domingo, 1 de septiembre de 2013

Beato Alfonso Sebastiá Viñals, presbítero y mártir


fecha: 1 de septiembre
n.: 1910 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 11 mar 2001
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Paterna, en la provincia de Valencia, en España, beato Alfonso Sebastiá Viñals, presbítero y mártir, que, estando al frente de la escuela de una institución social valenciana, recibió la corona gloriosa del martirio durante la misma persecución religiosa.
Nació en la ciudad de Valencia en el seno de una humilde familia el 27 de mayo de 1910, recibiendo en su casa una buena educación cristiana. Desde niño dio señales de inclinación al sacerdocio y participó como infantito, por su buena voz, en el «Misterio de Elche». Con diez años ingresó en el seminario de Orihuela donde estudió humanidades. Pasó luego al seminario de Valencia, posteriormente al Colegio de San José y finalmente al Colegio Mayor de la Presentación. Se ordenó sacerdote el 15 de junio de 1933 y fue destinado como párroco a Ludiente. Amenazado para que dejara la parroquia por los enemigos de la religión, se mantuvo valientemente en su puesto. En octubre de 1935 fue destinado a Valencia, a la Escuela de Formación Social, materia en la que se había especializado, y se le dio el cargo de director espiritual. Este cargo se le dio a petición de don Ángel Herrera Oria, entonces director de El Debate, y que conocía las inquietudes sociales del joven sacerdote. La dicha Escuela era fundación de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Fue también profesor de Formación Social.
Alfonso hizo una magnífica labor. Conoció y trató también al apóstol seglar el beato Luis Campos Górriz, quien también moriría mártir el mismo año. Cuando el 19 de julio de ese año fue incendiado el palacio arzobispal, su padre le rogó que se retirara a casa de un hermano suyo que vivía en Ruzafa y sus hermanos le aconsejaron que, como tenía pasaporte, se marchara, pero él se negó. Detenido el 20 de agosto y llevado al Gobierno Civil, pasó de allí a San Miguel de los Reyes. El día 1 de septiembre estaban su madre y su hermana esperando en la puerta de la cárcel para visitarle cuando lo vieron salir en un camión y decirles adiós con la mano. Lo fusilaron en Paterna aquel mismo día. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II en la ceremonia conjunta de los 233 mártires de la persecución religiosa en Valencia.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

