lunes, 26 de septiembre de 2016

NUNCA ES DEMASIADO TARDE



Nunca es demasiado tarde
Hoy no es demasiado tarde, y puedo aprovechar cada momento para construir.



“Nunca es demasiado tarde”. Este lema por lo regular equivale a un “siempre es posible”. A veces engendra frases conocidísimas como “la última y nos vamos” o “mañana te pago”. Pero hablando en serio, cuando posponemos nuestros objetivos por mucho tiempo constatamos que no “siempre”, sino sólo “algunas veces”, todavía es posible. Algunas veces también es demasiado tarde…

Quien ha tenido que repetir un año de la escuela por un examen suspendido, quien ha perdido a un ser querido sin haberle dicho “te quiero”, quien vive arrepentido de haber provocado un daño que no puede reparar, comprende lo que significa “ya es demasiado tarde”.

Si habitualmente dejamos las cosas para después podemos comprender por qué “nunca” es demasiado tarde. Aquello que nunca hice, no lo podré hacer porque ya es demasiado tarde.

En la vida continuamente suceden cosas que no resultan como uno hubiera querido. Pero ¿por qué lamentarse del pasado? Recordar los momentos tristes o dolorosos sólo añade un lastre al presente. De un lamento nace otro, pues quien se lamenta del pasado tiene un triste presente, que en el futuro seguirá siendo un triste pasado. Es un círculo vicioso.

Santa Faustina Kowalska decía: «Si miro al futuro, me salta el miedo, pero, ¿por qué adentrarse en el futuro? Sólo aprecio la hora presente, porque el futuro quizá no habitará en mi alma. El tiempo pasado no está en mi poder para cambiar, corregir o añadir algo. Ni los sabios ni los profetas han podido hacer esto. Por tanto, confiemos a Dios lo que pertenece al pasado».

Siempre es posible comenzar de nuevo. No vale la pena anclarse en momentos que ya no están en mis manos. Hoy no es demasiado tarde, y puedo aprovechar cada momento para construir. “Nunca” sí es demasiado tarde.