martes, 26 de noviembre de 2013

EL ROSARIO SIGUIENDO LOS PASOS DEL EVANGELIO


Oración evangélica centrada en el misterio de la encarnación redentora, el rosario tiene una orientación netamente cristológica... La repetición del Ave María constituye la trama sobre la que desarrolla la contemplación de los misterios... de la vida del Señor vistos a través del corazón de la que estuvo más próxima al Señor. (Pablo VI. Marialis cultus. 2 de febrero de 1974)

Hay una forma de oración... que quisiera recordar y subrayar en este momento: la oración de contemplación de los misterios del rosario, esta «escala para elevarse al cielo» compendio de oración mental y oración vocal que son «las dos alas que el rosario de María ofrece a las almas cristianas». Es una forma de oración que el mismo papa practica con asiduidad y a la cual os invita a uniros. (Juan Pablo II. Homilía del 29 de abril de 1979





INTRODUCCIÓN
El rosario es un medio privilegiado que nos propone la Iglesia para iniciarnos en la escuela de Nuestra Señora, con el fin de enseñarnos, con su ejemplo y bajo su dirección, a contemplar los diversos aspectos del misterio de la encarnación redentora. ¿Quién, mejor que ella, podría dárnoslo a conocer, puesto que «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón»? ( Lc 2, 19)

Desde el primer instante en que apareció esta forma de devoción a la Santísima Virgen en la Iglesia, se han propuesto y utilizado muchas maneras de rezar el rosario, cada una de ellas con sus ventajas e inconvenientes. Entre ellas, el método llamado de las «cláusulas» merece una estima especial, pues posibilita una meditación más profunda de cada uno de los grandes misterios de nuestra salvación. No solamente los evoca paso a paso, como los demás métodos, dirigiendo a cada uno de ellos una mirada de conjunto, que constituye la esencia misma del rosario; sino que además, acentúa las características de los principales episodios y sus diversos aspectos.

Tiene este método también la ventaja de evitar la alternancia entre la alabanza propia de la primera parte del Ave María, y la súplica de la segunda que, a la larga, corre el riesgo de ser un poco monótona. Tanto más cuanto que esta segunda parte fue añadida posteriormente por la Iglesia a la primera, la única que está tomada del evangelio. Su introducción generalizada en el rosario a partir del siglo XVI modificó sensiblemente su significado fundamental, confiriéndole sobre todo un carácter de oración de súplica, siendo en su origen preferentemente una oración contemplativa de alabanza.

El método llamado de las cláusulas apareció por vez primera en la región de Tréveris a comienzo del siglo XV, por influencia del cartujo, Domingo de Prusia. En los países de lengua alemana se ha mantenido en uso hasta nuestros días. Es un motivo de gozo comprobar como en Francia está ganando muchos adeptos. La obra excelente del P. Joseph Eyquem, O.P. Hoy, el Rosario ha contribuido en gran manera a esta renovación.

El autor, después de una amplia exposición sobre la doctrina de la encarnación redentora y de valiosas reflexiones teológicas sobre la naturaleza de la verdadera devoción mariana, propone tres series completas de breves cláusulas: la primera serie basada en el relato evangélico; la segunda, en los escritos de los apóstoles, y la tercera, en la repercusión que deben tener los misterios en nuestra vida diaria. Estos tres formularios son excelentes y muchos fieles sacan un inapreciable provecho espíritual.

La experiencia nos ha demostrado que muchas personas preferirían utilizar cláusulas más desarrolladas, cuya ventaja seria asemejarse a una conversación familiar con Nuestra Señora. Tal es el origen de las que os proponemos en estas paginas. Su extensión no sobrepasa la de la segunda parte del Ave María (cuyo lugar ocupan) por lo que la duración de la recitación del rosario es aproximadamente la misma. Además siguen rigurosamente el orden cronológico del desarrollo de cada uno de los misterios, lo cual ayuda en gran medida a grabarse en la memoria. En fin, hemos introducido algunos episodios que aunque no constan explícitamente en el texto evangélico, forman parte de una tradición comúnmente admitida por la Iglesia y apreciada por la piedad de los fieles, tales como: la triple caída de Jesús en el camino del Calvario, su encuentro con su Madre y con la Verónica, su primera aparición a Nuestra Señora después de la resurreción, etc. En cuanto al hecho de poner la última cena al principio de los misterios dolorosos, no constituye una innovación. En realidad, la institución de la eucaristía es verdaderamente el primer acto de la pasión. Cristo, al hacer presente de forma anticipada toda la realidad del sacrificio que debía llevar a cabo al día siguiente, se comprometía de manera irrevocable a sufrir y a morir por nuestra salvación.

