lunes, 22 de agosto de 2011

Velorio Cristiano



La Pastoral del Duelo

Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mi, aunque muera vivirá” (Jn 11,25)

¿Qué es el duelo?

El término duelo procede etimológicamente del vocablo latino dolium, que a su vez deriva del verbo, doleo (dolerse). El duelo es la actividad y actitud de la persona ante la reacción emocional, espontánea y natural del sufrimiento producido por:

Pérdida de bienes, prestigio, posición, afectos, amores, amistad, identidad personal, autoestima, ilusiones, honor, verdad, posibilidades, salud, integridad corporal, raíces culturales, patria, trabajo... Omisión de lo que no se pudo tener, ser, hacer, amar o ser amado...Alejamiento o separación parcial o definitiva de alguien amado.... Muerte de seres queridos y la propia muerte cercana.

Su intensidad

La intensidad del sufrimientos en los duelos, obviamente, es mucho mayor por la muerte de seres queridos que por pérdidas de bienes apreciados.

En efecto, la intensidad de los sentimientos se produce por:

Lo definitivo de la pérdida o de la muerte.

La ansiedad de la separación.

El vacío o desconcierto de la ausencia.

La causa y circunstancias que lo ocasionaron (acción o muerte impuesta, indigna, deshumanizada, con abandono, con negligencia, con violencia...)

La hondura de la relación existente.

El rol desempeñado por el difunto o ausente

La fuerza del "apego": dependencia o independencia que se ha generado

La actitud asumida: pasiva o activa

La consideración sobre la realización, satisfacción y cumplimiento de la vida del fallecido.

Los asuntos sin resolver entre dolientes y difuntos.

La canalización y reinversión afectivas desplegadas.

La utilización de los recursos humanos y religiosos de que dispone cada persona: carácter, salud mental, autoestima, capacidad adaptativa, experiencia de otros duelos, acción vincular y familiar, capacidad de expresar el duelo, vivencia espiritual. Sufrimos como somos, pensamos, creemos y esperamos, es decir según nuestra propia personalidad.

Muchos autores mencionan la intensidad según este tipo de vínculos o situaciones:

1. Muerte del hijo

2. Muerte del cónyuge

3. Separación o divorcio del cónyuge

4. Encarcelamiento o pérdida de la libertad

5. Muerte del familiar cercano

6. Accidente o enfermedad

7. Crisis familiar grave

8. Expulsión del trabajo

9. Pérdida económica importante

10.Jubilación

Duelo: ¿Cómo afecta?

En el proceso del duelo queda dañada la biología de la persona (corporeidad), se resiente la biografía (proyectos, estilos de vida, mundo emocional, vida espiritual...) y se achica la biofilia (autoestima, razón vital, gusto por la vida, sentido existencial). El duelo es una experiencia global. Afecta a toda la persona, en todas y en cada una de sus dimensiones:

  • Física
  • Emocional
  • Intelectual
  • Social
  • Espiritual

He aquí las principales reacciones:

En la dimensión física:

Dolor de cabeza.

Sequedad de boca.

Sensación de estómago vacío.

Falta de energía y debilidad.

Llanto.

Dolores agudos en el cuerpo.

Opresión en el pecho y garganta.

Taquicardias.

Anorexia y pérdida de peso.

Alteración en el sueño.

En la dimensión emocional:

Tristeza y depresión temporal.

Extrañeza ante el mundo habitual.

Deseo de presencia del fallecido.

Hablar con el muerto.

Añoranza.

Obsesión por recuperar la pérdida.

Deseo de unirse al muerto.

Suspiros.

Sentimiento de impotencia.

Insensibilidad y desinterés.

Sentimiento de abandono y soledad.

Culpa y auto-reproche.

Aprensión de que suceda algo malo, miedos.

Falta de deseo sexual.

Temor a apegarse a seres queridos, ante posibles muertes.

Pérdida de autoestima.

En la dimensión social:

Auto-aislamiento.

Hiperactividad.

Hipersensibilidad a ruidos, risas...

Deseos de superprotección.

Desconcentración en el trabajo.

Despreocupación por lo cotidiano.

Ausencia de proyectos.

Desinterés por los acontecimientos externos.

En la dimensión Intelectual

Confusión y aturdimiento

No aceptación de la realidad

Incredulidad

Alucinaciones visuales y auditivas.

Dificultad de atención y concentración.

Incapacidad de coordinación mental.

Obsesión por encontrar respuestas.

Acatar mensajes negativos del sufrimiento

Centrar la mente y la conversación en el fallecido.

En la dimensión espiritual:

Conciencia de la finitud humana.

Sin esperanza de trascendencia.

Crisis del sentido vital.

Crisis de fe.

Dudas del amor y bondad divinas.

Sentirse abandonado por Dios.

Resentimiento contra Dios y alejamiento de la Iglesia...

