“TÚ ERES, SEÑOR, NUESTRO REFUGIO”.

y les dices:”¡Váyanse, hijos de Adán!”.
Mil años para ti son como un día,
un ayer, un momento de la noche.
Tú los siembras, cada cual a su turno,
y al amanecer despunta la hierba;”

y en la tarde se marchita y se seca.
Enséñanos lo que valen nuestros días,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?.
Compadécete de tus servidores.
Cólmanos de tus favores por la mañana,
que tengamos siempre risa y alegría.
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