Con un poco de práctica se llega rápidamente a utilizar este método sin la ayuda del texto escrito. El pequeño esfuerzo de memoria exigido para acordarse del encadenamiento de las cláusulas, facilitado, como queda dicho, por la adopción del orden cronológico, ayuda a fijar la atención, evita muchas distracciones y hace esta forma de oración más viva, más atrayente y más fructuosa .


USO DEL MÉTODO DE LAS CLÁUSULAS
Al comienzo de cada decena: Padre nuestro...
Después, las diez Dios te salve, María, de las que se dice solamente la primera parte, añadiendo cada vez la cláusula sugerida. Quede claro que cada uno es libre de modificar el contenido o la forma de estas cláusulas según sus propios gustos o su inspiración personal.

Después de la décima cláusula es cuando se añade: Santa Maria, Madre de Dios,... pero de la forma indicada, que evoca el «fruto» del misterio.
Por fin se termina con el Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo..., en la forma tradicional, o utilizando la fórmula bíblica (Apoc:)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Al Dios que era, y es, y ha de venir. Por los siglos de los siglos. Amén.


OTRAS FORMAS DE UTILIZACIÓN
1. Algunos fieles, aunque utilizan las cláusulas desarrolladas, prefieren, sin embargo, añadir la segunda parte del Ave María después de cada una de ellas. Costumbre muy laudable, aunque la recitación del rosario se ve notablemente alargada y el restablecimiento de la alternancia regular entre la alabanza y la súplica corre el riesgo de disminuir el carácter puramente contemplativo de la oración. Dicho de otra manera, se trata más bien de un rosario «meditado» al estilo clásico, utilizando simplemente las cláusulas para formular los diversos aspectos de los misterios.

2. El añadir la segunda parte del Ave María es sin duda indispensable si el rosario se recita con la intención de ganar la indulgencia plenaria. Pero conviene tener presente que, en lo sucesivo, no se puede ganar sino en condiciones muy estrictas determinadas por la constitución apostólica Indulgentiarum doctrina del 1 de enero de 1967. Por el contrario, el método tal como aquí se propone permite ganar ciertamente indulgencias parciales concedidas al uso y recitación del rosario.

3. En la recitación comunitaria será conveniente invertir la forma habitual de rezarlo diciendo la asamblea el Dios te salve, María y solo el animador, la cláusula. Pero ha de tenerse muy en cuenta lo delicado que es modificar la costumbre adquirida y procurar no herir las sensibilidades; pues lo esencial sigue siendo evidentemente favorecer la oración y la devoción a la Santísima Virgen.


MISTERIOS GOZOSOS

LA ANUNCIACIÓN
Padre nuestro. Dios te salve, Maria... de tu vientre, Jesús.

1- Tú, a quien el ángel Gabriel, enviado por Dios, saludó de manera tan admirable en tu casa de Nazaret.
2- Tú, que te turbaste, en tu humildad, y te preguntabas qué podia significar ese saludo.
3- Tú, turbada por el ángel cuando te anunciaba que Dios te había elegido para ser la Madre del Mesías.
4- Tú, a quien el ángel recordó que el Mesías, descendiente de David, debía reinar eternamente en la casa de Jacob.
5- Tú, que preguntaste prudentemente: «Cómo será, puesto que soy virgen?».
6- Tú, a quien el ángel respondió: «El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.»
7- Tú, a quien el ángel reveló la maravilla de las maravillas, desvelándote que el Niño que iba a nacer de ti seria el propio Hijo de Dios.
8- Tú, a quien el ángel dio como garantía de su palabra la futura y milagrosa maternidad de tu prima Isabel.
9- Tú, que diste pleno consentimiento al designio del Señor diciendo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
10- Este Jesús que, al instante, en un acto de obediencia al Padre, tomó carne en tu seno virginal.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la gracia de una obediencia pronta y alegre a todos los deseos (o mandatos) del Señor, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre..