Hacer el duelo

Conviene diferenciar entre estar en duelo y hacer el duelo. Estar en duelo es propiamente un estado sufriente pasivo, víctima del sufrimiento. Hacer el duelo es el proceso activo de recuperación integral de la persona en todas sus dimensiones, en una sana elaboración del sufrimiento, poniendo mucha voluntad.

Los espacios vitales.

El duelo se hace en estos “lugares” de la persona

  • En el hablar: rompiendo el aturdimiento inicial expresando el sufrimiento, comunicándose.
  • En el corazón: desahogando la pena y canalizando la energía afectiva con un sano amor, en verdad y libertad.
  • En la mente: esclareciendo y superando concepciones erróneas, ideas insanas.
  • En la fe: esperanza en la Resurrección, vivencia de una fe madura, con sana concepción de Dios.
  • En la acción: volver a reinsertarse en la vida con un proyecto significativo de vida, con futuro, siendo feliz.

Fases del duelo-Tipos de duelo

Fases del duelo

La simple observación de un alma en duelo, así como la literatura de siglos y recientemente algunos estudios de especialistas, constata etapas por las que se suele pasar en el proceso de elaboración del sufrimiento.

  • Aturdimiento inicial: el sufrimiento puede dejar anestesiado, perturbado, mudo, incluso privado de autonomía de pensamiento, palabra y acción.
  • Lamentación: surgen las primeras expresiones inarticuladas, las exclamaciones, abundan los gestos, viene la queja: "¡No lo puedo creer!"
  • Negación: "¡No, no es cierto!"
  • Rechazo: ¡No, no lo acepto!
  • Miedo y ansiedad: "¡ Y si me sucediera...!"
  • Culpa: "¡Si yo no hubiese...!"
  • Bronca: "¿Por qué a mí?" "¿Por qué se lo hicieron, Dios?" - Tristeza profunda "¿Qué sentido tiene ya...?"
  • Resignación: "¡Me tocó a mi. Es la fatalidad!"
  • Recobrando serenidad interior: "¡Después de tanto sufrimiento, estoy recobrando la paz!"
  • Integración y resignificación: "¡Hay que volver a vivir. Mi ser querido me quiere feliz!" La sabia psicología humana necesita de estas fases para encajar un golpe tan fuerte. Lo preocupante es estancarse en una de ellas y no llegar a la aceptación y superación.

Duelo - Su finalidad

Muchos creen que en el duelo hay que dejar pasar el tiempo que todo lo cura y considerar el sufrimiento como propio, exclusivo y no compartible; no hablar y sufrir en soledad y en silencio; procurar despejarse y evadir los recuerdos; vivir como si nada hubiera pasado, cayendo así en una especie de sumisión ante el fatalismo. ¡Es un gran error!

Otros, por el contrario, creen que el duelo es un continuo lamento y desahogo exteriores, situándose en un estilo de vida eternamente infeliz; o recluyéndose en un mundo imaginario por sentirse agobiados por la realidad. ¡No es lo correcto!

No es tampoco el duelo para olvidar ni para dejar de amar al ser querido muerto. ¡Sería absurdo!

La finalidad del duelo es dar expresión y cauce sano a los sentimientos, serenando el sufrimiento, dominado la pena de la separación, aceptando la realidad de la muerte, integrando la extrañeza física, reorientando positivamente la energía afectiva con un proyecto pleno de sentido, amando con un nuevo lenguaje de amor al fallecido a quien, como creyentes, ponemos en las manos misericordiosas de Dios en la esperanza firme de la resurrección, donde nos ama con el amor purificado y pleno de Dios.

Pensando sobre el duelo

Más que un problema es un misterio con el que hay que convivir y elaborar sanamente.

Nadie muere solo. Nadie quiere que se mueran con el. No morirse con los muertos.

Lo que no se asume, no se redime. El sufrimiento no tiene atajos.

Después de perder mucho, no darse permiso para perder más. Hay que dejar de mirar lo perdido y optar por lo que se puede ganar.

No se puede elegir la muerte pero sí que actitud tomar ante ella.

El peor enemigo en el duelo es no quererse.

El duelo elaborado nos enseña a vivir en verdad y libertad. Y sin apegos. Purifica el amor.

La asignatura del duelo o se rinde o se deje previa.

El mejor regalo al ser querido muerto: ser feliz.

La mayor tragedia: quedarse sin sentido en la vida.

Dios es tu mejor amigo. No te hagas "el duro con él".

El duelo es...

Lágrima furtiva ante la tumba.

Solitaria soledad entre muchos.

Sobrevivir sin vivir.

Ir a la mesa y encontrar un hueco vacío.

Desear que la realidad fuese distinta, luchando contra lo imposible.

Estar en la cama sin sentir el calor de una caricia. - Muerte del hermano que levantó pronto el vuelo.

