lunes, 31 de diciembre de 2012

HISTORIA DE LA SALVACIÓN

ÍNDICE DE  HISTORIA DE LA SALVACIÓN

 

  1. INTRODUCCIÓN
    1. La historia de la salvación

 La Historia de la Salvación

- Dios en el Antiguo Testamento (AT) aparece como un Dios único y trascendente. El Dios de Israel es singular y distinto a todos los demás dioses de los pueblos que le rodean. Esta singularidad hace muy conveniente la progresiva revelación que Dios hace de sí mismo: la revelación progresiva de Dios, Uno y Trino.
- La Sagrada Escritura (SE) tiene en la noción de Alianza, la firme convicción de que Dios en un momento determinado elige a Israel como pueblo suyo. La conciencia de esta realidad le permitirá a Israel comprender e interpretar en clave salvífica los acontecimientos históricos que vive: La Revelación y la salvación de los hombres.
- ¿Cuál es la situación del hombre ante Dios en la historia de la salvación? Intentaremos dar una breve respuesta en: La situación del hombre ante Dios.
- La visión de la SE centrada en la historia de la salvación ha demostrado ser extraordinariamente fecunda y realista. La exégesis moderna va aceptando cada vez más que la Escritura no trata solo de verdades necesarias para la salvación, sino que trata de unos acontecimientos históricos en los que se manifiesta la acción salvífica de Dios: Dios se revela en la Historia, mediante hechos y palabras.
- El momento cumbre en esta historia de la salvación acaece con Jesucristo. Efectivamente, a la pregunta de los discípulos de Juan Bautista sobre si era el salvador prometido, respondió Jesús diciendo: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos se ven limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, el evangelio es predicado a los pobres” afirma así que el tiempo de la salvación ha llegado: Jesús es el salvador anunciado: Cristo culmen y plenitud de la Revelación.
- La Iglesia primitiva conservó este enfoque centrado en la historia de la salvación que caracterizó la predicación de Jesús: La Iglesia, continuadora de la misión de Cristo.
- Por último, vamos a intentar explicar algunas expresiones parecidas (aunque corremos el riesgo de complicar más las cosas): Historia General de la Salvación, Historia de la Salvación (o Historia Bíblica) e Historia de la Iglesia


  1. LOS ORÍGENES

  1. La creación
El comienzo de la historia de la Salvacióne

 

El dios Jnum modelando a los hombres en su torno de alfarero
En los 11 primeros capítulos de la Biblia pertenecientes al Génesis, se condensan de un modo original e inspirado algunas reflexiones milenarias del universo y del hombre, que formaban también parte de la matriz cultural del Creciente fértil. Por eso es conveniente conocer algunos de los antiguos relatos sapienciales y sobre las cosmogonías y antropologías de Egipto, Mesopotamia y Canaán. Este criterio se aplica muy especialmente a estos 11 primeros capítulos de la Biblia, debido al género literario en que están escritos.
- Muchos autores piensan, no sin razón, que los relatos de Gn 1-11, es decir los relatos de la creación del mundo, Caín y Abel, el diluvio y la torre de Babel, más que relatos propiamente históricos en el sentido estricto del término, son relatos que quieren “explicar” (tienen elementos sapienciales) más que “describir” ese origen del mundo y la condición humana. Dicho con otras palabras Gn 1-11 pretende explicar el “porqué” de nuestro mundo más que explicar el “cómo” surgió. Y es mucho más interesante para nuestra salvación que se nos haya querido revelar el porqué o el sentido que Dios ha dado a su obra más que saber cómo se produjo.
- Por ejemplo, según parece, la secuencia de Gen 1-11 es muy parecida a algunos relatos mesopotámicos (creación del mundo – creación del hombre – iniciativas de la humanidad / genealogías / transgresiones – castigos / diluvio – nuevo orden). Ahora bien la novedad respecto a estos relatos mesopotámicos y que inspira estos primeros capítulos del Génesis radica en el lugar que ocupan y la intención que tienen. Efectivamente, estos 11 capítulos son como un prólogo de las tradiciones patriarcales (capítulos 12-50) con las que comienza la historia de la salvación del hombre. Es decir, se quiere así contraponer como 2 itinerarios o caminos de la humanidad:
  • 1) Gen 1-11: itinerario con afanes desmedidos de igualarse a Dios; lleno de maldiciones y rupturas de relaciones; caída del paraíso – Caín y Abel – Diluvio – Babel; y
  • 2) Gen 12-50: Da comienzo este nuevo camino por iniciativa de Dios; su intención parece que es recoger a la humanidad dispersada, sanar sus relaciones, y orientarla por el camino de las bendiciones y promesas.
Efectivamente, la creación (Gen 1-11) no es presentada por razón de sí misma, sino que pertenece a una serie de acontecimientos cuyos puntos culminantes son la vocación de Abrahán, la liberación de Egipto, la conclusión de la Alianza en el Sinaí y la ocupación de la tierra prometida, es decir, dentro de los momentos claves de la historia de la salvación. Solo enmarcada dentro de esta serie de acontecimientos, la Creación misma adquiere valor de acontecimiento salvífico: se trata del auténtico comienzo de la historia de Dios con su pueblo. El Dios de Israel es al mismo tiempo Dios del mundo, y toda la actividad salvífica divina en Israel se orienta fundamentalmente a la salvación del mundo entero, de la creación entera.
Puede resultar interesante estudiar algunos aspectos concretos de estos primeros once capítulos del Génesis:
EL TIEMPO DE ISRAEL
  1. Los patriarcas
 Los patriarcas

 

Convendría antes de empezar tener una visión general del marco geográfico en el que se desarrollan los acontecimientos que se van a narrar.
La Biblia sitúa el fundamento y origen del pueblo hebreo es un hecho esencialmente sobrenatural: la vocación de Abraham. Según el texto Bíblico la familia de Abraham era de Ur de Caldea (hoy Tell-Mugeyir). Por diversas razones políticas, sociales y económicas los terahitas se trasladaron a Haran (hoyEski-Harran). Allí fue donde Dios llamó a Abraham pidiéndole que abandonase su tierra, la casa de sus padres y se encaminase a un lugar que Él le mostraría, donde haría nacer de él una gran nación.

Abraham se pone en marcha apoyado en la promesa de Dios: «bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que maldigan» (Gen 12,3), y entreviendo una luz de su misión universal: «en ti serán benditas todas las naciones de la tierra» (Gen 12,3). Efectivamente, la historia de Abraham hay que describirla teniendo presente, en su origen y formación, las reiteradas intervenciones por parte de Dios, que da vida al seno estéril de la esposa, elige a quien le place y usa continuamente de misericordia acordándose de su Alianza.
- Dios reitera las bendiciones de Abraham a su hijo: Isaac, el hijo de la promesa.
- Isaac se casa con Rebeca y tiene como hijos a Esaú y Jacob.
- Jacob suplantará a su hermano Esaú recibiendo la bendición paterna, tras lo cual huye a casa de Labán, hermano de Rebeca en Haran, en donde se une a Lía y Raquel; de éstas y de sus dos esclavas (Zilpá y Bilhá) tiene 11 hijos. Después de 20 años vuelve a la tierra de Canaán. Y tras un combate misterioso con Dios en Fanuel, junto a un vado de Yabboq, donde Jacob recibe el nombre de Israel (Gen 32,22-27), se reconciliará con su hermano Esaú. En Efratah muere Raquel poco después de dar a luz a Benjamín, el hijo 12º y último de Jacob. Jacob se instala en Hebrón.
- En este escenario tuvieron lugar las insidias contra José, uno de los hijos de Jacob-Israel, el cual, vendido por sus hermanos a los ismaelitas, es conducido a Egipto. José por haber sabido interpretar los sueños al Faraón es elevado al alto cargo de lugarteniente del mismo en todo el reino. Después, hay una gran carestía en el país de Canaán y los hijos de Jacob bajan a Egipto; allí José les invita a quedarse trayendo a su padre.
De este modo los 12 Patriarcas vienen a Egipto donde habitaron en la tierra de Gessen. Antes de morir, Jacob vaticina a sus 12 hijos la suerte de sus tribus que son: Isacar, Judá, Leví, Rubén, Simeón y Zebulón (hijos de Lía); José y Benjamín (hijos de Raquel); Gad y Aser (hijos de Zilpá), y Dan y Neftalí (hijos de Bilhá). Judá es alabado entre sus hermanos y se le asegura la supremacía sobre los demás, con palabras de hondo sentido mesiánico (Gen 49,8-12).
- Los restos de Jacob fueron enterrados en la gruta de Macpela que había comprado Abraham para tener sepultura de su propiedad.
Desde el punto de vista histórico-arqueológico resultan interesantes los siguientes enlaces:



  1. El Éxodo
El Éxodo

 

Deslta del Nilo y península del Sinai (vista satélite)
El acontecimiento central de la fe del pueblo de Israel es el Éxodo. Podemos decir que Israel toma conciencia de ser el Pueblo de Dios y de ser una “nación”, a partir de los acontecimientos que concurren en torno al éxodo de Egipto.
- Ya vimos que según la Biblia los doce hijos de Jacob fueron a Egipto estableciéndose en la tierra de Gessen. Allí algunos fueron mayorales de ganados y otros se dedicaron a diversos menesteres (cfr. Gen 47,6). Pero un cambio de la situación política en Egipto marca un nuevo hito en la historia del pueblo hebreo. La Biblia la describe brevemente: “Alzóse en Egipto un rey nuevo que no sabía de José” (Ex 1,9) y viendo el Faraón que los hijos de Israel formaban un pueblo más numeroso que el suyo, comenzó el proceso de esclavitud de los hebreos en Egipto (Ex 1-5).
- En estas circunstancias Dios suscitó a Moisés, el cual salvado por sus padres, es recogido y educado por la hija del Faraón. Dios le confía la misión de sacar a su pueblo de Egipto. Después de una obstinada oposición del Faraón, reducida por las plagas (Ex 7-12), Moisés emprende éxodo de los hebreos de Egipto en torno a 1300-1250 a.C.
- La Biblia nos dice que una vez salidos de Egipto atravesaron el mar (Ex 13-15). De ahí se dirigieron al Monte Sinaí, donde hubo una nueva manifestación divina: la Alianza.
- Salidos del Sinaí, llegaron a Cades Barnea (hoy Ain Quedeis). El pueblo atendió más a las razones humanas que dieron los exploradores enviados por Moisés a Canaán que a la fuerza de Dios, que les aseguraba la conquista. Por eso, Dios estableció que ninguno de aquellos que había sacado de Egipto y conducido por el desierto, entraría en la tierra prometida, excepto Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, que se habían levantado para animarles a entrar en la tierra prometida.
- Desde entonces, 38 años estuvieron vagando los israelitas por el desierto. Durante la estancia de Israel en el desierto, Dios fue educando a su pueblo, dándole un sello único e inconfundible.
- Al final partieron de Cades, y tras un largo camino llegaron al Jordán, frente a Jericó. En este viaje batieron a Selion, rey de los amorreos y a Og rey de Basán (Num 21,21-35). Sus tierras fueron dadas a las tribus de Rubén, Gad y la mitad de Manasés (Num 32). – Moisés murió en el monte Nebo, en la serranía de Abarim a la vista de la Tierra Prometida y sin entrar en ella, ya que en Meribah había flaqueado su fe (Num 20,1-13).
Fuente: Para este post y los enlaces con él relacionados he usado la obra de Jean-Louis Ska, “Los enigmas del pasado”.
El desierto del Sinai


  1. La Tierra prometida
La Tierra prometida

 

Valle de Yezrael, visto desde el monte Carmelo
Valle de Yezreel, visto desde el monte Carmelo
El texto bíblico nos dice que los israelitas, guiados por Josué, pasaron milagrosamente el Jordán. El pueblo renueva en Guilgal el uso de la circuncisión dejada durante la travesía en el desierto, y se celebra nuevamente la gran fiesta de la Pascua.
La Biblia insiste en la fidelidad inquebrantable de Josué, gracias a lo cual conquista Jericó, primera ciudad de la Cisjordania, y Hai.
Los reyes del mediodía coaligados son derrotados en Gabaón, y los reyes del septentrión en Merom.
Josué hace entonces una división de las tierras de la Cisjordania y da a las tribus el encargo de terminar la conquista. Al final de sus días, deseando renovar con toda solemnidad la Alianza con el Señor, congregó Josué a todas las tribus en Siquem y exhortó a tener una fidelidad inconmovible en Dios, escribiendo esas palabras en el libro de la ley del Señor (Jos 24,26).
Muchas veces las tribus, por el contacto con otros pueblos, se apartaban de la ley de Dios. Entonces eran castigados. El pueblo se arrepentía y Dios les libraba suscitando jueces en medio de ellos.
Poco después surge también otro pueblo con el que rivalizar por la Tierra Prometida, son los filisteos, situados en la costa marina. Contra ellos combatió Sansón, y David fue quien los derrotó definitivamente.
Para un análisis arqueológico es interesante el enlace siguiente: El libro de Josué (y Jueces) y la arqueología

  1. La Monarquía
La Monarquía en Israel

 


Foto aérea de Belen (la ciudad de David)
Foto aérea de Belen (la ciudad de David)
Siempre siguiendo el texto bíblico, vemos como fue en tiempos de Samuel, el último de los Jueces, cuando los israelitas pidieron un rey como tenían los demás pueblos. Dios tolera esta petición y se servirá de la instauración del Reino en Israel para sus designios salvíficos.
El primer rey nombrado es Saúl, de la tribu de Benjamín, pero por sus pecados Dios le rechaza y escoge a David, de la casa de Judá.
David traslada la capital a Jerusalén y allí lleva en procesión el Arca desde Silo.
Con Salomón su hijo, nos dice la Biblia que el reino llega a su máximo esplendor y se realiza la construcción del Templo.
- Pero por las infidelidades a la Alianza sobrevendrá sobre el reino el cisma y fue a la muerte de Salomón cuando las tribus del Norte nombran rey a Jeroboán, y toman el nombre de Reino de Israel, por ser una mayoría desgajada políticamente de la dinastía davídica representada por Roboán que reinaba en Judá, reino del Sur.
- En el Reino de Israel se suceden dinastías heterogéneas conseguidas con violencia que son causa de una degeneración religiosa y política, que lleva a la caída definitiva en el 721 a.C. en manos del ejército asirio, capitaneado por Sargón.
- El reino de Judá conservó, salvo pequeños periodos, ininterrumpidamente la dinastía davídica, hasta caer en el 587 a.C. en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia que los llevó cautivos.
- Según el texto bíblico, hubo momentos de rejuvenecimiento espiritual, entre los que merecen destacarse la reforma religiosa de Ezequías y en especial la llevada a cabo por Josías en el a. 622 basándose en el hallazgo del libro de la Ley en el Templo.
- La conquista de Babilonia (539 a.C.) por las tropas del rey persa Ciro el Grande señalará una nueva etapa de la historia de Israel.
- La monarquía es el tiempo en el que Dios se sirvió más de los profetas para hablar y recordar al pueblo su compromiso a la Alianza, y anunciar la esperanza en el Mesías que había de venir.
Para un estudio histórico-arqueológico más preciso podemos hacer el siguiente esquema:
A modo de reflexión final, quizás el siguiente ejemplo (inspirado en Jean-Louis Ska) puede ayudarnos a comprender una idea importante que debemos tener en cuenta a la hora de leer la Biblia.


  1. El exilio y la restauración
El exilio y la restauración

 

Durante la dominación persa, el pueblo judío disfrutó de una paz relativamente estable. Cuatro edictos se dieron en su favor:
1) Ciro les permite la repatriación:
1, 1 En el primer año del reinado de Ciro, a rey de Persia, y para que se cumpliera la palabra del Señor anunciada por Jeremías, el Señor impulsó a Ciro a promulgar en todo su reino, de palabra y por escrito, este decreto: 2 “Ciro, rey de Persia, dispone lo siguiente: El Señor, Dios de los cielos, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le construya un templo en Jerusalén, que está en la región de Judá. 3 Así que, a cualquiera de vosotros que pertenezca al pueblo del Señor, que Dios le ayude, y vaya a Jerusalén, que está en Judá, a construir el templo del Señor, el Dios de Israel, que es el Dios que habita en Jerusalén. 4 Y a cualquiera de los supervivientes que emigre del lugar donde ahora vive, que le ayuden sus vecinos con plata, oro, bienes y ganado, además de donativos para el templo de Dios en Jerusalén.”(Esd 1,1-4)
2) También Ciro le ayuda a empezar la construcción del Templo realizado bajo la dirección de Zorobabel que tenía el cargo de alto comisario (538 a.C.);
6, 1 Entonces el rey Darío ordenó buscar en los archivos donde se guardaban los documentos de valor en Babilonia; 2 y en el palacio de Ecbatana,a que está en la provincia de Media, se encontró un libro en el que constaba la siguiente memoria: 3 “En el primer año de su reinado, el rey Ciro dictó esta orden: ‘En relación con el templo de Dios en Jerusalén: Que se pongan los cimientos y se reconstruya el edificio, para que se ofrezcan allí sacrificios. Ha de tener veintisiete metros de alto por veintisiete de ancho; 4 además, tres hileras de grandes bloques de piedra y una de madera nueva. El tesoro real pagará los gastos. 5 En cuanto a los utensilios de oro y plata del templo de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó del templo de Jerusalén y trajo a Babilonia, que se devuelvan y sean llevados a Jerusalén, y que sean colocados en el templo de Dios, que es su sitio.’ ” (Esd 6,1-5)
3) Darío I anima las obras para la reconstrucción del templo que se habían parado:
6, 6 Entonces el rey Darío dio la siguiente orden a Tatenai, gobernador de la provincia al oeste del río Éufrates, y a Setar-boznai y sus compañeros, los funcionarios de aquella misma provincia:
“Retiraos de Jerusalén7 y dejad que el gobernador de los judíos y sus dirigentes se encarguen de reconstruir en su sitio el templo de Dios. 8 Y estas son mis órdenes en cuanto a la manera de ayudar a los dirigentes judíos para que reconstruyan el templo de Dios: Que con los impuestos que el tesoro real recibe de la provincia al oeste del río Éufrates se paguen puntualmente los gastos para que no se interrumpan las obras. 9 Y que diariamente y sin falta se entregue a los sacerdotes de Jerusalén, según sus indicaciones, todo lo que necesiten, sean becerros, carneros o corderos para los holocaustos al Dios del cielo; o también trigo, sal, vino o aceite, 10 para que ofrezcan al Dios del cielo sacrificios agradables y rueguen también por la vida del rey y de sus hijos.
11 “Asimismo ordeno que si alguien desobedece esta orden, se arranque una viga de su propia casa y sea empalado en ella; y que su casa sea convertida en un montón de escombros. 12 ¡Y que el Dios que escogió a Jerusalén como residencia de su nombre, destruya a cualquier rey o nación que se atreva a causar dificultades o perjuicios al templo del Señor que está en Jerusalén! Yo, Darío, he dado esta orden. Cúmplase al pie de la letra.”
4) Posteriormente, Artajerjes envía a Esdras en el a. 458 con plenos poderes para arreglar la situación de Palestina:
11 Esta es la copia de la carta que el rey Artajerjes entregó a Esdras, sacerdote y maestro instruido en todos los mandamientos y leyes del Señor para Israel: 12 “El emperador Artajerjes saluda a Esdras, sacerdote y maestro instruido en la ley del Dios del cielo. 13 He ordenado que todo israelita que se encuentre en mi reino y que quiera irse a Jerusalén contigo, pueda hacerlo, incluso si es levita o sacerdote.
14 Porque el rey y sus siete consejeros te envían a estudiar la situación en Judá y Jerusalén, conforme a la ley de tu Dios que tienes en la mano.15 Lleva contigo la plata y el oro que el rey y sus consejeros ofrecen voluntariamente al Dios de Israel, que habita en Jerusalén, 16 y toda la plata y el oro que puedas conseguir en toda la provincia de Babilonia, más los donativos que el pueblo y los sacerdotes ofrezcan voluntariamente para el templo de Dios en Jerusalén. 17 Con ese dinero comprarás becerros, carneros y corderos, junto con sus ofrendas de cereales y de vino, para ofrecerlos sobre el altar del templo del Dios vuestro en Jerusalén. 18 En cuanto al oro y la plata restantes, haced tú y tus compañeros lo que os parezca mejor, conforme a la voluntad de Dios. 19 Pero los utensilios que se te han entregado para el culto en el templo de tu Dios, entrégalos tú mismo al Dios de Jerusalén.
20 “Cualquier otra cosa que debas proporcionar para el templo de tu Dios, puedes conseguirla en los almacenes reales.
21 Y yo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros al oeste del río Éufrates que sin falta entreguen a Esdras, sacerdote y maestro instruido en la ley del Dios del cielo, todo lo que él pida, 22 hasta tres mil trescientos kilos de plata, veintidós mil litros de trigo, dos mil doscientos litros de vino, dos mil doscientos litros de aceite y toda la sal que pida.
23 “Todo lo que pida el Dios del cielo para su templo, debe ser entregado rápidamente, para que no venga ningún castigo sobre los hijos del rey y sobre sus dominios.
24 Habéis de saber también que está prohibido imponer tributo, impuestos o derechos a cualesquiera de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, sirvientes del templo o a cualquier otra persona que sirva en el templo de Dios.
25 “En cuanto a ti, Esdras, de acuerdo con los conocimientos que tu Dios te ha dado, nombra jueces y gobernantes que hagan justicia a toda la gente de la provincia al oeste del río Éufrates, o sea, a todos los que conocen la ley de tu Dios; y a los que no la conozcan, enséñasela.
26 Y a todo el que no cumpla la ley de tu Dios y las leyes del rey, que se le condene inmediatamente a muerte, a destierro, al pago de una multa o a prisión.
Finalmente, en el a. 445 Artajerjes faculta a Nehemías para reconstruir los muros de la ciudad.
En este vídeo se ve muy resumido la formación del imperio persa:(pincha el enlace que sigue)
Cfr. En el siguiente enlace encontrarás algunos vídeos que amplian la información sobre este interesante y complejo periodo de la historia de Israel:
Para un estudio más detallado se puede analizar con más detalle los siguientes aspectos:
  1. La caída de Jerusalén y el destierro
  2. Ezequiel y los discípulos de Isaías: consuelo y expiación
  3. Los círculos sacerdotales
  4. Actividad religiosa y literaria
  5. Época Persa: restauración de Israel y del Templo
  6. Misión de Esdras y Nehemías: la Ley y la configuración del judaísmo
  7. Redacción y recopilación de los libros sagrados

  1. Palestina bajo el dominio griego y romano

Palestina bajo el dominio griego y romano

 

También se mantuvo esta situación de paz relativamente favorable cuando Alejandro Magno absorbió al Imperio persa el 334-331 a.C. Pero después de su muerte comienza una época dura para los judíos. Judea es disputada por los reyes egipcios y sirios. Todavía bajo el dominio de los Ptolomeos hubo una cierta tranquilidad. Pero hacia el 200 a.C. la supremacía pasó de los Ptolomeos de Egipto a los Seléucidas de Siria. Fueron tiempos de dura opresión, en especial durante el periodo de Antioco IV Epífanes y sus sucesores. La incansable lucha de los Macabeos llevó a la independencia de Israel y dio comienzo la dinastía de los Asmoneos. En Simón Macabeo se unió la dignidad de sumo sacerdote y la de príncipe de los judíos.
Por entonces surgen los partidos político-religiosos de los fariseos, los saduceos y los esenios.
El gobierno desastroso de los últimos príncipes asmoneos marca una etapa de degeneración religiosa y llevará a la penetración romana. Pompeyo hacia el a. 63 a.C. tomó por asalto Jerusalén y el Templo. A partir de entonces pasará Israel a depender de Roma.
Herodes I el Grande hijo de Antípater, de raza idumea, se ganó el apoyo de Roma, y el año 38 a.C. es nombrado rey de los judíos, siendo así el primer rey de origen no judío que dominó sobre Israel. En su reinado nace Jesucristo.
Para un estudio más detallado se puede profundizar en los siguientes aspectos:
  • Palestina y los Tolomeos: los Setenta
  • Palestina bajo los Seleúcidas: la rebelión macabea y la dinastía asmonea
  • Los movimientos apocalípticos: Daniel y la esperanza de salvación
  • Qumrán
  • Actividad literaria


  1. EL TIEMPO DE JESUCRISTO
    1. La tierra de Jesús


timna national park
Se trata de hacer un breve esquema de los elementos mínimos necesarios para poder situarnos en el Marco geográfico e histórico de los Evangelios. Esto nos permitirá situarnos mejor en la geografía de los relatos evangélicos y en las circunstancias históricas en las que está inmersa la vida del Señor.
Aunque hacer un estudio serio de la situación histórico-religiosa y etnográfica, así como de los condicionamientos: 1) políticos, 2) sociales y 3) económicos de Israel en tiempos de Nuestro Señor escapa por completo a las pretensiones de estos apuntes, pienso que para una introducción básica puede servir lo que ofrecemos.
Una exposición geográfica ha de ser lo más visual posible. Para ello los siguientes vídeos y fotografías pueden ayudar:
  1. vídeo marco geográfico evangelios: vídeo 1 y vídeo 2
  2. Una visión panorámica de Jersusalén y de la tierra de Israel en este otro vídeo
  3. En estos enlaces encontrarás fotos de algunos lugares bíblicos y de Israel en general
Por último, también convendría mirar los siguientes enlaces:
(pincha el enlace que sigue)
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Para un estudio más analítico de este tema se puede ahondar en cada uno de los siguientes aspectos:
  1. Geografía humana
  2. El judaísmo palestino antes de la destrucción del Templo: fariseos, saduceos, herodianos, zelotes, esenios, el “pueblo de la tierra”
  3. Lenguas que se hablaban
  4. Palestina a la muerte de Herodes: situación política y social

    1. Jesús, el Mesías Hijo de Dios
Jesús, el Mesías Hijo de Dios

 

Vista aerea de Nazaret
Vista aérea de Nazareth
Un esquema de estudio posible para este apartado podría ser el siguiente:
  1. Cronología de la vida de Jesús
  2. Jesús Profeta: la unción del Espíritu
  3. Jesús Maestro: elección de los discípulos y enseñanzas
  4. Jesús y el Reino
  5. Jesús y la Ley
  6. Jesús y el Templo
  7. Jesús, Hijo del Hombre y Siervo de Yahwéh
  8. Los milagros del Mesías
Mientras voy haciendo el esquema anterior, aquí te copio el que siguiente esquema de algunos de los momentos centrales de la vida del Señor que pusimos en Sinópticos:


    1. Jesús, Mediador de una nueva Alianza

  1. La Cena Pascual y el Pueblo de la nueva Alianza
  2. El proceso de Jesús
  3. Muerte y Resurrección
  4. Apariciones del resucitado y misión apostólica


  1. EL TIEMPO DE LA IGLESIA

    1. El nacimiento de la Iglesia
Sobre la Iglesia Católica (origen y naturaleza)

 

Como me han hecho algunas preguntas sobre la naturaleza y origen de la Iglesia Católica he pensado que podría interesar este estudio que hice hace tiempo en: Eclesiología (o sobre la Iglesia Católica). Pero para mayor sencillez os pongo estas presentaciones de un buen amigo mío Serge Nicoloff. Aquí pongo los enlaces a los power point: Espero que os resulten interesantes:
Iglesia1 Origen y Finalidad
Iglesia1 Origen y Finalidad
Iglesia 2 Naturaleza
Iglesia 2 Naturaleza
Iglesia 3  Iglesia Visible (1 de 3)
Iglesia 3 Iglesia Visible (1 de 3)
Iglesia 4: Iglesia Visible (2 de 3)
Iglesia 4: Iglesia Visible (2 de 3)
Iglesia 5: Iglesia Visible (3 de 3)
Iglesia 5: Iglesia Visible (3 de 3)
Iglesia 6: Mision en la Tierra
Misión en la tierra
Iglesia 7: Confesiones Cristianas
                                                           Confesiones cristianas   
Iglesia 8 (y fin): Iglesia Invisible
                  Iglesia invisible
 
 
 
 
 
El nacimiento de la Iglesia

 

La Iglesia es el Israel escatológico, el nuevo pueblo de Dios, adquirido por la redención de Cristo y edificado mediante la continua efusión de su Espíritu, cuya existencia se realiza como Cuerpo Místico de Cristo.
La fundación de la Iglesia tiene en la vida de Jesús una serie de actos preparatorios que conducirán después a su realidad: la presencia de los tiempos escatológicos, la convocación y reunión en torno a él de los que esperan la salvación y en especial el grupo de los Doce, la participación de éstos en los poderes salvíficos, su instrucción en los secretos del reino, la muerte de Cristo como fundamento de una nueva alianza, las palabras de despedida del Resucitado, la vida divina infundida por el Espíritu Santo, etc. La pretensión de Jesús de ser el Mesías hacía ya esperar de él la fundación de la comunidad mesiánica. Su predicación fue dirigida a la «casa de Israel» (Mi 10,6), es decir, a todo el pueblo de Dios en cuanto tal, lo cual excluye cualquier intención de fundar una comunidad apartada y aislada. Pero sobre todo a partir del fracaso de su predicación y de los anuncios de su muerte (Mc 8,31) como fundamento de la Nueva Alianza (Mc 14,24), se señala claramente que no tienen por qué ser iguales el pueblo de Israel y la comunidad mesiánica.
La intención de la fundación de la Iglesia se ha de atribuir a Jesús durante su vida como lo muestra la existencia del grupo de los Doce Apóstoles y el comportamiento de Cristo con ellos, puesto que les congrega a su alrededor, les instruye constantemente y, sobre todo, les hace partícipes de su plena autoridad mesiánica, lo cual presupone que la comunidad de los Doce va a continuar después de su muerte. La misma institución de la Eucaristía con un mandato de repetición en memoria suya está indicando la permanencia del grupo. La continuidad de los Doce está ampliamente formulada por Jesús resucitado (Mt 28,19-20; Lc 24,44-49; Jn 20, 21-23; 21,15-18).
El nacimiento de la Iglesia ha de situarse en la Muerte y Resurrección del Señor, por ser el misterio en el cual se realiza la salvación: «murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación» (Rom 4,25; cfr. 1 Cor 15, 17). En Pentecostés, la unción del Espíritu Santo sobre la Iglesia que es un don del Cristo resucitado (Jn 7,38-39) tiene como efecto primario su capacitación profética en orden a la palabra de Dios y a su actividad salvífica (Hch 5,3.9; 8,29.39; 9,31; 13,2; 15,28; 16,6; 20,23; 21,11).
Un estudio más detallado de este apartado se puede hacer siguiendo el siguiente orden temático:
  1. Pentecostés
  2. Contexto social y religioso del Imperio Romano en el siglo I
  3. La comunidad de Jerusalén, Iglesia Madre: rasgos fundamentales
  4. Relación con las autoridades y el pueblo
  5. Cristianos “hebreos” y “helenistas”



    1. Formación de comunidades cristianas fuera de Jerusalén

Formación de comunidades cristianas fuera de Jerusalén

6 abril, 2007

La misión a los gentiles se debe a una intención de Jesús. Su actitud con los pecadores, publicanos, el pueblo ignorante de la Ley, los niños y las mujeres, eran ya un indicio del universalismo de la salvación. La Iglesia representada por Mc tiene una autocomprensión de sí misma como dedicada a la misión, incluida la de los gentiles, en virtud de las palabras y las obras de Jesús (Mc 6,6-13; 7,24-8,26; 11,17; 13,10; 14,9). Lo mismo ocurre con la Iglesia en el Evangelio de Mt (Mi 5,13-16; 21,43; 22,9-10). Si en el Evangelio de Lc la misión a los gentiles no aparece hasta 24,47 se debe a su perspectiva histórica. Pero tiene muchos textos que indican la destinación universal del Evangelio (Lc 2,30-32; 3,6; 4,16-30; 9,52.55; 10,33.37; 17,16). El «vendrán» de Lc 13,29 es un anuncio escatológico y profético de la peregrinación de todos los pueblos a Sión y del convite mesiánico. La Iglesia primitiva reconoció que la misión a los gentiles era querida por Dios y estaba fundada en un mandato expreso del Señor resucitado. La voluntad del Señor era «comenzando por Jerusalén… a todos los pueblos» (Lc 24,47); «Jerusalén, Judea, Samaria, los confines de la tierra» (Hch 1,8). El comportamiento de la Iglesia responde a esta idea. Frases de Jesús como la de Mt 10,5 y 15,24 no crean ninguna dificultad si se tiene en cuenta el carácter compilatorio del Evangelio de Mt; la primera se refiere a la primera misión de los discípulos durante su vida terrena, la segunda es el marco histórico de la misión de Jesús en Israel. Jesús nunca excluyó de la salvación a los gentiles. Un caso elocuente es el del centurión (Mt 8,5-13), especialmente la frase del v. 11: «os digo, pues, que del oriente y del occidente vendrán y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos…». En este problema nunca se puede olvidar que la salvación de los gentiles es un acontecimiento escatológico. Esto explica la metodología de Jesús. Además, en ningún momento los evangelistas han visto contradicción alguna en este problema. Es verdad que la Iglesia primitiva estuvo más ligada a Israel; pero esto se debe al recuerdo de la actuación de Jesús y al hecho de que todavía no había entrado en su experiencia histórica el endurecimiento de Israel (Hch 28,26ss.); pero esta Iglesia sabía que se estaba construyendo un nuevo pueblo destinado a todos. Hubo titubeos e incluso resistencia inicial de los judeo-cristianos de Jerusalén, debido a su cristianismo judaizante (Hch 1,6; 10,14).
En forma oficial y solemne el paso de la misión a los judíos a la de los gentiles se debió a la intervención de Dios y a la autoridad de Pedro en el caso de Cornelio (Act 10,11-18). Pero antes de esto Pedro y los Apóstoles predicaron ante todo el pueblo (Hch 3,11ss.; 4,1ss.; 5,25.40.42) como se confirma por la reacción de las autoridades judías (Hch 4,1ss.; 5,17ss.), y por el crecimiento de la comunidad (Hch 1,15; 2,41.47; 4,4; 5,14; 6,7; 9,31). La misión de Pedro entre los judíos fue más allá de Jerusalén (Hch 9,32-43; Gal 2,8; l Cor 9,5). Bernabé había aprobado la conversión de los griegos en Antioquía (Hch 11,20-24). También Bernabé acogió a Saulo de Tarso y le llevó a Antioquía donde ambos predicaron durante un año (Hch 11,25-26). Bernabé acompañó a Pablo en su primer viaje misional (Hch 13-14). Santiago estaba ya conforme con el Evangelio de Pablo y con su misión entre los gentiles (Hch 15,3-4.12; Gal 2,6-10). En la Iglesia se admitieron sacerdotes (Hch 6,7), fariseos (Hch 15,5), hebreos y helenistas (Hch 6,1), indígenas y extranjeros (Hch 8,26-40), samaritanos (Hch 8,4-8) y gentiles (Hch 10; 11,19-24). La conciencia misional de la Iglesia no aparece, pues, como un oportunismo, sino como una exigencia de su propia naturaleza. La reflexión teológica formuló muy bien el destino universal de la salvación para los gentiles (Rom 10,14 ss.; 15,15-16.19.28; Ef 3,1-13). Pero «primero» estaban los judíos, y primero estaba Jerusalén (Hch 2,38; 3,19.26; 5,31; 13,46; Mc 7,27; Rom 1,16; 2,9ss.). El mismo Pablo tiene a Jerusalén como centro de las Iglesias: «de suerte que desde Jerusalén hasta la Iliria y en todas direcciones he predicado cumplidamente el Evangelio de Cristo» (Rom 15,19). Es la Iglesia de Jerusalén la que ha compartido con las Iglesias de la gentilidad los bienes espirituales que ella poseía (Rom 15,27; cfr. 9,4). La supremacía de la Iglesia madre de Jerusalén la reconoció S. Pablo buscando la aprobación de los apóstoles de Jerusalén (Gal 2,2), y con la colecta en su favor que él califica de «servicio sagrado» (2 Cor 9,12-14). Es decir, hay una economía histórica de la salvación, en la cual Israel tiene la primacía, y Jerusalén es la ciudad escatológica desde donde se extiende la salvación. Después de todo esto, Israel será salvado (Rom 11,25ss.).
Para un estudio más detallado se puede seguir este orden:
  1. Expansión y conversiones entre los gentiles
  2. La figura de Pedro
  3. La Iglesia de Antioquía: el cristianismo, religión universal
  4. Los primeros cristianos de Roma




    1. San Pablo y la predicación a los gentiles
San Pablo y la predicación de los gentiles

 

  1. Evangelio predicado por San Pablo
  2. El Concilio de Jerusalén
  3. Las primeras cartas
  4. Situación geográfica y trasfondo de las comunidades paulinas
  5. Otras cartas paulinas
  6. Época subapostólica: consolidación de la recta doctrina y del ministerio

    1. Otros desarrollos de la Iglesia en la época apostólica
Otros desarrollos de la Iglesia en la época apostólica

 

  1. Descripción de las diversas Iglesias; consideración especial de la Iglesias relacionadas con el Apóstol San Juan
  2. El judeocristianismo
  3. la difusión del cristianismo a mediados del siglo II
  4. ¿Cómo ocurrió la expansión de la primitiva Iglesia?

    1. La Iglesia a partir de la época apostólica y subapostólica
La Iglesia a partir de la época apostólica y subapostólica

 

  1. El tiempo de la Iglesia como tiempo de la predicación del Evangelio, de la fe, del testimonio y del mérito: la Iglesia, comunidad de creyentes e instrumento de salvación
  2. La perennidad, hasta el fin de los tiempos, de la figura de la Iglesia tal y como fue establecida por Cristo.
A continuación te pongo un breve video sobre la expansión geográfica del cristianismo en los primeros siglos de nuestra era:(pincha el enlace que sigue)


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vFpI4J_QiZM


Cielo, Purgatorio e infierno en las catequesis de Juan Pablo II


AUDIENCIA
Miércoles 21 de Julio 1999
El «cielo» como plenitud de intimidad con Dios

1 . Cuando haya pasado la figura de este mundo, los que hayan acogido a Dios en su vida y se hayan abierto sinceramente a su amor, por lo menos en el momento de la muerte, podrán gozar de la plenitud de comunión con Dios, que constituye la meta de la existencia humana.
Como enseña el Catecismo de la Iglesia católica, «esta vida perfecta con la santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo". El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones mas profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha» (n. 1024).
Hoy queremos tratar de comprender el sentido bíblico del «cielo», para poder entender mejor la realidad a la que remite esa expresión.

2. En el lenguaje bíblico el «cielo», cuando va unido a la «tierra», indica una parte del universo. A propósito de la creación, la Escritura dice: «En un principio creo Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1).
En sentido metafórico, el cielo se entiende como morada de Dios, que en. eso se distingue de los hombres (cf. Sal, 104, 2 s; 115, 16; Is 66, l). Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga (cf. Sal 113, 4-9) y baja cuando se le invoca (cf. Sal 18, 7. 10; 144, 5). Sin embargo, la metáfora bíblica da a entender que Dios ni se identifica con el cielo ni puede ser encerrado en el cielo (cf. 1R 8, 27); y eso es verdad, a pesar de que en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos «el cielo» es simplemente un nombre de Dios (cf. 1M 3, 18. 19. 50. 60; 4, 24. 55). A la representación del cielo como morada trascendente del Dios vivo, se añade la de lugar al que también los creyentes pueden, por gracia, subir, como muestran en el Antiguo Testamento las historias de Enoc (cf. Gn 5, 24) y Elías (cf. 2R 2, 11). Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios. En este sentido, Jesús habla de «recompensa en los cielos» (Mt 5, 12) y exhorta a «amontonar tesoros en el cielo» (Mt 6, 20; cf. 19, 21).

3. El Nuevo Testamento profundiza la idea del cielo también en relación con el misterio de Cristo. Para indicar qué el sacrificio del Redentor asume valor perfecto y definitivo, la carta a los Hebreos afirma que Jesús «penetró los cielos» (Hb 4, 14) y «no penetró en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo» (Hb 9, 24). Luego, los creyentes, en cuanto amados de modo especial por el Padre, son resucitados con Cristo y hechos ciudadanos del cielo.
Vale la pena escuchar lo que a este respecto nos dice el apóstol Pablo en un texto de gran intensidad: «Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados— y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Ef 2, 4-7). Las criaturas experimentan la paternidad de Dios, rico en misericordia, a través del amor del Hijo de Dios, crucificado y resucitado, el cual, como Señor, está sentado en los cielos a la derecha del Padre.

4. Así pues, la participación en la completa intimidad con el Padre, después del recorrido de nuestra vida terrena, pasa por la inserción en el misterio pascual de Cristo. San Pablo subraya con una imagen espacial muy intensa este caminar nuestro hacia Cristo en los cielos al final de los tiempos: «Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos (los muertos resucitados), al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolados, pues, mutuamente con estas palabras» (1Ts 4, 17-18).
En el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la «bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima Trinidad. Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado gracias a la comunión del Espíritu Santo.
Es preciso mantener siempre cierta. sobriedad al describir estas realidades últimas, ya que su representación resulta siempre inadecuada. Hoy el lenguaje personalista logra reflejar de una forma menos impropia la situación de felicidad y paz en que nos situará la comunión definitiva con Dios.
El Catecismo de la Iglesia católica sintetiza la enseñanza eclesial sobre esta verdad afirmando que, «por su muerte y su resurrección, Jesucristo nos ha abierto» el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo, que asocia a su glorificación celestial a quienes han creído en él y han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a él» (n. 1026).

5. Con todo, esta situación final se puede anticipar de alguna manera hoy, ,tanto en la vida sacramental, cuyo centro es la Eucaristía, como en el don de sí mismo mediante la caridad fraterna. Si sabemos gozar ordenadamente de los bienes que el Señor nos regala cada día, experimentaremos ya la alegría y la paz de que un día gozaremos plenamente. Sabemos que en esta fase terrena todo tiene límite; sin embargo, el pensamiento de las realidades últimas nos ayuda a vivir bien las realidades penúltimas. Somos conscientes de que mientras caminamos en este mundo estamos llamados a buscar «las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 3, 1), para estar con él en el cumplimiento escatológico, cuando en el Espíritu él reconcilie totalmente con el Padre «lo que hay en la tierra y en los cielos» (Col 1, 20).


AUDIENCIA
Miércoles 28 de Julio 1999
El infierno como rechazo definitivo de Dios

1. Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno».
Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida.

2. Para describir esta realidad, a sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente. En el Antiguo Testamento, la condición de los muertos no estaba aún plenamente iluminada por la Revelación. En efecto, por lo general, se pensaba que los muertos se reunían en el sheol, un lugar de tinieblas (cf. Ez 28, 8; 31, 14; Jb 10, 21 ss; 38, 17; Sal 30, 10; 88, 7. 13), una fosa de la que no se puede salir (cf. Jb 7, 9), un lugar en el que no es posible dar gloria a Dios (cf. Is 38, 18; Sal 6, 6).
El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con su resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido su poder liberador también en el reino de los muertos.
Sin embargo, la redención sigue siendo un ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con libertad. Por eso, cada uno será juzgado «de acuerdo con sus obras» (Ap 20, 13). Recurriendo a imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los obradores de iniquidad como un horno ardiente, donde «será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 13, 42; cf. 25, 30. 41) o como la gehenna de «fuego que no se apaga» (Mc 9, 43). Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola del rico epulón, en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación del dolor (cf. Le 16, 19-31).
También el Apocalipsis representa plásticamente en un «lago de fuego» a los que no se hallan inscritos en el Ebro de la vida, yendo así al encuentro de una «segunda muerte» (Ap 20, 13 ss). Por consiguiente, quienes se obstinan en no abrirse al Evangelio, se predisponen a «una ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2 Ts 1,9).

3. Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los datos de, la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno» (n. 1033).
Por eso, la «condenación» no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor. La «condenación» consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción. La sentencia de Dios ratifica ese estado.

4. La fe cristiana enseña que, en el riesgo del «sí» y del «no» que caracteriza la libertad de las criaturas, alguien ha dicho ya «o». Se trata de las criaturas espirituales que se rebelaron contra el amor de Dios y a las que se llama demonios (cf. concilio IV de Letrán: DS 800-801). Para nosotros, los seres humanos, esa historia resuena como una advertencia: nos exhorta continuamente a evitar la tragedia en la que desemboca el pecado y a vivir nuestra vida según el modelo de Jesús, que siempre dijo «sí» a Dios.
La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella. El pensamiento del infierno —y mucho menos la utilización impropia de las imágenes bíblicas— no debe crear psicosis o angustia; pero representa una exhortación necesaria y saludable a la libertad, dentro del anuncio de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace invocar «Abbá, Padre» (Rm 8, 15; Ga 4, 6).
Esta perspectiva, llena de esperanza, prevalece en el anuncio cristiano. Se refleja eficazmente en la tradición litúrgica de la Iglesia, como lo atestiguan, por ejemplo, las palabras del Canon Romano: «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa ( ... ), líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos».


AUDIENCIA
 
Miércoles 4 de Agosto 1999
El purgatorio: purificación necesaria para el encuentro con Dios

1. Como hemos visto en las dos catequesis anteriores, a partir de la opción definitiva por Dios o contra Dios, el hombre se encuentra ante una alternativa: o vive con el Señor en la bienaventuranza eterna, o permanece alejado de su presencia.
Para cuantos se encuentran en la condición de apertura a Dios, pero de un modo imperfecto, el camino hacia la bienaventuranza plena requiere una purificación, que la fe de la Iglesia ilustra mediante la doctrina del «purgatorio» (cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1030-1032).

2. En la sagrada Escritura se pueden captar algunos elementos que ayudan a comprender el sentido de esta doctrina, aunque no esté enunciada de modo explícito. Expresan la convicción de que no se puede acceder a Dios sin pasar a través de algún tipo de purificación.
Según la legislación religiosa del Antiguo Testamento, lo que está destinado a Dios debe ser perfecto. En consecuencia, también la integridad física es particularmente exigida para las realidades que entran en contacto con Dios en el plano sacrificial, como, por ejemplo, los animales para inmolar (cf. Lv 22, 22), o en el institucional, como en el caso de los sacerdotes, ministros del culto (cf. Lv 21, 17-23). A esta integridad física debe corresponder una entrega total, tanto de las personas como de la colectividad (cf. 1R 8, 61), al Dios de la alianza de acuerdo con las grandes enseñanzas del Deuteronomio (cf. Dt 6, 5). Se trata de amar a Dios con todo el ser, con pureza de corazón y con el testimonio de las obras (cf . Dt 10, 12 s).
La exigencia de integridad se impone evidentemente después de la muerte, para entrar en la comunión perfecta y definitiva con Dios. Quien no tiene esta integridad debe pasar por la purificación. Un texto de san Pablo lo sugiere.
El Apóstol habla del valor de la obra de cada uno, que se revelará el día del juicio, v dice: «Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento (Cristo), resista, recibirá la recompensa. Mas aquel, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego» (1Co 3, 14-15).

3. Para alcanzar un estado de integridad perfecta es necesaria, a veces, la intercesión o la mediación de una persona. Por ejemplo, Moisés obtiene el perdón del pueblo con una súplica, en la que evoca la obra salvífica rea izada por Dios en el pasado e invoca si fidelidad al juramento hecho a los padres (cf. Ex 32, 30 y vv. 11-13). La figura del Siervo del Señor, delineada por el libro de Isaías, se caracteriza también por su función de interceder y expiar en favor de muchos; al término de sus sufrimientos, él «verá la luz» y «justificará a muchos», cargando con sus culpas (cf. Is 52, 13-53, 12, especialmente, 53, 11).
El Salmo 51 puede considerarse, desde la visión del Antiguo Testamento, una síntesis del proceso de reintegración: el pecador confiesa y reconoce la propia culpa (v. 6), y pide insistentemente ser purificado o «lavado» (vv. 4. 9. 12 y 16), para poder proclamar la alabanza divina (v. 17).

4. El Nuevo Testamento presenta a Cristo como el intercesor, que desempeña las funciones del sumo sacerdote el día de la expiación (cf. Hb 5, 7; 7, 25). Pero en él el sacerdocio presenta una configuración nueva y definitiva. Él entra una sola vez en el santuario celestial para interceder ante Dios en favor nuestro (cf. Hb 9, 23-26, especialmente el v. 24). Es Sacerdote y, al mismo tiempo, «víctima de propiciación» por los pecados de todo el mundo (cf. 1 Jn 2, 2).
Jesús, como el gran intercesor que expía por nosotros, se revelará plenamente al final de nuestra vida, cuando se manifieste con el ofrecimiento de misericordia, pero también con el juicio inevitable para quien rechaza el amor y el perdón del Padre.
El ofrecimiento de misericordia no excluye el deber de presentarnos puros o íntegros ante Dios, ricos de esa caridad que Pablo llama «vínculo de la perfección» (Col 3, 14).

5. Durante nuestra vida terrena, siguiendo la exhortación evangélica a ser perfectos como el Padre celestial (cf. Mt 5, 48), estamos llamados a crecer en el amor, para hallarnos firmes e irreprensibles en presencia de Dios Padre, en el momento de «la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos» (1Ts 3, 12 s). Por otra parte, estamos invitados a «purificamos de toda mancha de la carne y del espíritu» (2Co 7, 1; cf. 1 Jn 3, 3), porque el encuentro con Dios requiere una pureza absoluta.
Hay que eliminar todo vestigio de apego al mal y corregir toda imperfección del alma. La purificación debe ser completa, y precisamente esto es lo que enseña la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio. Este término no indica un lugar, sino una condición de vida. Quienes después de la muerte viven en un estado de purificación ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección (cf. concilio ecuménico de Florencia, Decretum pro Graecis: Denzinger-Schönmetzer, 1304; concilio ecuménico de Trento, Decretum de justificatione y Decretum de purgatorio: ib., 1580 y 1820).
Hay que precisar que el estado de purificación no es una prolongación de la situación terrena, como si después de la muerte se diera una ulterior posibilidad de cambiar el propio destino. La enseñanza de la Iglesia a este propósito es inequívoca, y ha sido reafirmada por el concilio Vaticano 11, que enseña: «Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en tierra (cf. Hb 9, 27), mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde "habrá llanto y rechinar de dientes" (Mt 22, 13 y 25, 30)» (Lumen gentium, 48).

6. Hay que proponer hoy de nuevo un último aspecto importante, que la tradición de la Iglesia siempre ha puesto de relieve: la dimensión comunitaria. En efecto, quienes se encuentran en la condición de purificación están unidos tanto a los bienaventurados, que ya gozan plenamente de la vida eterna, como a nosotros, que caminamos en este mundo hacia la casa del Padre (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1032).
Así como en la vida terrena los creyentes están unidos entre sí en el único Cuerpo místico, así también después de la muerte los que viven en estado de purificación experimentan la misma solidaridad eclesial que actúa en la oración, en los sufragios y en la caridad de los demás hermanos en la fe. La purificación se realiza en el vínculo esencial que se crea entre quienes viven la vida del tiempo presente y quienes ya gozan de la bienaventuranza eterna.



AUDIENCIA
Miércoles 11 de Agosto 1999
Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber meditado sobre la vida eterna, reflexionamos ahora sobre el camino que conduce a ella. Toda la vida cristiana es como una gran peregrinación hacia la casa del Padre, peregrinación que afecta a lo íntimo de la persona y se prolonga después a la comunidad creyente para alcanzar a la humanidad entera (cf. TMA 49).
El Antiguo Testamento prepara el anuncio de esta verdad mediante el Éxodo: el camino del pueblo elegido hacia la tierra prometida. El Nuevo Testamento anuncia el cumplimiento de esta gran expectativa señalando en Cristo al Salvador del mundo. Así pues, según el designio divino, el presente es el tiempo del «ya, pero todavía no»: tiempo de la salvación ya realizada y del camino hacia su perfecta actuación. La vida cristiana exige, por tanto, tener la mirada puesta en la meta, las realidades últimas, pero al mismo tiempo comprometerse en las realidades temporales. Entre ellas no hay oposición, sino mutua relación.

Cielo, Infierno y Purgatorio según Santa Faustina


Visión del Cielo
El 27 de noviembre de 1936, cuando la debilidad la llevó a la cama, escribió la siguiente visión del cielo: "Hoy día, estuve en el cielo en espíritu, y vi sus bellezas incomparables y la felicidad que nos espera para después de la muerte. Cómo todas las criaturas alaban y dan gracias a Dios sin cesar...Esta fuente de felicidad es invariable en su esencia, pero es siempre nueva, derramando felicidad para todas las criaturas. Dios me ha hecho entender que hay una cosa de un valor infinito a Sus ojos, y eso es, el amor a Dios; amor, amor y nuevamente amor, y nada puede compararse a un solo acto de amor a Dios.

Dios en su gran majestad, es adorado por los espíritus celestiales, de acuerdo a sus grados de gracias y jerarquías en que son divididas, no me causó temor ni susto; mi alma estaba llena de paz y amor; y mientras más conozco la grandeza de Dios, más me alegro de que El sea El que es. Me regocijo inmensamente en Su grandeza y me alegro de que soy tan pequeña, ya que siendo tan pequeña, El me carga en Sus brazos y me aprieta a Su corazón" (777-780).

Los siguientes años fueron un entrenamiento del Señor. Ella no sabía lo que Dios estaba haciendo en ella, pero su respuesta era firme e invariable: si Señor, haz en mi tu voluntad. Algo que ella si veía en todo esto era que el Señor quería su obediencia. Santa Faustina siempre mantuvo una fuerte relación con Dios, sin saber de antemano el camino que Dios trazaba para ella.



Visión del Infierno
Durante un retiro de ocho días en octubre de 1936, se le mostró a Sor Faustina el abismo del infierno con sus varios tormentos, y por pedido de Jesús ella dejó una descripción de lo que se le permitió ver: "Hoy día fui llevada por un Ángel al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y, extenso es!. Las clases de torturas que vi:
La primera es la privación de Dios;
la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia;
la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;
la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla -un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual,-prendido por la ira de Dios.
La quinta es una oscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos;
la sexta es la compañía constante de Satanás;
la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.
Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido.

Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie a estado ahí y por lo tanto, nadie puede describirlo."

El Señor fue preparando de esta forma el corazón de Santa Faustina para que por medio de su intercesión se salvaran muchas almas


Visión del Purgatorio
Mientras estaba en Skolimow, casi al final de su Postulantado, Santa Faustina le preguntó al Señor por quién mas debía orar y la noche siguiente tuvo esta visión. "Esa noche vi a mi ángel de la Guarda, quien me pidió que lo siguiera. En un momento me vi en un lugar lleno de fuego y de almas sufrientes. Estaban orando fervientemente por si mismas pero no era válido, solamente nosotras podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban no podían tocarme. Mi ángel de la guarda no me dejó sola ni un momento. Yo pregunté a las almas que es lo que mas las hacía sufrir. Ellas me contestaron que era el sentirse abandonadas por Dios...Vi a Nuestra Señora visitando a las almas del Purgatorio, la llamaban Estrella del Mar. Luego mi ángel guardián me pidió que regresáramos, al salir de esta prisión de sufrimiento, escuché la voz interior del Señor que decía: ‘Mi Misericordia no quiere esto, pero lo pide mi Justicia’".

Aspectos generales sobre la Palabra de Dios

 




La Palabra de Dios constituye una de las fuentes principales de la oración, de nuestra amistad con Dios. Para querer a alguien, para ser amigos de él, es necesario conocerlo y tratar con él. Es difícil hacer amigos a distancia sin conocerse.
Una amistad con Cristo desligada de la Palabra, es débil y pobre. Es lejana y rutinaria.
 
LA PALABRA DE DIOS
 
1. Es la revelación con la cual Él se nos da a conocer ¿Qué sería, de nosotros.... si Dios no se hubiera, revelado? ¿Qué sabríamos de él? ¿Cómo lo conoceríamos? Entonces... sólo algunos hubieran gozado del privilegio... Un regalo maravilloso de Dios es que se nos de a conocer y que nosotros a través de la Biblia lo podamos conocer. Si no hubiera sido así... estaríamos en la incertidumbre de no saber cómo agradar a Dios y que quiere El de nosotros.
Dios se nos revela a nosotros, se nos da a conocer, revelando su amor para con nosotros. El es un misterio que se abre para que el hombre participe de su amor, El corazón de todo el mensaje de las escritoras sagradas es el Amor inmenso e infinito de Dios por el Hombre. Lo creó por amor. Lo salvó en Cristo por amor. le envió su Espíritu Santo, que es el amor de Dios, para que lo pudiera amar…
 
2. El se da a conocer y nos da a conocer su plan de salvación. Nos enseña de qué maneras y en qué forma obra su plan redentor, para que todos los hombres de todos los tiempos se salven.
 
3. La revelación de Dios llega a su plenitud en Cristo. Cristo es quien nos viene a revelar al Padre y a obrar nuestra salvación con su muerte en Cruz y su resurrección. De allí que los 4 Evangelios (Mateo, Marcos. Lucas y Juan) constituyen el corazón de las Escrituras.
 
4. La Palabra de Dios es inspirada por Dios. Dios se sirvió de diferentes hombres y los iluminó de su Espíritu para que pusieran por escrito Todo y solo lo que Dios, quería revelarnos.
5. En la sagrada escritura está contenido todo lo que el hombre necesita para salvarse. La Revelación Divina se cerró con el último libro de la Sagrada Escritura, aunque viniera un ángel desde el cielo, éste no podría cambiar nada de la Palabra de Dios...
 
6. En ella no hay error. Es la verdad de Dios que no se equivoca en darnos a conocer el sentido de nuestra vida y el fin de ella. No se trata de una verdad histórica, sino más bien de una verdad religiosa.
 
7. Por ser la palabra de DIOS, es DIOS quien habla. Dios quien se revela y da a conocer. Ello hace que la Palabra sea EFICAZ. Es decir goza de una potencia divina que va transformando el corazón del, hombre. Es la Semilla que cae tierra buena y produce frutos.
 
8. Para amar a Jesucristo, para ser sus amigo, y un verdadero cristiano es fundamental, la lectura diaria de la Palabra de Dios. San Jerónimo decía: "Quien ignora o desconoce las Escrituras, desconoce o ignora a Jesucristo".
 
No sólo es necesario leerlas, sino también meditarlas con el corazón. En la meditación tienes la oportunidad de escuchar a Dios. Cuando tu oras, tú le hablas, pero cuando tu lees la Palabra de Dios, lo escuchas a ÉL.
 
También es fundamental la meditación, por que cuando un la lee, está buscando a Dios en ellas... pero cuando tú la meditas... lo encuentras a Él (San Guido)