LA VISITACIÓN
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, cuyo Espíritu te inspiró acudir con prontitud a visitar a tu prima Isabel, para felicitarla y asistirla.
2- Jesús, todavía tan leve en tu seno mientras que tú subías, alegre y presurosa, las colinas de Judea.
3- Jesús, cuya presencia oculta hizo saltar de alegría a san Juan Bautista en el vientre de su madre.
4- Jesús, cuyo Espíritu desveló tan cabalmente a Isabel el significado del regocijo con que te saludó como Madre de su Señor.
5- Jesús, cuyo Espíritu inspiró las felicitaciones afectuosas que ella te dirigió.
6- Jesús, bajo cuya inspiración diste curso libre a tu alegría diciendo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador».
7- Jesús, quien, por su oculta presencia, santificó los últimos meses de la espera de Isabel y el nacimiento del Precursor.
8- Jesús, verdadera luz del mundo y Sol de Justicia, cuyo Precursor saludó Zacarías en su propio hijo recién nacido.
9- Jesús, a quien llevaste en tu seno, como un tesoro escondido, mientras meditabas en los maravillosos acontecimientos que acababas de vivir.
10- Jesús, a quien san José mereció servir como padre aquí abajo por su humilde obediencia al ángel, que le decía que te tomara por esposa.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la gracia de una caridad más comprometida con el prójimo, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


EL NACIMIENTO
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, a quien llevaste durante seis meses más con tanto amor, plenamente feliz de sentirle desarrollarse en ti.
2- Jesús, quien debía nacer en Belén, a donde te condujo providencialmente el edicto de César Augusto.
3- Jesús, a quien las circunstancias te obligaron a darlo a luz en un pobre establo, siendo el Creador del mundo.
4- Jesús, a quien recibiste con más amor y ternura, alegría, admiración agradecimiento con que ninguna madre haya recibido nunca a su hijo.
5- Jesús, a quien envolviste en pañales y acostaste en un pesebre, adorándole como Hijo de Dios.
6- Jesús, a quien le presentaste a san José para adorarle a la vez que le confiaste a su ternura paterna.
7- Jesús, cuyo nacimiento saludaron los ángeles con el canto de los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor».
8- Jesús, a quien presentaste a los pastores para que le adorasen, aceptando sus humildes ofrendas.
9- Jesús, anunciado por una estrella y a quien presentaste para que los magos le adorasen, aceptando sus regalos llenos de misterio.
10- Jesús, de quien se decían cosas maravillosas que conservabas celosamente y meditabas sin cesar en tu corazón.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos de tu Hijo la gracia de un verdadero y sincero desapego de los bienes terrenos, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


LA PRESENTACION
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, de quien, con el corazón inmensamente estremecido, viste correr, por primera vez a los ocho días de nacer, su sangre redentora.
2- Jesús, a quien diste ese mismo dia, segun la orden divina transmitida por el ángel, el nombre bendito que significa «Yahvéh Salvador».
3- Jesús, a quien, treinta días más tarde, joven madre radiante de felicidad y nobleza, llevaste al templo de Jerusalén.
4- Jesús, a quien, con la alegria y simplicidad de tu corazón, ofreciste a su Padre presintiendo que sería un día el Cordero del sacrificio.
5- Jesús, a quien seguiste en el camino de la humildad y de la obediencia, sometiéndote tú misma al rito de la purificación.
6- Jesús, a quien pusiste en los brazos del anciano Simeón, que acudió al Templo por inspiración del Espíritu Santo.
7- Jesús, a quien Simeón recibió con tanta alegría exclamando: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz».
8- Jesús, en quien Simeón saludó la luz de las naciones y la gloria de su pueblo Israel.
9 Jesús, de quien Simeón te predijo que un día, por su causa, una espada de dolor te traspasaría el alma.
10- Jesús, de quien la profetisa Ana decía igualmente cosas maravillosas que guardabas en tu corazón.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la gracia de una perfecta pureza de cuerpo, de espíritu y de corazón, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, con quien tuviste que huir a Egipto para librarle de la cruel envidia de Herodes.
2- Jesús, que aprendió a caminar y a hablar en tierra de exilio, hijo feliz a quien cuidaba una madre tan distinguida.
3- Jesús, a quien, siguiendo el mandato del ángel, llevaste de nuevo a Nazaret, donde continuó creciendo en edad y sabiduría.
4- Jesús, de doce años, a quien llevaste por primera vez en peregrinación a Jerusalén, radiante de alegría él, y tú feliz con su contento.
5- Jesús, con quien oraste en comunión perfecta durante aquella Pascua que presagiaba para él otra, todavía lejana.
6- Jesús, a quien buscaste durante tres días, con lágrimas y angustia.
7 Jesús, a quien encontraste con tanta alegría en medio de los doctores de la Ley, admirados por la sabiduría de sus respuestas.
8- Jesús, quien te hizo comprender que su misión le exigía dedicarse ante todo a las cosas de su Padre.
9- Jesús, vuelto a Nazaret contigo, donde se te mantuvo sumiso con una intimidad de alma más profunda según crecía en edad.
10- Jesús, que en el día de las bodas de Caná a ruego tuyo hizo su primer milagro, revelándonos así tu maternal omnipotencia suplicante.
Santa María, Madre de Dios, alcánzanos el gustar la vida humilde y escondida, únicamente dedicada a la gloria de Dios, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