Enterrar los padres al hijo.

Ilusión de un embarazo que nunca verá la primavera de la vida.

Ternuras de abuelos regadas en penas.

Miedo e inseguridad del hijo que perdió una estrella fija en el firmamento de su existencia.

Querer amar y mediar la ausencia física.

Ver crecer a los hijos de los amigos y no al propio.

Un sueño imposible: "Si viviera ahora él..." Lucha de la memoria del corazón contra la memoria de la mente.

Mirar al infinito buscando un sentido.

Culpa insistente, bronca ciega, tristeza fría.

Miedo misterioso, sin sentido, pregunta sin respuesta.

Amor sin apegos.

Mirar al ser querido con los ojos del alma.

Mano a mano con Dios.

Esperanza del reencuentro

Tiempos de Duelo

Su acompañamiento

El duelo tiene sus tiempos (cfr. Ecl 3,1-8).

Se quiere salir rápidamente del sufrimiento, pero no siempre es posible.

Con el duelo hay que ser pacientes pero no pasivos.

Hay que tomarse y conocer "sus tiempos".

El acompañamiento en todo duelo es una disciplina y un arte que implican en el ayudante, también sanador herido, madurez afectiva, gran capacidad de escucha, habilidad en la relación ayudante-ayudado, acogida emotiva, control emocional, serena empatía, conocimiento de los tiempos y movimientos del alma sufriente, experiencia de vida espiritual...

El duelo tiene su lógica y sus tiempos específicos en los que el dinamismo terapéutico ha de recorrer los pasillos interiores del hombre herido hasta sanarlo.

Inicialmente, lo mejor es contener y acompañar, permitiendo los desahogos necesarios, haciendo acto de presencia y ofreciendo servicios concretos.

"Mira que la dolencia de amor no se cura sino con la presencia y la figura" (S. Juan de la Cruz).

El duelo anticipado

En no pocas ocasiones, como en el caso del enfermo moribundo, se puede prever la muerte más o menos cercana.

Los familiares, si aceptan la realidad, van entrando en un duelo anticipado.

El moribundo también hace su duelo anticipado.

Yo casi no lloré después de la muerte de mi marido, pero antes fui un llanto continuo. Sólo no lloraba delante de él.

En ocasiones, tras penosa y larga enfermedad: Lo vimos como una liberación.

Sin embargo, esta anticipación no es garantía de un duelo sin obstáculos. Para muchos, aún en esas circunstancias, no es fácil aceptar la cruda realidad y la muerte cae como ladrón en la noche: No podía creer que se me iba a morir alguna vez. No quería creerlo.

El agente de relación de ayuda ha de tener mucho tacto para empatizar con las personas al ritmo de sus ritmos en el duelo anticipado.

El desahogarse con libertad y poder compartir la verdad de la situación con alguien es sumamente terapéutico. Es bueno procurar para los dolientes un espacio físico con cierta intimidad.

Se ha de informar oportuna, sencilla y claramente por parte del profesional competente, asegurando a los seres queridos que se está haciendo todo lo humanamente posible.

Al comunicar la muerte, es conveniente explicar cómo fue el proceso, aceptar preguntas e interesarse por las necesidades emotivas y espirituales.

El velatorio

La sociedad actual tan juvenalista y secularista, que tabuiza la muerte, ha eliminado muchas expresiones del duelo y del luto y ha reducido otras con lo cual no se facilita su sana elaboración.

Todos los pueblos han ritualizado el adiós a sus seres queridos.

Han elaborado ritos fúnebres, han culturizado y socializado la muerte.

Estos ritos y ceremonias constituyen un caudal acumulado que logra una sana y sabia manera de ayudar emocionalmente a las personas en duelo, permitiendo que se expresen en la acción sentimientos demasiado profundos como para ser expresados con palabras en momentos tensos de emoción.

El velatorio, tanto en un lugar público como en casa, facilita la aceptación de la muerte, permite aflorar el llanto liberador, dominar la pena de la separación, tocar el cadáver y hablar para despedirlo, expresando los genuinos sentimientos ante el muerto...

Es duro no poder velar a los seres queridos muertos, ni ver su cadáver.

El sereno acompañamiento ha de dar completa libertad al sufriente para su desahogo, respetando sus silencios.

Se ha de ofrecer una presencia solidaria con ayudas o gestiones concretas, si fuesen necesarias.

Se ha de reavivar la esperanza cristiana en la resurrección, evocando la resurrección de Cristo y la misericordia divina, ante familiares cristianos.

En los velatorios y funerales se ofrece a la comunidad la posibilidad de expresar la solidaridad y los propios afectos a los deudos.

Es una ocasión especial de reflexión sobre la propia muerte.

