jueves, 1 de marzo de 2012

Albino de Vercelli, Santo


Obispo, 1 Marzo
Albino de Vercelli, Santo
Albino de Vercelli, Santo
Obispo de la diócesis de Vercelli, fue consagrado en el 452, en un período histórico muy tormentoso en Italia.

Reconstruyó la iglesia metropolitana, sobre las ruinas de la pequeña basílica que San Eusebio había construido sobre la tumba del mártir San Teofrasto, y que el emperador Teodosio había hecho ampliar.

Para la solemne celebración del rito Albino esperaba la visita de algún obispo importante. La espera fue premiada con el paso de San Germán, obispo de Auxerre, que se dirigía a Ravena. Como no podía esperar, el santo obispo prometió que asistiría al rito, cuando regresara.

San Germán murió durante su estadía en Ravena, y a Vercelli regresó solamente su cadáver.

Cuando colocaron el féretro en el centro de la basílica, todas las velas se encendieron simultáneamente. El hecho, más prodigioso porque en los días anteriores ninguno había podido encenderlas, fue interpretado como el cumplimiento de la promesa que San Germán había hecho a San Albino.

Del obispo de Vercelli no sabemos sino que su culto es muy antiguo.

Félix III, Santo


XLVIII Papa, 1 de marzo
Félix III, Santo
Félix III, Santo

XLVIII Papa

Martirologio Romano: En la basílica de San Pablo de Roma, en la vía Ostiense, san Félix III, papa, que fue antepasado del papa san Gregorio I Magno (492).

Etimológicamente: Félix = Aquel que es feliz, es de origen latino.
Nace de una familia senatorial romana, y se dice que es descendiente de San Gregorio el Magno. Sobre la vida de Félix nada se conoce con certeza hasta que en 483 sucede a San Simplicito en la Cátedra de San Pedro. En este tiempo la Iglesia estaba en medio de su largo conflicto con la herejía de Eutiques. El año anterior el Emperador Zenón decreta el Henoticon (o instrumento de unión), donde declara que ningún símbolo de la fe debe de ser recibido, exceptuando el de Nicea con las adiciones del 381. Lo hizo según las sugestiones de Acacio, el perfidioso Patriarca de Constantinopla. El edicto trataba de sellar la reconciliación entre los católicos y los eutiquianitas, pero causa más conflictos que nunca y divide la Iglesia Oriental en tres o cuatro facciones.

Mientras los Católicos en todas partes rechazaban el edicto, el Emperador removía a los Patriarcas de Antioquia y Alejandría de sus Sedes. Pedro el Batanero, un notorio hereje, nuevamente infringe en la Sede de Antioquia, y Pedro III (“Peter Mongus”), quien era el verdadero causante de las dificultades durante el pontificado de Félix, tomaba la sede de Alejandría. En su primer sínodo Félix excomulga a Pedro el Batanero, al que Acacio ya había condenado en un sínodo en Constantinopla. En 484, Félix excomulga a Pedro III, acto que causa un cisma entre Occidente y Oriente que no fue sanado por treinta y cinco años. Este Pedro, siendo oportunista y de ingeniosa disposición, se congracia con el emperador y con Acacio, al suscribírse al Henoticon. Y para el desagrado de muchos obispos Acacio nuevamente lo admite en comunión.

Félix, habiendo convenido un sínodo, envía legados al emperador y a Acacio, pidiéndoles que expulsaran a Pedro III de Alejandría y que Acacio personalmente fuera a Roma a explicar su conducta. Los legados fueron detenidos y encarcelados. Posteriormente, incitados mediante amenazas y promesas, entran en comunión con los herejes al distintivamente mencionar el nombre de Pedro III en la lectura de los trisagios litúrgicos. Cuando Simeón, uno de los monjes de Acaemeti, informa en Roma la traición, Félix convoca un sínodo de setenta y siete obispos en la Basílica de Letrán, donde Acacio y los legados papales son excomulgados. Apoyado por el emperador, Acacio ignora la excomunión, remueve el nombre del Papa de los trisagios litúrgicos y permanece en su Sede hasta su muerte, evento que sucede uno o dos años después.