MISTERIOS DOLOROSOS

INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, que envió a dos de sus discípulos preferidos, Pedro y Juan, para preparar el banquete pascual.
2- Jesús, que celebró con tanto fervor, con sus discípulos, la última Pascua del Antiguo Testamento.
3- Jesús,, que en el transcurso de la cena, les dio admirables enseñanzas sobre la vida íntima de Dios y sobre la práctica de la caridad fraterna.
4- Jesús, que confirmó sus enseñanzas con una extraordinaria lección de humildad y de caridad lavándoles él mismo los pies.
5- Jesús, quien al decirles: «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre» les dio el sacramento de su presencia real, gracias a la cual no cesa de estar entre nosotros.
6- Jesús, que al decirles: «Tomad y comed, tomad y bebed» les dio el sacramento de su amor, la comunión en su Cuerpo y en su Sangre.
7- Jesús, que al instituir el sacrificio eucarístico, se dio a nosotros como la única y perfecta víctima de adoración y de expiación.
8- Jesús, que instituyó el sacramento del orden e hizo de sus Apóstoles los primeros sacerdotes de la Nueva Alianza diciéndoles: «Haced esto en memoria mía».
9- Jesús, que después de esta primera eucaristía y esta primera ordenación, elevó a su Padre la más hermosa acción de gracias, su oración sacerdotal.
10- Jesús, que precedió a los suyos para consumar de forma cruenta el sacrificio que acababa de instituir de forma sacramental.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos participar siempre con mayor fervor y amor en el misterio de la Eucaristía, y ruega por nosotros, pecadores...
Gloria al Padre...


LA ORACIÓN EN EL HUERTO
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, que comenzó a temblar de horror y de angustia cuando iba de camino a Getsemaní.
2- Jesús, que eligió a sus tres apóstoles preferidos, Pedro,Santiago y Juan, para ser los únicos testigos de su agonía.
3- Jesús, que al entrar en agonía oró diciendo: «Padre, si es posible, que se aleje de mí este cáliz».
4- Jesús, que al acercarse a sus Apóstoles para buscar en ellos un poco de consuelo, acrecentó su dolor el encontrarles dormidos.
5- Jesús, que oró con más insistencia: «Abba, Padre; todo te es posible, aparta de mí este cáliz».
6- Jesús abrumado de angustia y de dolor hasta el punto de sudar gotas de sangre.
7- Jesús, tan exhausto de fuerzas humanas que su Padre le envió un ángel para confortarle.
8- Jesús, que, al orar por tercera vez, aceptó plenamente salvarnos por su pasión diciendo: «Padre, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
9- Jesús, que, para ofrecer a Judas una última posibilidad de salvación, aceptó recibir el beso de la traición.
10- Jesús, que, después de haber dado una última prueba de su poder, se dejó arrestar y presenció cómo le abandonaban todos sus apóstoles.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la gracia de un profundo y sincero arrepentimiento de nuestros pecados, y ruega por nosotros, pecadores...
Gloria al Padre...