Las exequias o funerales

Es saludable poder decir adiós al ser querido muerto, ritualizar la despedida, honrar su memoria, agradecer su existencia... Conforta a los familiares escuchar lo significativo que fue su ser querido para la comunidad, que será recordado positivamente...

En la liturgia de las exequias (responso, funeral, despedida en el cementerio, novenario, etc.) la finalidad de los ritos cristianos no es venerar los cuerpos sino celebrar la memoria del difunto, afirmar el valor de la vida y situar el acontecimiento de la muerte en el horizonte de la pascua de Cristo.

Estos actos litúrgicos dan un sentido de continuidad a la vida y fomentan la pertenencia al pueblo de Dios. A su vez, facilitan la elaboración del duelo al contribuir a:

  • Afrontar la realidad de la muerte sin negarla u ocultarla.
  • Exteriorizar la pena liberando las emociones.
  • Reavivar la fe y la esperanza en los presentes.
  • Despedir comunitariamente a un miembro de la comunidad.
  • Comunitarizar la ayuda de los deudos.
  • Reflexionar sobre la muerte evangelizando la vida.

Otras celebraciones litúrgicas durante el año (misas de sufragio, paraliturgias y otros ritos familiares) van ayudando a serenar el sufrimiento y alimentan la esperanza.

Se ha de considerar el hecho de tener las cenizas del muerto en casa. Puede acarrear serios problemas en la sana elaboración del duelo.

La visita a domicilio

Se ha de efectuar periódicamente la visita a domicilio al menos durante un mes, después del fallecimiento.

Es necesario tomarse tiempo e ir con calma, no hablar mucho, practicar la actitud de escucha, emplear también el lenguaje no verbal, permitir el desahogo de los sentimientos del doliente y aceptar el llanto.

Está hablando el corazón: no entrar en desintonía con razones. No juzgar. No tener que responder a todos los interrogantes, pero sí escucharlos.

Es bueno, si se pide, clarificar las fases del duelo y sus tiempos, expresando que son normales las manifestaciones emotivas, aconsejando no tomar decisiones importantes de inmediato.

No caer en el error de ayudar a evadirse de la realidad con meros consuelos o "frases hechas"(1).

Es muy aconsejable aportar ayudas concretas: en la casa, con trámites, evitando el aislamiento de quien sufre. Todo sin atosigar.

Pastoralmente, el ayudante ha de reforzar la fe, el vínculo comunitario eclesial y la esperanza del sufriente.

Frases hechas que hay que evitar: "deshacen" el duelo

Al menos te quedan otros hijos.

Dios quería un angelito.

Sé como te sientes.

Es mejor así. Dejó de sufrir.

Si tenía que suceder, mejor que fuera pronto.

Es la voluntad de Dios.

Jesús también sufrió. ¿Por qué no tú?

Dios se ha llevado. Lo necesitaba junto a El.

Si me pasara a mí, me moriría.

¡Animo, otros pasaron por esto!

El destino lo ha querido así.

Es la ley de la vida.

Es así, hoy estamos, mañana no.

Hemos nacido para sufrir.

Sé fuerte. No llores.

El tiempo cura todas las heridas.

Era demasiado bueno para este mundo.

La ayuda profesional

Hay duelos en los que por su intensidad, circunstancias peculiares, implicaciones emotivas, conflictos que arrastra y reacciones anómalas, el doliente somatiza y/o entra en un cuadro depresivo.

El médico deberá detectar el origen del "dolor", evitando la medicalización innecesaria del duelo. Especialmente en tales casos, es muy útil aconsejar la ayuda terapéutica de un profesional especializado. Esto Será siempre necesario en los duelos extraordinarios y patológicos.

El terapeuta ha de inspirar confianza en el doliente para permitirle descargar libremente todo su torrente emocional contenido, cosa que no siempre es factible en casa o en los ámbitos comunitarios.

El profesional, en la admisión, ha de dar una precisa información del proceso del duelo y de sus serias dificultades, pero recalcando que del sufrimiento se sale, motivando a una sana y continua elaboración.

Las penas, culpas, tensiones, confusiones, broncas y resentimientos han de ser expuestos confiadamente y, poco a poco, canalizados positivamente.

La experiencia indica que, en muchos casos, la asistencia a estas terapias no suele ser muy prolongada. Obviamente, influyen los costos económicos. Los resultados suelen ser positivos.

En los duelos más intensos suelen quedar muchas lagunas por una falta de asistencia a las terapias, lo cual impide una mayor continuidad y profundización del proceso de sanación.

Es más que sabido que la mejor ayuda es la que brinda una conjunta e interdisciplinaria respuesta terapéutica que configure la fe y la ciencia, dentro de un marco vincular sano.

Grupo de mutua ayuda

Dejarse ayudar en el duelo es algo muy sano. Como hemos dicho, hay profesionales y otras personas capacitadas que saben ayudar. También existen grupos de mutua ayuda que hacen mucho bien.

