miércoles, 1 de agosto de 2012

Pedro Fabro (o Favre), Beato


Primer Sacerdote Jesuita, 1 de agosto
 
Pedro Fabro (o Favre), Beato
Pedro Fabro (o Favre), Beato

Jesuita

Martirologio Romano: En Roma, beato Pedro Favre, presbítero. Fue el primero entre los miembros de la Compañía de Jesús que mantuvo duros trabajos en distintas regiones de Europa. Murió en la ciudad de Roma, mientras se dirigía al Concilio Ecuménico de Trento (1546).

Refiere el padre Diego Laínez que cuando, en 1535, San Ignacio salió de París para atender en España a su salud quebrantada, dejó "al buen maestro Pedro Fabro como hermano mayor de todos" los compañeros de un mismo ideal, consagrado meses antes con voto en la colina de Montmartre. Este era el Beato Fabro: el primer sacerdote de la Compañía, ordenado tres semanas antes de aquel voto, y el primer miembro de aquel grupo estable de hombres excepcionales que, con San Ignacio a la cabeza, habían de fundar una nueva Orden.

Oriundo del pueblecito de Villaret, parroquia de San Juan de Sixt, situado en las faldas del Gran Bornand en el ducado de Saboya, donde había visto la luz primera durante las alegrías pascuales de 1506, aquel sencillo y humilde pastorcito ya a los diez años había sentido una atracción irresistible hacia el estudio. Sus padres, movidos por las lágrimas del niño, se vieron obligados a modificar los planes que sobre él tenían y ponerle a estudiar, primero en el vecino pueblo de Thónes y a los dos años en La Roche, bajo la dirección del piadoso sacerdote Pedro Velliard, que le educó no menos en la doctrina que en el temor de Dios.

Siete años permaneció en aquella escuela, hasta que a los diecinueve de edad, en 1525, se dirigió a París para empezar el curso de artes o filosofía en el colegio de Santa Bárbara. La Providencia guiaba sus pasos para que, sin él preverlo ni pretenderlo, se fuese encontrando con sus futuros compañeros. En aquel colegio tuvo como maestro al español Juan de la Peña, el cual, a su vez, cuando encontraba alguna dificultad en la lectura de Aristóteles, se la consultaba a Pedro Fabro, porque "era buen griego". Maestro y discípulo compartían una misma habitación, en la que también por aquel mismo tiempo encontró alojamiento un condiscípulo de Fabro y de su misma edad, nacido solamente seis días antes que él: el navarro Francisco Javier. Más adelante, en octubre de 1529, se les juntó un tercer compañero, quince años mayor que ellos, destinado por Dios a ejercer un influjo decisivo en su vida: era Ignacio de Loyola. Esta convivencia y comunidad de estudios no podía menos de acercar a estos tres nobles espíritus; pero mientras Javier tardó todavía varios años en dejar sus planes de mundo; el dulce saboyano se rindió más fácilmente al ascendiente que sobre él ejercía Ignacio. Dios se valió de un difícil período de escrúpulos y luchas interiores para que Fabro se pusiese bajo la dirección de Ignacio, ya por entonces hábil maestro de espíritus. Cuatro años duró esta íntima comunicación, pero dos bastaron para que Fabro se decidiese a seguir a su compañero en una vida de pobreza y apostolado. Decisiva influencia ejercieron los ejercicios espirituales, que Fabro hizo con tanto rigor que estuvo seis días sin comer ni beber nada, y sin encender el fuego en el crudo invierno de París. Más adelante, según el testimonio del mismo San Ignacio, había de tener el primer lugar entre los que mejor daban los ejercicios.

Mientras se iba desarrollando esta transformación en el interior de Fabro avanzaban también sus estudios teológicos, hasta que el 22 de julio, fiesta de Santa María Magdalena, celebró su primera misa. El 15 de agosto siguiente, en la fiesta de la Asunción de María al cielo, pudo celebrarla cuando, junto con Ignacio, Francisco Javier, Nicolás de Bobadilla, Diego Laínez, Alonso Salmerón, Simón Rodrigues, hizo el voto de vivir en pobreza y de peregrinar a Jerusalén, y, en caso de resultar esto imposible en el espacio de un año, ponerse en Roma a la disposición del Papa; voto renovado en los dos años sucesivos, cuando, si bien estuvo ausente San Ignacio, se asociaron a los anteriores en 1535 el compatriota de Fabro Claudio Jayo y en 1536 los franceses Juan Coduri y Pascasio Broet.

Desde el voto de Montmartre las vidas de Ignacio y de sus compañeros se funden en una sola, aun cuando el curso de los acontecimientos iba a conducir a unos y a otros por caminos del todo distintos. En noviembre de 1536 Fabro y los demás se encaminaban a Venecia con intención de poner en práctica su voto jerosolimitano. Allí se reúnen con Ignacio, que les espera, según lo convenido. Mientras aguardan el tiempo en que debía hacerse a la vela la nave peregrina, se reparten por los hospitales de la ciudad y se ejercitan en las obras de caridad y de celo. Obtenido el necesario permiso de Roma, asisten con los demás peregrinos a la procesión del Corpus el 31 de mayo. En el mes de junio de aquel año 1537 reciben todos los que no eran sacerdotes las sagradas órdenes. Todo estaba preparado para la partida cuando un hecho inesperado se la impidió. Ante el peligro inminente de una guerra entre Venecia y el Turco no salió ninguna nave para Tierra Santa, hecho éste que no había ocurrido desde hacía años y tardó mucho tiempo en volver a repetirse. Los primitivos historiadores hacen constar esta circunstancia, haciendo ver en ella la mano de la Providencia, que tenía otros designios sobre aquel puñado de hombres dispuestos a las más grandes empresas.

Mientras los demás se repartieron por diversas ciudades en espera de nuevos acontecimientos, Ignacio, Fabro y Laínez en el otoño se encaminan a Roma. En el camino, poco antes de entrar en la Ciudad Eterna, Ignacio recibió la célebre visión, que, por el lugar donde ocurrió, suele ser llamada de La Storta. En ella Dios le prometió para él y los suyos una especial protección en Roma. Bien pronto el papa Paulo III se sirvió de aquellos hombres que se habían puesto a su servicio directo. A Fabro le confió la enseñanza de la Sagrada Escritura en la universidad de La Sapienza (noviembre de 1537 a mayo de 1539). A partir de esta fecha comienza para Fabro la serie ininterrumpida de sus misiones apostólicas, que le obligaron a recorrer en un sentido u otro casi toda Europa, de Roma a Colonia, de Ratisbona a Lisboa.

En la trama complicada de sus viajes continuos hay dos hilos orientadores que señalan una doble dirección. Ignacio quería que Fabro diese impulso a la Compañía, sobre todo en Portugal y España. El Papa y el mismo San Ignacio querían valerse de su poder de atracción para salvar a las ovejas perdidas en las regiones protestantes. Un breve recorrido sobre los hechos externos de su vida nos presenta el siguiente cuadro de actividades: En octubre de 1540 parte hacia Alemania como teólogo del doctor Ortiz, consejero del emperador, acompañándole en los coloquios de Worms y de Espira y en la Dieta de Ratisbona. Allí le llega la orden de San Ignacio de encaminarse a España. Parte el 21 de julio de 1541, y, atravesando Baviera, el Tirol, su tierra saboyana, en la que se detiene diez días de intenso trabajo apostólico, por Francia entra en España. Cuatro meses han sido necesarios para este viaje de Ratisbona a Madrid. Apenas han pasado cinco meses, y le llega la orden de regresar nuevamente en compañía del cardenal Morone a Alemania. Seis meses se detiene en Espira. El cardenal Alberto de Brandeburgo le invita a Maguncia y allí conquista para la Compañía a Pedro Canisio, joven entonces de veintidós años y futuro apóstol de Alemania. En agosto y septiembre de 1543 le encontramos en Colonia. Pero no podía permanecer mucho tiempo en un mismo sitio. Esta vez le llega la orden de partir para Portugal; pero, cuando se dispone a emprender el viaje, pierde la ocasión de embarcarse en Amberes. En Lovaina cae enfermo. El nuncio en Renania, Juan Poggi, recibe la autorización para retenerle en Colonia, y en esta ciudad permanece seis meses, parte trabajando para desarraigar la herejía, parte dedicando su apostolado a los católicos y en íntimo trato con los cartujos colonienses. Por todo ello se aficiona a la ciudad del Rhin más que a ninguna otra. Pero Portugal sigue reclamándole, y en agosto de 1544 llega por mar a Lisboa, de donde pasa a Evora y a Coimbra. En mayo de 1545 se traslada por segunda vez a España, visitando Salamanca, Valladolid, Madrid, Toledo y otras ciudades de Castilla. Por entonces su salud empieza a debilitarse y se ve forzado a guardar cama en Madrid. Una nueva llamada parte desde Roma el 17 de febrero de 1546, la última de todas. Es menester que se ponga en camino para ir a Trento y juntarse con los padres Laínez y Salmerón, que trabajan en el concilio. Esta vez hace el viaje pasando por el reino de Valencia, llegando hasta Gandía, donde puso la primera piedra del colegio de la Compañía fundado por el duque Francisco de Borja. En Barcelona vuelve a sentirse enfermo y se ve forzado a detenerse tres semanas. Pero era necesario obedecer a la orden del Papa. Se embarca y llega a Roma cuando los calores son más intensos. A los pocos días sus fuerzas sucumben, y el 1º de agosto de 1546, fiesta de las cadenas de San Pedro, ve romperse las que a él le tenían atado a la tierra. Contaba entonces cuarenta años y cuatro meses de edad, y expiraba exactamente diez años antes que San Ignacio.