LA CONDENA A MUERTE
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús conducido al tribunal de Caifás, ante el cual afirmó solemnemente que él era «el Mesías, el Hijo de Dios».
2- Jesús que, por haber dicho esas palabras, fue insultado, abofeteado y condenado a muerte por los jefes de los sacerdotes y el Sanedrín.
3- Jesús conducido al tribunal de Pilato, ante quien no temió afirmar: «Tú lo dices, soy Rey; pero mi reino no es de este mundo».
4- Jesús, a quien Pilato, demasiado débil, remitió a Herodes después de reconocer su inocencia .
5- Jesús, que al negarse a hacer milagros para satisfacer la curiosidad de Herodes, fue tratado de loco y enviado de nuevo a Pilato.
6- Jesús, cuya muerte los judíos persistían en reclamar, mientras pedían la absolución de Barrabás.
7- Jesús, a quien Pilato, con una nueva claudicación más odiosa, hizo flagelar de manera inicua e inhumana para apaciguar a los judíos.
8- Jesús, coronado de espinas en una parodia de investidura real, cruel y sacrílega, pero profética.
9- Jesús, presentado por Pilato a los judíos diciendo: «Este es el hombre», repondiéndole los judíos: «Crucifícalo».
10- Jesús, inocente, a quien Pilato, en un acto supremo de debilidad, condenó a muerte por temor a perder el favor del emperador.

Santa María, Madre de Dios, pide se nos conceda la gracia de mantener siempre firmemente las exigencias de la verdad, cualesquiera que sean los juicios de los hombres, y ruega por nosotros, pecadores.
Gloría al Padre...


CAMINO DEL CALVARIO
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, cargado con el peso insoportable de la cruz, el instrumento de suplicio reservado a los esclavos.
2 Jesús, incorporado después de una primera caída, a pesar de los golpes e injurias, para seguir el camino del Calvario.
3- Jesús, desgarrado de dolor en su corazón al encontrarte llorando en su camino.
4- Jesús, dolorido y humillado, cuya sola vista le causó tan cruel quebranto a tu corazón materno.
5- Jesús, tan agotado que los soldados tuvieron que requerir de Simón el Cireneo ayuda para llevar su cruz.
6- Jesús, con quien una santa mujer tuvo tal gesto de piedad compasiva, que fue maravillosamente recompensado.
7- Jesús, que después de una segunda caída siguió subiendo hacia el Calvario por el inmenso deseo de salvamos.
8- Jesús, que en medio de tantos dolores tuvo el coraje de consolar a las mujeres de Jerusalén y exhortarlas a la penitencia.
9- Jesús, que abatido cae por tercera vez al llegar a la cima del Calvario, tan exhausto de fuerzas que no pudo levantarse.
10- Jesús, despojado brutalmente de sus vestiduras y mostrándose así como la víctima dispuesta a dejarse inmolar.

Santa María, madre de Dios, alcánzanos la gracia de soportar con paciencia generosa todos nuestros sufrimientos y pruebas, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


LA MUERTE EN LA CRUZ
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, cuyas manos, a costa de un sufrimiento atroz, fueron clavadas en la cruz.
2- Jesús, elevado en alto y con sus pies clavados al madero.
3- Jesús, que en medio de tan crueles dolores oró por sus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».
4- Jesús, que nos confió a todos a tu ternura maternal al mismo tiempo que a san Juan, de quien te dijo: «Mujer, he ahí a tu hijo».
5- Jesús, que se dirigía a cada uno de nosotros cuando decía de ti a san Juan: «He ahí a tu Madre».
6- Jesús, que respondio a la humilde súplica del buen ladrón: «Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso».
7- Jesús, que, en el colmo de su desolación, se dirigió a su Padre: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
8- Jesús, que consumó su sacrificio en un acto supremo de caridad gritando: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
9- Jesús, cuyo Corazón fue traspasado por la lanza y cuyo cuerpo fue bajado de la cruz y puesto en tus brazos.
10 Jesús, a quien las santas mujeres y los pocos discípulos que permanecían fieles te ayudaron a depositar en la tumba.

Santa María, Madre de Dios, ruega para que se logre la conversión de todos los pecadores y la salvación de todos tus hijos, y también ruega por nosotros, pecadores ...
Gloria al Padre...


