jueves, 21 de marzo de 2013

VIDA DEL PAPA FRANCISCO

 

 

Papa FranciscoEl sucesor de Benedicto XVI se mostró al mundo a las 20:25 h. del miércoles 13 de marzo de 2013, desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro: Cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, de 76 años.

Desde ese día, el Trono de San Pedro está ocupado por un Papa del continente americano. Es el primer Papa argentino, el primer Papa hispanoamericano y el primer jesuíta. Y, ante todo, es el Papa Francisco. Nacido en el seno de una familia de inmigrantes italianos, se dedicó durante largos años a la docencia y estuvo en el año 1971 en la localidad madrileña de Alcalá de Henares.

En su primera aparición pública, el Pontífice elevó una oración por su antecesor, Benedicto XVI. Curiosamente, fue Bergoglio el principal rival de Ratzinger en el Cónclave de 2005. Sin embargo, el argentino decidió retirarse en favor del alemán y pidió "casi con lágrimas" a sus simpatizantes que se abstuvieran de elegirlo.

El flamante Pontífice obtuvo los 77 votos exigidos de los 115 cardenales reunidos en Cónclave en la quinta votación. En el Cónclave de 2005, Joseph Ratzinger logró la mayoría necesaria en la cuarta votación, apenas una hora y media antes que su sucesor.

Momentos antes de aparecer ante los miles de fieles que se concentraban en la Plaza de San Pedro, el cardenal francés Jean-Louis Tauran fue el encargado, en calidad de decano protodiácono, de pronunciar la famosa frase 'Habemus Papam' y de presentar al mundo al nuevo Pontífice.

La noticia de que se ponía fin a la Sede Vacante se dio a conocer exactamente a las 19.07 horas de Roma, el 13-3-2013, cuando la chimenea de la Capilla Sixtina emitió una intensa humareda blanca.
¡¡Felicidades a todo el pueblo argentino, ya que de esta tierra procede Su Santidad Francisco!!

BIOGRAFÍA
Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, hijo de un matrimonio italiano formado por Mario, empleado ferroviario, y Regina, ama de casa. Se graduó en Ciencias Químicas en Buenos Aires, pero optó por los estudios eclesiásticos y el 11 de marzo de 1958 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús.

Estudió Humanidades en Chile y en 1960, de regreso en la capital argentina, obtuvo la licenciatura en Filosofía en el Colegio del Salvador y más tarde, la de Teología en el Colegio Máximo de San Miguel. Ejerció como profesor de Literatura y Psicología, y el 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

El 22 de abril de 1973 hizo los votos perpetuos en la Compañía de Jesús, orden en la que ocupó diversas responsabilidades como la de maestro de novicios, profesor en la Facultad de Teología, consultor de la Provincia y rector del Colegio Máximo.

De 1973 a 1979 fue provincial de Argentina y como tal fue enviado a Alemania, de donde pasó a la iglesia de la Compañía, de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992 fue designado por Juan Pablo II obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires, sede en la que en junio de 1997 fue promovido a arzobispo coadjutor.

Desde el 28 de febrero de 1998 Bergoglio es arzobispo de Buenos Aires, y Primado de Argentina, puesto en el que sustituyó a Antonio Quarracino y al que llegó como el primer sacerdote de la Compañía de Jesús que ocupa la titularidad de la principal sede de Argentina.

El 21 de febrero de 2001 fue creado cardenal en el octavo consistorio convocado por Juan Pablo II y recibió la birreta roja y el título de San Roberto Belarmino.

Jorge Mario BergoglioJorge Mario Bergoglio fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina y como miembro de la Comisión Ejecutiva de la misma, forma parte de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Buenos aires e integra además las comisiones episcopales de Educación Católica y de Pastoral Social.