Pero en el Beato Fabro, más que la sucesión de los hechos externos, cautiva el encanto que emana de toda su persona. Los testigos del proceso de 1596 nos lo presentan como de mediana estatura, rubio de cabello, de aspecto franco y devoto, dulce y maravillosamente gracioso. Ejercía sobre todos los que le trataban un extraordinario poder de captación. A esto se añadía un talento, que era una especie de carisma, en el arte de conversar. Más que en los púlpitos le vemos actuar en el trato penetrante y espiritual con las más variadas personas, desde los grandes de la tierra y los dignatarios eclesiásticos hasta la gente sencilla, que le recordaba su origen montañés. Por su hablar y su obrar parece un precursor de su compatriota San Francisco de Sales, que tanto le estimó, y que dejó de él un hermoso elogio en su Introducción a la vida devota. Por su mansedumbre y caridad ha sido también comparado con San Bernardo. "¿Es un hombre, o no es más bien un ángel del cielo?", dirá de él San Pedro Canisio.

No todo en él era efecto de un natural excepcionalmente dotado. Por encima de sus cualidades descuella una virtud aparentemente sencilla, pero en la que es fácil encontrar rasgos de verdadero heroísmo. Su alma de niño no excluyó durante la infancia y juventud las luchas de la pasión. De ahí más adelante la angustia en que le sumergieron los escrúpulos. Su misma atracción hacia los ideales más elevados no excluye que sintiese la inclinación hacia una carrera seglar en el mundo. Pero él resistió a todo. Ya a los doce años consagró a Dios, con voto, su castidad. Más adelante hizo aquel otro tan revelador de su fina sensibilidad: el de no acercar jamás su rostro al de ningún niño; que eso pudiese ocurrirle con personas mayores, ni pensarlo siquiera. No es de maravillar que un alma tan pura sintiese como nadie el atractivo de la oración.

Su Memorial, o diario espiritual, en el que durante los últimos cuatro años de su vida dejó un reflejo de su alma, nos descubre con una ingenuidad espontánea su intensa vida de oración. Todo le sirve para elevarse a Dios, En todas las partes por donde pasa encuentra objetos de culto. Venera con singular devoción las reliquias de los santos —y esto es en él característico— venera con singular devoción a los ángeles de los poblados por donde pasa y de las personas con quien trata. A todos encomienda a Dios en sus oraciones, y la oración, junto con su trato exquisito, se convierte en su principal arma de apostolado. Oraba especialmente por ocho personas, y esta oración es significativa porque nos revela hacia dónde convergían los anhelos de su alma apostólica: el Sumo Pontífice, el emperador, el rey de Francia, el rey de Inglaterra, Lutero, el sultán de Turquía, Bucero y Melanchton. A estos dos últimos herejes había tenido ocasión de combatirlos en Colonia. Como, entre todas, le atraían especialmente las almas más necesitadas, de ahí sus ansias por la salvación de Alemania, su voto de ofrecer todas sus energías por aquel país: punto éste que le acerca a su hijo espiritual San Pedro Canisio.

En un alma tan privilegiada no podía faltar la característica del sufrimiento. En el Beato Fabro la ocasión de su dolor radicaba en su temperamento, extremadamente sensible. Era una lira que vibraba al menor roce, y las impresiones le llegaban hasta lo más hondo del alma. En un sujeto así pueden imaginarse las luchas interiores que tuvo que sostener. En su juventud fueron las intranquilidades de conciencia y los estímulos de la pasión. Más adelante fue la oscilación constante entre los planes que soñaba y el abatimiento al ver que no podía realizarlos. Versátil, de humor desigual, creyendo a veces haberlo conseguido todo, otras teniéndolo todo por irremisiblemente perdido. Tremendamente irresoluto, sufrió el tormento de la indecisión. Reconocía en sí mismo el defecto de querer abrazar demasiado, no sabiendo aferrar las cosas y las situaciones conforme aconsejaba la razón. De ahí un complejo de pusilanimidad, matizado de melancolía. Pero el Beato no se dejó arrastrar por sus tendencias temperamentales. Procuró combatir la desconfianza con el recurso constante a Dios. San Pedro Canisio nos dirá que luchó contra el espíritu de temor y desconfianza que le atormentaba. Meta suprema para él, la estabilidad del corazón, estorbada tanto por la tristeza infundada como por la vana alegría. La sensación de insuficiencia quedó en él transformada por la gracia en una maravillosa humildad, y esta virtud, a su vez, animó los demás aspectos de su espiritualidad: su caridad, su celo de las almas, pero, sobre todo, su oración. Además del recurso a Dios, su salvación fue la obediencia a sus superiores. La carta ignaciana de la obediencia se hizo letra viva en el Beato Fabro.

Obediencia la suya que llegó al heroísmo. Cuentan que, al salir de Barcelona con el cuerpo enfermo, a quien le disuadía de emprender semejante viaje le respondió: “No es necesario que yo viva, pero es necesario que obedezca". Y por obediencia murió, a semejanza de Jesucristo.

Años después San Francisco de Sales se mostró maravillado de que su compatriota no hubiese sido honrado como otros. Pero tampoco al Beato Fabro le faltó este tributo de la veneración y aun del culto; culto que, aunque muy tarde, reconoció finalmente la suprema autoridad del papa Pío IX el 5 de septiembre de 1872.

Bienvenido María de Dos Hermanas (José de Miguel Arahal), Beato


Mártir Capuchino, 1 de agosto 1
 
Bienvenido María de Dos Hermanas (José de Miguel Arahal), Beato
Bienvenido María de Dos Hermanas (José de Miguel Arahal), Beato

Mártir Capuchino

Martirologio Romano En Madrid, en España, beato Bienvenido (José) de Miguel Arahal, Presbítero de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que, en el furor de la persecución contra la fe, derramó su sangre por Cristo (1936).

José de Miguel Arahal nace en Dos Hermanas (Sevilla) el 17 de junio de 1887.

Aprende las primeras letras en las escuelitas del pueblo y, a los doce años, se va con los terciarios capuchinos que tienen la Escuela de Reforma de San Hermenegildo, en su pueblo natal.

Al ser presentado en el convento de Monte Sión de Torrent al Venerable P. Luis Amigó, éste le dice: «Bienvenido seas, hijo mío», y Bienvenido será en lo sucesivo su nombre en religión.

El 15 de abril de 1905 hace su primera profesión religiosa y, seis años más tarde, emite sus votos perpetuos. En la primavera de 1920 es ordenado de presbítero. En la congregación de terciarios capuchinos desempeña los cargos de superior, maestro de novicios, consejero y vicario general y, finalmente, general de la congregación desde 1927 a 1932.

Durante su generalato impulsa la promoción vocacional, apoya la capacitación científica de los religiosos y propicia la apertura de la obra a Hispanoamérica. El P. Bienvenido trata siempre de inculcar las devociones que él mismo practica, especialmente a Jesús Sacramentado, a la Virgen de los Dolores, al Seráfico Padre San Francisco y al Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando el 20 de julio de 1936 la Escuela de Reforma de Santa Rita de Madrid es asaltada, el P. Bienvenido sigue con su hábito y es el último en abandonarla. El 31 de julio, y acompañado a la fuerza por dos milicianos, hubo de acudir al Banco de Vizcaya primero, y luego al de España, a sacar los fondos de la Escuela.

Acto seguido le arrebatan el dinero y, conducido violentamente a la Pradera de San Isidro, allí fue asesinado.