MISTERIOS GLORIOSOS

LA RESURRECCIÓN
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, salido de la tumba vivo y glorioso en la mañana del tercer día.
2- Jesús, que movido por su amor filial quiso revelarte, a ti la primera, el triunfo de su resurrección.
3 Jesús, que quiso recompensar el amor de Magdalena haciéndola la mensajera de la alegría pascual para los Apóstoles.
4- Jesús, que se apareció a las santas mujeres que le habían seguido tan amorosamente hasta el Calvario y hasta la tumba.
5- Jesús, aparecido a san Pedro para perdonarle su triple negación y confirmarle en su cargo de jefe de los Apóstoles.
6- Jesús, aparecido a los discípulos de Emaús para descubrirles, mediante las Escrituras, la necesidad del sufrimiento redentor.
7- Jesús, aparecido a los diez apóstoles reunidos en el Cenáculo, la tarde de Pascua, para hacer de ellos testigos oficiales de su resurreción.
8- Jesús, aparecido ocho días más tarde a los once para mostrar sus llagas a santo Tomás, que exclamó: «Señor mío y Dios mío».
9- Jesús, aparecido misteriosamente a los apóstoles a la orilla del lago de Genesaret, cuando la segunda pesca milagrosa.
10- Jesús, que para confirmar nuestra certeza de su triunfo sobre la muerte se manifestó a más de quinientos de sus discípulos.

Santa María, Madre de Dios, fortalece nuestra fe en el misterio de la resurreción, fundamento de nuestro credo, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


LA ASCENSIÓN
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, que quiso manifestarse una vez más a sus discípulos reunidos, antes de sustraerse definitivamente a sus miradas.
2- Jesús, que comenzó por reprocharles su tardanza en creer en el testimonio de los que le habían visto resucitado.
3- Jesús, que rehusó satisfacer su curiosidad sobre la fecha de su última venida.
4- Jesús, que tuvo con ellos una última comida para darles una prueba más de la realidad física de su resurrección.
5- Jesús, que les mandó: «Id y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
6- Jesús, que les prometió confirmar con milagros y prodigios la verdad de su testimonio.
7- Jesús, que quiso confortar sus ánimos diciéndoles: «He aquí que estoy con vosotros hasta el fin del mundo».
8- Jesús, que les bendijo por última vez antes de elevarse al cielo y desaparecer en la nube.
9- Jesús, cuya vuelta gloriosa en el último día como juez soberano de vivos y muertos, fue anunciada por dos ángeles.
10- Jesús, cuyos Apóstoles volvieron a Jerusalén llenos de alegría, a pesar de la pena de la separación, por el pensamiento de la gloria en la que acababa de entrar.

Santa María Madre de Dios, fortalece nuestra esperanza en los bienes futuros que Cristo fue a prepararnos, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


PENTECOSTÉS
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1 Jesús, encargándote esperar la venida del Espíritu Santo en oración con los apóstoles.
2- Jesús, cuyo Espíritu sopló sobre ti en un viento impetuoso.
3- Jesús, cuyo Espíritu te había hecho antaño Madre de Dios, hizo de ti igualmente la Madre de la Iglesia.
4- Jesús, cuyo Espíritu ha venido a ser desde el día de Pentecostés el alma de la Iglesia naciente.
5- Jesús, cuyo Espíritu te llenó, a ti y a los apóstoles, de piedad y de temor de Dios.
6- Jesús, cuyo Espíritu te llenó, a ti y a los Apóstoles, de fortaleza y de ciencia.
7- Jesús, cuyo Espíritu te llenó, a ti y a los apóstoles, de prudencia y de consejo.
8- Jesús, cuyo Espíritu te llenó, a ti y a los apóstoles, de inteligencia y de sabiduría.
9- Jesús, cuyo Espíritu llenó a los apóstoles de tanta confianza en el Nombre divino para anunciar la Buena Noticia.
10- Jesús, cuyo Espíritu, en solo ese día de Pentecostés, convirtió a tres mil hombres por la predicación de los apóstoles.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la sobreabundancia de esa caridad que el Espíritu ha derramado en nuestros corazones, y ruega por nosotros, pecadores...
Gloria al Padre...


LA ASUNCIÓN
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.

1- Jesús, cuya presencia guardaste admirablemente en tu corazón, mientras vivías bajo la protección filial de san Juan.
2- Jesús, con quien llevaste una vida de intimidad cada vez más profunda durante estos largos años de espera.
3- Jesús, cuya venida deseaste con un ardor siempre creciente.
4- Jesús, a cuyas manos, cuando te llegó la hora, encomendaste tu alma con el confiado abandono del más perfecto de los actos de caridad.
5- Jesús, que en un instante, en una visión que no ha sido sobrepasada sino por la suya propia, te desveló el esplendor infinito de su gloria divina.
6- Jesús, que, en la misma visión, te reveló el esplendor incomparable de tu propia santidad.
7 Jesús, que quiso devolverte tu cuerpo, a fin de asociarte más plenamente a los misterios de su resurrección y de su ascensión.
8- Jesús, que te ha colocado para siempre en la irradiación íntima de su humanidad divinamente glorificada.
9- Jesús, que te ha conservado hasta en el cielo esa autoridad materna que hace de ti la «Todopoderosa suplicante».
10- Jesús, cuyo Cuerpo místico continúa siendo objeto de tu vigilante y maternal solicitud.