Beatos Cristino Roca Huguet y once compañeros, religiosos mártires

fecha: 1 de septiembre
†: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 25 oct 1992
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Madrid, en España, beatos Cristino (Miguel) Roca Huguet, presbítero, y once compañeros, mártires, de la Orden de San Juan de Dios, fusilados durante la guerra por odio a la religión. Sus nombres son: beatos Proceso (Joaquín) Ruiz Cascales, Eutimio (Nicolás) Aramendía García, Canuto (José) Franco Gómez, Dositeo (Guillermo) Rubio Alonso, Cesario (Mariano) Niño Pérez, Benjamín (Alejandro) Cobos Celada, Carmelo (Isidoro) Gil Arano, Cosme (Simón) Brun Arará, Cecilio (Enrique) López López, Rufino (Crescencio) Lasheras Aizcorbe y Faustino (Antonio) Villanueva Igual, religiosos.
Se conmemora hoy el martirio de doce religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que fueron inmolados por su condición de católicos y religiosos en las cercanías de Madrid el 1 de septiembre de 1936. Pertenecían a la comunidad del instituto-asilo San José, de Carabanchel Alto, institución dedicada a enfermos epilépticos, y en la que radicaba la Escolanía Apostólica. El instituto, situado en medio de extenso pinar, en las afueras de Madrid, pudo soportar las difíciles circunstancias de 1936 hasta que, declarada la guerra el día 18 de julio, se recibió el día 29 la visita de un grupo de milicianos que rodearon la casa y exigieron a los religiosos se concentraran en una sala, mientras ellos procedían a un riguroso registro que duró tres horas, alegando que buscaban armas. Cuando éstas no aparecieron por ninguna parte se marcharon, pero exigieron que cesara todo acto de culto o manifestación religiosa, debiendo retirarse de la iglesia todas las imágenes, y debieron los hermanos reunirse en el sótano de la ropería para poder efectuar sus rezos. Así estuvieron un mes entero, sin dejar -tal como era la consigna del P. General de la Orden- la atención a los enfermos. Pero el 29 de agosto llegó el alcalde de Carabanchel con el secretario y varias personas armadas y comunicaron a los hermanos que cesaban en la dirección del instituto, les exigieron la entrega de los libros de la administración y el dinero, y avisaron a los hermanos que deberían marcharse pero que ellos les dirían cuándo. El día 1 de septiembre estaban los hermanos en las enfermerías disponiendo la comida de los enfermos cuando llegó otro grupo de hombres armados con orden de llevarse a los hermanos. Los religiosos fueron arrestados del peor modo, cacheados y obligados a subir a un autocar. Éste tomó la carretera de Boadilla del Monte y llegó al llamado Charco Cabrera. Aquí se les hizo bajar del autocar y se les alineó, fueron seguidamente fusilados y arrojados a una fosa. Cuando los hermanos vieron que se les iba a matar gritaron vivas a Cristo Rey. Sus cadáveres serían exhumados en 1942 y trasladados a la cripta del instituto. Fueron beatificados el 25 de octubre de 1992 por el papa Juan Pablo II en el grupo de 71 Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios muertos durante los días de la Guerra Civil. Sus datos personales son:
Cristino Roca Huguet nació en Molins de Rey (Barcelona) el 6 de junio de 1899, siendo bautmdo con el nombre de Miguel. Otros dos hermanos suyos fueron religiosos hospitalarios; uno de ellos, Constancio, murió mártir en Calafell el día 30 de julio de 1936 y fue beatificado con su hermano. Ingresó en la niñez en la Escolanía Hospitalaria de Ciempozuelos y por sus buenas cualidades se le pidió estudiase para sacerdote. Tras haber profesado como «hermano Cristino», hizo los estudios y se ordenó el año 1926. Fue capellán del Hospital de San Rafael de Madrid, maestro de novicios en Calafell y era director de la Escolanía Apostólica de Carabanchel Alto. Tenía un gran crédito como pedagogo y educador y era un excelente director de almas.
Proceso Ruiz Cáscales nació en Beniel (Murcia) el 4 de octubre de 1887, de padres labradores, que en el bautismo le dieron el nombre de Joaquín. Tras una breve experiencia como ermitaño en La Fuensanta, ingresó en la Orden Hospitalaria el 15 de septiembre de 1915. Tras profesar como «hermano Proceso» estuvo destinado en las comunidades de Ciempozuelos, Madrid, Gibraltar, Valencia, Barcelona y por último como superior en Carabanchel Alto. En agosto de 1936 le visitó un hermano suyo, acompañado de un jefe miliciano, y le hizo entrega de un salvoconducto, pero él no quiso aceptarlo si no se les daba a los demás hermanos.
Eutimio Aramendia García nació en Oteiza de la Solana (Navarra) el 23 de octubre de 1878 y recibió en el bautismo el nombre de Nicolás. Con sólo 15 años hizo su ingreso en la Orden Hospitalaria. Diplomado en medicina y cirugía, tras profesar como «hermano Eutimio», fue enfermero mayor en diversos hospitales: Barcelona, San Baudilio de Llobregat, Madrid, Murcia, Santa Águeda, Palencia, Pamplona, Bogotá y Pasto en Colombia, y por último Carabanchel Alto, de cuya comunidad era vicesuperior. No quiso aceptar marcharse con sus familiares para no dejar a sus hermanos de comunidad.