Sus biógrafos nos trazan la semblanza del P. Bienvenido como un religioso de espíritu recto y fuerte, exigente consigo mismo y con los demás, adornado de grandes dotes de gobierno, muy tenaz en sus propósitos apostólicos, muy amante de la congregación y de su obra de reeducación de menores, gran promotor de vocaciones religiosas y sacerdotales, y de una profunda espiritualidad.

El 11 de marzo del año 2001, el papa Juan Pablo II lo beatificó junto a otros 232 mártires de la persecución religiosa en España.

Siete Hermanos Macabeos, Santos


Mártires, 1 de agosto
 
Siete Hermanos Macabeos,  Santos
Siete Hermanos Macabeos, Santos
Martirologio Romano: Conmemoración del triunfo de los siete santos hermanos mártires, que, en Antioquía, de Siria, durante el reinado de Antioco Epifanes, por su invencible fidelidad en el cumplimiento de la Ley del Señor sufrieron un fin cruel, al igual que su madre, que presenció con dolor la muerte de cada uno de sus hijos, coronada de gloria en todos ellos, como se nos refiere en el libro de los Macabeos. Conmemoración, asimismo, de san Eleazar, uno de los primeros escribas, varón de edad avanzada, que, en la misma persecución, por negarse para salvar su vida a comer carne prohibida, aceptó una muerte gloriosísima antes que una vida despreciable y se adelantó al lugar del suplicio, dándonos un gran ejemplo de fortaleza.
En la S. Biblia hay dos libros llamados de Los Macabeos (palabra que significa: "fuerte contra el adversario"). Allí se narran las historias heroicas de quienes prefirieron perder todos sus bienes y hasta morir, con tal de defender la santa religión del verdadero Dios.
En el libro 2o de los Macabeos, capítulo 7º, se narra la historia de los siete hermanos mártires, los cuales fueron cruelmente atormentados para hacerles renegar de la fe, pero prefirieron toda clase de tormentos con tal de permanecer fieles a los mandatos de Dios hasta la muerte. La siguiente es su historia, según la cuenta la S. Biblia:

Sucedió que siete hermanos israelitas fueron apresados, junto con su madre, y eran forzados por el rey a que renegaran de la santa religión verdadera. Fueron flagelados con azotes y fuetes de cuero, para que hicieran lo que la santa religión prohibe.

Uno de ellos decía al impío rey Antíoco que pretendía alejarlos de la religión de sus padres: -"¿Qué pretendes de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que desobedecer las leyes que Dios les dio a nuestros antepasados".

El rey lleno de rabia, mandó prender fuego debajo de sartenes y calderas, e hizo echar allí la lengua del que había hablado en nombre de los demás. Hizo que le arrancaran toda la piel de la cabeza, y que le cortaran las manos y los pies, en presencia de sus hermanos y de su madre. Cuando quedó completamente inutilizado, viendo que todavía respiraba, mandó el rey que lo echaran a un sartén que estaba sobre el fuego y allí lo tostaran. Aparte, mientras el humo de la sartén se difundía lejos, los demás hermanos, junto con su madre, se animaban mutuamente a morir con generosidad y decían:

"El Señor Dios cuida de todos nosotros y está presenciando lo que sucede. Siempre se cumplirá lo que prometió Moisés: Dios se compadece de sus amigos".

Cuando el primero pasó a la eternidad, llamaron al segundo, y después de arrancarle la piel de la cabeza y todos sus cabellos, le preguntaron: "¿Está dispuesto a hacer lo que le prohibe su religión? ¿O quiere ser torturado en su cuerpo, parte por parte?".

Él respondió: "¡De ninguna manera y por ninguna causa haré jamás lo que prohibe mi santa religión!".

Y entonces lo torturaron del mismo modo que habían hecho con el primero. Antes de que le arrancaran la lengua dijo al rey: "Tú, injusto y criminal, nos privas de la vida presente. Pero el Rey de los cielos nos resucitará para la vida eterna a los que morimos por cumplir sus santas leyes".

Luego llamaron al tercero. Este presentó la lengua para que la arrancaran y las manos para que se las cortaran, pero antes dijo: "Por bondad del Dios del cielo poseo esta lengua y estas manos. Pero por cumplir sus santas leyes renuncio a todo esto que es tan precioso y útil. Yo espero que en la eternidad me devolverá el Señor lo que he sacrificado por su amor". El rey y sus acompañantes estaban admirados y sorprendidos del valor de aquel muchacho que no tenía miedo a tan terribles dolores con tal de cumplir lo que le mandaba su santa religión. Lo maltrataron y asesinaron como a los otros dos.

Hicieron pasar en seguida al cuarto hermano y lo maltrataron con feroces suplicios. Cuando ya estaba agonizante y cerca de su fin, exclamó: "Es preferible morir a manos de los hombres con tal de conseguir ser resucitado para la vida eterna. En cambio para los enemigos de Dios y de su religión no hay esperanza para la eternidad".

En seguida llevaron al quinto hermano y se pusieron a atormentarlo. Él, mirando al rey le dijo: "¿Se imagina que porque tiene un alto puesto de gobierno puede hacer todo lo que se le antoja? Pero no crea que Dios ha abandonado a quienes pertenecemos a la verdadera religión. Ya verá que pasado un poco de tiempo, nuestra santa religión triunfará, mientras a ustedes les sucederán cosas muy desagradables".

Después de este, trajeron al sexto hermano el cual, cuando estaba a punto de morir a causa de tan terribles tormentos, exclamó: "No se hagan ilusiones los que combaten contra la religión del verdadero Dios, pensando que nada malo les va a suceder por todo esto. A nosotros nos sirven estos sufrimientos para poder pagar nuestros pecados, pero a los que luchan contra Dios, les esperan males espantosos".

Sigue diciendo la S. Biblia, en el Capítulo 7º del 2º libro de los Macabeos: "Admirable en todo aspecto y digna de todo glorioso recuerdo, fue aquella madre que al ver morir a todos sus hijos en el espacio de un solo día, padecía todo esto con valentía, porque tenía la esperanza puesta en los premios que Nuestro Señor tiene reservados para sus fieles amigos. Animaba a cada uno de ellos hablándoles en su lenguaje patrio, llena de generosos sentimientos y estimulándonos a sufrir con gran valor les decía:

- Yo no sé cómo mi Dios me concedió el honor de ser madre de cada uno de ustedes. Qué honrada me siento al ver que ahora entregan su espíritu al Creador por defender sus santas leyes. Él en cambio les concederá la gloria eterna".

El rey Antíoco se propuso ganarse al más pequeño de los hermanos y le ofreció regalos y hacerlo rico y concederle altos empleos con tal de que abandonara la religión del Dios de Israel. Viendo que el muchacho no le hacía caso, el rey llamó a la mamá y le pidió que tratara de convencer al joven para que salvara su vida renegando de su religión.

Entonces aquella valerosa mujer se acercó a su hijo y le dijo: "Hijo: ten compasión de mí, por amor a tu madre no vayas a renegar jamás de la santa religión de nuestros antepasados. Recuerda que estás obedeciendo al Dios que creó los cielos y la tierra. No le tengas miedo a este verdugo que te quiere quitar la vida del cuerpo, porque si perseveras fiel, nos encontraremos todos juntos con tus hermanos en la vida eterna del cielo".

Tan pronto como la mamá terminó de hablar, el joven gritó: "¿Qué más esperan? Jamás obedeceré al mandato del rey que pretende hacerme renegar de mi religión y que yo desobedezca a las leyes que Dios nos dio por medio de Moisés. Y Usted rey, que es el causante de todos estos males que suceden en nuestro pueblo de Israel, ¡esté seguro de que no se va a librar de los castigos del Dios! Nosotros sufrimos para pagar nuestros pecados y los pecados de nuestro pueblo, pero con esto estamos calmando la ira de Dios. Pero a usted rey criminal y malvado, lo espera el terrible juicio de Dios y de Él no logrará librarse. Y Dios todo lo ve y todo lo sanciona. Mis hermanos después de haber sufrido estos tormentos han ido a la vida eterna. Pero a los enemigos de la religión les espera el castigo merecido por sus pecados. Yo, como hicieron mis hermanos, ofrezco mi vida por mi patria y por mi religión, para que tenga misericordia de nuestro pueblo y retire de nosotros los castigos que merecemos".

Al oír tales declaraciones el rey se llenó de furor y mandó que al séptimo y más joven de los hermanos lo atormentaran con mayor crueldad que a los demás. Y después de matarlo a él, hizo asesinar también a la santa heroica madre.

Feliz familia que en un solo día conquistó el reino de los cielos proclamando con valor que es preferible morir antes que renegar de la verdadera religión, la que nos enseñaron nuestros antepasados.