Flaviano, su sucesor, envía mensajeros a Félix asegurándole que no estaría en comunión con Pedro III. Pero al Papa percatarse que esto no era cierto, continua el cisma. Eutimio, el sucesor de Flaviano, al morir Pedro III también procura la comunión con Roma. Pero el Papa se rehúsa, ya que Eutimio no removía los nombres de sus dos predecesores de los trisagios litúrgicos. Este cisma, conocido como el cisma de Acacio, no fue sanado hasta el 518 durante el reino de Justiniano.

En África los vándalos arrianos, Genserico y su hijo Hunerico, han perseguido la Iglesia por mas de 50 años y expulsan a muchos católicos al exilio. Cuando se restaura la paz, muchos de aquellos que por temor cayeron en la herejía y habían sido rebautizados por los arrianos deseaban retornar a la Iglesia. Al ser rechazados por los que estuvieron firmes, apelaron a Félix. En 487 este convoca un sínodo y envía una carta a los obispos de África estipulando las condiciones para el retorno de estos. Félix muere el 492, habiendo reinado ocho años, once meses y veintidós días.

Albino de Angers, Santo


Obispo, 1 de marzo
Albino de Angers, Santo
Albino de Angers, Santo

Obispo

Martirologio Romano: En Angers en la Galia Lugdunense, hoy en Francia, san Albino (o Aubin), obispo, que reprendió con vehemencia las orgullosas costumbres de los poderosos y, para renovar la Iglesia, promovió con empeño el Tercer Concilio de Orleans (c. 550).
Etimológicamente significa "blanco". Viene de la lengua latina.

La gran popularidad de San Albino se debe menos a su vida, sin ningún hecho notable, que a los múltiples milagros que se le atribuyeron, sobre todo después de su muerte. Su culto se propagó por Francia, Italia, España y Alemania y llegó hasta Polonia. El santo es titular de numerosas parroquias en Francia.

Nació en la diócesis de Vannes en Bretaña, de una familia originaria de Inglaterra o de Irlanda, según se dice. Muy joven, entró en el monasterio de Tincillac, del que sabemos muy poco, y llevó ahí una vida de gran santidad. Hacia los treinta y cinco años de edad, fue elegido abad; bajo su gobierno floreció extraordinariamente el monasterio y se convirtió en un verdadero jardín de virtudes. Nada tiene, pues, de extraño que las miradas del clero y el pueblo de Angers se hayan vuelto hacia san Albino cuando la sede quedó vacante, el año 529. Para gran pena suya y contento de san Melanio, obispo de Rennes, san Albino fue elegido obispo de Angers y demostró ser un hábil e inteligente pastor.

El santo predicaba todos los días, era muy generoso con los pobres y menesterosos, pero especialmente con las viudas que tenían muchos hijos. Otra de sus obras predilectas era el rescate de esclavos y gastó enormes sumas de dinero en rescatar a los prisioneros que los bárbaros habían hecho en sus numerosas invasiones. Según la tradición, san Albino rescató a un cautivo, no de los bárbaros, sino del propio rey Childeberto. Se trataba de una hermosa muchacha en quien Childeberto había puesto los ojos y a la que había mandado raptar y encerrar en una fortaleza. Tan pronto como la noticia llegó a oídos de san Albino, fue éste personalmente al castillo a exigir la libertad de la joven. La figura del obispo inspiró tal respeto a los guardias, que pusieron inmediatamente en libertad a la muchacha. La leyenda añade que uno de los soldados intentó detener a la joven, usando de amenazas y violencia; pero el obispo sopló sobre él y el soldado cayó muerto. El rey no trató de apoderarse de nuevo de la joven, llamada Eteria; pero cometió la villanía de exigir que el obispo pagase el rescate. Prescindiendo de la verdad dudosa de esta leyenda, lo cierto es que el rey Childeberto profesaba gran veneración a san Albino; en cambio la popularidad del obispo era menor entre algunos de sus súbditos, porque había puesto en ejecución los decretos de los dos Concilios de Orléans (538 y 541) contra los matrimonios incestuosos.