Canuto Franco Gómez había nacido en Aljucer (Murcia) el 23 de diciembre de 1871 y fue bautizado con el nombre de José. Ingresó en los carmelitas pero hubo de dejarlo por motivos de salud. Posteriormente, en 1893, fue aceptado en la Orden Hospitalaria. Padecía de sordera y era delicado de salud, por lo que, una vez profesado con el nombre de «hermano Canuto», se le dedicó a sacristán. Tenía una fina sensibilidad artística y era buen pintor, conservándose pinturas suyas de corte delicado.
Dositeo Rubio Alonso nació en Madrigalejo (Burgos) el 10 de febrero de 1869 y fue bautizado con los nombres de Guillermo Tomás. A los 25 años ingresó en la Orden Hospitalaria, desempeñando su servicio en las casas de Ciempozuelos, Zaragoza, San Baudilio de Llobregat, Santa Águeda, Barcelona, Pamplona, Gibraltar, Granada, Calafell y Carabanchel Alto. Era muy humilde y servicial.
Cesáreo Niño Pérez nació en Torregutiérrez (Segovia) el 15 de septiembre de 1878 y fue bautizado con el nombre de Mariano. Sintió la vocación religiosa pero su escasa estatura y poca presencia parecían ser una dificultad muy fuerte. Él insistió y logró ser admitido, tomando el nombre de «fray Cesáreo». Brilló por su constancia, entrega y regularidad en la observancia de la vida religiosa. Estuvo en las comunidades de Ciempozuelos, Pamplona y Carabanchel Alto. Cuando se disponían a fusilar a los demás religiosos, le dijeron que podía irse y buscarse la vida pero él insistió en quedarse con sus hermanos. Un miliciano entonces le dio tres tiros, y así cayó a la fosa.
Benjamín Cobos Celada nació en Palencia el 9 de julio de 1887 y se le impuso en el bautismo el nombre de Alejandro. Ingresó en la Orden Hospitalaria a los 14 años y al iniciar el noviciado tomó el nombre de «fray Benjamín». Hizo los estudios de practicante y por ello en todos los centros a donde fue enviado tuvo el oficio de enfermero: Ciempozuelos, Barcelona, Madrid, San Baudilio de Llobregat, Málaga y Carabanchel Alto, desempeñando su oficio con gran competencia y dedicación.
Carmelo Gil Araño nació en Tudela (Navarra) el 15 de mayo de 1879, recibiendo en el bautismo el nombre de Isidoro. Educado cristianamente en su piadoso hogar, tenía 27 años cuando se decidió por la Orden Hospitalaria, tomando en el noviciado el nombre de «fray Carmelo» y profesando el 24 de septiembre de 1904. Prestó servicios como enfermero en las casas de Ciempozuelos, Carabanchel Alto, Pamplona, Valencia y San Baudilio de Llobregat, de donde fue enviado otra vez a Carabanchel Alto. Aunque al estallar la guerra pareció dispuesto a volver a su casa, decidió por fin quedarse con los hermanos y enfrentar el martirio si fuera preciso.
Cosme Brun Arará nació en Santa Coloma de Farnés (Gerona) el 12 de noviembre de 1894, siendo bautizado con el nombre de Simón. Con 16 años se colocó de criado en el seminario de Gerona, y aquí lo conoció el obispo mons. Pol que se lo llevó consigo como su sirviente personal. Simón lo atendió como un hijo hasta la muerte del prelado. Muerto el obispo, se colocó en Barcelona, pero no se sentía ya a gusto en el mundo y decidió su vocación religiosa, ingresando en enero de 1917 en la Orden de San Juan de Dios y tomando en el noviciado el nombre de «fray Cosme». Pasó por muchas casas de la Orden antes de su destino en Carabanchel Alto, de donde fue sacado para el martirio. Era un religioso de gran caridad y espiritualidad.
Cecilio López López nació en un pueblo de Las Alpujarras, Fondón (Almería), el 25 de junio de 1901 y en el bautismo recibió el nombre de Enrique. Ingresó a los 15 años en la Orden Hospitalaria y al empezar el noviciado tomó el nombre de «fray Cecilio». Destacaba por su buena inteligencia y feliz memoria y los superiores lo destinaron al sacerdocio, pero al contraer la tuberculosis tuvo que dejar los estudios. Enviado a Colombia, se repuso, y destacó como enfermero y practicante, habiéndosele ofrecido un futuro brillante en el mundo si dejaba la vida religiosa, pero él perseveró firme en su vocación. Vuelto a España en marzo de 1935 fue destinado a la casa de Carabanchel Alto. Cuando lo arrestaron, se dio cuenta de que iban a matar a los religiosos y se despidió de los enfermos «hasta el cielo».
Rufino Lasheras Aizcorbe nació en Arandigoyen (Navarra) el 15 de junio de 1900, siendo bautizado con el nombre de Crescencio. Educado cristianamente, era un joven verdaderamente piadoso y caritativo. A los 27 años optó por la Orden Hospitalaria y al iniciar el noviciado tomó el nombre de «fray Rufino». En todas las casas por donde pasó dejó fama de religioso observante, siendo su último destino la de Carabanchel Alto.
Faustino Villanueva Igual nació en Sarrión (Teruel) el 23 de enero de 1913 y fue bautizado con el nombre de Antonio. Muerto su padre cuando tenía 4 años, se encargó de él su abuela materna que lo educó cristianamente. Ingresó en la Escuela Apostólica de Ciempozuelos a los 10 años. Vuelve a su casa en 1930 por enfermedad, pero una vez repuesto regresa a la Escuela Apostólica, e ingresa en el noviciado con el nombre de «fray Faustino». Destinado a la comunidad de Carabanchel Alto, de la que saldría para el martirio.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