Cada día haz algo que tenga el sabor de amor y de servicio a quien no te lo pida.

Juan Bufalari de Rieti, Beato


Eremita Agustino, 1 de agosto
 
Juan Bufalari de Rieti, Beato
Juan Bufalari de Rieti, Beato

Eremita Agostino

Martirologio Romano: En Rieti, de la Sabina, beato Juan Bufalari, religioso de la Orden de los Eremitas de San Agustín, joven humilde y amable, y siempre solícito para con su prójimo (c. 1336).

Etimolgía: Juan = Dios es misericordia. Viene de la lengua hebrea.

Nació a principios del siglo XIV, en Castel Porziano de la Umbría. Era hermano de la Beata Lucía Amelia.

El Beato Juan, ingresó a temprana edad en el convento de los ermitaños de San Agustín, en Rieti. Vivía consagrado al servicio de sus prójimos, especialmente de los enfermos y forasteros.

Pasaba largas horas en contemplación. Poseía un don de lágrimas extraordinario y lloraba no sólo por sus pecados, sino también por los de los otros. Decía: "Imposible dejar de llorar! Los árboles y las plantas germinan, crecen, dan fruto y mueren sin apartarse un punto de las leyes que les ha fijado el Creador.

En cambio los hombres, a quienes Dios ha dado inteligencia y prometido un premio eterno, se oponen continuamente a su voluntad". Es ésta una reflexión sencilla pero muy profunda. No se conoce la fecha exacta de la muerte del beato. Su santa vida y los milagros obrados en su tumba, dieron origen al culto popular, que fue confirmado oficialmente en 1832.

Su culto fue confirmado en 1832

Alfonso María de Ligorio, Santo


Fundador, Obispo y Doctor de la Iglesia, 1 de agosto
 
Alfonso María de Ligorio, Santo
Alfonso María de Ligorio, Santo

Obispo
Fundador de los Misioneros Redentoristas
Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de san Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, que insigne por el celo de las almas, por sus escritos, por su palabra y ejemplo, trabajó infatigablemente predicando y escribiendo libros, en especial sobre teología moral, en la que es considerado maestro, para fomentar la vida cristiana en el pueblo. Entre grandes dificultades fundó la Congregación del Santísimo Redentor, para evangelizar a la gente iletrada. Elegido obispo de santa Águeda de los Godos, se entregó de modo excepcional a esta misión, que dejaría quince años después, aquejado de graves enfermedades, y pasó el resto de su vida en Nocera de’Pagani, en la Campania, aceptando grandes trabajos y dificultades (1787).

Etimología. Alfonso = guerrero. Viene de la lengua alemana.

Nos encontramos en el año 1696, de nuestra era, el 27 de septiembre, día dedicado a los gloriosos mártires Cosme y Damían, nace Alfonso de Ligori, en Nápoles (Italia). Sus padres fueron José De Ligorio (un noble oficial de la marina) y de la noble Ana De Cavalieri. El hombre tuvo un destino fuera de serie. Nacido en la nobleza napolitana e hijo de militar, alumno superdotado, atraído por la música, la pintura el dibujo, la arquitectura. Su nombre viene de dos raíces germánicas: addal, hombre de noble origen, y funs, pronto al combate. Alfonso era noble por nacimiento, sí: pero mucho mejor, caballero de Cristo, siempre pronto y en la brecha para los combates de Dios...

Alfonso fue un hombre de una personalidad extraordinaria: noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor; obispo y amigo de los pobres; fundador y superior general de su congregación; misionero popular y confesor lleno de unción; santo y doctor de la Iglesia.

Hay que mi admirar los múltiples talentos que tenía Alfonso y la fuerza creadora que poseía. A los 12 años era estudiante universitario y a los 16 era doctor en derecho, es decir, abogado. Como misionero popular y superior general de su Congregación y obispo, llevó a cabo una gran labor, a pesar de su delicada salud. Desde los 47 a los 83 años de su vida, publicó más o menos 3 libros por año.

En su vida particular Alfonso vivió actitudes que podemos interpretar como protesta frente a la corrupción de su medio ambiente. Con su estilo de vida ejerció una fuerte crítica de su tiempo y de su sociedad.

En un sistema de profundas diferencias de clase renunció a los privilegios de la nobleza y a sus derechos de ser primer hijo, es decir, primogénito.

A finales de julio de 1723, en un día de calor intenso y pegajoso, Alfonso se dirige al Palacio de Justicia de Nápoles. Se celebrará el juicio más sonado del reino entre dos familias: los Médici y los Orsini. Las dos familias quieren para sí la propiedad del feudo de Amatrice. Estaba en juego una gran cantidad de dinero.

Alfonso es un joven abogado de 26 años de edad. Los Orsini lo han elegido para su defensa por una sola razón: es competente y ha ganado todas las causas.

Se ha preparado muy bien, ante el tribunal defiende la causa con maestría. Está seguro que defiende la justicia. A pesar de eso, Alfonso es derrotado, pero se da cuenta de que el origen de esta sentencia está en las maquinaciones políticas e intrigas políticas (cosas desconocidas para nosotros hoy).

Como herido por rayo, el abogado de manos limpias queda por un momento estupefacto. Después rojo de cólera, lleno de vergüenza por la toga que lleva, se retira de la sala de justicia, profundamente desilusionado, sus palabras de despedidas quedaron para la historia: “¡Mundo, te conozco!... ¡Adiós, tribunales!”. No vive este acontecimiento, decisivo en su vida, desde la agresividad y la frustración, al contrario, los asume como fecundidad, siembra y profundización interior, se retira, eso sí lo tiene muy claro. Y al hacerlo toma una opción personal radical: se niega a la corrupción, rechaza que el hombre se realice manipulando o dejándose manipular y elige una forma nueva de libertad y liberación, el seguimiento de Jesús.

Profundamente conmovido Alfonso se va a visitar a sus amigos, los enfermos del “Hospital de los incurables”. Mientras atendía a los enfermos se ve a sí mismo en medio de una grata luz... Parece escuchar una sacudida del gran edificio y cree oír en su interior una voz que le llama personalmente desde el pobre: “Alfonso, deja todas las cosas ven y sígueme”.

Tras la renuncia de los tribunales, Alfonso estudia unos años de teología y recibe el sacerdocio el 21 de diciembre de 1726, en la Catedral de Nápoles, tenía 30 años de edad. Se hace sacerdote en contra de un padre autoritario, como don José, con asombro lo descubre muy pronto en los barrios marginados evangelizando a los analfabetos con sorprendentes predicaciones

En una de sus muchas misiones Alfonso cae enfermo. Ante la gravedad de la situación, los médicos intervienen y le exigen un largo descanso en la sierra. Elige la zona de Amalfi, costera y montañosa a la vez. Fue con un grupo de amigos. Quiere aprovechar el descanso para vivir intensamente la amistad y la oración en común.

Cerca de Amalfi está Scala, un lugar precioso a medio camino entre la playa y la altura de la sierra. Más arriba de Scala, está Santa María de los Montes, una pequeña ermita. A Alfonso le gustó. Era bueno compartir la amistad y la oración en casa de María de Nazaret.

Alfonso y sus amigos se ven sorprendidos por los pastores y cabreros que vienen a pedirles la palabra de Dios. Es el momento clave en la vida de Alfonso. Ahora más que nunca descubre, de verdad que el Evangelio pertenece a los pobres y que ellos lo reclaman como suyo. Y decide quedarse con ellos para dárselo a tiempo completo.

Nos encontramos en el año 1730. Alfonso decide por vez primera, reunir una comunidad consagrada a la misión de los más pobres. En los primeros días de noviembre de 1732 Alfonso deja definitivamente la ciudad de Nápoles y en burro parte para Scala para reunirse con su primer grupo de compañeros, quienes habrán de ser los Redentoristas. Son unos días de intensa oración y contemplación. Sabe que la redención abundante y generosa es un don gratuito y se abre a él en disponibilidad plena.

El día 9 de noviembre de 1732 nace la congregación misionera del Santísimo Redentor, mejor conocido como los Misioneros Redentoristas. No es fácil fundar una congregación religiosa en el reino de Nápoles en el siglo XVIII. Hay demasiados diocesanos y religiosos y muchos conventos en este país pobre y mal administrado

Desde el 9 de noviembre de 1732 hasta la Pascua de 1762, cuando es nombrado obispo, pasan 30 años felices en la vida de Alfonso dedicado a la misión, la dirección de su grupo y a la publicación de sus obras.