Se atribuyeron a san Albino muchos milagros. Además de varias curaciones de enfermos y de ciegos, se cuenta que resucitó a un joven llamado Albaldo. En otra ocasión, después de haber intercedido sin éxito por unos prisioneros, se derrumbó durante la noche una parte del muro de la prisión y éstos pudieron escapar; inmediatamente fueron a ver al santo y le prometieron cambiar de vida.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Eudoxia, Santa


Mártir, 1 de marzo
Eudoxia, Santa
Eudoxia, Santa

Mártir

Santa Tradicional, no se encuentra incluida en el actual Martirologio Romano.

Etimológicamente significa “de buena reputación”. Viene de la lengua griega.

Eudoxia nació en Heliópolis de padres hebreos, procedentes de Samaria, por lo que se le dio el sobrenombre de "samaritana".

Germán, un monje, que de paso por esa ciudad, se alojó en la casa de un amigo para pasar la noche, la casa de Eudoxia quedaba al frente.

Preguntó Germán de quién era el chalet que había enfrente y quién lo habitaba. Y le dijo su amigo: "Es de Eudoxia, la chica cortesana más bella. Como es querida, es natural que sea rica".

A la hora de dormir, Germán empezó desde la ventana a recitar frases y palabras del Evangelio. Antes de su vida monacal se había dedicado a cantar en los conciertos porque tenía una voz magnífica.

Primero cantó sobre el infierno: "Desgraciado quien ríe, pues algún día llorará" Después continuó por el hijo pródigo y la oveja perdida. Y finalmente, sobre la felicidad que gozan los bienaventurados en el cielo.

Eudoxia se levantó y se fue a su balcón para oírle. Al terminar de escucharle, se metió en la cama y se pasó la noche llorando. Al día siguiente por la mañana, fue a tocar a la puerta de su vecino rogándole que le dejara ver al cantante.

Germán que no se sentía llamado para hablar con una chica, le prometió que rezaría por ella y la encaminó al obispo Teodoto para que la instruyese, le bautizara y se encargara de dirigir su alma.

Sin embargo, había un cliente de Eudoxia que, al enterarse de que se había hecho cristiana, fue a denunciarla al gobernador romano, y el prefecto de Heliópolis la mandó a arrestar, pero ella hizo tales prodigios que los verdugos asombrados la dejaron libre. Sin embargo, muy pronto otro prefecto, Vicente, la hizo decapitar.

Entre los Latinos es muy poco conocida esta santa mártir cuya veneración en las iglesias orientales es muy grande y devota.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Rosendo (Rudesindo), Santo


Obispo, 1 de marzo
Rosendo (Rudesindo), Santo
Rosendo (Rudesindo), Santo

Obispo

Martirologio Romano: En Celanova, de Galicia, en España, san Rosendo (Rudesindus), antes obispo de Dumio, que cuidó de promover o instaurar la vida monástica en la misma región y, habiendo renunciado a la función episcopal, tomó el hábito monástico en el monasterio de Celanova, que después presidió como abad (977).

Fecha de canonización: En el año 1195 por el Papa Clemente III.

Etimológicamente significa “ gobernante glorioso”. Viene de la lengua alemana.
Este joven vino al mundo en el seno de una familia acomodada de Portugal y Galicia. Desde que tuvo la edad suficiente para estudiar, hizo sus estudios profanos y sagrados.

Su vocación estaba marcada por lo religioso. Cuando menos lo esperaba, el pueblo entero, a los 18 años, lo eligió como obispo para la ciudad de las peregrinaciones, Santiago de Compostela.

No obstante, a pesar de su plena juventud recién iniciada, dio en todo pruebas de una exquisita madurez humana y espiritual.

Todos los días predicaba en la santa Misa y, tras la celebración del encuentro con el Señor, hacía como él: salir a la calle y preocuparse de los preferidos del Evangelio, los pobres y abandonados.