Beata Juliana de Collalto, abadesa


fecha: 1 de septiembre
n.: 1186 - †: 1262 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Benedicto XIV 30 may 1753
hagiografía: Santi e Beati
En Venecia, beata Juliana de Collalto, abadesa de la Orden de San Benito.
Juliana nació en Collalto (que es parte hoy de la comuna de Susegna, provincia de Treviso) en 1186: sus padres eran el conde Rambaldo VI y la condesa Juana de Sant'Angelo de Mantua. Fue educada cristianamente, y jovencísima, con sólo 12 años, vistió el hábito benedictino de Santa Margarita de Salaeola. Vivió los primeros años de vida religiosa de modo ejemplar. En 1220 hizo su ingreso en el mismo monasterio la beata Beatriz I d'Este; entre las dos almas elegidas nació una profunda amistad.
En la potente y rica República Véneta incluso los monasterios tenían su importancia, así sea porque tras sus muros se encontraban jóvenes de las más importantes y nobles familias. En la isla de Spinalonga (hoy Giudecca) se encontraba la derruída iglesia de San Cataldo. Juliana, cuyo nombre ilustre por origen era aún más notorio por la excelencia de sus virtudes, fue encargada de la fundación, a su costado, de un monasterio. Nació así, en aquel lugar abandonado, una comunidad claustral que por siglos se dedicará a la oración. La iglesia fue dedicada a San Biagio. Juliana, nombrada abadesa, además del respeto de la regla para la propia santificación y de las hermanas, tuvo siempre particular cuidado de los pobres. Su caridad era conocida en toda la ciudad y realizó, incluso en vida, muchos prodigios. Del monasterio de los santos Biagio y Cataldo de la Giudecca dependía también "en tierra firme", el de Pianiga, que Juliana hizo restaurar en torno a la mitad del siglo. Con las leyes de supresión de las órdenes religiosas de fines del siglo XVIII el edificio fue transformado en la Villa Albarea.
Durante los últimos años de su vida la beata padeció de fuertes dolores de cabeza, que le hicieron tener el patrocinio de aquellos que sufren del mismo mal. Murió el 1 septiembre de 1262, a la edad de 76 años de los cuales 64 vivió dedicada al Señor. Fue sepultada en el cementerio de la iglesia. Su recuerdo quedó vivo y sobre todo su fama de taumaturga contra las migrañas. Hacia el 1290 el cuerpo, encontrado incorrupto, fue colocado en un artístico sarcófago de madera. En 1733 las reliquias fueron puestas en un altar de la iglesia mientras exactamente 20 años después, el 30 mayo 1753 el papa Benedicto XIV confirmó su culto.