¿Qué es un grupo de mutua ayuda en duelo?

Este está formado por otros miembros en proceso de duelo y coordinado por expertos o por quienes pasaron por similar experiencia elaborándola positivamente, conocedores de la dinámica de relación de ayuda y del mundo interior del sufriente.

Además, están debidamente capacitados para explorar los "recovecos del sufrimiento".

El grupo es la ocasión para ayudar y ser ayudados, expresar libremente el propio sufrimiento, compartir la esperanza y sanear las heridas reactivando el poder terapéutico de cada uno.

Cualidades del grupo:

Apertura

Respeto

Discreción

Libertad de participación

Sigilo

Ayuda mutua

Aceptación incondicional de opiniones y emociones

Confrontación empática

Un grupo de mutua ayuda no es una reunión social de amigos.

No convoca el sufrimiento sino la necesidad de elaborar el duelo.

No es para transferir el sufrimiento sino el método de sanación.

¡Atención a la "droga-grupo-dependencia"! Ha de tener el grupo un tiempo de inicio y de fin bien precisados.

Se institucionaliza el grupo, no se institucionaliza el duelo.

Su ideario, metodología y temáticas han de ser muy terapéuticas.

No han de faltar evaluaciones constantes que observen el proceso del duelo.

El grupo de mutua ayuda es uno de los recursos de esa amplia red de apoyos sociales a la que hay que acudir para elaborar sanamente el duelo, pero nunca el único.




Letanías por un difunto

Es muy común ver en los lugares de velatorios cerca a mi hogar (iglesias, sobre todo) que las personas conversan, hablan por celular, fuman, converas, ¡se dan vueltas si saber qué hacer o cómo colaborar! es raro, rarísimo que se esté rezando un responso o un rosario junto al muerto en las últimas horas de permanecer insepulto. ¿No podríasmos tener a la mano impresas algunas de estas oraciones y en caso necesario hacer lo único que al muerto le puede ayudar y a sus familiares también para tener consuelo?

Hay muchos sitios en que las podemos conseguir. En este blog dejo algunas que me parecen preciosas, para tener una idea de lo mucho que uno puede ahcer al llegar a acompañar a un difunto en su velatorio.



Por los difuntos

I

A ti, Jesús, vida nuestra, dirigimos nuestras súplicas.

Tú, que resucitaste a Lázaro del sepulcro.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que llamaste a la vida al híjo de la viuda de Naín
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que despertaste del sueño de la muerte a la hija de Jairo.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que resucitaste del sepulcro, vence­dor de la muerte.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que eres la resurrección y la vida.
Todos: Escúchanos, Señor.

II

A ti, Jesús, Señor, que quisiste compartir nuestro dolor, dirigimos nuestras súplicas.

Tú, que te compadeciste de la viuda de Naín, desolada por la muerte de su hijo.
Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que lloraste ante el sepulcro de Lázaro, muerto de cuatro días.
Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que, muriendo de tristeza, sudaste sangre en Getsemaní.
Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que sufriste la agonía de una muerte de cruz.
Todos: Ten compasión de nosotros.

III
Invoquemos con toda confianza a Cristo Jesús. Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.

Cristo, escucha nuestra oración por tu fiel N.
Todos: Señor, ten piedad.

Ilumina sus ojos con la luz de tu gloria.
Todos: Señor, ten piedad.

Perdónale sus pecados, concédele la vida eterna.
Todos: Señor, ten piedad.

Señor Jesús, atiende a los que te su­plican, escucha la voz de los que lloran.
Todos: Señor, ten piedad.

Jesús, Hijo de Dios, consuélanos en nuestra tribulación.
Todos: Señor, ten piedad.

IV

Acuérdate, Señor, de tu hijo N que en el bautismo fue sepultado en la muerte de Cristo para resucitar con él.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que en la confirmación fue ungido por el Espíritu de Jesús resucitado.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que en la eucaristía, memorial de la pascua de tu Hijo, fue alimentado con el Pan de la vida.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad

Que muriendo al pecado por la penitencia fue devuelto a la vida en Cristo Jesús.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que ungido con el óleo de los enfermos ha recibido el germen de la salud eterna.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que ha muerto con Cristo, para vivir con él.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

V

Santa María, que permaneciste junto a la cruz de Jesús.
Todos: Ruega por nosotros.

San Pedro , a quien el Señor confió las llaves del reino eterno.
Todos: Ruega por nosotros.

San Pablo, que deseaste partir de este mundo para estar con Cristo.
Todos: Ruega por nosotros.

San Juan, que anunciaste al que es la Palabra de la vida.
Todos: Ruega por nosotros.

San José, que tuviste el consuelo de morir asistido por Jesús y María.
Todos: Ruega por nosotros.