A medida que fue creciendo, observó con ojos de lince la situación moral en que se encontraba la diócesis. Era necesario que las costumbres se reformaran con nuevo vigor y con un sentido cristiano en profundidad.
Su fama llegó a ser tan grande que el mismo rey D. Sancho lo nombró su confidente y el director espiritual de su alma. El mismo
Rosendo (Rudesindo), Santo
Rosendo (Rudesindo), Santo
monarca, desde el mismo inicio, dio la aprobación para que fuera el pastor de la ciudad.

Eran tiempos difíciles lo que le tocó vivir. Por entonces, los normandos estaban invadiendo España y los moros a la vecina Portugal.

Y para colmo, en esta situación, el rey se encontraba fuera.

¿Qué hacer?

Orando a Dios y con la fuerza que da en estas situaciones límite, se puso al frente de las tropas y arengaba a sus soldados con estas palabras:"Ellos con carros y caballos, nosotros en el nombre del Señor".

Cuando terminó la batalla, toda la gente lo recibió en Santiago con vítores y alabanzas. El, huyendo de toda vanidad, se retiró al monasterio de Celanova, clave de la vida benedictina en aquellos lugares. Lo nombraron abad. En este monasterio se encuentran los códices en los que se narran sus milagros. Murió en el año 977.

¡Felicidades a quienes lleven este nombre!

Encontrarnos con el Señor


Jueves primera semana Cuaresma. Forjemos nuestra alma a través de la oración, sacrificio y purificación interior.
Encontrarnos con el Señor
La insistencia con la que Nuestro Señor pide que nos acerquemos a la oración para que se nos dé; que nosotros lleguemos a Él para encontrarlo, es una insistencia que requiere del corazón humano, una grandísima fortaleza interior, una gran tenacidad. Esa tenacidad para que pidamos y se nos dé, se ve muchas veces probada por las circunstancias, por las situaciones en las que nos encontramos.

Jesús habla de que pidan y se les dará, pero no nos dice si será pronto o tarde, cuando se nos dará. No nos dice si vamos a encontrar al primer momento en que empezamos a buscar o va a ser una búsqueda larga. No nos dice si la espera va a ser corta o se va a dilatar mucho. Simplemente nos dice que toquemos, que pidamos, que busquemos con la certeza de que vamos a recibir, vamos a encontrar y de que se nos va a abrir. Tener esta certeza, requiere en el alma una gran fortaleza interior, una gran firmeza interior. Una firmeza que Dios N. S. va probando, que poco a poco Él va viendo si es auténtica, si es verdadera.

Sin embargo, esto no es solamente una obra de Dios. Es importante el hecho de que Dios quiera que nosotros construyamos esta firmeza interior, pero también a nosotros nos toca actuar. Es obrar de Dios y obra nuestra. La Cuaresma es un período especialmente señalado para indicar esta obra nuestra en la obra de Dios. La obra nuestra en la tenacidad, en la constancia hasta conseguir que Dios N. S. nos abra, nos dé y nos encuentre.

¿Qué hay que hacer para esto? La Cuaresma nos habla de una penitencia que hay que realizar, de una oración en la que tenemos que insistir y de una generosidad particular, en la que tenemos nosotros, poco a poco que ir trabajando.

Para ello es necesaria una muy seria penitencia interior. Una penitencia que no se quede simplemente en el hecho de que no comamos carne o que ayunemos algunos días. Es una penitencia que va mucho más allá de los detalles, de los sacrificios concretos exteriores. Es una penitencia que tiene que abarcar toda nuestra vida, toda nuestra personalidad, porque precisamente es la penitencia la que forja el alma, la que construye el alma. No son las concesiones las que van a hacer de nuestra alma un alma aceptable a Dios, va a ser la penitencia la que va a hacer de nuestra alma, un alma entregada a Dios.