San Victorio de Le Mans, obispo

fecha: 1 de septiembre
†: 490 - país: Francia
otras formas del nombre: Victeur
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
En Cenomanum (Le Mans), en la Galia Lugdunense, san Victorio, obispo, de quien habla san Gregorio de Tours.
Como en el caso de muchos santos del alto medioevo o de los primeros siglos de la Iglesia, de los que no se sabe nada de su vida hasta el momento de la asunción del cargo por el cual son conocidos, en el caso de san Víctor, las noticias parten de cuando recibió el episcopado de Le Mans en Francia, al inicio del año 450. Se sabe que participó en el 453 del concilio de Angers, y en el 461 del de Tours; incluso firmó una carta colectiva con los obispos de Tous y Bourges, dirigida a los prelados participantes de la III asamblea lionesa.
Según la leyenda transcrita en dos textos no contemporáneos y poco atendibles, Víctor era un subdiácono, casado y padre de un chico aún no bautizado; mientras estaba en su campo, encontró a san Martín de Tours que se dirigía a visitar al obispo de Le Mans Liborio, moribundo. San Martín lo llevó consigo y, después de los funerales de Liborio, lo propuso como nuevo obispo; vino así a ser consagrado obispo de Le Mans, mientras su mujer tomaba el velo monacal y su hijo Victorio recibía el bautismo. La leyenda continúa diciendo que Victorio, educado en Tours, sucedió a su padre, siendo consagrado también obispo por san Martín (quien sin embargo habría muerto hacía tiempo); esta sucesión ha aportado una confusión histórica entre los hagiógrafos, que mantuvieron ambos santos en fechas diversas. Otros suponen que hubo un solo san Víctor, quien en su larga vida fundó fuera de la ciudad un monasterio dedicado a los 12 apóstoles, donde después fue sepultado cuando murió en el 490, y el monasterio tomó su nombre; de esta manera habría gobernado unos 40 años, lo que según algunos estudiosos es demasiado para la época y llevaría a hablar de dos obispos del mismo nombre o parecido.
Por su fama de santidad le fue dedicado un oratorio dentro de los muros de la ciudad en el lugar donde había milagrosamente apagado un gran incendio que la devastaba, por lo que gozó de gran veneración.

Santa Verena


fecha: 1 de septiembre
†: s. IV - país: Suiza
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Zurzach, junto al Rin, en la región de los tigurinos de Germania, santa Verena.
patronazgo: protectora de los pobres y necesitados, de las secretarias parroquiales, molineros, pescadores y barqueros, para pedir la bendición de los niños.
De santa Verena no se sabe absolutamente nada, ni siquiera la época o el siglo en que vivió. El nombre de esta doncella figura en la leyenda de la Legión Tebana(22 de septiembre), y sus «actas» ficticias la hacen aparecer como una hermosa joven natural de la Tebaida y emparentada con san Víctor, que fue su tutor. Verena viajó hasta Agaunum con el propósito de rendir tributo a las reliquias de los mártires y buscar las de san Víctor. No sabemos si tuvo éxito su investigación, pero el caso es que Verena se estableció en Soloturno. Ahí se muestra todavía la cueva en la que vivía y se afirma que andaba continuamente por toda la comarca para ayudar, consolar y atender a los campesinos, cuya limpieza personal le preocupaba sobremanera. Parece que terminó sus días en una celda que le construyeron las gentes agradecidas, en Zurzach, en la región del Aargau, donde aún existe su tumba con una efigie de la propia Verena, que aparece con un peine y un recipiente en las manos, como emblemas de sus higiénicas obras de caridad. En toda Suiza se honra a santa Verena.
La legendaria biografía de santa Verena se halla impresa en el Acta Sanctorum, septiembre, vol. I. Su culto adquiere cierta respetabilidad, por el hecho de que aparece su nombre en los complementos del Hieronymianum, como por ejemplo, en el manuscrito de Reichenau y en el Martirologio de Munich, que data del siglo nueve (MS. Latin 15818). Ver a Huber, Das Leben der h. Jungfrau Verena (1870); A. Lutolf, Glaubensboten der Schweiz (1871), pp. 182-192 y, sobre todo, a E. A. Striickelberg en su Schweizerischen Heiligen des Mittelalters, pp. 127-134. La obra, Die Heiligen Verena von Zurzach, de A. Reinle, está resumida en la Analecta Bollandiana, vol. LXIX (1951), pp. 412-415. N.ETF: puede notarse que en el elogio del Martirologio Romano ni siquiera se le asigna una categoría (virgen, ermitaña, religiosa, etc), hasta tal punto es la carencia de datos sobre ella.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Lupo de Sens, Santo

Obispo, Septiembre 1
Lupo de Sens, Santo
Lupo de Sens, Santo

Obispo

Martirologio Romano: En Sens, de Neustria, san Lupo, obispo, que fue desterrado por haber dicho ante un jerarca local que convenía al pueblo ser regido por un sacerdote y obedecer a Dios antes que a los príncipes (c. 623).