Alfonso muere en Pagani, el día 1 de agosto de 1787, a la hora del ángelus. Tenía más de 90 años. Fue beatificado en 1816, canonizado en 1831 y proclamado doctor de la Iglesia en 1871.

Alfonso solía decir que la vida de los sanos es Evangelio vivido. Esto se lo podemos aplicar a él mismo. Sus ejemplos inquietan y arrastran. ¡A veces nos asusta enfrentarnos a un hombre como éste, que era capaz de vivir tan radicalmente el Evangelio!

Hoy, los Misioneros Redentoristas, continuamos anunciando el misterio gozoso de la redención abundante y generosa en toda la Iglesia. Los redentoristas, como Alfonso, no somos propagandistas de una doctrina, somos testigos de Cristo que viene al encuentro de la humanidad.

Sus seguidores

Alfonso murió. Su sueño, sin embargo, continúa vivo en la vida de sus seguidores. Especialmente debido a la labor de Clemente María Hofbauer, los redentoristas se esparcen por el mundo entero. En ellos, el Redentor continúa derramando vida en el corazón de los que no
Alfonso María de Ligorio, Santo
Alfonso María de Ligorio, Santo
cuentan para el mundo y en el de los abandonados. La Congregación del Santísimo Redentor es lugar y presencia donde el Redentor prosigue su misión: “He sido enviado a evangelizar a los pobres”.

¡Alfonso!, ¡Gracias por tu vida, por tu sueño, por tu horizonte de tan amplias miras! En nombre de los pobres abandonados, ¡Gracias de corazón!

¡Felicidades a quienes lleven este nombre y a los Padres Redentoristas!





san Alfonso maria de Ligorio

Obispo, Doctor de la Iglesia por sus escritos sobre la moral
.
Fundador de
la Congregación del Santísimo Redentor (los Redentoristas)
Patrón de confesores y moralistas.
(1696-1787).
Fiesta: 1 de agosto

Nació en Nápoles el año 1696; obtuvo el doctorado en ambos derechos, recibió la ordenación sacerdotal e instituyó la Congregación llamada del Santísimo Redentor. Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant’ Agata de’ Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagami, cerca de Nápoles, el año 1787.
BIOGRAFIA
San Alfonso nació en Nápoles el 27 de Septiembre de 1696. Sus padres Don José de Liguori y Doña Ana Cavalieri eran de familias nobles y distinguidas.
Era un "niño prodigio" con gran facilidad para los idiomas, ciencias, arte, música y demás disciplinas. Empezó a estudiar leyes a los 13 años y a los 16 años presentó el examen de doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Nápoles. A los 19 años ya era un abogado famoso.
Conversión
Según se cuenta, en su profesión como abogado no perdió ningún caso en 8 años, hasta que un día después de su brillante defensa, un documento demostró que él había apoyado (aunque sin saberlo), lo que era falso. Eso cambió su vida radicalmente.
Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor. Al año siguiente, en dos ocasiones oyó una voz que le decía: "abandona el mundo y entrégate a mi". Hizo voto de celibato y abandonó completamente su profesión. Muy pronto Dios le confirmó cual era su voluntad.
Se fue a la iglesia Nuestra Señora de la Misericordia a pedir ser admitido en el oratorio. Su padre trató de impedirlo, pero al verlo tan decidido le dio permiso de hacerse sacerdote pero con la condición de que se fuese a vivir a su casa. Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano.
Hizo los estudios sacerdotales en su casa. Fue ordenado sacerdote en 1726 a los 30 años. Los dos años siguientes se dedicó a los "vagos" de los barrios de las afueras de Nápoles.
La predica sencilla desde el corazón
En los comienzos del siglo XVIII combatió la prédica muy florida y el rigorismo jansenista en los confesionarios. El predicaba con sencillez. El santo decía a sus misioneros: "Emplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla".
San Alfonso abandonó su casa paterna en 1729, a los 33 años de edad y se fue de capellán a un seminario donde se preparaban misioneros para la China.
En 1730 el Obispo de Castellamare, el Monseñor Falcoia, invita a Alfonso a predicar unos ejercicios en un convento religioso en Scala. Este hecho tuvo grandes consecuencias, porque ayudó a discernir a las religiosas una revelación que tuvo la hermana María Celeste. El día de la transfiguración de 1731, las religiosas vistieron el nuevo hábito y empezaron la estricta clausura y vida de penitencia. Así comienza la Congregación de las Redentoristas.
En 1732 se despide de sus padres y vuelve a Scala, y con la ayuda y colaboración de un grupo de laicos, a los 36 años funda la Congregación del Santísimo Redentor, cuya primera casa perteneció al convento de las religiosas. San Alfonso era el superior inmediato y Monseñor Falcoia era el director general.
Grandes pruebas
Al poco tiempo comenzaron los problemas. La congregación se dividió entre los dos superiores. Al poco tiempo la hermana María Celeste se va a fundar otra congregación. A los 5 meses el santo se quedó solo con un hermano, pero mas tarde se presentaron nuevos candidatos y se estableció en una casa más grande.
En 1734 funda otra casa en Villa degli Schiavi y se dedica a misionar allí. Su confesionario estaba siempre lleno. Trataba a sus penitentes como almas que era necesario salvar.
En 1737, se divulgan rumores sobre la casa de Villa degli Schiavi y San Alfonso decide suprimir esa fundación. Al año siguiente también cierra la casa de Scala.
Organizó misiones en Nápoles por 2 años a pedido del Cardenal Spinelli, arzobispo.
En 1743, al morir Mons. Falcoia, San Alfonso vuelve a ocuparse de su congregación como superior general y se encarga de redactar las constituciones. A pesar de la oposición de las autoridades españolas, los misioneros reorganizados fundan varias casas.
En 1748 San Alfonso publica en Nápoles la primera edición de su "Teología Moral". La segunda edición apareció entre los años 1753 y 1755.
En 1749 el papa Benedicto XIV aprobó la congregación y a partir de eso, el éxito fue enorme.
En 1750, los Jansenistas comienzan a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición. San Alfonso defiende a Nuestra Señora, publicando "Las Glorias de María".
San Alfonso era estricto, pero a la vez tierno y compasivo.
En el proceso de beatificación el P. Cajone dijo: "A mi modo de ver, su virtud característica era la pureza de intención. Trabajaba siempre y en todo, por Dios, olvidado de si mismo. En cierta ocasión nos dijo: 'Por la gracia de Dios, jamás he tenido que confesarme de haber obrado por pasión. Tal vez sea porque no soy capaz de ver a fondo en mi conciencia, pero, en todo caso, nunca me he descubierto ese pecado con claridad suficiente para tener que confesarlo' ". Esto es realmente admirable, teniendo en cuenta que San Alfonso era un Napolitano de temperamento apasionado y violento, que podía haber sido presa fácil de la ira, el orgullo y de la precipitación.
Obispo
A los 60 años fue elegido obispo de Sant' Agata de' Goti, diócesis pequeña con 30,000 habitantes, diecisiete casas religiosas y cuatrocientos sacerdotes entre los cuales habían varios que no practicaban su ministerio sacerdotal o llevaban mala vida. Algunos celebraban la misa en 15 minutos. San Alfonso los suspendió "ipso facto", a no ser que se corrigiesen, y escribió un tratado sobre ese punto: "En el altar el sacerdote representa a Jesucristo, como dice San Cipriano. Pero muchos sacerdotes actuales, al celebrar la misa, parecen mas bien saltimbanquis que se ganan la vida en la plaza pública. Lo mas lamentable es que aun los religiosos de ordenes reformadas, celebran la misa con tal prisa y mutilando tanto los ritos, que los mismos paganos quedarían escandalizados….Ver celebrar así el Santo Sacrificio es para perder la fe".
Poco tiempo después se desata en su diócesis una terrible epidemia que San Alfonso había profetizado 2 años antes. Se morían por millares. El santo, para ayudar a las víctimas, vendió todo lo que tenía y La Santa Sede le autoriza a usar fondos de la diócesis y contrae grandes deudas.
Sus esfuerzos por reformar la moralidad pública le trajo numerosos enemigos que lo amenazaron de muerte. Solía decir: "Cada obispo está obligado a velar por su propia diócesis. Cuando los que infringen la ley se vean en desgracia, arrojados de todas partes, sin techo y sin medios de subsistencia, entraran en razón y abandonaran su vida de pecado".
Dirigió la diócesis de Santa Agata por 19 años.
Y mas pruebas...
En Junio de 1767, sufre un terrible ataque de reumatismo que casi lo lleva a la muerte.
Al terminar de celebrar la misa el 21 de septiembre de 1774, San Alfonso se desmayó y quedó inconsciente por 24 horas. Cuando regresó en sí, dijo a los presentes: "Fui a asistir al Papa, que acaba de morir". El Papa Clemente XIV muere el 22 de Septiembre de 1774.
En 1775 San Alfonso pidió a Pío VI que le permitiera renunciar al gobierno de su sede. El Papa le concede teniendo en cuenta su enfermedad. San Alfonso se retiró ciego y sordo. Fue a pedir hospitalidad a sus hijos espirituales, en Nocera, cerca de Nápoles, pensando así acabar tranquilamente sus días.
En 1777, los Redentoristas son atacados de nuevo. El Santo sufre con paciencia muchas humillaciones a causa de la traición de Monseñor Testa que era Capellán del Rey. El Santo se vio excluido de la congregación que había fundado.
Dios le reservaba una prueba aún mas dura. Entre 1784 y 1785, el santo atraviesa por un terrible periodo de "noche obscura del alma", sufre tentaciones sobre su fe y sus virtudes. Se ve abrumado por sus escrúpulos, temores y alucinaciones diabólicas. Le duró 18 meses, con intervalos de luz y reposo. A esto le siguió un periodo de éxtasis, profecías y milagros.
Gran escritor
Sus últimos 12 años de vida se dedicó a escribir, aumentando así sus obras ascéticas y teológicas. Sus mas conocidos libros son: La Practica de amar a Jesucristo, la Preparación para la muerte, las Glorias de María.
La Teología Moralis fue una obra que influyó en la formación del clero hasta hace pocos años.
El santo murió 2 meses antes de cumplir 91 años, la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1787.
El Papa Pío VI en 1796 decreta la introducción de la causa de beatificación de Alfonso María Ligorio.  La beatificación se da en 1816
Fue canonizado en 1839.
En 1871 fue declarado Doctor de la Iglesia y propuesto como patrono de los confesores y de los teólogos de moral.