Hemos escuchado en el Libro de Esther, una oración que hace esta mujer a Dios, en la más total de las obscuridades, sabiendo que lo que va a hacer, es jugarse el todo por el todo, porque Esther, va a presentarse ante el rey sin su permiso, y esto estaba penado con la muerte en la corte de los persas. En el fondo, Ester lo que lleva a cabo es una auténtica penitencia del alma, una purificación de su espíritu, de su corazón para ser capaz de enfrentarse a una prueba en la que sabe que está jugándose todo.

¿Cómo es esta penitencia interior? Es una penitencia que tiene que acabar todas nuestras dimensiones, toda nuestra persona, nuestros pensamientos, nuestra inteligencia, nuestros afectos, nuestra voluntad, nuestra libertad. ¿Hasta qué punto nos hemos planteado alguna vez la autentica penitencia del alma, la auténtica exigencia interior de ir probando nuestra alma, para ver si está lista a resistir las pruebas para se fieles a Dios? Cuando llamemos y nadie nos abra; cuando pidamos y nadie nos dé; cuando busquemos y nadie nos permita encontrarlo.

Es un tema que en la Cuaresma se hace particularmente presente, pero que no solamente tendría que ser un tema cuaresmal; tendría que ser un tema de toda nuestra vida. La penitencia del alma, la purificación interior de nuestros sentimientos, de nuestra voluntad de nuestra inteligencia, de nuestros afectos, de nuestra libertad para ponerla totalmente de cara a Dios N. S. La base de la penitencia del alma, es la confianza absoluta en Dios N. S. No se basa simplemente en los actos que nosotros realizamos, de sacrificio o de renuncia interior, se realiza sobre todo, apoyada en la confianza en Dios N. S.

"Si ustedes a pesar de ser malos saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón, el Padre que está en los cielos dará cosas buenas a quiénes se las pidan". La pregunta que tenemos que hacer es si estamos reconociendo las cosas que Dios nos da como cosas buenas; si tenemos nuestra alma dispuesta a aceptar todo lo que Dios pone en nuestra vida como buenas o por el contrario, somos nosotros los que discernimos si esto es bueno o esto es malo, no dependiendo de Dios, sino dependiendo de nosotros mismos: de cómo nosotros lo recibimos; de cómo a nosotros nos afecta.

¿Qué sucede cuando Dios nos da un pan, un pescado? La parábola de Cristo habla de un padre bueno, dice: "Ningún padre, cuando su hijo le pide un pescado, le da una serpiente y ningún padre cuando su hijo le pide pan le da una piedra". ¿No sentiríamos alguna vez nosotros que Dios nos da piedras antes que pan? ¿O serpientes en vez de pescado? ¿No podríamos dudar nosotros a veces, de lo que Dios nos da o de lo que Dios no nos está dando? Y aquí esta de nuevo la exigencia ineludible de la penitencia interior: "Crea en mi, Señor un corazón puro". Es decir, crea en mi, Señor, un corazón que me permita captar que Tú no me estas dando ni piedras, ni serpientes, sino pan y pescado, que lo que Tú me das es siempre bueno; que lo que Tu me ofreces, es siempre algo para realizarme en mi existencia. Esto tengo que aprenderlo a ver y únicamente se logra a base de la penitencia interior. No hay otro camino.

Que esta Cuaresma nos permita introducirnos un poco en este camino, en búsqueda interior del encuentro con Cristo; en esfuerzo interior por encontrarnos con el Señor, conscientes de que no hay otro camino sino es el de aprender a hacer de nuestra alma, un alma que busca, sabiendo que va a encontrar. Un alma que toca, sabiendo que le van a abrir.

Forjemos nuestra alma a través de la oración, del sacrificio y de la purificación interior, para encontrar siempre, en todo lo que Dios nos da, al Padre Bueno que da cosas buenas a quienes se las piden.