San Loupo o Leu, perteneciente a una familia noble, nació en Orléans. Fue elegido Arzobispo de Sens en 609.

Clotairo, rey de los Francos, entrando en Borgoña, envió a su senescal contra los habitantes de Sens, éste sitió la ciudad. San Lupo, hizo repicar la campana de la iglesia de Saint Eesteban. Los sitiadores, oyendo ese sonido, sintieron tal pánico, que pensaron que no podrían escapar a la muerte, y emprendieron la huida.

Habiéndose finamente apoderado de la Borgoña, Clotario envió a Sens a otro senescal. Como San Lupo no acudió a su presencia llevándole presentes, lo difamó ante el rey, y éste lo envió al exilio. Allí, San Lupo se destaca por su doctrina y milagros.

Los habitantes de Sens pidieron al rey que llamara a San Lupo del exilio. Cuando Clotario se encontró ante aquel hombre paciente y mortificado, se sintió tan conmovido que se prosternó a sus pies solicitando su perdón. Colmándolo de presentes, lo restableció en su Sede.

Después de haberse hecho famoso por sus grandes virtudes y milagros, el Santo Obispo entregó su alma a Dios alrededor de 610. 


San Lupo de Sens, obispo y confesor
fecha: 1 de septiembre
†: c. 623 - país: Francia
otras formas del nombre: Leu
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Sens, de Neustria, san Lupo, obispo, que fue desterrado por haber dicho ante un jerarca local que convenía al pueblo ser regido por un sacerdote y obedecer a Dios antes que a los príncipes.
refieren a este santo: San Aunacario de AuxerreSanta Columba
Al suceder a san Artemio en la sede episcopal de Sens, Lupo se distinguió por el celo extraordinario con que cumplió todos sus deberes pastorales y por haber demostrado que ninguna dignidad podría infundirle el orgullo, ni la mayor dedicación a cualquier trabajo público podía distraerle de su constante contemplación de Dios. Cuando la seguridad de su país requirió su ayuda, se puso en actividad para mantener el orden público y, tras la muerte del rey Thierry II, apoyó a su heredero Sigberto con todas las posibilidades de sus propios poderes. Tiempo después, Clotario se adueñó de Borgoña y envió ahí el duque Farulf para que se hiciera cargo de la administración de la tierra conquistada. El ministro se ensañó contra San Lupo, ya que éste, durante el sitio a Sens, se había salvado de morir bajo las espadas de los hombres de Clotario, al repicar las campanas de su iglesia, lo que bastó para que todos los atacantes, asustados, se alejaran más que de prisa. El obispo Lupo no tomó precauciones para defenderse de la maldad de Farulf y éste levantó, ante el rey, terribles calumnias contra el prelado, con la complicidad de Medegislo, abad de Saint-Remi, monasterio de Sens, cuya ambición era la de suplantar a san Lupo en la sede. El pago que recibieron las criminales actividades de aquel abad inescrupuloso, consistió en la invasión tumultuosa de su iglesia por parte del pueblo indignado, que lo asesinó ahí mismo.
Pero Clotario se dejó engañar por las intrigas y desterró al obispo Lupo a Auséne, una aldea cercana a la ciudad de Lyon. Al llegar al sitio de su exilio. el santo descubrió, apesadumbrado, que los habitantes rendían culto a los dioses falsos y se propuso rescatarlos del paganismo. Con la ayuda de Dios obró el milagro espectacular de devolver la vista a un hombre ciego, delante del gobernador y numerosos testigos. Al día siguiente, el gobernador, muchos funcionarios, ciudadanos y hombres del ejército de los francos, acudieron a solicitar el bautismo. Mientras tanto, san Winebaldo, el abad de Troyes y toda la ciudadanía de Sens, exigieron al rey Clotario que llamase a san Lupo del destierro al que le había condenado. Ante aquella demostración de afecto y lealtad, el monarca comprendió que había obrado injustamente en contra del obispo al dejarse prender en la red de malévolas intrigas forjadas por los acusadores. Inmediatamente, trató de reparar el daño, mandó traer al exilado y, luego de pedirle perdón humildemente, le devolvió a su sede. El santo obispo Lupo, por su parte, jamás demostró el menor resentimiento hacia sus enemigos y, por la resignación y paciencia con que soportó sus infortunios, marcó sus virtudes con el sello del heroísmo.
Entre los muchos prodigios que se atribuyen a su santidad, se cuenta que cierto día en que cantaba una misa, alzó el cáliz y, sin explicarse de dónde podría venir, a no ser que procediera del espacio, una piedra preciosa de gran tamaño, cayó dentro de la copa. Este acto se relataba en el antiguo Martirologio Romano, con la prudente advertencia: refertur (así se refiere) ; pero de todas maneras, podría explicarse, si se tiene en cuenta que las piedras preciosas en los ornamentos de vestiduras y altares se desprenden con facilidad. Pero aquella joya se conservó como una reliquia entre los tesoros de la catedral de Sens, donde también se guarda el anillo episcopal que es uno de los muchos anillos legendarios que cayeron, por accidente, al agua y, más tarde, fueron recuperados en el vientre de un pez. San Lupo murió en el año 623.
La más antigua biografía de San Lupo de Sens, escrita en latín, fue editada con críticas y comentarios en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov., vol. IV, pp. 176-178. B. Krusch le asigna una fecha no anterior al siglo noveno y opina que, desde el punto de vista histórico, es poco digna de confianza. Véase a G. Vielhaber en Analecta Bollandiana, vol. XXVI (1907), pp. 43-44; y cf. H. Bouvier, Histoire de l'Église de Sens, vol. I, pp. 101-106, así como a Duchesne en Fastes Épiscopaux.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Juana Soderini de Florencia, Beata

