lunes, 22 de abril de 2013

Elena Valentini de Udine, Beata


Laica Agustina, Abril 23
 
Elena Valentini de Udine, Beata
Elena Valentini de Udine, Beata

Laica Agustina

Martirologio Romano: En Udine, en la región de Venecia, beata Elena Valentini, viuda, que, para servir únicamente a Dios, abrazó la orden seglar de san Agustín, distinguiéndose por la oración, la lectura del Evangelio y las obras de misericordia (1458).

Etimológicamente: Elena = Aquella que resplandece, es de origen griego.
Nacida el año 1396 ó 1397 en Údine (Italia), en la familia de los señores de Maniago, se unió en matrimonio hacia 1414 con el aristócrata Antonio Cavalcanti. Fueron padres de seis hijos. Muerto su marido en 1441, Helena decidió retirarse del mundo. Habiendo escuchado la palabra vibrante del agustino Ángel de S. Severino, se hizo terciaria agustina. Después de haber emitido la profesión, permaneció en la casa que había recibido de su esposo, y allí continuó hasta 1446, fecha en la que pasó a vivir con la hermana Perfecta, terciaria agustina como ella, permaneciendo a su lado hasta el final de sus días.

Durante los casi dieciocho años como laica consagrada, llevó siempre una vida de penitencia y rigurosa mortificación, alimentándose normalmente sólo de pan y agua, durmiendo sobre un duro lecho de piedras, apenas cubierto con un poco de paja, flagelando continuamente su cuerpo e, incluso, caminando con treinta y tres minúsculas piedras metidas en los zapatos “en recuerdo de los bailes y danzas – como ella misma solía repetir – con que en el siglo había ofendido a mi Señor, y en memoria de los treinta y tres años que mi dulce Jesús por mi amor caminó por el mundo”.

En las distintas formas de penitencia a las que quiso someterse, siempre se inspiró en el doble motivo de la imitación de Cristo y el contraste con su anterior existencia mundana. No le faltaron profundas crisis de desaliento y cansancio, a las que supo reaccionar con gran fuerza de ánimo, retirada en la pequeña celda construida en su misma casa, y de la que salía solamente para ir a rezar y a meditar en su querida iglesia de Santa Lucía. Autorizada por el padre Provincial de los agustinos, hizo voto, en 1444, del absoluto silencio, interrumpido sólo con ocasión de la Navidad para entretenerse en breves y edificantes conversaciones con sus hijos y algunos familiares. Como supremo consuelo en su vida de completa renuncia y lucha, tuvo éxtasis y visiones celestes, gratificada, además, por Dios con el don de los milagros y el conocimiento de cosas ocultas.

A causa de la fractura de los dos fémures en 1455, pasó sus últimos años postrada en un humilde y duro lecho, en serena y paciente espera de la muerte, acaecida el 23 de abril de 1458. Fue sepultada en el rincón de la iglesia de Sta. Lucía donde en vida solía abandonarse a la contemplación, oculta en el pequeño “oratorio” de madera que se había hecho construir para librarse de la admiración y de la curiosidad de los fieles. Después de diversos traslados, los restos mortales de la beata encontraron en 1845 un lugar digno en la catedral, donde hoy se hallan expuestos a la veneración pública.

El culto de la beata fue confirmado en 1848 por el papa Pío IX.



Beata Elena Valentini, viuda
fecha: 23 de abril
n.: c. 1396 - †: 1458 - país: Italia
otras formas del nombre: Elena de Udine
canonización: Conf. Culto: Pío IX 1848
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Udine, en la región de Venecia, beata Elena Valentini, viuda, que, para servir únicamente a Dios, abrazó la Orden seglar de san Agustín, y se distinguió por la oración, la lectura del Evangelio y las obras de misericordia.

Los primeros cuarenta años en la vida de la beata Elena, contrastan violentamente con los años de penitencia que los siguieron. La beata pertenecía a la familia Valentini de Udine, en el noroeste de Italia. A los quince años, se casó con un caballero llamado Antonio dei Cavalcanti y, durante veinticinco años de matrimonio feliz, llevó la vida normal de una madre de familia numerosa. A la muerte de su esposo, que constituyó un rudo golpe para ella, Elena se cortó sus hermosos cabellos y los depositó en la tumba, junto con sus joyas, diciendo: «Sólo por tu amor he llevado estos adornos; llévalos, pues, contigo al seno de la tierra». Se hizo terciaria de los Ermitaños de San Agustín y, a partir de ese momento, se entregó a la oración, la mortificación y las obras de caridad.

Con permiso de su director, hizo voto de silencio perpetuo, de suerte que sólo hablaba la noche de Navidad. Evidentemente, del voto estaban excluidos todos los miembros de su casa, entre los que se contaba su hermana Perfecta, a quien debemos estos detalles. Elena tuvo que sufrir grandes pruebas; oía extraños ruidos y se sentía acometida de tentaciones de suicidio; varias veces, sus criados la encontraron caída en el suelo, llena de golpes y, en dos ocasiones, con una pierna quebrada. Una vez, al cruzar un puente, de camino a la iglesia, el diablo la arrojó al río; pero la beata salió ilesa y se dirigió a oír la misa, a pesar de que sus vestidos estaban empapados. Pero cuando más tentaciones sufría, más la consolaba Dios con gozos espirituales y éxtasis. Según parece, le concedió también el don de sanar a los enfermos, pues muchas personas obtuvieron la salud por su intercesión. Pasó los tres últimos años de su vida sin poder levantarse de su lecho de piedra y paja. Murió a los sesenta y dos años de edad, el 23 de abril de 1458. Su culto fue aprobado por Pío IX en 1848.

En Acta Sanctorum, abril, vol, III, hay dos biografías; la primera y más extensa está traducida del italiano. Aunque ambas biografías pretenden basarse en las fuentes contemporáneas, no parecen ser documentos muy fidedignos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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