San Alfonso María de Ligorio
St Alphonsus Liguori.jpg
Obispo y Fundador
Proclamado Doctor de la Iglesia el 7 de julio de 1871 por el papa Beato Pío IX
Nombre Alfonso Maria de' Liguori
Apodo Doctor Zelantissimus
Nacimiento 27 de septiembre, 1696
Marianella, Reino de Nápoles
Fallecimiento 1 de agosto de 1787
Pagani, Reino de Nápoles
Venerado en Iglesia Católica
Beatificación 15 de septiembre de 1815 en Roma por Pío VII
Canonización 26 de mayo de 1839 por el Papa Gregorio XVI
Festividad 1 de agosto
Atributos su principal atributo es el crucifijo, y es frecuente su representación con el rosario, libros, y la figura de la Virgen María. Su espalda deformada por la artrosis es otra característica que influyó en la iconografía popular.
Patronazgo abogados, moralistas y confesores. Es patrono de los enfermos de artrosis, de Pagani y co-patrono de Nápoles
Alfonso María de Ligorio (Marianella, Reino de Nápoles, 27 de septiembre de 1696 - Pagani, Reino de Nápoles, 1 de agosto de 1787). Religioso italiano, obispo de la Iglesia católica y fundador de la orden de los Redentoristas. Canonizado en 1839 y proclamado «Doctor de la Iglesia» en 1871, es el patrono de los abogados católicos, de los moralistas y de los confesores. Escribió más de 111 obras, entre las cuales cabe destacar el Tratado de Teología moral, escrito entre 1753 y 1755 y Las Glorias de María, escrito en 1750.


Biografía

Sus primeros años

Bautizado con los nombres de Alfonso María Antonio Juan Francisco Cosme Damián Miguel Ángel Gaspar de Ligorio, fue hijo de José de Ligorio y Catalina Ana de Ligorio. Fue el primero de siete hermanos en el marco de una familia de la nobleza napolitana. De niño le visitó San Francisco de Jerónimo quien en una bendición anunció: «Este chiquitín vivirá 90 años, será obispo y hará mucho bien».
Ingresó en la Hermandad de la Nobleza aún joven y comenzó su formación intelectual aprendiendo los idiomas español, francés, griego y latín. También inició estudios de geografía, literatura, matemáticas, gramática, música, arquitectura, pintura y arte animado por su padre, quien deseaba que fuera un exitoso político. Siendo un adolescente de 12 años, en 1708, dados sus grandes conocimientos, se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nápoles, y esta Facultad lo aceptó el 19 de marzo de ese año en el Colegio de Doctores.1 Como un caso excepcional, a los 16 años obtuvo con notas sobresalientes el grado de doctor en derecho civil y en derecho canónico.

El sacerdocio

Como abogado tuvo varios éxitos ya que inspiraba confianza en sus defendidos, persuadía mediante su elocuencia y un marcado desinterés por el dinero. Sin embargo, decidió apartarse de la profesión cuando defendió al Doctor Orsini contra el duque de Toscana. Cuando pensaba haber obtenido el triunfo de su cliente, le hicieron firmar una declaración amañada en la cual establecía que se había equivocado. Alfonso se retiró a su casa y se encerró en su cuarto durante tres días sin comer: solo se dedicó a rezar y a llorar.
Altar de la «iglesia de Santa María de la Merced y San Alfonso María de Ligorio» (antiguamente llamada «iglesia de Santa María de la Redención de los Cautivos»), lugar de culto de Nápoles que se encuentra en el corazón del centro histórico. Allí rindió Alfonso María de Ligorio su espada de caballero.
Seguidamente hizo un retiro en el Convento de los Lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722, lo cual reavivó su fervor religioso. El 28 de agosto de 1723, estaba visitando a los enfermos del Hospital de Incurables, cuando experimentó un llamado interior a renunciar a posesiones materiales y seguir a Jesuscristo, reiterándose esta situación lo que le hizo dejar el Hospital y renunciar a su espada de caballero ante una imagen de María en la «iglesia de Santa María de la Redención de los Cautivos». Así decidió hacerse sacerdote ingresando como novicio en el Oratorio. Su padre, molesto ante el fracaso de los planes de matrimonio que concibió para su hijo, y por el rechazo de su hijo hacia la abogacía, ofreció una enérgica oposición de dos meses a la decisión de Alfonso. Finalmente, el padre le dio permiso de hacerse sacerdote, bajo la condición de que viviese en su casa, lo cual Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano. El 23 de octubre recibió el hábito clerical, y continuó con sus estudios sacerdotales en su casa.
Recibió las órdenes menores en diciembre de 1724, y el subdiaconado en septiembre de 1725. Fue ordenado diácono el 6 de abril de 1726, y poco después pronunció su primer sermón. El 21 de diciembre de 1726, a la edad de treinta años, fue ordenado sacerdote. Rápidamente obtuvo fama en Nápoles como predicador popular. Por un total de seis años se consagró a la evangelización de Nápoles y de su región.
Alfonso vivió los primeros años de su sacerdocio con la gente «sin techo» y la juventud marginada de Nápoles. Fue entonces cuando fundó las llamadas «Capillas del atardecer», organizadas por los propios jóvenes. Se trataba de lugares de oración, de comunidad, de escucha de las Sagradas Escrituras, de actividades sociales y de formación. Al momento de la muerte de Alfonso, el número de capillas activas alcanzó las 72, con más de 10.000 miembros.2
En 1729, Alfonso emprendió un circuito misionero más amplio. En el interior del entonces Reino de Nápoles, encontró gente mucho más pobre y abandonada que los niños y jóvenes que había visto hasta entonces en las calles de Nápoles.2 Su forma de predicar sencilla y directa («para que el campesino humilde pueda comprender el mensaje») tuvo fuerte influencia moral y espiritual en su audiencia.

La «Congregación del Santísimo Redentor»

Alfonso María de Ligorio, en una representación del siglo XIX, que lo muestra afectado por artrosis cervical progresiva y aferrando con su mano izquierda el crucifijo
El 9 de noviembre de 1732, Alfonso fundó la «Congregación del Santísimo Redentor», orden conocida hoy como Redentoristas.1 La congregación, que por 17 años se llamó «Congregación del Santísimo Salvador», comenzó a funcionar en un pequeño hospicio perteneciente a las monjas de Scala. Aunque Alfonso era el fundador y de hecho la cabeza del Instituto, en un principio la dirección general fue asumida por el Obispo de Castellamare. Recién a la muerte de éste último, el 20 de abril de 1743, Alfonso fue elegido formalmente Superior-General.
Fue el Papa Benedicto XIV quien aprobó la Regla y el Instituto para hombres en 1749. Durante todos esos años, Alfonso le imprimió a su trabajo un carácter eminentemente misionero. Se dedicaba gran parte de cada año a atravesar el Reino de Nápoles llevando misiones, incluso a los pueblos más pequeños.