Terciaria Servita, Septiembre 1
Juana Soderini de Florencia, Beata
Juana Soderini de Florencia, Beata

Virgen

Martirologio Romano: En Florencia, en la región toscana también de Italia, beata Juana Soderini, virgen de la Orden Tercera de los Siervos de María, preclara por su oración y austeridad de vida (c. 1367).

Los Soderini eran considerados como miembros de una de las familias más nobles de Florencia al iniciarse el siglo XIV.

Precisamente en aquélla ciudad, en el año de 1301, y en el seno de la aristocrática familia, vino al mundo Juana, la que habría de alcanzar la gracia de la beatitud.

Desde muy temprana edad, demostró ser una niña excepcionalmente buena y con una devoción tan profunda y sincera hacia Dios, que en cierta ocasión dijo a su aya, Felicia Tonia, que, por revelación del cielo, sabía que ella, Felicia, iba a morir muy pronto y ésta, que estaba al tanto del fervor de la niña y de sus continuas oraciones, le creyó y comenzó a prepararse para su próxima muerte.

Cuando Juana llegó a la adolescencia, sus padres le concertaron un matrimonio ventajoso, pero ella protestó con tanta energía que, a fin de cuentas y a regañadientes, puesto que Juana era la única hija, consintieron en que tomase el hábito de monja.

Por aquel entonces, Santa Juliana Falconieri organizaba la tercera orden regular de los servitas (las "Mantellate") en Florencia y Juana decidió unirse a esa nueva comunidad.

No tardó en distinguirse por las austeridades corporales que practicaba y su perseverancia en la oración, pero al mismo tiempo se mantenía activa en los trabajos de la casa y el cuidado de los enfermos que acudían en busca de atención. Voluntariamente y de buen grado, se hacía cargo de las tareas más desagradables y penosas y, en el desempeño de las mismas provocaba la admiración de sus hermanas, por su alegría y mansedumbre.