Eficacia de la oración


Mateo 7, 7-12. Cuaresma. La oración no se trata de sentimientos ni de peticiones superfluas, sino de dejarse amar por Dios.
Eficacia de la oración
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo dijo Jesús: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Oración introductoria

Gracias Jesús, por quererme tanto, por amarme como nadie más me ha amado. Yo creo en ti, Señor, pero te lo pido: enséñame a transformar en obras lo que profeso con palabras, porque quien te conoce y cree en ti, no puede ser indiferente. Enséñame a ver que la mayor obra de la fe es el amor, porque "lo que vale es la fe actuada por la caridad". Así que dame un corazón "grandotote", no para mí, sino para amarte más a ti en mis próximos. Jesús, sé que el amor no está desvinculado de la abnegación, por eso, cuando me presentes las oportunidades de amar, no me abandones, y hazme comprender que si me vacío de mí mismo por amor, es para llenarme de ti, para que no sea yo, sino Tú, el que viva y actué en mí.

Petición

Jesús, dame confianza para pedirte lo que necesito y enséñame a pedir lo que necesito pedir, para ser cada día más tuyo, y Tú, cada día más mío.

Meditación del Papa

Esta oración recoge y expresa también las necesidades humanas materiales y espirituales: Danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados» (Lc 11, 3-4). Y precisamente a causa de las necesidades y de las dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: Yo os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá (Lc 11, 9-10). Lo experimentaron los antiguos «padres del desierto» y los contemplativos de todos los tiempos, que llegaron a ser, por razón de la oración, amigos de Dios, como Abraham, que imploró al Señor librar a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (cf. Gen 18, 23-32). (Benedicto XVI, Ángelus, 25 de julio de 2010)

Reflexión

Estamos acostumbrados a fundamentar nuestra vida en los sentimientos y emociones, porque ellos dulcifican momentáneamente nuestras penas; pero una vez pasado el efecto, la amargura se vuelve más insoportable. Así vivía la samaritana que se encontró con Jesús en el pozo de Sicar, hasta que se encontró confiadamente con Jesús, y cambió. La oración no se trata de sentimientos ni de peticiones superfluas, sino de dejarse amar por Dios. Esa es la oración eficaz de Abraham: dejarse amar por Dios. Esto significa abandonarse en los designios de Nuestro Padre Dios, sabiendo que Él escribe recto en reglones torcidos.

Pedid, Buscad, Llamad...

El camino de la Cuaresma es ante todo de conversión. Es una invitación a que regresemos a la casa del Padre. En cierto modo, se trata de que ya no sea sólo Dios quien tenga que salir a nuestro encuentro, sino que también nosotros le busquemos a Él.

"Pedid y se os dará". En esta Cuaresma podemos acercarnos con plena a confianza a Dios, para presentarle nuestras necesidades, para decirle que no podemos hacer nada sin su ayuda. "Buscad y encontraréis". Buscarle a Él, que se esconde detrás del pan y el vino eucarísticos, para alimentarnos; detrás de sus ministros, los sacerdotes, para darnos el perdón de nuestros pecados; detrás del rostro de cada persona, de cada circunstancia de la vida. Cuando nos encontramos con Dios, hacemos la experiencia de la verdadera felicidad. "Llamad y se os abrirá". Tocar a la puerta de su corazón, con insistencia y sin temor. Porque necesitamos entrar; salir de nosotros mismos, para gozar de la dicha de vivir con Él

En toda búsqueda hay algo inquietante, misterioso. No se tiene la certeza del éxito. Pero en nuestro caso no es así. Cristo nos promete el éxito y nos asegura que no es muy bueno para esconderse. Le gusta dejarse encontrar.

Propósito

Pediré hoy al Señor, durante un breve tiempo de oración, por las necesidades de mis familiares, amigos y compañeros de trabajo, confiado en la Paternidad y Providencia de mi Padre Dios.

Diálogo con Cristo

Jesús, gracias por hacerte siempre presente en mi vida. Enséñame a confiar en ti con ese abandono total de mi vida. Tú, que sabes todo lo que necesito, penetra mi vida y hazme ver que sólo cuando acudo a ti con confianza es cuando puedo ser feliz.

"Él, y sólo Él escucha cuando nada nos oye" (San Agustín)