miércoles, 2 de abril de 2014

La santidad de las cosas creadas.



"Flores y árboles, colinas y arroyos, campos, rebaños y pájaros silvestres, libros, poemas y personas, estoy indeciblemente solo en medio de vosotros. Elhambre irracional que algunas veces se introduce en lo más hondo de mi voluntad trata de apartar mi yo más profundo de Dios y de orientarlo hacia el amor a vosotros. Trato de tocarlos con el profundo fuego que hay en el centro de mi corazón, pero no puedo hacerlo sin contaminar tanto a vosotros como a mí, y me siento avergonzado, solo e indefenso rodeado de una belleza que nunca podrá pertenecerme.

Pero esta tristeza genera en mi interior una inefable reverencia por la santidad de las cosas creadas, porque son puras y perfectas y pertenecen a Dios y son reflejo de Su belleza. Él se refleja en todas las cosas como la luz solar en el agua clara, pero si trato de beber la luz que está en el agua, lo único que consigo es hacer pedazos el reflejo.

Por tanto, vivo solo y casto en medio de la belleza sagrada de todas las cosas creadas, sabiendo que nada de lo que pueda ver, oír o tocar me pertenecerá nuca, avergonzado de mi absurda necesidad de entregarme a alguna de ellas o a todas. La tonta y desesperada pasión de entregarme a la belleza me carcome el corazón. Es un deseo indigno, pero no puedo evitarlo. Está en el corazón de todos, y tenemos que aguantarlo, que sufrir sus exigencias con paciencia, hasta que muramos y vayamos al cielo, donde todas las cosas nos pertenecerán en sus más puras causas últimas".

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