Santa María, Madre de Dios, alcánzanos la gracia de una muerte santa que corone toda una vida dedicada al servicio de Dios, y ruega por nosotros, pecadores...
Gloria al Padre...


LA CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA
Padre nuestro. Dios te salve, María... de tu vientre, Jesús.
Jesús que te coronó como...

1- Reina de los ángeles, cuya dignidad de Madre de Dios te coloca infinitamente por encima de todas las jerarquías celestes.
2- Reina de los patriarcas, porque siendo la Madre del Redentor, eres igualmente madre del inmenso pueblo de los redimidos.
3- Reina de los profetas, porque trajiste al mundo la Palabra de Dios en toda su plenitud, el Verbo encarnado.
4- Reina de los Apóstoles, porque diste al mundo al que es la Buena Nueva en persona, la fuente de toda verdad y de toda santidad.
5- Reina de los mártires, porque diste gloria a Dios haciendo tuyos los sufrimientos de tu divino Hijo, mejor que si hubieses derramado tu propia sangre.
6- Reina de los santos pontífices, porque tu autoridad materna continúa siendo reconocida por el que es el jefe glorioso de todo el cuerpo místico.
7- Reina de los santos sacerdotes, monjes y religiosos, porque estuviste consagrada más perfectamente que todos ellos al único servicio de Dios y de su Cristo .
8- Reina de las santas vírgenes, porque tu virginidad de cuerpo y alma sobrepasa infinitamente la de todas ellas, en esplendor y en perfección.
9- Reina de los santos esposos, porque tu casta unión con san José fue elevada al momento (o de golpe) a la perfección del amor conyugal plenamente espiritualizado.
10- Reina de todos los santos del cielo, porque tu corona de gloria resplandece con los esplendores variados de toda las formas de santidad.

Santa María, Madre de Dios, sé tú cada día más la Reina de nuestros espíritus y de nuestros corazones, y ruega por nosotros pecadores...
Gloria al Padre...


NUEVA LETANÍA DE LA VIRGEN

Esta letanía forma parte del «Ritual de Coronación de una imagen de Santa María Virgen». Se presenta aquí como un complemento adecuado de las decenas de los misterios de rosario, o de otras oraciones, pues es una oración a Santa María Virgen particularmente rica en su aspecto doctrinal y devocional. La traducción es oficial y se encuentra en Pastoral Litúrgica. Documentación, información, nº 135-136 ( 1984) 22-23.
Santa María
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las vírgenes
Hija predilecta del Padre
Madre de Cristo Rey
Gloria del Espíritu Santo
Virgen Hija de Sión
Virgen pobre y humilde
Virgen sencilla y obediente
Esclava del Señor
Madre del Señor
Colaboradora del Redentor
Llena de gracia
Fuente de hermosura
Conjunto de todas las virtudes
Fruto escogido de la redención
Discípula perfecta de Cristo
Imagen purísima de la Iglesia
Mujer nueva
Mujer vestida de sol
Mujer coronada de estrellas
Señora llena de benignidad
Señora llena de clemencia
Señora nuestra
Alegría de Israel
Esplendor de la Iglesia
Honor del género humano
Abogada de la gracia
Dispensadora de la piedad
Auxiliadora del Pueblo de Dios
Reina de la caridad
Reina de la misericordia
Reina de la paz
Reina de los ángeles
Reina de los patriarcas
Reina de los profetas
Reina de los apóstoles
Reina de los mártires
Reina de los confesores
Reina de las vírgenes
Reina de todos los santos
Reina concebida sin pecado original
Reina asunta a los cielos
Reina del mundo
Reina del cielo
Reina del Universo.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.- perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.- escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.- ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de a1canzar las promesas de Cristo.

Oremos:
Señor y Dios nuestro: te rogamos nos concedas, como a servidores tuyos, gozar siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de la bienaventurada siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de la vida presente y otórganos las alegrías eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.