Su consagración episcopal

Vitral que representa a Alfonso María de Ligorio en su carácter de obispo, con el báculo de pastor. El vitral, del siglo XIX, se ubica en el transepto norte de la Catedral de Carlow en Irlanda, y es obra de Franz Mayer & Co.
Alfonso María de Ligorio fue nombrado obispo de la pequeña diócesis de Agatha dei Goti en 1762 por el Papa. Este nombramiento le aterró, queriendo renunciar de inmediato a tal honor. Sin embargo, el Papa no le aceptó la renuncia. Allí ejerció su ministerio episcopal entre 1762 y 1775.1 Fue un innovador en sus esfuerzos por reformar la administración de la diócesis y elevar la calidad y el entrenamiento del clero.
El período que permaneció en Agatha dei Goti fue aquél en el cual se produjo su transformación somática tan conocida iconográficamente, resultado de una artrosis cervical progresiva.1 En 1775, como consecuencia de la salud cada vez más débil de Alfonso, el papa Pío VI hizo lugar a sus insistentes ruegos y le permitió volver a la casa redentorista de Pagani, donde le aguardaban sus años más amargos.

Sus últimos años

En efecto, sus últimos doce años serían todavía más difíciles y dolorosos, por los agudos sufrimientos físicos, los tormentos espirituales, los esfuerzos agotadores por ganar reconocimiento para la congregación y la existencia de amargas contiendas dentro de la misma.1
Junto con la necesidad de la aprobación vaticana de su regla, se requería también la obtención de la aprobación del monarca reinante en Nápoles, en ese tiempo bajo el control de España. Alfonso sintió que su proyecto estaba atrapado en medio de las tensiones entre la Iglesia y el Estado. Prácticamente ciego e incapacitado para dirigir personalmente a su grupo, fue expulsado de la orden que él mismo había fundado como consecuencia de no haber leído un documento de vital importancia antes de firmarlo. Ni siquiera su virtual ceguera y su salud declinante fueron aceptadas como atenuantes. Así, él atravesó circunstancias eclesiásticas sumamente amargas en razón de esa situación canónica irregular de los redentoristas del reino de Nápoles, y se vio alejado de su propia congregación por decisión equivocada del papa Pío VI en 1780.1 Sin embargo, Alfonso no levantó jamás su voz contra la autoridad de Roma, y supo morir a la hora del Angelus del 1 de agosto de 1787.1
Poco después de su muerte, cesaron las divisiones en su congregación y se reconocieron los errores cometidos contra él. Los redentoristas obtuvieron el reconocimiento pleno y se expandieron primero por Europa y América del Norte, hasta totalizar hoy su presencia en 78 países del mundo.3

Canonización y Patronazgos

Relicario que contiene el cuerpo de Alfonso María de Ligorio, en la Basílica que lleva su nombre en Pagani
Alfonso María de Ligorio adquirió fama de santidad ya en vida y pocos meses después de su muerte se inició el proceso de valoración de su persona por parte de la Iglesia.1 El 20 de febrero de 1807 la Iglesia Católica declaró la heroicidad de las virtudes de Alfonso María de Ligorio. Fue beatificado el 15 de septiembre de 1815 y canonizado por el papa Gregorio XVI el 26 de mayo de 1839 . En 1871, Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia. Es el único caso en que una persona recibió ese título a menos de un siglo de acaecida su muerte. En 1950, Pío XII lo proclamó patrono de los confesores, de los moralistas y de Pagani. La ciudad de Nápoles lo tomó como santo patrón, junto con San Gennaro y Tomás el Apóstol.1

Maestro de la vida espiritual

Cristo en la cruz, cuadro pintado por Alfonso María de Ligorio alrededor de 1718
Alfonso María de Ligorio es considerado uno de los grandes maestros de la vida espiritual de la Iglesia Católica, y uno de los santos que mayor influencia tuvo en la devoción a María, madre de Jesús.
Elaboró un sistema de teología moral que recibió el nombre de equiprobabilismo, sistema que evita los excesos del rigorismo en general, del jansenismo en particular, y del laxismo. Se opuso al legalismo estéril y al rigorismo estricto que, según él, cerraba los caminos del Evangelio. Sostenía que tal rigor no se había enseñado ni practicado en la Iglesia. Su sistema de teología moral se caracteriza por su prudencia, evitando el probabilismo y, en particular, el laxismo, como así también el rigor jansenista extremo.
En su Teología Moral, Ligorio enseñó que todos están llamados a la salvación, y que los medios se hallan disponibles para todas las personas. Según él, la salvación no es cuestión de "torturas" o de un cumplimiento legalista de la ley, sino de una vida de amor. El valor de la libertad humana y la importancia de una conciencia individual informada fueron otros temas sobre los que Ligorio puso el énfasis. Al mismo tiempo fue un pionero en resaltar la importancia de tomar en cuenta las circunstancias concretas de una situación al evaluar la conducta moral. Las contribuciones de Ligorio en esta área generaron tanto controversias como admiración.
Junto con Francisco de Sales (1567-1622), Alfonso María de Ligorio puede considerarse uno de los grandes promulgadores de un nuevo tipo de devoción en Europa. En efecto, el siglo XVIII en el cual vivió se caracterizó por ser un período de transición en la historia de la práctica devocional. Tanto Francisco de Sales como Alfonso Ligorio hicieron hincapié en aspectos personales y afectivos en su forma de manifestar su piedad, subrayando el matiz individual en su relación con Dios.4

Algunas de sus obras

El catálogo de obras de Alfonso María de Ligorio alcanza 111 títulos, a los que se suman tres volúmenes con la edición de su correspondencia. Entre originales y traducciones en 70 idiomas, se contabilizan 21.000 ediciones. Una de las innumerables ediciones a su libro Visitas al Santísimo Sacramento alcanzó los 250.000 ejemplares.1 [[Archivo:Pagani-basi.jpg|thumb|175px|Pontificia Basílica de San Alfonso María de Ligorio en Pagani (Italia)
Algunas de sus obras son:
  • 1728: Publica su primera obra: Máximas eternas.
  • 1745: Reflexiones útiles a los obispos
  • 1745: Visitas al Santísimo Sacramento.
  • 1748: Inicia su gran obra: Teología Moral.
  • 1750: Las Glorias de María, probablemente la más conocida de sus obras.
  • 1752: Semblanzas de sus grandes amigos Jenaro M' Sarnelli y Vito Curzio.
  • 1755: La práctica del confesor.
  • 1757: El Homo apostolicus.
  • 1759: El gran medio de la oración.
  • 1760: La monja santa y Selva de materias predicables.

Referencias

  1. a b c d e f g h i j Marques, L.C.L. (2000). «Alfonso María de Ligorio». En Leonardi, C.; Riccardi, A.; Zarri, G. (en español). Diccionario de los Santos, Tomo I. España: San Pablo. pp. 129-135. ISBN 84-285-2258-8.
  2. a b «San Alfonso de Liguori» (en español). Los redentoristas santos. Consultado el 29 de julio de 2011.
  3. Michael Brehl. «Los redentoristas» (en español). Consultado el 29 de julio de 2011.
  4. Sánchez Herrero, José (2008) (en español). Historia de la Iglesia en España e Hispanoamérica: desde sus inicios hasta el siglo XXI. Madrid (España): Sílex ediciones. p. 284. ISBN 978-84-7737-192-2.

Enlaces externos



¿Milagros? ¿Dónde que no los veo?


El día en que reconozcas a Dios en todas las pequeñas cosas que te ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros.
 
¿Milagros? ¿Dónde que no los veo?
La vida es un milagro, tú eres un milagro; sin embargo, no contentos y convencidos de ello, estamos pidiendo más y más. Realmente no hay peor ciego que el que no quiera ver, abre los ojos de tu corazón y deja de pedirle a Dios más pruebas. El estupor y la admiración deben de acompañarnos paso a paso, solo así verás la mano de Dios que no deja de soplar sobre ti, en ese soplo de amor está el milagro que es tu vida.

Tres personas iban caminando por la vereda de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante que era alumno del sabio.

Terrateniente: -"Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa, inclusive, que puedes hacer milagros".

Sabio: -"La verdad, soy una persona vieja y cansada, ¿cómo crees que yo podría hacer milagros?"

Terrateniente: -"Pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso".

Sabio: -"¿Te referías a eso?, tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo; esos milagros los hace Dios, yo solo pido que se conceda un favor para el enfermo o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo".