San N., cuyo nombre ha llevado en esta vida, acogido a tu protección.
Todos: Ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, que, muriendo en Cristo, habéis nacido a la vida eterna.
Todos: Rogad por nosotros.

VI

Terminemos nuestra oración repitiendo la plegaria que el Señor nos enseñó.
Todos: Padre nuestro...

Señor, ten misericordia de N., para que encuentre el perdón de todas sus faltas, pues deseó cumplir tu voluntad. La verdadera fe le unía, aquí en la tierra, al pueblo fiel­ que tu bondad le una ahora al coro de los ángeles y elegidos. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.

Dale, Señor, el descanso eterno.
Todos: Brille para él la luz perpetua.



Documento 1
Documento 2
Documento 3

Orar por los difuntos ¿Es de cristianos hacerlo?


Orar por los difuntos 	¿Es de cristianos hacerlo?
Orar por los difuntos ¿Es de cristianos hacerlo?




Pregunta:

Estimado Padre, ¿Podemos orar por los difuntos o no? Protestantes en mi trabajo me dicen que eso esta en contra de la Escritura.


Respuesta:

Queridos hermanos:
Les voy a contar un caso que me sucedió hace algún tiempo. Un día se murió un amigo mío que en cuanto a religión no era ni chicha ni limonada, unas veces iba a misa y otras iba al culto de los evangélicos. Cuando murió, los evangélicos lo velaron con muchos cantos y alabanzas, y al día siguiente lo llevaron al cementerio. Como era amigo mío, quise ir al cementerio a orar por él. Una vez allá, le pregunté al pastor, si me dejaba hacerle un responso, y me contestó: «El finado era oveja de nuestro rebaño y nosotros no les rezamos a los muertos porque a estas alturas de nada le sirven las oraciones». Total que no me permitieron rezarle el responso y tuve que contentarme con orar en silencio.

Esta anécdota nos da pie para preguntarnos: ¿Podemos orar por los difuntos? ¿Les sirven nuestras oraciones? ¿Cuál es la doctrina católica y la evangélica al respecto?

La Doctrina católica es biblica

La Biblia nos dice que después de la muerte viene el juicio: «Está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego viene el juicio» (Hebr. 9, 27). Después de la muerte viene el juicio particular donde «cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal» (2 Cor. 5, 10).

Al fin del mundo tendrá lugar el «juicio universal» en el que Cristo vendrá en gloria y majestad a juzgar a los pueblos y naciones. Es doctrina católica que en el juicio particular se destina a cada persona a una de estas tres opciones: Cielo, Purgatorio o Infierno.
-Las personas que en vida hayan aceptado y correspondido al ofrecimiento de salvación que Dios nos hace y se hayan convertido a El, y que al morir se encuentren libres de todo pecado, se salvan. Es decir, van directamente al Cielo, a reunirse con el Señor y comienzan una vida de gozo indescriptible «Bienaventurados los limpios de corazón -dice Jesús- porque ellos verán a Dios» (Mt. 5, 8).

-Quienes hayan rechazado el ofrecimiento de salvación que Dios hace a todo mortal, o no se convirtieron mientras su alma estaba en el cuerpo, recibirán lo que ellos eligieron: el Infierno, donde estarán separados de Dios por toda la eternidad.

-Y finalmente, los que en vida hayan servido al Señor pero que al morir no estén aún plenamente purificados de sus pecados, irán al Purgatorio. Allá Dios, en su misericordia infinita, purificará sus almas y, una vez limpios, podrán entrar en el Cielo, ya que no es posible que nada manchado por el pecado entre en la gloria: «Nada impuro entrará en ella (en la Nueva Jerusalén)» (Ap. 21, 27).

Aquí surge espontánea una pregunta cuya respuesta es muy iluminadora: ¿Para qué estamos en este mundo? Estamos en este mundo para conocer, amar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma. Dios nos coloca en este mundo para que colaboremos con El en la obra de la creación, siendo cuidadores de este «jardín terrenal» y para que cuidemos también de los hombres nuestros hermanos, especialmente de aquellos que quizás no han recibido tantos dones y «talentos» como nosotros. Este es el fin de la vida de cada hombre: Amar a Dios sobre todas las cosas y salvar nuestra alma por toda la eternidad.

¿Qué acontece, entonces, con los que mueren?

Ya lo dijimos: Los que mueren en gracia de Dios se salvan. Van derechamente al cielo. Los que rechazan a Dios como Creador y a Jesús como Salvador durante esta vida y mueren en pecado mortal se condenan. También aquí la respuesta es clara y coincidente entre católicos y evangélicos.

