miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ser santos




Obras son amores.

“Obras son amores y no buenas razones”, es el dicho popular, y Dios quiere que lo apliquemos porque le demostramos el amor al Señor por medio de las buenas obras, porque una fe sin obras está muerta.
La santidad no consiste tanto en decir palabras bonitas, sino más bien en actuar de modo agradable a Dios.
Dios no necesita de nosotros, pero en cierta forma quiere necesitar de nosotros para extender su reino y salvar almas. Por ello tenemos la obligación de ser santos, puesto que sólo quien es santo puede evangelizar eficazmente, ya que quien predica la buena doctrina pero no vive lo que predica, es más bien un escándalo que un apóstol.
De modo que nos damos cuenta de que la santidad es útil para todos. No sólo para quien trata de ser santo, sino para Dios, que se puede servir del santo para hacer maravillas en el mundo; y también para los hombres, porque el santo nunca se está quieto, sino que siempre produce y hace obras de misericordia en todo su entorno.
El mejor negocio que podemos buscar en este mundo es querer ser santos y poner todos los medios para lograrlo, porque el premio, tanto en la tierra como en el Cielo es desmesurado.

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