Es Gran Canciller de la Universidad Católica de Argentina y en la Santa Sede forma parte de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos y de la Congregación para el Clero.
Goza de buena salud. Sin embargo, sólo tiene un pulmón desde que era joven.
Su preocupación por los pobres ha sido una constante en su vida. Todos los Jueves Santos acudía a lavar los pies a los más enfermos de entre los enfermos de Buenos Aires, como puede verse en la imagen.
Es muy devoto de San José y de Santa Teresita de Lisieux.
El Papa ha adoptado el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís.
La Misa de inicio de pontificado tuvo lugar el 19 de marzo de 2013 a las 9:30 h. de Roma. A ella asistió, por primera vez desde el año 1054, el Patriarca de Constantinopla y otros líderes religiosos. Asistieron delegaciones procedentes de 132 países del mundo.

ANÉCDOTAS
Alessandro Forlani es un periodista italiano ciego que ha tenido la suerte de poder saludar personalmente al Papa Francisco, durante el encuentro que el recién elegido Pontífice ha mantenido este sábado con la prensa. De entre los 6.000 profesionales de la información congregados en el Aula Pablo VI, Forlani ha sido uno de los elegidos para estrechar la mano del Papa. Pero el joven no iba solo. Le acompañaba su perro guía, Asia, al que el Pontífice no ha dudado en bendecir también.

Papa Francisco bendice a un perro
«Quería haber pensado qué decirle, pero llegado el momento no era capaz de decirle nada», ha confesado Forlani después a varios medios. Según ha relatado, el Papa le preguntó cómo se llamaba y a qué se dedicaba. Después, el periodista italiano le pidió una «bendición especial» para su hija y su mujer. «El Papa pensó en mi perro y dijo: "y una también para el perro", se inclinó y lo acarició», ha asegurado.
Los testigos coinciden en que Jorge Bergoglio es un hombre sencillo y cordial. Sus recorridos por la ciudad, sus viajes en subte (metro), ser ferviente seguidor del equipo de fútbol San Lorenzo y la sobriedad con la que vive hacen que sea una persona muy cercana.

El periodista Luis Moreiro relató varios detalles sobre la boda de su hija Emilia, que el cardenal Bergoglio ofició a petición del novio, Gastón, que le conoce desde hace años. La ceremonia sería en La Plata, a unos 60 km de la residencia del arzobispo en la ciudad de Buenos Aires. Cuando, unos días antes le llamaron para preguntarle a qué hora habían de mandarle un auto para llevarlo a la iglesia, el cardenal respondió: “¿Auto? No, yo voy en el tren del Roca”. Solo aceptó que le fueran a buscar a la estación de destino, pues temía perderse.
Al terminar la boda, le invitaron a que saliera junto con los novios. “No quiso –cuenta Moreiro–. ‘Emilia y Gastón son las estrellas de la noche. El protagonismo y todos los saludos deben ser para ellos’, se excusó amablemente, y se perdió por la puerta de la sacristía”. Y la semana pasada, justo antes de partir hacia Roma, llamó por teléfono a Gastón para felicitarle por su cumpleaños.

Una faceta conocida es la de hincha del equipo de fútbol San Lorenzo. En 2008, con ocasión del centenario de la fundación del club, le regalaron una camiseta del equipo y le nombraron “socio centenario”.

En las chabolas
La periodista Elisabetta Piqué define así al nuevo Papa: “Un cardenal austero, un hombre común. Tan sencillo y cercano a los pobres como erudito y firme en sus convicciones”. Sobre su austeridad, Piqué refiere una anécdota significativa: “Cuando fue hecho cardenal por Juan Pablo II, en 2001, hubo fieles que quisieron acompañarlo a recibir la púrpura, para celebrar el evento. Pero él pidió que se quedaran en Buenos Aires y donaran ese dinero a los más pobres. Tampoco quiso comprarse una vestimenta nueva: ordenó arreglar la que usaba su antecesor Antonio Quarracino”.

A la periodista le impresionan otros rasgos del estilo de vida de Bergoglio: nunca quiso tener auto con chófer. Solía desplazarse en autobús o metro. Y cuando viajaba en avión de Argentina a Roma elegía clase turista. Lo mismo dice Carlos Pagni: “Los zapatos con que llegó a Roma fueron el regalo de la esposa de un sindicalista fallecido, que no consiguió que aceptara un pasaje en primera clase. Viajó en turista”.
Apasionado lector de Dostoievski, Borges y los autores clásicos, añade Piqué, el nuevo Papa tiene una “forma de hablar sencilla, directa y humilde, que llega al corazón”.

Otro reportaje de La Nación describe cómo se recibió la noticia de la elección del Papa Francisco en la villa 21-24, un poblado de chabolas en el barrio porteño de Barracas. En la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé conocen al Papa, que ha estado allí muchas veces. Varios feligreses evocan esas visitas. “Yo recibí los tres sacramentos con Bergoglio. Cuando mi patrón me señaló la tele y vi la noticia, salté y lloré de la alegría”, dice Lidia Valdiviesa. “En el barrio, todos recuerdan a Bergoglio caminando por los pasillos de la villa. ‘Sabe lo que es la pobreza’, sostiene Lidia”.

El sacerdote Juan Isasmendi no duda en resaltar la cercanía de Bergoglio. “Es una persona muy importante para el barrio. Cruzaba toda la villa caminando solo, sin ningún problema, saludando a la gente que lo invitaba a pasar. Acá se le quiere mucho”. “Si realiza una visita como papa a Buenos Aires lo vamos a obligar a venir”, decía el párroco.
Misa de Inicio de Pontificado
Siguiendo al pie de la letra la petición del Papa Francisco de no venir a Roma sino dedicar ese dinero a ayudar a los necesitados, su hermana Maria Elena se quedó en Buenos Aires, segura de que un encuentro no tardará en producirse.

Pero este martes Francisco no estuvo solo. Tenía tres invitados: Sergio Sánchez, uno de los líderes de los «cartoneros» de Buenos Aires; José María del Corral, director del programa educativo «Escuela de vecinos»; y la hermana Ana Rosa, misionera en Tailandia, prima segunda del Papa. Los tres estuvieron muy cerca del altar durante la ceremonia.

En el Vaticano causó fuerte impacto el líder de los «cartoneros», las personas sin empleo que se ganan la vida recogiendo cartón y periódicos para reciclar. Sergio Sánchez explicó que «somos el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y nos organizamos para superar la exclusión social de los cartoneros y los trabajadores esclavos. Somos unas cuatro mil personas que recuperamos materiales reciclables».

Como el cardenal Bergoglio celebraba la misa para ellos, «nosotros le seguimos a todos lados. Siempre ha luchado públicamente por la inclusión social». Al término de la ceremonia el líder «cartonero» estaba emocionado pues «le saludé antes que los presidentes porque éramos como su familia, y él nos saludó como a su familia».

El profesor Jose María del Corral, dirige la «Escuela de vecinos», que complementa la educación de las aulas y ayuda a la integración religiosa y racial. Según Corral, «empezamos juntando a un grupo de 70 jóvenes de escuelas judías, musulmanas, ortodoxas, evangélicas, católicas, estatales y privadas. Montamos la primera escuela para que aprendiesen a convivir con el prójimo, el de al lado, como dice la tradición judía del Talmud».

En ese marco, «los chicos empezaron a sacar el problema de la droga, de la violencia, y nosotros les enseñamos cómo cambiar eso. Y terminaron presentando un proyecto de ley a los diputados, que hoy es ley vigente en la Argentina».

Jose María del Corral reconoce que Francisco «nos dijo que no viniésemos, pero yo en algunas cosas no le hago caso. Cuando nos encontramos, de pronto, a la salida del ascensor, nos abrazamos. Yo le pregunté, ¿Cómo te llamo ahora? Y me dijo ¿Pues cómo me vas a llamar? ¡Jorge! Y me eché a llorar».

La hermana Ana Rosa, de las Hijas de Maria Auxiliadora, es misionera en Thailandia, y solo veía a su primo segundo de vez en cuando en la capital argentina. La simpática religiosa salesiana, explica que el nuevo Papa «es una persona muy humilde y muy austera. Cada vez que voy a Buenos Aires, voy a visitarlo. Siempre me dice: reza por mí y haz rezar a las religiosas ancianas. ¡Ahora le hará muchísima más falta!».