-Pero, ¿qué ocurre con los que mueren en pecado venial o que no han satisfecho plenamente por sus pecados? Ahí está la diferencia entre católicos y evangélicos. Los católicos creemos en el Purgatorio. Según nuestra fe católica, el Purgatorio es el lugar o estado por medio del cual, en atención a los méritos de Cristo, se purifican las almas de los que han muerto en gracia de Dios, pero que aún no han satisfecho plenamente por sus pecados. El Purgatorio no es un estado definitivo sino temporal. Y van allá sólo aquellos que al morir no están plenamente purificados de las impurezas del pecado, ya que en el cielo no puede entrar nada que sea manchado o pecaminoso.

Ahora bien, según los evangélicos no hay Purgatorio porque no figura en la Biblia y Cristo salva a todos, menos a los que se condenan. Para nosotros, los católicos hay Purgatorio y en cuanto a su duración podemos decir que después que venga Jesús por segunda vez y se ponga fin a la historia de la humanidad, el Purgatorio dejará de existir y sólo habrá Cielo e Infierno.

El Apóstol Pablo dice, además, que en el día del juicio la obra de cada hombre será probada. Esta prueba ocurrirá después de la muerte: «El fuego probará la obra de cada cual. Si su obra resiste al fuego, será premiado, pero si esta obra se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará pero como quien pasa por el fuego» (1 Cor. 3, 15). La frase: «tendrá que pagar» no se puede referir a la condena del Infierno, ya que de ahí nadie puede salir. Tampoco puede significar el Cielo, ya que allá no hay ningún sufrimiento.

Sólo la doctrina y la creencia en el Purgatorio explican y aclaran este pasaje. Pero, además, en la Biblia se demuestra que ya en el Antiguo Testamento, Israel oró por los difuntos. Así lo explica el Libro II de los Macabeos (12, 42-46), donde se dice que Judas Macabeo, después del combate oró por los combatientes muertos en la batalla para que fueran liberados de sus pecados. Dice así: «Y rezaron al Señor para que perdonara totalmente de sus pecados a los compañeros muertos». Y también en 2 Timoteo 1, 1-18, San Pablo dice refiriéndose a Onesíforo: «El Señor le conceda que alcance misericordia en aquel día».

Por consiguiente, según nuestra fe católica, al leer atentamente la Biblia, si se pueden ofrecer oraciones, sacrificios y Misas por los muertos, para que sus almas sean purificadas de sus pecados y puedan entrar cuanto antes a la gloria a gozar de la presencia divina. Los evangélicos insisten en que la palabra «Purgatorio» es una pura invención de los católicos y que ni siquiera este nombre se halla en la Biblia. Nosotros argumentamos que tampoco está en la Biblia la palabra «Encarnación» y, sin embargo, todos creemos en ella. Tampoco está la palabra «Trinidad» y todos, católicos y evangélicos, creemos en este misterio. Por tanto, su argumentación no prueba nada.

En definitiva, el porqué de esta diferencia es muy sencillo. Ellos sólo admiten la Biblia, en cambio para nosotros, los católicos, la Biblia no es la única fuente de revelación. Nosotros tenemos la Biblia y la Tradición. Es decir, si una verdad se ha creído en forma sostenida e ininterrumpida desde Jesucristo hasta nuestros días es que es dogma de fe y porque el Pueblo de Dios en su totalidad no puede equivocarse en materia de fe porque el Señor ha comprometido su asistencia. Es el mismo caso de la Asunción de la Virgen a los cielos, que si bien no está en la Biblia, la Tradición cristiana la ha creído y celebrado desde los primeros tiempos, por lo que se convierte en un dogma de fe. Además esto lo ha reafirmado la doctrina del Magisterio durante los dos mil de fe de la Iglesia Católica.

La Tradición de la Iglesia Católica=cristianismo primitivo

La Tradición constante de la Iglesia, que se remonta a los primeros años del cristianismo, confirma la fe en el Purgatorio y la conveniencia de orar por nuestros difuntos. San Agustín, por ejemplo, decía: «Una lágrima se evapora, una rosa se marchita, sólo la oración llega hasta Dios». Además, el mismo Jesús dice que «aquel que peca contra el Espíritu Santo, no alcanzará el perdón de su pecado ni en este mundo ni en el otro» (Mt. 12, 32). Eso revela claramente que alguna expiación del pecado tiene que haber después de la muerte y eso es lo que llamamos el Purgatorio. En consecuencia, después de la muerte hay Purgatorio y hay purificación de los pecados veniales.

Resumiendo, entonces, digamos que con nuestras oraciones podemos ayudar a los que están en el Purgatorio para que pronto puedan verse libres de sus sufrimiento y ver a Dios. No obstante, como que en la práctica, cuando muere una persona, no sabemos si se salva o se condena, debemos orar siempre por los difuntos, porque podrían necesitar de nuestra oración. Y si ellos no la necesitan, le servirá a otras personas, ya que en virtud de la Comunión de los Santos existe una comunicación de bienes espirituales entre vivos y difuntos. Esto explica aquella costumbre popular de orar «por el alma más necesitada del Purgatorio».

Las catacumbas

En las catacumbas o cementerios de los primeros cristianos, hay aún esculpidas muchas oraciones primitivas, lo que demuestra que los cristianos de los primeros siglos ya oraban por sus muertos. Del siglo II es esta inscripción: «Oh Señor, que estás sentado a la derecha del Padre, recibe el alma de Nectario, Alejandro y Pompeyo y proporciónales algún alivio». Tertuliano (año 160-222) dice: «Cada día hacemos oblaciones por los difuntos». San Juan Crisóstomo (344-407) dice: «No en vano los Apóstoles introdujeron la conmemoración de los difuntos en la celebración de los sagrados misterios. Sabían ellos que esas almas obtendrían de esta fiesta gran provecho y gran utilidad» (Homilía a Filipo, Nro. 4).

Amigos y hermanos míos, creo que les quedará bien claro este punto tan importante de nuestra fe. Quien se profese católico no sólo puede sino que debe orar por sus difuntos Y aquí cabe una pregunta: ¿Cómo queremos que nos recuerden nuestros amigos y familiares cuando nos muramos, con o sin oración? Por lo menos entre los católicos, todos dirán que su deseo es que oren por ellos y que se les recuerde con la Santa Misa, porque aunque un católico muera con todos los sacramentos, siempre puede quedar en su alma alguna mancha de pecado(Ap 21,27) y por eso conviene orar por ellos. Este es el sentir de la Iglesia Católica desde sus comienzos.

En lo que se refiere al Purgatorio hay que agregar que no es como una segunda oportunidad para que la persona establezca una recta relación con Dios. La conversión y el arrepentimiento deben darse en esta vida. Los católicos, pues, no nos contentamos solamente con cantar alabanzas y glorificar a Dios, sino que elevamos plegarias a Dios y a la Santísima Virgen por nuestros difuntos y con más razón en los días inmediatos a su muerte.

La oración por los difuntos

Los primeros misioneros que evangelizaron América introdujeron la costumbre, que aún perdura en algunos lugares, de reunirse y hacer un velorio que se prolonga por una semana o nueve días. Se reza aún una Novena en la que los familiares se congregan para acompañar a los deudos y ofrecen a Dios oraciones por el difunto. También la Iglesia, desde tiempo inmemorial, introdujo la costumbre de celebrar el día 2 de Noviembre dedicado a los difuntos, día en el que los católicos vamos a los cementerios y, junto con llevar flores, elevamos una oración por nuestros seres queridos.

Los evangélicos, por lo general, sólo alaban a Dios por los favores que Dios le concedió al difunto. Pocas son las sectas que oran por ellos. En materia doctrinal, hay mucha variedad entre una secta y otra, ya que, como interpretan la Biblia según su libre albedrío, cada iglesia y cada persona tienen su propio criterio.

En cambio, entre los católicos sabemos que cualquier texto de la Escritura no debe ser objeto de interpretación personal, sino que la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, nos revela a través de sus pastores el verdadero sentido de cada texto. Y en este sentido, el Papa es el garante la verdad revelada, es decir, del depósito de la Fe. Así, el Papa nos confirma en que nuestra Fe es la misma de los primeros cristianos, y la misma que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Digamos, para terminar, que los católicos no sólo podemos orar por los difuntos, sino que éste es un deber cristiano que obliga, especialmente, a los familiares y a los amigos más cercanos. (Ef 6,18)Orar por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus almas.

Ente los católicos la tradición es orar por los difuntos y en lo posible celebrar la Santa Misa por su eterno descanso. Ef 6,18-20 Dice la Liturgia: "dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna" Y san Agustín, un obispo cristiano de los primeros siglos dijo:"Una lágrima se evapora, una flor se marchita, sólo la oración llega al trono de Dios".

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Dios te siga bendiciendo en abundancia.


Si eres católico, no olvides que como cristianos que somos, debemos de buscar como renovar nuestra vida en Cristo(Jn 15,1-7) e impulsar nuestro apostolado para traer a mucha gente a los pies de Jesucristo(Mt 28,18-20) y no dejar esa labor a las sectas o iglesias protestantes que no poseen la plenitud de los medios de salvación.

Si eres evangélico, mormón o testigo de Jehová te invito a que conozcas en serio lo que es la fe cristiana(Ef 4,13), la BIblia(2 Tes 2,15) y la Iglesia de Cristo(Ef 5,25). Estudia la historia del cristianismo y ora para que Dios siga actuando en tu vida. Dios te ama y espera en el redil de plenitud que ha dejado: La Iglesia católica(Mt 16,18).
Yo simplemente deseo cumplir la voluntad de Dios en plenitud.(Mt 7,21-23) ¿Y usted...?



Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.