Juana debió padecer duras pruebas espirituales y grandes tentaciones, sobre las que, al fin y al cabo, triunfó y aun adquirió grandes gracias celestiales, incluso el don de profecía. Juana era la auxiliar personal y permanente de Santa Juliana y no se apartó de ella ni por un instante en el curso de su prolongada enfermedad postrera, cuando la fundadora no podía pasar alimento alguno y estaba tan débil que necesitaba ayuda para poder moverse. Por eso, se atribuye a la Beata Juana el descubrimiento de una imagen de Cristo crucificado que, al parecer, quedó grabada en el pecho de Santa Juliana desde poco antes de su muerte.

Juana sobrevivió a su amada madre durante más de veinte años, como sucesora suya en el gobierno de la comunidad, hasta que murió, el lº de septiembre de 1367. La Beata Juana Soderini fue sepultada en la iglesia de la Annunziata de Florencia y, durante algún tiempo, su tumba fue un lugar de peregrinaciones.

En 1828, el conde de Soderini, pariente de Juana, solicitó al Papa León XII la confirmación del culto que fue concedida a su debido tiempo.


Beata Juana Soderini, virgen
fecha: 1 de septiembre
n.: c. 1301 - †: c. 1367 - país: Italia
otras formas del nombre: Juana de Florencia
canonización: Conf. Culto: León XII 1828
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Florencia, en la toscana, beata Juana Soderini, virgen de la Orden Tercera de los Siervos de María, preclara por su oración y austeridad de vida.
refieren a este santo: Santa Juliana Falconeri
Los Soderini eran considerados como miembros de una de las familias más nobles de Florencia al iniciarse el siglo XIV. Precisamente en aquella ciudad, en el año de 1301, y en el seno de la aristocrática familia, vino al mundo Juana, la que habría de alcanzar la gracia de la beatitud. Desde muy temprana edad, demostró ser una niña excepcionalmente buena y con una devoción tan profunda y sincera hacia Dios, que en cierta ocasión dijo a su aya, Felicia Tonia, que, por revelación del cielo, sabía que ella, Felicia, iba a morir muy pronto y ésta, que estaba al tanto del fervor de la niña y de sus continuas oraciones, le creyó y comenzó a prepararse para su próxima muerte. Cuando Juana llegó a la adolescencia, sus padres le concertaron un matrimonio ventajoso, pero ella protestó con tanta energía que, a fin de cuentas y a regañadientes, puesto que Juana era la única hija, consintieron en que tomase el hábito de monja. Por aquel entonces, santa Juliana Falconieri organizaba la tercera orden regular de los servitas (las «ManteIlate») en Florencia y Juana decidió unirse a esa nueva comunidad. No tardó en distinguirse por las austeridades corporales que practicaba y su perseverancia en la oración, pero al mismo tiempo se mantenía activa en los trabajos de la casa y el cuidado de los enfermos que acudían en busca de atención. Voluntariamente y de buen grado, se hacía cargo de las tareas más desagradables y penosas y, en el desempeño de las mismas provocaba la admiración de sus hermanas, por su alegría y mansedumbre. Juana debió padecer duras pruebas espirituales y grandes tentaciones, sobre las que, al fin y al cabo, triunfó y aun adquirió grandes gracias celestiales, incluso el don de profecía. Juana era la auxiliar personal y permanente de santa Juliana y no se apartó de ella ni por un instante en el curso de su prolongada enfermedad postrera, cuando la fundadora no podía pasar alimento alguno y estaba tan débil que necesitaba ayuda para poder moverse. Por eso, se atribuye a la beata Juana el descubrimiento de una imagen de Cristo crucificado que, al parecer, quedó grabada en el pecho de santa Juliana desde poco antes de su muerte. Juana sobrevivió a su amada madre priora durante más de veinte años, como sucesora suya en el gobierno de la comunidad, hasta que murió, el l. de septiembre de 1367. La beata Juana Soderini fue sepultada en la iglesia de la Annunziata de Florencia y, durante algún tiempo, su tumba fue un lugar de peregrinaciones. En 1828, el conde de Soderini, pariente de Juana, solicitó al Papa León XII la confirmación del culto, que le fue concedida.
Véase el Acta Sanctorum, octubre, vol. XV, pp. 398-404, así como los Annales Ordinis Servorum, vol. i, pp. 320-321, de A. Giani.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI