domingo, 1 de septiembre de 2013

José Samsó i Elias, Beato

Sacerdote y Mártir, 1 de septiembre
 
José Samsó i Elias, Beato
José Samsó i Elias, Beato

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En Mataró, Cataluña, España, Beato José Samsó i Elías, sacerdote y mártir durante la persecución religiosa en España. ( 1936)

Fecha de beatificación: 23 de enero de 2010, en la basílica de Santa María de Santa María de la ciudad barcelonesa de Mataró –de la que fue párroco–, la ceremonia fue oficiada por el Cardenal Arzobispo de la Archidiócesis de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, en representación de S.S. Benedicto XVI.
José Samsó Elías nació en Castellbisbal el 17 de enero de 1887. Cursó la carrera sacerdotal en el Seminario Conciliar de Barcelona, distinguiéndose en todos los cursos por su talento privilegiado y piedad ejemplar, todo lo cual le hacía acreedor de las mejores calificaciones. En los últimos años de su carrera sacerdotal, habiendo fijado en él su atención el Obispo José Laguarda, lo distinguió como su secretario particular, cargo en el cual estuvo hasta que fue consagrado Presbítero el 12 de marzo de 1910, celebrando su primera misa el día de San José, en la Capilla del Centro Obrero de la Sagrada Familia de la calle Calabria de Barcelona.

El 23 de julio de 1910 fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Julián de Argentona. Allí permaneció durante 7 años. El 11 de enero de 1917 fue nombrado párroco de la parroquia de Sant Joan de Mediona. A la muerte del párroco de Santa María de Mataró, Dr. Roig, José Samsó quedó nombrado Ecónomo-Arcipreste de la ciudad de Mataró y titular de dicha parroquia.

Fue un modelo de sacerdote entregado totalmente al ministerio de párroco. Severo consigo mismo, por temperamento y por virtud, pero comprensivo con los demás y dotado de las cualidades de gobierno para regir las comunidades que le fueron encomendadas.

Destacó en el ministerio de la caridad y de la catequesis. Su obra más conocida en este sentido es la Guía para catequistas, preparada ya en marzo de 1936, pero que no fue publicada hasta 1940.

Su dirección espiritual animó a muchas personas a seguir su vocación sacerdotal o religiosa, implantó la puntualidad en el horario de las misas, buscaba la perfección en los actos litúrgicos para alcanzar su máximo esplendor del culto, y trabajó intensamente en la decoración interior de la iglesia de Santa María, que en 1928 fue distinguida con el título de Basílica Menor.

En octubre de 1934, un grupo de hombres armados entró en la rectoría de Santa María, amenazando al rector y a la gente que estaba con él, les obligaron a ir a la nave central y apilar sillas, y le ordenaron al rector que las prendiera. Samsó se negó, a pesar de las amenazas.

Aquellos hombres incendiaron un altar y algunos utensilios. Cuando pudieron llegar algunos feligreses el fuego se pudo apagar. El párroco perdonó a aquellos hombres y no quiso revelar su identidad cuando fue invitado a hacerlo por la autoridad judicial.

Desde ese día y hasta su detención en 1936, el sacerdote manifestó varias veces que se acercaba una persecución de sangre. El peligro para él y su condición de sacerdote y rector le llevó a aceptar generosamente la posibilidad del martirio, con una actitud de esperanza.

Al iniciarse la Guerra Civil, se refugió en casa de unos feligreses, hasta que, en la madrugada del 28 de julio de 1936, intentando abandonar la ciudad por razones de prudencia, fue detenido y encarcelado por su condición de sacerdote. Después de un mes de cautiverio en la prisión de Mataró, se puso precio a su vida, y atado de manos, emprendió su Vía Crucis hacia el cementerio de Mataró, donde fue asesinado el 1 de septiembre de 1936. “Murió perdonando a sus ejecutores y con una gran ejemplaridad cristiana”, han indicado.

Terenciano de Todi, Santo

Obispo y Mártir, Septiembre 1
Terenciano de Todi, Santo
Terenciano de Todi, Santo

Obispo y Mártir

Martirologio Romano: En Todi, de la Umbría, san Terenciano, obispo (c. s. IV).

Etimología Terenciano = atento, delicado. Viene de la lengua latina.

San Terenciano se convirtió gracias a la fe que veía en los primeros cristianos que llegaron a la ciudad de Todi, Italia. Llegó a ser obispo de Todi. Muchos paganos se convirtieron a la fe de Cristo por su celo pastoral.

La envidia de los sacerdotes paganos hacia él, crecía de día en día. Por eso, llevados por su envidia y enfurecidos las numerosas conversiones, lo denunciaron al emperador Adriano.

Por orden del procónsul Licinio, fue atormentado en el potro y con escorpiones; mientras se le iba la vida, repetía: "Señor, sean confundidos los que adoran a dioses falsos y se glorían de sus ricas imágenes". Y sucedió que un sacerdote pagano quedó ciego y los templos se cayeron al suelo. Entonces el santo volvió a decir: "Gloria a ti, Jesús bendito, que colmas de bendiciones a quienes creen en ti".

El juez le preguntó: ¿Dónde está tu Dios? Y Terenciano contestó: "Está conmigo y si tú creyeras en él, encontrarías misericordia".

Enfurecido, el juez mandó que le cortaran la lengua, y luego le degollaron.




San Terenciano de Todi, obispo
fecha: 1 de septiembre
†: c. s. IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: El Testigo Fiel
En Todi, de la Umbría, san Terenciano, obispo.
No hay documentos ciertos sobre San Terenciano, las tradiciones que se conservan en Todi lo vinculan a un grupo de colonos enviados por el propio emperador Augusto a la Umbría. La leyenda local dice que Terenciano habría recibido la fe cristiana directamente del Evangelio de Jesús y del ejemplo de los apóstoles. Un sacerdote pagano del templo de Júpiter de nombre Flacco denunció, o hizo denunciar, al Santo obispo al emperador Adriano, y este último envió a Todi al procónsul Leciano. Se desarrolla entonces la escena del martirio semejante a otras narraciones también legendarias: el acusado recibió un castigo divino -por ejemplo, en este caso, Flacco se vuelve ciego-, las estatuas caen y se rompen, etc. finalmente el santo es decapitado junto con su acusador, quien, viendo el poder del Dios que puede quitarle la vista y devolvérsela, se convierte, es bautizado y deviene mártir.
Lo más antiguo que parece poder rastrearse el martirio de Terenciano en la historia no es ni la época de Augusto ni la de Adriano sino el siglo IV, y sin que puedan establecerse las circunstancias del martirio con mayor precisión.

Gil o Egidio, Santo

Ermitaño y Abad, Septiembre 1
 
Gil o Egidio, Santo
Gil o Egidio, Santo

Ermitaño

Martirologio Romano: En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal (s. VI/VII). 

También se llamaba Egidio. Parece ser que tenía origen griego, peregrinó a Roma, luego se hizo religioso y finalmente se estableció como ermitaño cerca de Nimes. Fundó 
Gil o Egidio, Santo
Gil o Egidio, Santo
un monasterio.

Conocido y extendido su culto por toda Europa durante la Edad Media.

Lo que las devociones populares cuentan de su vida resaltan su bondad cristiana, su misericordia, la delicadeza que demostraba con los pecadores y la llamada a la conversión.

Los abundantes peregrinos de Santiago le pedían ayuda contra el miedo y las madres recurrían a él cuando sus hijos eran presa de terrores nocturnos o sufrían pesadillas.


Gil (santo)

San Gil
Saint Giles closeup.jpg
San Gil y la cierva
Nacimientosiglo VI
Marsella, Atenas
Fallecimientosiglo VII
Bosque de San Gil
Venerado enAtenas
Festividad1 de septiembre
AtributosCierva, lirio, flecha clavada en el brazo, dos puertas.
PatronazgoAbogado de los pecadores, Protector de pobres, tullidos, arqueros, abogado contra el miedo y el incubo y defensor contra las enfermedades del cáncer y la epilepsia
San Gil o Egidio Abad fue un cenobita del siglo VI originario de Atenas.
Vivió algún tiempo cerca de Marsella donde existe una población que lleva su nombre retirándose después a un bosque próximo al Ródano que hoy se llama bosque de San Gil. Allí se alimentaba con la leche de una cierva que, perseguida en la caza por el reyChildeberto, descubrió el retiro del solitario. El rey le hizo ordenar sacerdote y le edificó un convento del que llegó a ser abad.
Se le considera uno de los santos auxiliadores y se le honra el 1 de septiembre.

Referencias

Este artículo contiene material del diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat de los años 1906 a 1914 que se encuentra en el dominio público.

Enlaces externos



Velas
1º de septiembre

 San Gil o Egidio

San Gil("El Protegido o Defendido" en latín; o "cabrito" en griego).Ermitaño de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII. Algunas leyendas piadosas lo consideraban un rico heredero emigrado de Marsella y establecido como anacoreta en un bosque, en la desembocadura del río Ródano. Con el tiempo edificó un monasterio.
Se le atribuyen algunos milagros y la piedad en el Medioevo lo llamó: Abogado de los pecadores, por haber ayudado en su conversión al Rey Carlos; Protector de pobres, tullidos, arqueros, por haber sido herido por una flecha; Abogado contra el miedo y el incubo, por ayudar a una cierva en peligro; y Defensor contra las enfermedades del cáncer y la epilepsia, llamada "mal de San Gil".
Se le consideró uno de los "14 santos auxiliares". Se le representa como anacoreta, con varios atributos: cierva, lirio, flecha clavada en el brazo, dos puertas (regalo del Papa a su monasterio) y un mensaje celeste en una filacteria por haber descubierto un pecado oculto del Rey Carlos y hacérselo confesar.


San Egidio o Gil, abad
fecha: 1 de septiembre
†: s. VI/VII - país: Francia
otras formas del nombre: Aegidius, Gilles
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la región de Nimes, de la Galia Narbonense, san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camarga, y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y completado el curso de su vida mortal.
patronazgo: patrono de los lactantes, pastores, cazadores, náufragos, arqueros, mendigos y leprosos, protector de los bosques y de la ganadería, contra incendios, sequía, tormenta y desgracias; para invocar en la confesión, en la angustia y el abandono, contra la epilepsia, la enfermedad mental y la infertilidad. Patrono de muchas ciudades y diócesis europeas.
Ver más información en:
Los 14 santos auxiliadores
La leyenda de san Gil (Aegidius), una de las más famosas en la Edad Media, procede de una biografía escrita en el siglo X. De acuerdo con aquel escrito, Gil era ateniense por nacimiento. Durante los primeros años de su juventud, devolvió la salud a un mendigo enfermo, en virtud de haberle cedido su capa, tal como había sucedido con san Martín. Gil despreciaba los bienes temporales y detestaba el aplauso y las alabanzas de los hombres, que llovieron sobre él, tras la muerte de sus padres, debido a la prodigalidad con que daba limosnas y los milagros que se le atribuían. Para escapar, se embarcó hacia el Occidente, llegó a Marsella y, luego de pasar dos años en Arles, junto a san Cesareo, se construyó una ermita en mitad de un bosque, cerca de la desembocadura del Ródano. En aquella soledad se alimentaba con la leche de una cierva que acudía con frecuencia y se dejaba ordeñar mansamente por el ermitaño. Cierto día, Flavio, el rey de los godos, que andaba de cacería, persiguió a la cierva y le azuzó a los perros, hasta que el animal fue a refugiarse junto a Gil, quien la ocultó en una cueva, y la partida de caza pasó de largo frente a ella, incluso los perros, que parecían haber perdido el olfato. Al día siguiente, se reanudó la cacería y la cierva fue nuevamente descubierta y perseguida hasta la cueva donde la ocultó el ermitaño y donde se volvía invulnerable. Al tercer día, el rey Flavio llevó consigo a un obispo para que presenciara el suceso y tratase de explicarle el extraño proceder de sus perros. En aquella tercera ocasión, uno de los arqueros del rey disparó una flecha al azar, a través de la maleza que cubría la entrada de la cueva. Cuando los cazadores se abrieron paso hasta la caverna, encontraron a Gil herido por la flecha y a la cierva echada a sus pies. Flavio y el obispo instaron al ermitaño para que diera cuenta de su presencia en aquellos parajes. Gil les relató su historia y, al escucharla, tanto el monarca como el prelado le pidieron perdón por haber alterado la paz de su soledad y el rey impartió órdenes para que fuesen en busca de un médico que le curase la herida de la flecha, pero san Gil rehusó aceptar la visita del doctor, no quiso tomar ninguno de los regalos que le presentaron los de la partida real y rogó a todos que le dejasen tranquilo en su solitario retiro.
El rey Flavio hizo frecuentes visitas a san Gil, y éste acabó por solicitar al monarca que dedicase todas las limosnas y beneficios que le ofrecía, a la fundación de un monasterio. Flavio se comprometió a hacerlo, a condición de que Gil fuese el primer abad. A su debido tiempo, el monasterio se levantó cerca de la cueva del ermitaño, se agrupó una comunidad en torno a Gil, y muy pronto la reputación de los nuevos monjes y de su abad llegó al oído de Carlos, rey de Francia (a quien los trovadores medievales identificaron con Carlomangno, aunque resulta anacrónico). La corte mandó traer a san Gil a Orléans, donde se entretuvo largamente con el rey en profunda charla sobre asuntos espirituales. Sin embargo, en el curso de aquellas conversaciones, el monarca calló una gravísima culpa que había cometido y le pesaba sobre la conciencia... «el domingo siguiente, cuando el ermitaño oficiaba la misa y, según la costumbre oraba especialmente por el rey durante el canon, apareció un ángel del Señor que depositó sobre el altar un rollo de pergamino donde estaba escrito el pecado que el monarca había cometido. En el pergamino se advertía también que aquella culpa sería perdonada por la intercesión de Gil, siempre y cuando el rey hiciese penitencia y se comprometiese a no volver a cometerla ... Al terminar la misa, Gil entregó el rollo de pergamino al monarca, quien, al leerlo, cayó de rodillas ante el santo y le suplicó que intercediera por él ante Dios. A continuación, el buen ermitaño se puso en oración para encomendar al Señor el alma del monarca y a éste le recomendó, con dulzura, que se abstuviese de cometer la misma culpa en el futuro». Después de aquella temporada en la corte, san Gil regresó a su monasterio y, al poco tiempo, partió a Roma para encomendar sus monjes a la Santa Sede. El Papa concedió innumerables privilegios a la comunidad, y al monasterio le hizo el donativo de dos portones de cedro tallados con primor. A fin de poner a prueba su confianza en Dios, san Gil mandó arrojar aquellas dos puertas a las aguas del Tiber, se embarcó en ellas y, con viento propicio, navegaron por el Mediterráneo hasta las costas de Francia. Recibió una advertencia celestial sobre la proximidad de su muerte y en la fecha vaticinada, un domingo l de septiembre, «dejó este mundo, que se entristeció por la ausencia corporal de Gil, pero en cambio, llenó de alegría los Cielos por su feliz arribo».
Este relato sobre san Gil y otros que circularon durante la Edad Media y que son nuestras únicas fuentes de información resultan completamente indignos de confianza. Es evidente que algunos de sus pormenores son contradictorios y anacrónicos; además, la leyenda está asociada con ciertas bulas pontificias que, como ahora se sabe, fueron fraguadas para servir a los intereses del monasterio de San Gil, en Provenza. Lo más que se puede saber sobre el santo es que debe haber sido un ermitaño o un monje que vivió cerca de la desembocadura del Ródano, en el siglo sexto u octavo, y que el famoso monasterio que lleva su nombre afirma poseer sus reliquias. La historia de la cierva se relaciona con varios santos, de entre los cuales san Gil es el más famoso y, durante muchos siglos, uno de los más populares. Se le nombra entre los «Catorce Santos Auxiliadores» (el único entre ellos que no fue mártir) y su tumba, en el monasterio, fue centro de peregrinaciones de primerísima importancia que contribuyó a la prosperidad de la ciudad de Saint Gilles durante la Edad Media, hasta el siglo XIII, cuando quedó convertida en ruinas, durante la cruzada contra los albigenses. Otros cruzados bautizaron con el nombre de Saint Gilles a una ciudad (la actual Sinjil) que fundaron en los límites de las regiones de Benjamín y Efraín, de manera que su culto se extendió por todo el oriente de Europa. En Inglaterra había 160 parroquias dedicadas a él. Se le invoca como protector de los tullidos, mendigos y herreros. Juan Lydgate, un monje poeta de Bury, le invocaba así en el siglo quince:
Gil, santo protector de pobres y lisiados,
consuelo de los enfermos en su mala suerte,
refugio y escudo de los necesitados,
patrocinio de los que miran a la muerte.
Por ti, los moribundos vuelven a la vida.
El texto en latín sobre la vida de San Gil, se encuentra en Acta Sanctorum, septiembre, vol. I, y una versión semejante, en Analecta Bollandiana, vol. VIII (1889), pp. 103-120. También hay una biografía de versos rimados y una adaptación al francés antiguo. Para estas últimas, consultar el cuidadoso estudio de la Srta. E. C. Jones, Saint Gilles (1914). En cuanto a las tradiciones populares reunidas en torno a san Gil, véase a Bächtold- Stäubli en Handwörterbuch des deutschen Aberglaubens, vol. I, pp. 212 y ss.; sobre el tratamiento del tema en el arte, véase a Künstle en Ikonographie, vol. II, pp. 32-34; el emblema distintivo del santo, naturalmente, es una cierva con una flecha clavada.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



Josué, Santo


Patriarca del A.T., Septiembre 1
Josué, Santo
Josué, Santo

Patriarca

Martirologio Romano: Conmemoración de san Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, que al recibir la imposición de manos por Moisés, fue lleno del espíritu de sabiduría, y a la muerte de Moisés introdujo de modo maravilloso al pueblo de Israel, cruzando el Jordán, en la tierra de promisión (Jos, 1, 1).Muerto Moisés, Josué es el capitán que introducirá a su gente Tierra Prometida. Ya era la hora de poseer la tierra que Dios prometió a los israelitas al sacarlos de Egipto. Han pasado cuarenta años. Es un pueblo joven el que está en las proximidades de Canán. Son los hijos de los que Yavé sacó con mano poderosa. Se han curtido en el desierto inhóspito donde han vivido del mimo de Dios y presenciando a diario sus grandezas. Tienen esculpida en su alma la idea de que sólo en la fidelidad a la Alianza tienen garantía de la protección de Dios.

Josué es un varón pletórico de fe y casto, joven y fuerte, que mantiene la seguridad de que será Dios quien vencerá a los poderosos habitantes de la tierra que se les da en posesión. Tienen que pelearla, pero sólo Dios les dará la victoria.

Jericó es la plaza fuerte que les abrirá las puertas a la conquista. Posee murallas duras y sus habitantes están aprestados a defenderla.

Es Dios quien habla ahora con Josué, como antes lo hiciera con Moisés, dándole instrucciones para la empresa. No se le pedirá pasividad, sino una disposición absoluta al misterio. La táctica guerrera sugerida es la más impensada y la menos descrita en las praxis de la guerra: hay que dar vueltas a la ciudad, cantando y tocando las trompetas. Así se caerán las potentes murallas de defensa.

Sin un "pero" de Josué y con la presteza originada por la fe sucede como Dios dice. Y es que Dios se ríe de las encuestas, la lógica humana se ve superada en su potencia y las estadísticas de los hombres se tornan enanas en su presencia. Sin embargo, la fe hace que se derriben las más altas murallas de la tierra.




San Josué, santo del AT
fecha: 1 de septiembre
canonización: bíblico
hagiografía: El Testigo Fiel
Conmemoración de san Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, que al recibir la imposición de manos por Moisés fue lleno del espíritu de sabiduría, y a la muerte de Moisés introdujo de modo maravilloso al pueblo de Israel, cruzando el Jordán, en la tierra de promisión (Jos 1,1).
Josué es quizá el personaje más extraño de toda la Biblia Hebrea, aunque sólo sea por no tener mujer ni hijos. Tampoco Jeremías se casó; pero se debió a una experiencia personal, justificada en nombre de Dios. De Josué no se cuenta nada por el estilo. Si nos atenemos al libro que lleva su nombre, el personaje experimenta una impresionante transformación. Comienza como simple «ayudante» de Moisés (Jos 1,1) y termina convertido, como Moisés, en «siervo del Señor» (Jos 24,29). En algunos aspectos incluso supera a Moisés: de él se dice que es el único hombre al que Dios obedeció (Jos 10,14), y en otro caso se lo presenta legislando. Como los patriarcas y otros grandes personajes, muere a edad mítica, en este caso de ciento diez años.
El carácter privilegiado del personaje se advierte en que Dios le habla. En la «Historia Deuteronomista» (es decir, en Deuteronomio y los libros que se relac´onan con él, de Josué hasta Reyes), la fórmula «dijo el Señor a...» se encuentra 68 veces. La mayor cantidad está en Deuteronomio, referida a Moisés; pero a partir de Josué, Dios sólo habla a un juez, Gedeón; a los profetas (Samuel, Jehú, Elias, Elíseo...), y a dos reyes (David, generalmente respondiendo a sus consultas, y Salomón). Con razón la tradición judía sitúa a Josué entre los «primeros profetas».
Cuando el lector comienza ese conjunto que llamamos «Historia Deuteronomista», se tiene una idea muy vaga de Josué. El Deuteronomio lo menciona varias veces al comienzo y al final (Dt 1,38; 3,21; 31,3.7.14.23; 34,9). Sin embargo, no aportan nada sobre el pasado del personaje (a excepción de que está al servicio de Moisés: 1,38), sólo hablan de su tarea futura. En los libros anteriores, en Éxodo y Números, se delinea mejor la figura de Josué. Aparece por primera vez, de improviso, en Ex 17,8-16, donde dirige la batalla contra los amalecitas, mientras Moisés ora por el éxito del combate. En Ex 24,13 es el único que sube al monte con Moisés, y le acompaña al bajar, cuando se oye el griterío de los que adoran al becerro de oro (Ex 32,17). La estrecha relación entre Moisés y Josué se subraya también en Ex 33,11 («Josué hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda»). Es Josué quien pide a Moisés que impida profetizar a Eldad y Medad (Nm 11,28). En Nm 13,8, dentro de una lista de jefes enviados a explorar el país cananeo, se le llama «Hoseas, hijo de Nun», y se dice que pertenece a la tribu de Efraín; pocos versos después, quizá para evitar equívocos, se indica que Moisés le cambió el nombre de Hoseas en el de Josué (Nm 13,16). A la vuelta de la expedición defiende, junto con Caleb, que la tierra es buena y que el pueblo no debe rebelarse contra el Señor volviendo a Egipto; por eso serán los únicos que sobrevivan de todos los exploradores. Con Nm 27,15-23 llegamos al momento capital, cuando es designado por Dios para suceder a Moisés. Junto con el sacerdote Eleazar y los cabezas de familia de las tribus deberá actuar con los rubenitas y gaditas según se comporten en la guerra (Nm 32,28), y con los mismos personajes deberá llevar a cabo el reparto de la tierra (Nm 34,17).
A partir de los datos anteriores no es fácil trazar la figura histórica del personaje, ya que proceden de tradiciones muy distintas. Su persona se recordaba sobre todo en el Reino del Norte. La visión de Josué en Éxodo parece seguir una antigua tradición que relaciona a Josué con lugares sagrados (Ex 24,13a; 33,7-1 la) más bien que con batallas; en cambio el Deuteronomio, que es el que desarrolla la presentación que asocia a Josué con batallas (Ex 17,8-13), es el responsable último del énfasis de Josué como guerrero. Su nombre varía. Si nos atenemos a la tradición contenida en Nm 13,16, su antiguo nombre era el de Hoseas (como el del profeta y el del último rey de Israel); así se lo designa en Nm 13,8 y Dt 32,44. Pero Moisés le habría cambiado el nombre en el de Josué. Ésta es la designación más frecuente, a la que a menudo se añade «hijo de Nun». En Neh 8,17 se lo llama «Jesús (Ioshua) hijo de Nun». Su misión abarca dos aspectos principales, conquistar la tierra y repartirla, si bien el segundo aparece en la tradición sacerdotal no como obra personal de Josué sino como obra de Eleazar, Josué y los cabezas de familia.
Su figura nunca eclipsa a la de Moisés, incluso en el libro que lo tiene como protagonista, y que comienza hablando de la muerte de Moisés (Jos 1,1), Moisés resulta ser el muerto más omnipresente que se puede imaginar. 58 veces se lo lo mencionará, y en 18 de ellas con el título honorífico de «siervo de Yahvé». Moisés ha muerto, pero sigue presente a través de su ley (1,7; 8,31.32; 23,6), sus acciones (1,14; 12,6; 13,8.12.15.21.24. 29.32.33; 18,7; 22,7) y sus órdenes (1,13; 4,10.12; 8,31.33.35; 11,12.15) que vienen de Dios (ll,15[bis].20; 14,2.5; 22,9). Es el punto de referencia para Dios (1,5; 3,7; 20,2), para los hombres (1,17; 17,4; 21,2) y para el narrador (4,14; 11,20.23; 21,8). Esta omnipresencia parece traumatizar a su sucesor. En su primera intervención, a las tribus de Transjordania, Josué menciona a Moisés en tres ocasiones (1,13.14.15), como si no se sintiese seguro de su propia autoridad. Y otras tres cuando despide a esas mismas tribus al final del libro (22,2.4.5). Sin embargo, esta preeminencia de Moisés hay que matizarla, como dijimos antes, con los textos que hablan de un papel cada vez más preponderante de Josué, que culmina hacia el final del libro, en el que su grandeza se reconoce sin ambigüedad: «Después de estos acontecimientos, murió Josué, hijo de Nun, siervo de Yahveh, a la edad de ciento diez años.» (Jos 24,29).
Texto tomado, con algunas modificaciones para adaptarlo a una lectura no especializada, de la presentación del personaje en el libro «Josué», de José Luis Sicre Díaz, ed. Verbo Divino, 2002, pág 24-26. Cuadro: Josué recibe de Moisés el mando, escena dentro de «Testamento y muerte de Moisés», Luca Signorelli, 1481, fresco en la Capilla Sixtina

Madre mía, “hágase” en mi vida como en la tuya

María, un hijo no puede dejar de imitar a su Madre. Todo lo he aprendido de ti. Mi sonrisa es tuya, mi oración es tuya, mi corazón es tuyo. Quiero ser tu mejor discípulo, tu mejor hijo y tu mejor hija. Quiero que en mi vida como en la tuya me deje hacer para ser digno hijo de una Madre tan hermosa y buena como tú.

María niño pastel
Por eso Madre, acudo a ti y te ofrezco esta oración que brota de mi corazón de hijo agradecido:

Hágase tu apertura al Espíritu Santo en mi vida como en la tuya
Hágase tu silencio sonoro hecho oración en mi vida como en la tuya
Hágase tu fe incondicional en el plan de Dios en mi vida como en la tuya
Hágase tu prisa en servir en mi vida como en la tuya.
Hágase tu gratitud y canto de las maravillas de Dios en mi vida como en la tuya
Hágase tu humildad y pobreza confiada de Belén en mi vida como en la tuya
Hágase tu ternura de Madre llena de cuidados en mi vida como en la tuya
Hágase tu vigilancia y protección cariñosa en mi vida como en la tuya
Hágase tu entrega y ofrecimiento en el Templo en mi vida como en la tuya
Hágase tu solicitud y preocupación delicada en mi vida como en la tuya
Hágase tu presencia discreta y eficaz en mi vida como en la tuya
Hágase tu fortaleza al pie de la cruz en mi vida como en la tuya
Hágase tu gozo al abrazar a tu hijo resucitado en mi vida como en la tuya
Hágase tu oración junto a los apóstoles en mi vida como en la tuya.
Hágase tu entrega al Padre en la Asunción en mi vida como en la tuya.

Para la oración:

1. En presencia de María y junto a ella, continúa estas letanías del Hágase, viendo qué virtudes admiras más de María, cuáles te pueden ayudar más y habla con ella, pidiéndole que se hagan en tu vida como en la suya.
2. Busca en el Evangelio los pasajes más significativos de la vida de María y junto a ella, repite estas letanías, como una experiencia de fe, confianza y amor al plan de Dios en tu vida.
3. Preséntate de la mano de María junto a la cruz de Cristo y reza las letanías del "hágase" aplicándolas a las experiencias de cruz en tu vida.

¡Dios mío y todas mis cosas!


Ni el bienestar, ni la fama, ni el amor humano, nada ni nadie, pueden llenar el vacío que se produce en el corazón cuando falta Dios.
 
¡Dios mío y todas mis cosas!
Francisco de Asís, uno de los Santos más queridos de la Iglesia, tenía este lema, que se repetía siempre:

¡Dios mío y todas mis cosas!

Con ello venía a confesar que lo único que le interesaba en la vida, lo único en que valía la pena pensar, lo único por que se podía aspirar es Dios y nada más que Dios. En Dios tenía toda su riqueza, y fuera de Dios no le decían nada todas las criaturas de este mundo, que, en tanto valen, en cuanto nos llevan a Dios.

Este mensaje de Francisco es perenne, para todos los lugares y todos los tiempos, para los pueblos igual que para cada persona en particular.

En nuestros días debe ser más actual que nunca, porque aún están coleteando en el mundo las consecuencias del ateísmo militante, y, además, se nos echa encima un nuevo paganismo.

Hoy contamos ciertas cosas del comunismo ateo con una satisfacción muy grande. Porque, ¡gracias a Dios!, pasaron aquellos años en que estaba proscrita la religión, y el sólo nombrar a Dios ya era un delito penado con la misma muerte. ¿Es posible esto?... ¡Y tan posible!

Por poner un caso nada más. En la revolución marxista española de 1936, es allanado un apartamento en busca de algún sacerdote. No se encuentra a nadie, porque el Padre que allí había lo supo disimular tan bien, que los milicianos se marchaban tal como habían venido. Lo malo fue que, al despedirse, aquel hombre, de quien no sospecharon, los despidió cortésmente con el simple y tradicional ¡Adiós!... Los rojos entran en sospechas.

-¿Qué es eso de “adiós”?... Ahora se dice “¡Salud!”...

Y por aquel ¡adiós! educado que le salió tan espontáneo, el Sacerdote paró ante el pelotón de fusilamiento... Repetimos, ¿es posible que se odie así a Dios?...

Esto fue el comunismo en todas partes. En Rusia, para ir contra Dios, se llegó a dar normas que nos parecen inconcebibles. Por ejemplo, se ordenó que en todas las escuelas se escribiera el nombre de Dios con minúscula. Porque Dios no era un ser divino, singular y personal, sino un producto de la razón, una fantasía ingeniosa, un cuento pasado de moda, una palabra común carente de sentido.

Sabemos que este hecho fue la última gota que rebasó la paciencia del gran disidente soviético y premio Nobel de Literatura. Descaradamente, se rebeló contra la orden gubernativa de escribir así el nombre de Dios, mientras que había de escribirse con mayúscula el de la policía o cualquier organismo del Estado. Las palabras de este valiente tuvieron resonancia mundial:
Es el colmo de la mezquindad atea contra la más excelsa fuerza creadora del universo, y ¡no me someteré a esta nueva indignidad!...

Gracias a DIOS y habremos de escribir con mayúsculas las cuatro letras del nombre bendito, que todo ha cambiado en aquellos países esperanzadores, en los que hoy se vuelve a adorar públicamente a Dios como es debido. El ateísmo oficial hubo de declararse impotente frente a la fuerza interna que el Reino de Dios desarrollaba dentro del pueblo ruso.

Pero este fenómeno es siempre para nosotros un aviso, una invitación, una exigencia.

En la vida del hombre, y más en nuestros tiempos de tan grave secularización, se corre el peligro de olvidar a Dios. Más, se correría el peligro de abandonar conscientemente a Dios, si es que Dios llegara un día a estorbar en el disfrute del mundo. Nosotros vemos el peligro del materialismo moderno, y nos preguntamos para prevenirnos:

- ¿Quién podrá más, Dios o el materialismo que nos rodea? ¿Quién nos seducirá definitivamente, el placer o Dios?...

El grito del salmo: ¿Quién, fuera de Dios?, debe tener en la vida del hombre resonancias fuertes y continuas. Es casi un grito de guerra. La que se libra dentro de cada uno, cuando ve que a su alrededor apostatan muchos del amor de Dios para darse sin freno a las cosas perecederas.

Ni el bienestar, ni la fama, ni el amor meramente humano, ni nada ni nadie, pueden llenar el vacío que se produce en el corazón cuando falta Dios.
Lo único que nos llena es ese Dios que satisface nuestra sed de eternidad.

Un filósofo de la antigüedad griega, después de pasearse por todo el mercado sin haber comprado nada, pronunció su sentencia célebre:
¡De cuántas cosas no tengo necesidad alguna! Me sobra todo. Me basta la filosofía de mi cabeza...
El hombre que se contenta con Dios, dice también: ¡No necesito nada! Con Dios tengo bastante...

Serán inmortales los versitos de Teresa de Jesús:
Quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta.

