empezó una nueva forma de ejercer el papado. Fue el primero desde 1870 que ejerció su ministerio de obispo de Roma visitando personalmente las parroquias de su diócesis. Al cabo de dos meses de haber sido elegido, dio ejemplo de obras de misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los hospitales Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los prisioneros de la cárcel Regina Coeli.

Gobierno papal

En su primera medida de gobierno vaticano, que le enfrentó con el resto de la curia, redujo los altos estipendios (y la vida de lujo que, en ocasiones, llevaban los obispos y cardenales). Asimismo, dignificó las condiciones laborales de los trabajadores del Vaticano, que hasta ese momento carecían de muchos de los derechos de los trabajadores de Europa, y además retribuidos con bajos salarios. Por primera vez en la historia nombra cardenales indios y africanos.
 
En una visita a Europa, el presidente de Argentina, Arturo Frondizi visitó El Vaticano y conoció al papa, quien le dio el apodo de "el estadista de América", también le dijo que en Italia hacían falta políticos como él.[4]
Tres meses después de su elección, el 25 de enero de 1959, en la Basílica de San Pablo Extramuros y ante la sorpresa de todo el mundo anunció el XXI Concilio Ecuménico -que posteriormente fue llamado Concilio Vaticano II-, el I Sínodo de la Diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. Este Concilio fue inspirado en la figura del papa Pío IX precursor del Concilio Vaticano I y quien, según el papa Juan XXIII, nadie en la historia de la Iglesia había sido tan amado y tan odiado a la vez.
El 2 de diciembre de 1960 se reunió en el Vaticano durante una hora con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey Francis Fisher. Era la primera vez en más de 400 años, desde la excomunión de Isabel I, que la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra se reunía con el papa. Durante su Pontificado nombró 37 nuevos cardenales, entre los cuales por primera vez un tanzano, un japonés, un filipino, un venezolano, un uruguayo y un mexicano.
El papa Juan XXIII escribió ocho encíclicas en total. Su magisterio social en las encíclicas "Pacem in terris" y "Mater et Magistra" fue profundamente apreciada. En ambas pastorales se insiste sobre los derechos y deberes derivados de la dignidad del hombre como criatura de Dios.
El 3 de enero de 1962 excomulgó a Fidel Castro, iniciativa amparada en condenas expresadas por el papa Pío XII en 1949. El día 6 de mayo del mismo año canonizó al primer santo negro de América, San Martín de Porres.

Concilio Vaticano II

El 11 de octubre de 1962 el papa Roncalli abrió el Concilio Vaticano II en San Pedro. Este Concilio cambiaría el rostro del catolicismo: una nueva forma de celebrar la liturgia (más cercana a los fieles), un nuevo acercamiento al mundo y un nuevo ecumenismo. Respecto de esto último, Juan XXIII había creado en 1960 el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos,[5] una comisión preparatoria al Concilio que más tarde permanecería bajo el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Era la primera vez que la Santa Sede creaba una estructura consagrada únicamente a temas ecuménicos. Para la presidencia de ese organismo el papa designó al cardenal Augustin Bea, quien luego se convertiría en una de las figuras determinantes del Concilio Vaticano II.
Desde la apertura del Concilio, el papa Juan XXIII enfatizó la naturaleza pastoral de sus objetivos: no se trataba de definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en los nuevos tiempos (un "aggiornamento"), buscar los caminos de unidad de las Iglesias cristianas, buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer diálogo con el mundo moderno centrándose primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa".
Al Concilio fueron invitados como observadores miembros de diversos credos, desde creyentes islámicos hasta indios americanos, al igual que miembros de todas las Iglesias cristianas: ortodoxos, anglicanos, cuáqueros, y protestantes en general, incluyendo, evangélicos, metodistas y calvinistas no presentes en Roma desde el tiempo de los cismas.

Su muerte y beatificación

 
El beato Juan XXIII, en su sarcófago en la Basílica de San Pedro.
El 23 de mayo de 1963 se anunció públicamente la enfermedad del papa: cáncer de estómago que, según su secretario Loris F. Capovilla, le fue diagnosticado en septiembre de 1962. El papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado. Así, el mismo papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin, después de sufrir esa grave enfermedad, el papa Juan XXIII murió en Roma el 3 de junio de 1963, hacia las dos y cincuenta. Finalizó sus días sin ver concluida su obra mayor, a la que él mismo consideró "la puesta al día de la Iglesia". En la memoria de muchos, el papa Juan XXIII ha quedado como "el papa bueno" o como "el papa más amado de la historia".
Fue sucedido por Pablo VI, quien en 1965 iniciaría el proceso de beatificación del propio Juan XXIII después de la clausura del Concilio Vaticano II. Juan XXIII fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000, junto con el papa Pío IX a quien él tanto deseó canonizar. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II.
Cuando su cuerpo fue exhumado en el año 2000, corrió el rumor de que se hallaba incorrupto. En seguida, fuentes del Vaticano se apresuraron a negarlo, recordando que había sido embalsamado. Sus restos actualmente descansan en la Basílica de San Pedro, en Roma.
Juan XXIII también es honrado por muchas organizaciones protestantes como un reformador cristiano. La Iglesia de Inglaterra lo considera santo y tanto los anglicanos como los protestantes conmemoran a Juan XXIII como "renovador de la iglesia".
Pier Paolo Pasolini le dedicó una de sus grandes películas, "El Evangelio según San Mateo".
La tumba que ocupaba el papa Juan XXIII, ha sido ocupada por el papa Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril de 2005 hasta el 29 de abril de 2011 cuando fue exhumado para su beatificación.

Encíclicas

Canonizaciones

Juan XXIII canonizó a :

Películas acerca de su vida

Referencias

  1. a b c d e f g David M. Cheney (6 de abril de 2011). «Pope John XXIII - Bl. Angelo Giuseppe Roncalli †» (en inglés). Catholic Hierarchy. Consultado el 3 de julio de 2011.
  2. La Fundación Internacional Raoul Wallenberg solicitó al Museo del Holocausto en Israel la designación de Angelo Roncalli como "Justo entre las Naciones", honor reservado a los no judíos que ayudaron de forma significativa a judíos durante el Holocausto.
  3. Roncalli, Marco (2006). Juan XXIII, en el recuerdo de su secretario Loris F. Capovilla (2ª. edición). Madrid (España): Palabra. p. 53. ISBN 978-84-9840-054-0. 
  4. Altamirano, Carlos (1998). Los nombres del poder: Arturo Frondizi. ISBN 950-557-248-4.
  5. Stransky, Thomas (1986). «The foundation of the SPCV». En Stacpoole, Alberic (en inglés). Vatican II by those who were there. London: G. Chapman. 

Bibliografía adicional

  • Roncalli, Marco; Capovilla, Loris F. (2006). Juan XXIII: en el recuerdo de su secretario Loris F. Capovilla: entrevista de Marco Roncalli. Ediciones Palabra. ISBN 978-84-9840-054-0. 
  • "Así era Juan XXIII", Benedicto Tapia de Renedo, Compañía Bibliográfica Española, 1964
  • "Las profecías del Papa Juan XXIII", Carpi, Pier, Ediciones Nacionales Círculo de Lectores, Calle 57 6-35, Bogotá, 1977

Enlaces externos



Predecesor:
Paolo Emilio Bergamaschi
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Obispo titular de Areopoli
1925-1934
Sucesor:
Michael Joseph Keyes
Predecesor:
Carlo Margotti
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Arzobispo titular de Mesembria
1934-1953
Sucesor:
Silvio Angelo Pio Oddi
Predecesor:
-
Flag of the Vatican City.svg
Delegado apostólico en Bulgaria
1931-1935
Sucesor:
Mario Rizzi
Predecesor:
Carlo Margotti
Flag of the Vatican City.svg
Delegado apostólico en Grecia
1935-1944
Sucesor:
Giovanni Mariani
Predecesor:
Angelo Rotta
Flag of the Vatican City.svg
Delegado apostólico en Turquía
1935-1944
Sucesor:
Andrea Cassulo
Predecesor:
Valerio Valeri
Flag of the Vatican City.svg
Nuncio apostólico en Francia
1944-1953
Sucesor:
Paolo Marella
Predecesor:
Carlo Agostini
PatriarchNonCardinal PioM.svg
Patriarca de Venecia
1953-1958
Sucesor:
Giovanni Urbani
Predecesor:
Adeodato Giovanni Piazza
CardinalCoA PioM.svg
Cardenal presbítero de S. Prisca
1953-1958
Sucesor:
Giovanni Urbani
Predecesor:
Eugenio Pacelli
Coat of arms of the Vatican City.svg
Prefecto de la Congregación Consistorial
1958-1963
Sucesor:
Giovanni Battista Montini
Predecesor:
Eugenio Pacelli
Coat of arms of the Vatican City.svg
Prefecto de la Congregación del Santo Oficio
1958-1963
Sucesor:
Giovanni Battista Montini
Predecesor:
Eugenio Pacelli
Coat of arms of the Vatican City.svg
Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales
1958-1963
Sucesor:
Giovanni Battista Montini
Predecesor:
Pío XII
Emblem of the Papacy SE.svg
Papa
1958-1963
Sucesor:
Pablo VI


Juan XXIII
(Sotto il Monte, 1881 - Roma, 1963) Pontífice romano, de nombre Angelo Giuseppe Roncalli. Era el tercer hijo de los once que tuvieron Giambattista Roncalli y Mariana Mazzola, campesinos de antiguas raíces católicas, y su infancia transcurrió en una austera y honorable pobreza. Parece que fue un niño a la vez taciturno y alegre, dado a la soledad y a la lectura. Cuando reveló sus deseos de convertirse en sacerdote, su padre pensó muy atinadamente que primero debía estudiar latín con el viejo cura del vecino pueblo de Cervico, y allí lo envió.

Juan XXIII
Lo cierto es que, más tarde, el latín del papa Roncalli nunca fue muy bueno; se cuenta que, en una ocasión, mientras recomendaba el estudio del latín hablando en esa misma lengua, se detuvo de pronto y prosiguió su charla en italiano, con una sonrisa en los labios y aquella irónica candidez que le distinguía rebosando por sus ojos.
Por fin, a los once años ingresaba en el seminario de Bérgamo, famoso entonces por la piedad de los sacerdotes que formaba más que por su brillantez. En esa época comenzaría a escribir su Diario del alma, que continuó prácticamente sin interrupciones durante toda su vida y que hoy es un testimonio insustituible y fiel de sus desvelos, sus reflexiones y sus sentimientos.
En 1901, Roncalli pasó al seminario mayor de San Apollinaire reafirmado en su propósito de seguir la carrera eclesiástica. Sin embargo, ese mismo año hubo de abandonarlo todo para hacer el servicio militar; una experiencia que, a juzgar por sus escritos, no fue de su agrado, pero que le enseñó a convivir con hombres muy distintos de los que conocía y fue el punto de partida de algunos de sus pensamientos más profundos.
El futuro Juan XXIII celebró su primera misa en la basílica de San Pedro el 11 de agosto de 1904, al día siguiente de ser ordenado sacerdote. Un año después, tras graduarse como doctor en Teología, iba a conocer a alguien que dejaría en él una profunda huella: monseñor Radini Tedeschi. Este sacerdote era al parecer un prodigio de mesura y equilibrio, uno de esos hombres justos y ponderados capaces de deslumbrar con su juicio y su sabiduría a todo ser joven y sensible, y Roncalli era ambas cosas. Tedeschi también se sintió interesado por aquel presbítero entusiasta y no dudó en nombrarlo su secretario cuando fue designado obispo de Bérgamo por el papa Pío X. De esta forma, Roncalli obtenía su primer cargo importante.
Dio comienzo entonces un decenio de estrecha colaboración material y espiritual entre ambos, de máxima identificación y de total entrega en común. A lo largo de esos años, Roncalli enseñó historia de la Iglesia, dio clases de Apologética y Patrística, escribió varios opúsculos y viajó por diversos países europeos, además de despachar con diligencia los asuntos que competían a su secretaría. Todo ello bajo la inspiración y la sombra protectora de Tedeschi, a quien siempre consideró un verdadero padre espiritual.
En 1914, dos hechos desgraciados vinieron a turbar su felicidad. En primer lugar, la muerte repentina de monseñor Tedeschi, a quien Roncalli lloró sintiendo no sólo que él perdía un amigo y un guía, sino que a la vez el mundo perdía un hombre extraordinario y poco menos que insustituible. Además, el estallido de la Primera Guerra Mundial fue un golpe para sus ilusiones y retrasó todos sus proyectos y su formación, pues hubo de incorporarse a filas inmediatamente. A pesar de todo, Roncalli aceptó su destino con resignación y alegría, dispuesto a servir a la causa de la paz y de la Iglesia allí donde se encontrase. Fue sargento de sanidad y teniente capellán del hospital militar de Bérgamo, donde pudo contemplar con sus propios ojos el dolor y el sufrimiento que aquella guerra terrible causaba a hombres, mujeres y niños inocentes.
Concluida la contienda, fue elegido para presidir la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y pudo reanudar sus viajes y sus estudios. Más tarde, sus misiones como visitador apostólico en Bulgaria, Turquía y Grecia lo convirtieron en una especie de embajador del Evangelio en Oriente, permitiéndole entrar en contacto, ya como obispo, con el credo ortodoxo y con formas distintas de religiosidad que sin duda lo enriquecieron y le proporcionaron una amplitud de miras de la cual la Iglesia Católica no iba a tardar en beneficiarse.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Roncalli se mantuvo firme en su puesto de delegado apostólico, realizando innumerables viajes desde Atenas y Estambul, llevando palabras de consuelo a las víctimas de la contienda y procurando que los estragos producidos por ella fuesen mínimos. Pocos saben que si Atenas no fue bombardeada y todo su fabuloso legado artístico y cultural destruido, ello se debe a este en apariencia insignificante cura, amable y abierto, a quien no parecían interesar mayormente tales cosas.
Una vez finalizadas las hostilidades, fue nombrado nuncio en París por el papa Pío XII. Se trataba de una misión delicada, pues era preciso afrontar problemas tan espinosos como el derivado del colaboracionismo entre la jerarquía católica francesa y los regímenes pronazis durante la guerra. Empleando como armas un tacto admirable y una voluntad conciliadora a prueba de desaliento, Roncalli logró superar las dificultades y consolidar firmes lazos de amistad con una clase política recelosa y esquiva.
En 1952, Pío XII le nombró patriarca de Venecia. Al año siguiente, el presidente de la República Francesa, Vicent Auriol, le entregaba la birreta cardenalicia. Roncalli brillaba ya con luz propia entre los grandes mandatarios de la Iglesia. Sin embargo, su elección como papa tras la muerte de Pío XII sorprendió a propios y extraños. No sólo eso: desde los primeros días de su pontificado, comenzó a comportarse como nadie esperaba, muy lejos del envaramiento y la solemne actitud que había caracterizado a sus predecesores.

Para empezar, adoptó el nombre de Juan XXIII, que además de parecer vulgar ante los León, Benedicto o Pío, era el de un famoso antipapa de triste memoria. Luego, abordó su tarea como si se tratase de un párroco de aldea, sin permitir que sus cualidades humanas quedasen enterradas bajo el rígido protocolo, del que muchos papas habían sido víctimas. Ni siquiera ocultó que era hombre que gozaba de la vida, amante de la buena mesa, de las charlas interminables, de la amistad y de las gentes del pueblo.
Como pontífice dio un nuevo planteamiento al ecumenismo católico con el Secretariado para la Unidad de los Cristianos y el acogimiento en Roma de los supremos jerarcas de cuatro Iglesias protestantes. Su pontificado abrió nuevas perspectivas a la vida de la Iglesia y, aunque no se dieron cambios radicales en la estructura eclesiástica, promovió una renovación profunda de las ideas y las actitudes.
Su propósito pronto fue claro para todos: poner al día la Iglesia, adecuar su mensaje a los tiempos modernos enmendando pasados yerros y afrontando los nuevos problemas humanos, económicos y sociales. Para conseguirlo, Juan XXIII dotó a la comunidad cristiana de dos herramientas extraordinarias: las encíclicas Mater et Magistra y Pacem in terris. En la primera explicitaba las bases de un orden económico centrado en los valores del hombre y en la atención de las necesidades, hablando claramente del concepto "socialización" y abriendo para los católicos las puertas de la intervención en unas estructuras socioeconómicas que debían ser cada vez más justas.
En la segunda se delineaba una visión de paz, libertad y convivencia ciudadana e internacional vinculándola al amor que Cristo manifestó por el género humano en la Última Cena. Ambas encíclicas suponían una revolución copernicana en la visión católica de los problemas temporales, pues aceptaban la herencia de la Revolución Francesa y de la democracia moderna, haciendo de la dignidad del hombre el centro de todo derecho, de toda política y de toda dinámica social o económica.
Poco antes de su muerte, acaecida el 3 de junio de 1963, Juan XXIII aún tuvo el coraje de convocar un nuevo concilio que recogiese y promoviese esta valerosa y necesaria puesta al día de la Iglesia: el Concilio Vaticano II. A través de él, el papa Roncalli se proponía, según sus propias palabras, "elaborar una nueva Teología de los misterios de Cristo. Del mundo físico. Del tiempo y las relaciones temporales. De la historia. Del pecado. Del hombre. Del nacimiento. De los alimentos y la bebida. Del trabajo. De la vista, del oído, del lenguaje, de las lágrimas y de la risa. De la música y de la danza. De la cultura. De la televisión. Del matrimonio y de la familia. De los grupos étnicos y del Estado. De la humanidad toda".
Se trataba de una tarea de titanes que sólo un hombre como Juan XXIII fue capaz de concebir e impulsar, y que sus herederos recibirían como un legado a la vez imprescindible y comprometedor. Pablo VI, su sucesor y amigo, declaró tras ser elegido nuevo pontífice que la herencia del papa Juan no podía quedar encerrada en su ataúd. Él se atrevió a cargarla sobre sus hombros y pudo comprobar que no era ligera

Papa Francisco reza ante el Beato Juan XXIII




Beato JUAN XXIII. Papa (1958-1963). (1881-1963).

Martirologio Romano: En Roma, beato Juan XXIII, papa, cuya vida y actividad estuvieron llenas de una singular humanidad y se esforzó en manifestar la caridad cristiana hacia todos, trabajando por la unión fraterna de los pueblos. Solícito por la eficacia pastoral de la Iglesia de Cristo en toda la tierra, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II.

Agnelo Giuseppe Roncalli, nació en Sotto il Monte, una pequeña localidad de Bérgamo en el seno de una familia campesina. Estudió en el seminario de Bérgamo, y después en el Seminario Romano; en 1902 interrumpió la carrera eclesiástica para hacer el servicio militar. Fue ordenado sacerdote en 1904, e Roma, ya doctorado en Teología. Fue secretario particular de monseñor Radini Tedeschi, obispo de Bérgamo, y en este tiempo se inscribió en la congregación diocesana del Sagrado Corazón y enseñó Historia eclesiástica en el seminario de Bérgamo. En el ejercicio de este ministerio fue injustamente denunciado por poseer una obra sospechosa de modernismo e incluída en el Índice. Muerto su obispo sirvió como capellán castrense, en los hospitales militares de Bérgamo, durante la I Guerra Mundial. Tras la guerra regresó a Bérgamo, donde fundó la Casa del Estudiante, para favorecer los estudios de los muchachos que venían del mundo rural. Fue nombrado canónigo de la catedral bergamasca. Benedicto XV confió después el cargo de presidente nacional de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe, con el título de prelado doméstico. 
En 1925 fue consagrado obispo en Roma, con el título de obispo de Aerópoli y fue nombrado Nuncio apostólico en Bulgaria, donde tuvo que dirimir asuntos bastante conflictivos. En 1934 fue trasladado a la delegación apostólica de Estambul con el encargo de Regente de la delegación apostólica de Grecia; en ambos cargos logró un mayor conocimiento del mundo musulmán y ortodoxo y consiguió que se mejoraran las relaciones con la Iglesia católica. Fue el primero en introducir la lectura del evangelio en turco. Durante la II Guerra Mundial, desde su puesto en Turquía, fue un nexo de unión entre el Vaticano y el rabino de Palestina y una ayuda permanente para la población griega ocupada, necesitada de medicinas y alimentos. En 1944, fue Nuncio apostólico en Francia, nombrado por Pío XII, donde se revelarían todas sus cualidades humanas y espirituales y logró que casi todos los obispos acusados de colaboracionismo con el gobierno de Vichy, permanecieran en sus sedes. En 1950 realizó su primera visita a España. Desde 1951 fue nombrado observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO. En 1954 fue nombrado Cardenal patriarca de Venecia, donde demostró sus altísimas cualidades como pastor; en 1954 realizó una segunda visita a España. Realizó muchos viajes a los centros de peregrinación de todo el mundo. A la muerte de Pío XII fue elegido Pontífice. Le llamaban el “papa bueno”. Fue un hombre sencillo y con un gran sentido del humor. Convocó el concilio Vaticano II en 1962, aunque no pudo verlo terminar. En 1963 fue premio Balzan de la Paz. 
Fue el hombre providencial que puso a la Iglesia en pie de renovación -de “aggiornamento” palabra acuñada por él- con su palabra, con sus gestos, con su ejemplo, en menos de cinco años de pontificado. Se conocen muchas anécdotas de su vida, como la subida del sueldo a los portantes de la silla gestatoria: “Porque yo peso el doble que Pío XII...”. En una de sus primeras noches como papa, no lograba dormirse ante varios graves problemas. Y, entonces, sentándose en la cama, se dijo a sí mismo: “Vamos a ver, Juan, ¿quién dirige la Iglesia, el Espíritu Santo, o tú? El Espíritu Santo, ¿no? Pues entonces ¡duerme, Juan!”. Nombró cardenales de Filipinas, Japón y Tanzania, abriendo así a la Iglesia a un sendero más universal. Como obispo de Roma, convocó un sínodo en su ciudad. Tuvo audiencias con los líderes religiosos de casi todas las Iglesias cristianas, como a los judíos: en 1959 suprimió en los oficios de Viernes Santo, el adjetivo “perfidis” atribuido a los judíos, dando un paso importantísimo hacia el ecumenismo. Contribuyó a la paz en los momentos difíciles de la guerra fría y su mediación entre Kennedy y Kruschev contribuyó a evitar la catástrofe de los misiles de Cuba en 1962.
Escribió grandes encíclicas: Mater et Magistra. Pacem in terris, y otras cuatro encíclicas menos conocidas. Fue amado por todo el mundo a causa de su inmensa bondad, murió en olor de santidad. 
 
 
 

Se cumplen 50 años del fallecimiento del Beato Juan XXIII

El 3 de junio de 1963 moría Angelo Giuseppe Roncalli, popularmente conocido como el Papa Bueno, tras cinco años de un pontificado que dejó huella con reformas históricas en la Iglesia. El que parecía un pontífice de transición, elegido tras tres días de cónclave, «supo rejuvenecer a la Iglesia y retomar el diálogo con el mundo moderno con una confianza afectuosa», según lo describió Juan Pablo II cuando en septiembre de 2000 lo declaró beato.
 
(VIS) Aunque Juan XXIII no pudo llegar a ver muchos de los frutos de los cambios propuestos por él, estos crearon una gran trasformación de época en la Iglesia católica. Fue un Papa que lucho por traer la paz al mundo como demostró en su encíclica «Pacem in Terris» (Paz en la Tierra) de 1963. Su decisión pastoral más destacada fue la convocatoria del Concilio Vaticano II.
El papa Francisco recibirá hoy, en la basílica de San Pedro, a dos mil peregrinos provenientes de Bérgamo, Italia, para recordar al Beato Juan XXIII que supo ganarse el aprecio y el cariño de los fieles gracias a su carácter bondadoso, cordial y sencillo.




"El Papa Bueno"
Ver también: Vaticano, Juan XXIII
Traslado de sus restos; homilía de Juan Pablo II






 
 
 
 
Papa #259 en la sucesión desde San Pedro.
Angelo Giuseppe Roncalli. Nació en Sotto il Monte (Bergamo).
Elegido Papa el 28-X-1958, murió el 3-VI-1963.
Con su bula Humanae salutis proclamó el 21º Concilio Ecuménico Vaticano II. (11-X-1962). El tema del concilio: vida litúrgica, relaciones sociales, la Iglesia y el mundo moderno.







 

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