La hermana Ana Rosa cuenta que «cuando el Papa me vio, me dijo: ¿Pero qué haces aquí? ¡Has venido! Ha sido emocionante poder hablarle y estar sentada al lado del altar». Los tres invitados del Papa causaron sorpresa. Otra más, después de la de haber ido a celebrar la misa del domingo a la parroquia de los empleados del Vaticano. El Papa Francisco rompe moldes.
Juan Pablo II y el Rosario

Cuando falleció Juan Pablo II, en 2005, el cardenal Bergoglio escribió un sencillo testimonio en el que recuerda cómo se decidió a rezar cada día los 15 misterios del Rosario gracias a su ejemplo. “Si no recuerdo mal, debía ser el año 1985. Una tarde fui a rezar el Rosario que dirigía el Santo Padre. Él estaba delante de la gente, de rodillas. El grupo era numeroso”.

Bergoglio cuenta con sencillez cómo, al sentirse guiado por su Pastor, comenzó a distraerse. Se detuvo en la figura del Papa: en su piedad. “Su devoción era un testimonio”, dice. “Empecé a imaginarme al joven sacerdote, al seminarista, al poeta, al obrero, al niño de Wadowice... en la misma postura en que estaba arrodillado en ese momento, recitando avemarías tras avemarías. Su testimonio me golpeó”.

“Sentí que este hombre, escogido para guiar la Iglesia, estaba siguiendo el camino hacia su Madre en el cielo; un camino iniciado desde la infancia. Y entonces comprendí la densidad de las palabras de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego: ‘No tengas miedo, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?’. Entonces entendí la presencia de la Virgen en la vida del Papa”.

“Este testimonio no se me ha olvidado ni un instante. En adelante he rezado siempre los 15 misterios del Rosario cada día”.
EL ESCUDO DEL PAPA
Escudo del Papa FranciscoEl escudo del pontificado de Francisco es el mismo que tenía como arzobispo, manteniendo además el lema “Miserando atque eligendo” Lo miró con misericordia y lo eligió. Así lo informó en una conferencia de prensa en el Vaticano el padre Federico Lombardi, portavoz de Su Santidad.
El Escudo
En los trazos esenciales el Papa Francisco decidió conservar el mismo emblema que mantuvo desde su consagración episcopal, particularmente caracterizado por la sencillez.
El escudo azul aparece coronado por los símbolos de la dignidad pontificia iguales a aquellos elegidos por su predecesor Benedicto XVI, a saber: la mitra colocada al centro y en alto con las llaves entrecruzadas, una representada con el color del oro y la otra con el de la plata, unidas (en la parte baja de la imagen) por un lazo rojo. En alto, aparece el emblema de la orden religiosa de proveniencia del Papa, la Compañía de Jesús: un sol radiante con, al centro y letras rojas, la inscripción IHS, el monograma de Cristo. Sobre la letra H se apoya la cruz, en punta, con los tres clavos en negro colocados a la base.
En la parte inferior se percibe la estrella y la flor de nardo. La estrella, siguiendo la antigua tradición heráldica, simboliza a la Santísima Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia; mientras la flor de nardo evoca la figura de San José, el patrono de la Iglesia universal. En efecto, en la tradición iconográfica hispánica San José aparece representado con un ramo de flor de nardo en la mano. Al colocar en su escudo estas imágenes, el Papa ha querido expresar su propia y particular devoción hacia la Virgen Santísima y San José.
El Lema
El lema del Santo Padre Francisco está tomado de las Homilías de San Beda el Venerable sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de San Mateo, escribe “Vidit ergo lesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me“, que evoca el siguiente pasaje: «Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), y le dijo Sígueme, “Sígueme”, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo “Sígueme”, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él y anduvo».
La homilía de San Beda el Venerable, presbítero es un homenaje a la misericordia divina y aparece reproducida en la Liturgia de las Horas en la fiesta de San Mateo que además reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del Papa. En la fiesta de San Mateo del año 1953, el joven Jorge Mario Bergoglio experimentó –a la edad de 17 años- en un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después y tras una confesión, se sintió tocado en el corazón y advirtió que sobre sí mismo descendía la misericordia de Dios, quien con mirada de tierno amor, lo llamaba a la vida religiosa, siguiendo el ejemplo de San Ignacio de Loyola.
Una vez elegido Obispo, S. E. Mons. Bergoglio, en recuerdo de este particular momento de su vida que lo marcó profundamente desde los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión de San Beda “miserando atque eligendo” “Lo miró con misericordia y lo eligió”, que ha querido reproducir también en el propio escudo pontificio.
OBRAS

1982: Meditaciones para religiosos
1986: Reflexiones sobre la vida apostólica
1992: Reflexiones de esperanza
1998: Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro
2003: Educar: exigencia y pasión
2004: Ponerse la patria al hombro
2005: La nación por construir
2006: Corrupción y pecado
2006: Sobre la acusación de sí mismo
2007: El verdadero poder es el servicio
2012: Mente abierta, corazón creyente
 
Homilía íntegra del Papa Francisco en la misa de inicio de su pontificado (19 de marzo de 2013)
Queridos hermanos y hermanas
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido.
Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer. Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos.
Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.
Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.
SALUDOS A LOS MANDATARIOS DEL MUNDO
El papa Francisco ha saludado en la Basílica de San Pedro a las 132 delegaciones extranjeras que asistieron a la misa solemne de entronización que ofició en la plaza y a la que asistieron cientos de miles de personas. La primera en saludar al papa fue la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. El papa, flanqueado por el Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, recibió luego al presidente de Italia, Giorgio Napolitano y a su esposa, y al primer ministro dimisionario de Italia, Mario Monti y a su esposa. Después llegaron los reyes de Bélgica, Alberto y Paola, vestida de blanco y tocada con mantilla del mismo color como marca el protocolo pontificio que establece que las reinas son las únicas que se pueden presentar ante el pontífice con trajes blancos. Los príncipes de Mónaco, Alberto junto a su esposa, Charlène Wittstock, con vestido y mantilla negra también recibieron la bendición del papa Francisco.

La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, con traje oscuro, fue la segunda mandataria latinoamericana que saludó al primer papa latinoamericano y jesuita de la historia. Tras ella, llegaron el presidente de Chile, Sebastián Piñera y su esposa Cecilia Morel, quien portaba varios rosarios en la mano y el papa, solícito, bendijo todos ellos. El papa Francisco departió más tiempo con las delegaciones latinoamericanas que con el resto, y se mostró sereno y acogedor con la larga fila de personalidades que acudieron a la Basílica de San Pedro. La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, habló unos minutos con el papa Francisco, mientras que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, se presentó ante él con su anciana madre a la que el papa besó en una mejilla. Después, Correa mostró al papa Francisco una fotografía. También desfiló el presidente de México, Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera, quien regaló al pontífice una papalina blanca, acompañados por sus dos hijas

Tras el presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva y la representación europea formada el presidente de la Comisión europea, José Manuel Durão Barroso, el del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy y el presidente del Parlamento europeo, Martin Schultz, llegó la delegación española, encabezada por el príncipe Felipe, vestido de gala, y la Princesa Letizia, con un vestido oscuro y con mantilla negra sin peineta. Ambos se inclinaron ante el papa Francisco quien charló un rato amigablemente con ellos y escuchó las palabras de un sonriente Príncipe Felipe. Después, recibió al presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, con quien también mostró gestos de simpatía y cercanía.

La canciller alemana, Angela Merkel fue la siguiente en saludar al papa argentino y mantuvieron una pequeña conversación. El papa saludó al patriarca ecuménico de Constantinopla, al ortodoxo Bartolomé; al metropolita (arzobispo) Hilarion, de la Iglesia Ortodoxa Rusa; al metropolita Amfilohje, de la iglesia ortodoxa serbia; al metropolita Siluan, y a numerosos miembros de otras iglesias ortodoxas. Recibió asimismo al reverendo Olva Fykse Tveit, del Consejo Mundial de Iglesias, a representantes de la Comunión Anglicana, de la Federación Luterana Mundial y de la Alianza Mundial Evangélica, entre otros. Asimismo acudió a saludar al papa, el rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni; el presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Italia, el imán Izzeddin Elzir, y representantes budistas, sij, jainistas e hindúes. El papa Francisco, de 76 años, mostró encontrarse en buena forma puesto que recibió de pie a la larga fila de las legaciones durante más de hora y media.