jueves, 24 de noviembre de 2016

El Santo Evangelio del Día jueves 24 Noviembre 2016


Jueves de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario

San Andrés Dung-Loc
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Leer el comentario del Evangelio por
Orígenes : “Mientras tenéis esta luz, caminad para que no os sorprendan las tinieblas.” (Jn 12,35)

Apoc. 18,1-2.21-23.19,1-3.9a.

Yo, Juan, vi que otro Angel descendía del cielo con gran poder, mientras la tierra se iluminaba con su resplandor.
Y gritó con voz potente: "¡Ha caído, ha caído Babilonia, la grande! Se ha convertido en refugio de demonios, en guarida de toda clase de espíritus impuros y en nido de aves impuras y repugnantes.
Y un Angel poderoso tomó una piedra del tamaño de una rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo: "Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran Ciudad, y nunca más se la verá".
Ya no se escuchará dentro de ti el canto de los que tocan el arpa y de los músicos, de los flautistas y de los trompetistas; ya no se encontrarán artesanos de los diversos oficios, ni se escuchará el sonido de la rueda del molino.
No volverá a brillar la luz de la lámpara, ni tampoco se escuchará la voz de los recién casados. Porque tus comerciantes eran los grandes de la tierra, y con tus encantos sedujiste a todos los pueblos.
Después oí algo parecido al clamor de una enorme multitud que estaba en el cielo, y exclamaba: "¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos. El ha condenado a la famosa Prostituta que corrompía la tierra con su lujuria, y ha vengado en ella la sangre de sus servidores".
Y volvieron a decir: "¡Aleluya! La humareda de la Ciudad se eleva por los siglos de los siglos".
Después el Angel me dijo: "Escribe esto: Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero".

Salmo 100(99),2.3.4.5.

Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:

él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entren por sus puertas dando gracias,

entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.
¡Qué bueno es el Señor!

Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.





Lucas 21,20-28.

Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima.
Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella.
Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.
¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo.
Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.
Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.
Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.
Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.
Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo
Homilías sobre Josué, 11, 3-4

“Mientras tenéis esta luz, caminad para que no os sorprendan las tinieblas.” (Jn 12,35)

Desde que vino el Salvador ha llegado el fin del mundo. Él mismo lo dijo cuando se sitúa en el final de los tiempos: “Arrepentíos, porque está llegando el reino de los cielos” (Mt 4,17). Pero, él retarda el día de la consumación, no deja que se manifieste. Porque Dios Padre, viendo que la salvación de las naciones tiene que venir por Jesús, le dijo: “Pídemelo y te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra” (Sal 2,8). Así, pues, hasta el cumplimiento de esta promesa del Padre, hasta que la Iglesia se desarrolle en las distintas naciones y que todos formen parte de ella, “toda la plenitud de los paganos”, para que “todo Israel se salve” (Rm 11,25), el día se prolonga, el ocaso se difiere. El “sol de justicia” (Ml 3,20) no se pone nunca sino que continua derramando la luz de la verdad en el corazón de los fieles.

Pero cuando la medida de los fieles esté colmada y cuando haya llegado la época degenerada y corrompida de la última generación, cuando “a causa de la magnitud del mal, la caridad de muchos hombres se enfriará” (cf Mt 24,12)..., entonces, “los días se acortarán” (Mt 24,22). Sí, el mismo Señor sabe prolongar la duración de los días cuando es el tiempo de salvación y sabe acortarlos en el momento de la tribulación y de la perdición. En cuanto a nosotros, mientras es de día y se prolongo este tiempo de luz, “portémonos con dignidad, como quien vive en pleno día,” (Rm 13,13) y cumplamos con las obras de la luz.