Terrateniente: -"Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los mismos milagros que tú haces, muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios".

Sabio: -"A ver, esta mañana, ¿volvió a salir el sol?"

Terrateniente: -"¡Sí, claro que sí..!"

Sabio: -"Pues ahí tienes un milagro, el milagro de la luz".

Terrateniente: -"¡No!, eso no, lo que yo quiero ver es un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra, es más, mira, ahí hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas".

Sabio: -"¿Quieres un verdadero milagro?,¿no es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?"

Terrateniente: -"¡Sí!, fue varón y es mi primogénito".

Sabio: -"Pues ahí tienes un segundo milagro, el milagro de la vida".

Terrateniente: -"Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro".

Sabio: -"¿Acaso no estamos en época de cosecha, no hay trigo y sorgo donde solo hace unos meses nada más había tierra?"

Terrateniente: -"Sí, igual que todos los años".

Sabio: -"Pues ahí tienes un tercer milagro".

Terrateniente: -"Creo que no me he explicado lo que quiero"

Sabio: -"Te has explicado bien, solo que yo ya hice lo que podía hacer por ti; si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer".

Y dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba, y entonces el sabio y el alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba ya tan lejos como para no ver lo que hacían el sabio y el alumno, el sabio se dirigió hacia la orilla de la vereda, tomó el conejo herido, sopló sobre él y entonces sus heridas quedaron curadas.

El joven estaba algo desconcertado.

Joven: - "Maestro, te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿por qué te negaste a mostrarle uno al terrateniente?, ¿por qué lo haces ahora que él no puede verlo?".

Sabio: -"Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo, mostré 3 verdaderos milagros y no pudo verlos. Para ser rey, primero hay que ser príncipe; para ser maestro, primero hay que ser alumno; así que no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a ver y, sobre todo, a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día en que reconozcas a Dios en todas las pequeñas cosas que te ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Él te da todos los días, sin que tú se los hayas pedido".


Cuando estés o te sientas en problemas, pídele a Dios la cordura para pensar claramente; la paciencia necesaria para mantenerte tranquilo y actuar bien; la fortaleza necesaria para afrontar los retos; y la fe suficiente para seguirlo amando sin importar lo que pase. Pídele esos milagros.

Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:

El tesoro y la perla


Mateo 13, 44-46. El problema no es buscar el tesoro, sino saber dónde se encuentran los tesoros que Dios ha preparado para nuestra vida.
 
El tesoro y  la perla
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-46


En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

Oración introductoria

Jesús, Tú eres mi mayor tesoro. Mi vida sin Ti no vale ni sirve para nada. Permite que sepa darte el cien por ciento de este tiempo de oración. Que nada ni nadie interrumpa este diálogo que creo y espero tener con Quien tanto me ama.

Petición

Dios mío, dame la gracia de amarte más este día.

Meditación del Papa

Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos "sí", en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios. Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el "centro vital" de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la “gran medida” del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino. Benedicto XVI, 13 de febrero de 2012.

Reflexión

Siempre me ha parecido lo más normal, que un hombre haga todo lo que está a su alcance para conseguir la perla o el tesoro más valioso del mundo. Eso fue lo que hizo Kalif. No tenía trabajo y los problemas económicos empezaban a ser cada vez más serios para su familia. Una noche, soñó que bajo el puente que unía la ciudad con el resto del valle, había un tesoro.

De madrugada se levantó, fue al puente y comenzó a cavar. La policía le vio excavando y dudó de sus intenciones. El pobre Kalif, después de unos intentos por evitar la respuesta, se sinceró: hoy soñé que debajo del puente había un tesoro y por ello vine aquí.

Uno de los policías con ironía le respondió: ¿cómo es posible que usted crea eso? Fíjese, hoy también soñé yo que debajo de la casa de un tal Kalif había un tesoro escondido. ¿Usted cree que me lo voy a creer?. Kalif calló, regresó a su casa, excavó y encontró el tesoro.

El problema no es buscar el tesoro, sino saber dónde se encuentran los tesoros que Dios ha preparado para nuestra vida. ¿Cuáles son tus tesoros? ¿Consideras tu vida matrimonial y tus hijos, verdaderos tesoros o no te das cuenta del regalo que Dios te ha concedido, porque sólo sientes el cansancio y el sudor que produce el remover la tierra para disfrutar de ellos?

¿Alguna vez has experimentado el valor de la Santa Misa y de la confesión, o la pereza de levantarte unos minutos antes el domingo te lo han ocultado?

Propósito

No se puede amar lo que no se conoce, por eso, buscaré participar en alguna actividad formativa en torno a la Eucaristía.

Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, por tu generosidad porque gratuitamente y sin ningún merito de mi parte me ofreces el tesoro de la Eucaristía y tu Palabra. No tengo que vender nada, sólo debo dejar a un lado todo lo que me pueda apartar de Ti. Ayúdame a ser santo al saber aprovechar cada minuto de la vida que me has regalado para crecer en el amor a Ti y a los demás.


miércoles 01 Agosto 2012
Miércoles de la decimoséptima semana del tiempo ordinario

San Alfonso María Ligorio /


Leer el comentario del Evangelio por
San Ireneo de Lión : El tesoro escondido en el campo de las Escrituras

Lecturas

Jeremías 15,10.16-21.


¡Qué desgracia, madre mía, que me hayas dado a luz, a mí, un hombre discutido y controvertido por todo el país! Yo no di ni recibí nada prestado, pero todos me maldicen.
Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos.
Yo no me senté a disfrutar en la reunión de los que se divierten; forzado por tu mano, me mantuve apartado, porque tú me habías llenado de indignación.
¿Por qué es incesante mi dolor, por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar? ¿Serás para mí como un arroyo engañoso, de aguas inconstantes?
Por eso, así habla el Señor: Si tú vuelves, yo te haré volver, tú estarás de pie delante de mí; si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos.
Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte -oráculo del Señor-.
Yo te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos.


Salmo 59(58),2-3.4-5a.10-11.17.18.


Líbrame de mis enemigos, Dios mío,
defiéndeme de los que se levantan contra mí;
líbrame de los que hacen el mal
y sálvame de los hombres sanguinarios.

Mira cómo me están acechando:
los poderosos se conjuran contra mí;
sin rebeldía ni pecado de mi parte, Señor,
sin culpa mía, se disponen para el ataque.
Despierta, ven a mi encuentro y observa.

Yo miro hacia ti, fuerza mía,
porque Dios es mi baluarte;
él vendrá a mi encuentro con su gracia
y me hará ver la derrota de mis enemigos.

Pero yo cantaré tu poder,
y celebraré tu amor de madrugada,
porque tú has sido mi fortaleza
y mi refugio en el peligro.

¡Yo te cantaré, fuerza mía,
porque tú eres mi baluarte,
Dios de misericordia!


Mateo 13,44-46.


El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

San Ireneo de Lión (hacia 130-208) obispo, teólogo y mártir
Contra las herejías IV, 26; SC 100, pag 711

El tesoro escondido en el campo de las Escrituras

Cristo era presente en todos aquellos a quienes, desde el comienzo,
Dios comunicaba su palabra, su verbo. Si alguien lee las Escrituras en esta
perspectiva, encontrará la referencia a Cristo y una prefiguración de un
nuevo llamamiento. Porque él es “el tesoro escondido en el campo”, es
decir, en el mundo. (cf Mt 13,38) Tesoro escondido en las Escrituras porque
había sido prefigurado en figuras y parábolas que, humanamente hablando, no
podían ser comprendidas antes del cumplimiento de las profecías, es decir,
antes de la venida del Señor. Por esto fue dicho al profeta Daniel:
“...mantén ocultas estas palabras y ten sellado el libro hasta que llegue
el momento final.” (Dn 12,4) También Jeremías dice: “Sólo después lo
comprenderéis” (cf Jr 23,20)...

La ley leída por los cristianos es un tesoro escondido antiguamente
en un campo, pero fue revelado en la cruz de Cristo. ... La cruz manifiesta
la sabiduría de Dios, da a conocer sus designios en vista a la salvación de
la humanidad, prefigura el Reino de Cristo, anuncia la buena noticia de la
herencia de la Jerusalén santa, anuncia que la persona que ama a Dios
progresará hasta ver a Dios y comprender su palabra y será glorificado por
esta palabra...

Así el Señor explica las Escrituras a sus discípulos después de la
resurrección, afirmando por ellas que “era necesario que Cristo sufriera
para entrar en su gloria.” (Lc 24,26) Si pues alguien lee así las
Escrituras, será un discípulo perfecto “que es como un padre de familia que
saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.” (Mt 13,52)