Una persona célebre en nuestros tiempos, ciega y sordomuda desde su nacimiento, pero que llegó a una superación sorprendente, lo dijo de manera humilde, aunque profundamente sabia y con dulce poesía:
Yo creo que Dios es para mí como el sol para el color y la fragancia para la flor. Como la luz en las tinieblas y la voz en mi silencio.
El ¡Dios mío y todas mis cosas! franciscano, es no solamente la aspiración de un Santo. Es, así de sencillo, la experiencia más elemental que dicta el simple sentido común....

P. Federico Vila, Claretiano, mártir en Tarragona. Solsenitzyn. Helen Keller. Sal. 18, 32

¿Máscara o pavorreal?

Lucas 14,1. 7-14. Tiempo Ordinario. Nos encantan las apariencias, la fachada, que los demás hablen bien de nosotros y nos alaben.
 
¿Máscara o pavorreal?
Del santo Evangelio según san Lucas 14,1. 7-14


En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: "Deja el sitio a éste", y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado. Dijo también al que le había invitado: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a los parientes , ni a los vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te inviten y tengas ya tu recompensa. Cuando hagas una comida llama a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos, y tendrás la dicha de que no puedan pagarte, porque recibirás la recompensa en la resurreción de los justos. 

Oración introductoria

Dios mío, reconozco mi pobreza y mi nada, mi deseo de aparecer como un triunfalista ante los demás. Tú eres mi Padre y me conoces. Gracias por mostrarme en tu Evangelio la actitud que debo tener con los demás. Sin la ayuda del Espíritu Santo no puedo avanzar en mi peregrinaje espiritual. Concédeme hacer esta oración con un gran espíritu de sencillez, apoyándome sólo en tu gracia.

Petición

Jesús, haz mi corazón humilde, como el tuyo.

Meditación del Papa Francisco

Dar tiempo al tiempo es un consejo sabio también para nuestra vida, porque el tiempo es el mensajero de Dios. Dios nos salva en el tiempo y no en el momento. El Señor nos salva en la historia, en la historia personal de cada uno de nosotros. No hace como un hada con la varita mágica. El triunfalismo es una gran tentación de la vida cristiana, de la cual no se salvaron ni siquiera los apóstoles. El triunfalismo no es del Señor, que vivió humildemente. El Señor nos enseña que en la vida no es todo mágico, que el triunfalismo no es cristiano. En cambio hay una gracia que es necesario pedir, la perseverancia, perseverar en el camino del Señor, hasta el final, todos los días, porque en el camino se procede con dificultad, con trabajo, con tantas alegrías. Que el señor nos salve de las fantasías triunfalistas. Los invito a recorrer el camino de todos los días en la presencia de Dios. (S.S. Francisco, 13 de abril de 2013).

Reflexión

Sentado en su nueva oficina, un abogado recién graduado esperaba su primer cliente. Al escuchar que la puerta se abría, rápidamente levantó el teléfono para hacer creer que estaba muy ocupado. El visitante pudo escuchar al joven abogado decir:

-"Manuel, volaré a Nueva York para ver si resuelvo el caso del cliente aquel. Parece que esto va a ser algo grande y más difícil de lo que pensábamos. También necesitamos traer al experto americano, Mr. Craig, para que nos dé su opinión sobre este asunto tan importante". Y, de pronto, interrumpió su presunta conversación con estas palabras:

-"Manuel, perdona, espera un momentito porque alguien acaba de llegar". Y cortó.
Dirigiéndose entonces al hombre que acababa de entrar, preguntó el abogado: -"Bien, ¿en qué puedo ayudarle?". Con una gran sonrisa, entre pícara y maliciosa, el hombre contestó: -"Yo sólo he venido a instalar el servicio a su teléfono, señor".

¡Vaya chasco, amigo! Quiso ser como el pavorreal y se quedó "haciendo el oso". ¡Qué estúpida es la vanagloria y cuán necio el deseo de impresionar a los demás! Muchas gentes del mundo tratan de "apantallar" a sus semejantes con supuestas obras grandiosas y fingen ser lo que no son; se cubren el rostro con una máscara de catrín y pretenden pasar por gente "importante". Pero, en realidad, sólo se engañan a sí mismos y terminan haciendo el ridículo, como los comediantes o los actores de una pantomima.

Es esto precisamente lo que Jesús nos pone hoy de manifiesto en el Evangelio. Nuestro Señor era un observador atento y perspicaz de las conductas de los hombres. Pero no sólo miraba las apariencias, sino que penetraba hasta los secretos más recónditos del corazón. Una vez fue invitado a comer en casa de uno de los principales fariseos. Y viendo cómo los invitados perdían los estribos y corrían hacia los primeros puestos, pisoteando no sólo las reglas de cortesía y los buenos modales, sino –más vulgarmente— también los pies ajenos, el Señor no deja pasar la oportunidad para instruir a sus discípulos y amonestar mansamente a los fariseos.

"Cuando te conviden a una boda –les dice Jesús— no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y luego venga el que te convidó a ti y al otro, y te diga: "Cédele el puesto a éste". Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto". Nuestro Señor sabía que los fariseos eran amantes de las reverencias y de las caravanas y que cuidaban su propia fama e imagen casi más que su vida misma. Eran hombres de apariencias. "Hipócritas –es decir, máscaras-, sepulcros blanqueados" les llamó en otra ocasión. Y es que Dios aborrece la mentira y el engaño.

Jesús mismo llamó al diablo "padre de la mentira". Y la vanagloria es ya, en sí misma, una forma de mentira sutil y perniciosa. Es tratar de aparentar lo que no se es y ser alabado por la belleza de la propia máscara que se lleva encima.

Esopo, el gran fabulista griego, cuenta que en una ocasión una zorra –animal sumamente curioso y astuto por naturaleza– entró al taller de un orfebre y comenzó a observar, con gran maravilla, todas las obras de arte de su autor. De pronto, reparó en una máscara de teatro bellamente pintada, y la estuvo examinando cuidadosamente. Y, después de unos minutos, decepcionada, exclamó: "¡Oh, qué cabeza tan hermosa, pero no tiene cerebro!". Así son muchos hombres de nuestro tiempo que aparentan ser grandes e "importantes" a los ojos de los demás, pero que están vacíos por dentro. Como los fariseos.

Y es que el corazón del ser humano tiene una profunda enfermedad existencial. Nos encantan las apariencias, la fachada, el "pose" –como se dice—: que los demás hablen bien de nosotros, nos alaben y nos consideren grandes señores. También a nosotros nos acecha la eterna tentación, como a los fariseos del tiempo de Jesús, de ser tenidos en cuenta y apreciados por los demás para sentirnos realizados. Nos gusta impresionar para que la gente nos tenga sobre un pedestal. Y muchas veces nos contentamos con eso para creernos dichosos.

En el año 1807 ó 1808, Beethoven y Goethe se encontraron en Karlsbad, e hicieron un paseo en carroza juntos. Toda la gente, al verlos pasar por la calle, se inclinaban haciendo profundas reverencias. –"Es aburrido –dijo entonces Goethe— ser tan famoso. ¡Todos me saludan!". A lo cual, Beethoven respondió, no sin cierta picardía: -"No les haga caso, Excelencia. ¡A lo mejor me están saludando a mí!".

La vanagloria es, en efecto, una gloria "vana", falsa, postiza, caduca. Y, además, tremendamente subjetiva. Por eso es tan engañosa. Es obrar delante de los hombres, buscando el aplauso y el aprecio ajeno, y no a los ojos de Dios. Es rechazar la única gloria verdadera, que procede de Dios, y cambiarla por las plumas de un pavorreal. ¡Al menos Esaú cambió su primogenitura por un plato de lentejas, y le aprovecharon! Pero con la vanagloria, lo perdemos todo. No somos más porque los otros nos alaben, ni somos menos porque nos vituperen. Y, en última instancia, quien nos va a juzgar –y aprobar o condenar- al fin de nuestra vida es Dios y no los hombres.

Propósito

Por eso, lo único que debe importarnos siempre es el juicio verdadero de Dios y de nuestra conciencia, y no la opinión ajena. ¡Hagamos siempre el bien sólo por Dios y por los demás, sin buscar la alabanza ni temer el vituperio! La gloria de Dios es nuestra mayor gloria.


domingo 01 Septiembre 2013

Vigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario

San Gil (Egidio)

Leer el comentario del Evangelio por
San Bruno de Segni : “Mi banquete está preparado,...venid a la boda.” (Mt 22,4)

Eclesiástico 3,17-18.20.28-29.
Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios.
Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor,
porque el poder del Señor es grande y él es glorificado por los humildes.
No hay remedio para el mal del orgulloso, porque una planta maligna ha echado raíces en él.
El corazón inteligente medita los proverbios y el sabio desea tener un oído atento. 

Salmo 68(67),4-5ac.6-7ab.10-11.
En presencia de Dios los malos perecen,
mientras que los justos se regocijan,
y ante Dios saltan y gritan de alegría.

Canten a Dios y toquen a su Nombre,
abran camino al que cabalga en las nubes,
Canten a Dios y toquen a su Nombre, abran camino al que cabalga en las nubes, alégrense en Dios y bailen ante él.

alégrense en Dios y bailen ante él.
Padre del huérfano, defensor de las viudas, ese es Dios en su santa morada.
Al solitario le da el calor de hogar,
deja libre al preso encadenado,

a los rebeldes los deja en calabozos.
Esparciste una lluvia generosa
para reanimar a los tuyos extenuados,

tu familia encontró una morada,
la que en tu bondad destinabas a los pobres.


Hebreos 12,18-19.22-24.
Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad,
sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.
Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne,
a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección,
a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel. 

Lucas 14,1.7-14.
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
"Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!". 


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Bruno de Segni (c.1045- 1123), obispo
Comentario sobre el evangelio de Lucas 1,14; PL 165, 406-407

“Mi banquete está preparado,...venid a la boda.” (Mt 22,4)

El Señor fue invitado a un banquete de boda. Observando a los invitados...les contó esta parábola, que incluso tomada en su sentido literal, es muy útil y necesaria a todos los que desean ser tenidos en consideración por los demás o tienen miedo de ser tenidos en poco...


Pero, como esta historia es una parábola, encierra en si un significado que rebasa su sentido literal. Miremos, pues, de qué boda se trata y quiénes son los invitados a la boda. Esta boda se realiza cada día en la Iglesia. Cada día el Señor celebra sus bodas, porque cada día él se une a las almas fieles en su bautismo o en su traspaso de este mundo al reino de los cielos. Y nosotros, los que hemos recibido la fe en Jesucristo y el sello del bautismo, estamos invitados a sus bodas. Una mes está preparada para nosotros, de la cual dice la Escritura: “Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos.” (Sal 22,5) Encontramos en la mesa los panes de la propiciación, el ternero cebado, el Cordero que quita los pecados del mundo. En esta mesa se nos ofrece el pan vivo bajado del cielo y el cáliz de la Alianza Nueva. Aquí se nos presentan los evangelios y las cartas de los apóstoles, los libros de Moisés y de los profetas que son como manjares llenos de todas las delicias.


¿Qué más podríamos desear? ¿Por qué escogeríamos los primeros sitios? Sea cual fuera el sitio que ocupemos, tenemos de todo en abundancia y no nos falta nada.