viernes, 11 de noviembre de 2016

El recuerdo más hermoso que atesora el Papa Francisco de Buenos Aires

Foto referencial L'Osservatore Romano



ROMA, 10 Nov. 16 / 01:49 pm (ACI).- Para el Papa Francisco, uno de los recuerdos más hermosos del tiempo en el que sirvió como Arzobispo de Buenos Aires en Argentina es la Misa de los niños que celebraba como párroco en la iglesia de San José, en la localidad bonaerense de San Miguel.
“La parroquia estaba llena de niños. Los estudiantes (del Colegio Máximo que estaba al lado de la iglesia) iban a buscar niños por todos los barrios y acudían mucho. Venían al Colegio, que tiene espacios muy grandes, y jugaban. Yo celebraba siempre la Misa e los niños y el sábado enseñaba catecismo. No todas las semanas porque no podía, pero sí a menudo. Y así cumplía el voto que San Ignacio hace hacer a los jesuitas profesos de enseñar a los niños”.
El Papa explica que para él “lo más hermoso era la Misa de los niños”. “Recuerdo el primer domingo de Cuaresma. Había más de 300 niños. ‘Estate callado, tú… y tú, venid…’. “¡Y después comenzaba un verdadero teatro!”, cuenta en la conversación con Antonio Spadaro y que ha sido publicada en el libro “En tus ojos está mi palabra”.
“Yo recitaba. Yo predicaba así. Por ejemplo, el primer domingo de Cuaresma preguntaba: ‘¿Qué hacía el diablo con Jesús?’ Ha hecho esto porque quería que Jesús se sometiera… quería reinar él, el diablo”. “¿Ustedes entienden quién es el diablo?”, le preguntaba a los pequeños
Francisco reveló que les pedía a los niños que estuviesen atentos porque el diablo “¡hará los mimos con ustedes!”. “Y terminaba así. Después otra vez predicaba en Pentecostés y les preguntaba a los niños: ‘¿Quién viene en Pentecostés?’. Los niños se miraban y decían: ‘¡El Espíritu Santo’! Y yo, no satisfecho, preguntaba: ‘¿Y quién es el Espíritu Santo?’. Y le pregunté a un niño que estaba al fondo. Y él respondió: ‘¡El paralítico!’ No conseguía decir ‘el Paráclito’. Nos divertíamos. Me reía mucho. Yo hacía de párroco sobre todo con los niños”.
Otro recuerdo que comenta en el libro es “la fiesta de los niños” en la que “quemábamos al diablo”. “Era una forma de hacer con los niños la meditación de las dos banderas de San Ignacio. En un lado estaba el diablo y en otro el ángel. Preparaba un diablo grande hecho de paño y dentro metía petardos. Se hacía una catequesis. Después para los niños se proyectaba una película y las niñas iban a jugar”.
Luego “estaba la merienda y después íbamos del Colegio Máximo a la parroquia como en procesión. Todos íbamos muy serios. Los niños lo sabían y gritaban: ‘¡Quemamos al diablo!’. Entonces se encendía el fuego. Todos gritaban. ¡Era una explosión de petardos! Los niños se divertían. Era un teatro que los ayudaba a aprender”.
“Para mí -prosigue Francisco- era un modo de hacerles el tercer ejercicio de la primera semana de los ejercicios espirituales. San Ignacio en este ejercicio quiere estimular la capacidad de condenar el mal y de suscitar odio hacia el pecado”.
“Pero no terminaba así. Cada uno tenía un papel con algo que le quería pedir a Dios. Se metían estos papeles en una bolsita. Y había un ángel grande hecho de poliestireno con muchos globos llenos de helio. El ángel llevaba un cartel con la dirección de la parroquia. Se rezaba. Decíamos: ‘Hemos vencido al diablo, y ahora rezamos a Dios que es nuestro Padre’. Y soltábamos al ángel que, gracias a los globos, subía, subía. Y después todos a rezar mientras el ángel se iba”.
“El domingo siguiente -recuerda el Papa Francisco- se daba una vuelta y se preguntaba si alguno había encontrado al ángel. Una vez, me acuerdo, llegó hasta Uruguay ¡y llamaron desde allí! Yo hacía así de párroco. Y después confesaba mucho. Era feliz. Quería ser pastor, sobre todo de los niños”.