| ¿Qué pasó con aquellos deseos que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir: "¡Ahora sí, este año sí! | |
Son las 12. Las 12 de la noche. Parece que los meses del año que termina, con sus días y sus horas se columpian en cada una de ellas... Doce meses, doce campanadas. El año se va. El año se acaba. Se esfuman los doce meses como en un conjuro de tiempo y eternidad. Los tuvimos en nuestras manos paro ya no volverán. Fueron instantes nuestros, únicos e irrepetibles, vividos dentro de nuestro libre albedrío, hora tras hora y ahora se van, perdiéndose en la noche última del año. La noche vieja. El poeta dice: El indivisible tiempo lo hemos dividido en años y así decimos que pasa cuando nosotros pasamos. Así es, decimos que el tiempo se va cuando somos nosotros los que nos vamos. Decimos que el tiempo corre, que el tiempo vuela, pero los que corremos, los que volamos sobre el tiempo somos nosotros. El tiempo siempre está, el tiempo ni tiene tiempo, ni es joven ni viejo, nosotros si. Las 12. Es Noche Vieja. Un año nuevo está por comenzar. Las 12 horas del 31 de diciembre. ¿Qué hicimos con estos trescientos sesenta y cinco días? ¿Qué dijimos, qué pensamos una noche como esta pero del año pasado? ¡Cuántos planes, cuántas promesas, cuántos propósitos! ¿Somos los mismos de aquella noche de otras muchas noches o sentimos que fuimos limando las aristas de nuestro carácter, rellenando "baches" en los que caíamos una y otra vez, quitando obstáculos, que quizá amábamos pero que nos hacían tropezar en nuestro plan de ser mejores como seres humanos en nuestra plenitud y dignidad? ¿Qué pasó con aquellos deseos vehementes que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir: "¡Ahora sí, este año nuevo sí! Poco a poco se nos fueron aminorando las fuerzas, el entusiasmo, y llegó esa desgana o indiferencia por las cosas. La bruma de la rutina nos envolvió en sus días grises y nos heló el corazón y el coraje. O no fue así... y sentimos que sí ha habido un cambio positivo. Que el sol del amor nos arropa y podemos repartir el calor que hay en nuestra alma a los demás. Que estamos en pie de lucha, que las 12 campanadas resuenan en nuestro corazón como el tañer de las campanas de la ermita invitándonos a orar. Que cada campanada se un: Perdón y gracias, Dios mío, me estás regalando otro año para crecer en la fe y en el amor a Ti y a los demás. El tiempo pasado está en Tus manos , el que comienza en las mías, pero quiero que Tu me acompañes a vivirlo!. Y con el año que se va y el nuevo que comienza, en esta Noche Vieja, la más vieja del año, recordamos al poeta que nos dice: Un año más, no mires con desvelo la carrera veloz del tiempo alado que un año más en la virtud pasado un paso es más que te aproxima al cielo. Y siguiendo con los versos terminaremos esta pequeña reflexión con uno que una noche como esta me inspiro: Esta noche es "noche-vieja" y yo hago un alto en mi camino, sentada bajo la luna abro mi alforja y la miro. ¿Qué es lo que tengo en ella? Oro y plata:-Te lo cambio por la sonrisa de un niño. Quiero caminar descalza por lo prados con rocío quiero soltar mis amarras y extender libre mis alas y sentir mi poderío. Poderío y libertad olvidando el claro-oscuro de ambiciones que esclavizan tan pesadas como un yugo. Esta noche es "noche vieja" tengo el alma transparente, cuando llegue el año nuevo que me encuentre en la vereda como quién vuelve a nacer, sin sandalias ,sin alforja, con la piel limpia de luna las estrellas en mi pelo y cantando el "aleluya". Esta noche es noche vieja, y yo tengo el alma nueva... ¡quién lo pudiera creer! |
*"Deja el amor del mundo y sus dulcedumbres, como sueños de los que uno despierta; arroja tus cuidados, abandona todo pensamiento vano, renuncia a tu cuerpo. Porque vivir de la oración no significa sino enajenarse del mundo visible e invisible. Nada. A no ser el unirme a Ti en la oración de recogimiento. Unos desean la gloria; otros las riquezas. Yo anhelo sólo a Dios y pongo en Ti solamente la esperanza de mi alma devastada por la pasión"
sábado, 31 de diciembre de 2011
La noche vieja
Y la Palabra se hizo carne
| Juan 1, 1-18. Navidad. Dios no sólo es el creador del universo, sino que es Padre, que nos eligió antes de crear el mundo. | |
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado. Oración introductoria Jesús mío, cada vez que contemplo tu infinita bondad y misericordia en el misterio de tu encarnación, no puedo más que agradecerte semejante regalo, el más grande que de nadie he recibido. Hazme siempre valorar tu amor por mí y por cada uno de los hombres mis hermanos. Petición Señor Jesucristo, que quisiste hacerte carne para mostrarnos los secretos de tu humildad y tu pobreza, concédeme la fuerzas para seguir tu ejemplo en mi vida cotidiana. Meditación del Papa Este texto afirma que Dios no sólo es el creador del universo —aspecto común también a otras religiones— sino que es Padre, que "nos eligió antes de crear el mundo (...) predestinándonos a ser sus hijos adoptivos" (Ef 1, 4-5) y que por esto llegó hasta el punto inconcebible de hacerse hombre: "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1, 14). El misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios fue preparado en el Antiguo Testamento, especialmente donde la Sabiduría divina se identifica con la Ley de Moisés. En efecto, la misma Sabiduría afirma: "El creador del universo me hizo plantar mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel"" (Si 24, 8). En Jesucristo, la Ley de Dios se ha hecho testimonio vivo, escrita en el corazón de un hombre en el que, por la acción del Espíritu Santo, reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad (cf. Col 2, 9). Queridos amigos, esta es la verdadera razón de la esperanza de la humanidad: la historia tiene un sentido, porque en ella "habita" la Sabiduría de Dios. Sin embargo, el designio divino no se cumple automáticamente, porque es un proyecto de amor, y el amor genera libertad y pide libertad. Ciertamente, el reino de Dios viene, más aún, ya está presente en la historia y, gracias a la venida de Cristo, ya ha vencido a la fuerza negativa del maligno Cada vez que el Señor quiere dar un paso adelante, junto con nosotros, hacia la "tierra prometida", llama primero a nuestro corazón; espera, por decirlo así, nuestro "sí", tanto en las pequeñas decisiones como en las grandes. (Benedicto XVI, Ángelus, domingo 3 de enero de 2010) Reflexión La encarnación del Verbo, no es sino el evento más grande sucedido en la historia. Es el acto de humildad y pobreza por excelencia; porque Él, siendo Dios, se anonadó haciéndose uno como nosotros, y Él, que era rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Jesús nos ha mostrado la verdad sobre el amor: la caridad del que está dispuesto a olvidarse de sí mismo y buscar el bien del otro, de otro que –como nosotros– está necesitado de cosas materiales sí, pero más de amor. La caridad nunca será inactiva. Propósito El día de hoy buscaré hacer un acto de caridad oculto hacia una persona necesitada. Diálogo con Cristo Jesús, quiero ser como Tú, quiero vivir la caridad como Tú lo hiciste. Tu entrega hacia nosotros, hacia mí, me llena de ánimo y me da fuerzas para darme sin reservas a mis hermanos. Darles mi amor y enriquecerlos con mi amor. Enséñame a amar la santa caridad que prefiere hacerse pobre olvidándose de sí para colmar de amor a los demás. "La contemplación del Verbo de Dios hecho hombre no nos descubre su gloria, sino que nos revela más bien su humildad y pobreza". (Pablo VI, Audiencia general, miércoles 11 de enero de 1978) |
viernes, 30 de diciembre de 2011
Simeón
La Profecía de Simeón Asocia a María al Destino Doloroso de su Hijo
Audiencia general de SS. Juan Pablo II
18 de diciembre de 1997.
1. Después de haber reconocido en Jesús la "luz para alumbrar a las naciones" (Lc2, 32), Simeón anuncia a María la gran prueba a la que está llamado el Mesías y le revela su participación en ese destino doloroso.
La referencia al sacrificio redentor, ausente en la Anunciación, ha impulsado a ver en el oráculo de Simeón casi un "segundo anuncio" (Redemptoris Mater, 16), que llevará a la Virgen a un entendimiento más profundo del misterio de su Hijo.
Simeón, que hasta ese momento se había dirigido a todos los presentes, bendiciendo en particular a José y María, ahora predice sólo a la Virgen que participará en el destino de su Hijo. inspirado por el Espíritu Santo, le anuncia: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones"(Lc 2, 34-35).
2. Estas palabras predicen un futuro de sufrimiento para el Mesías. En efecto, será el "signo de contradicción", destinado a encontrar una dura oposición en sus contemporáneos. Pero Simeón une al sufrimiento de Cristo la visión del alma de María atravesada por la espada, asociando de ese modo a la Madre al destino doloroso de su Hijo.
Así, el santo anciano, a la vez que pone de relieve la creciente hostilidad que va a encontrar el Mesías, subraya las repercusiones que esa hostilidad tendrá en el corazón de la Madre. Ese sufrimiento materno llegará al culmen en la pasión, cuando se unirá a su Hijo en el sacrificio redentor."¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones." (Lc 2, 34-35)
Las palabras de Simeón, pronunciadas después de una alusión a los primeros cantos del Siervo del Señor (cf. Is 42, 6; 49, 6), citados en Lc 2, 32, nos hacen pensar en la profecía del Siervo paciente (cf. Is 52, 13 - 53, 12), el cual, "molido por nuestros pecados" (Is 53, 5), se ofrece "a sí mismo en expiación" (Is 53, 10) mediante un sacrificio personal y espiritual, que supera con mucho los antiguos sacrificios rituales. Podemos advertir aquí que la profecía de Simeón permite vislumbrar en el futuro sufrimiento de María una semejanza notable con el futuro doloroso del "Siervo".
3. María y José manifiestan su admiración cuando Simeón proclama a Jesús "luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel" (Lc 2, 32). María, en cambio, ante la profecía de la espada que le atravesará el alma, no dice nada. Acoge en silencio, al igual que José, esas palabras misteriosas que hacen presagiar una prueba muy dolorosa y expresan el significado más auténtico de la presentación de Jesús en el templo.
En efecto, según el plan divino, el sacrificio ofrecido entonces de "un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley" (Lc 2, 24) era un preludio del sacrificio de Jesús, "manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29); en él se haría la verdadera "presentación" (cf. Lc 2, 22), que asociaría a la Madre a su Hijo en la obra de la redención.
4. Después de la profecía de Simeón se produce el encuentro con la profetisa Ana que también" alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén" (Lc 2, 38). La fe y la sabiduría profética de la anciana que, "sirviendo a Dios noche y día" (Lc 2, 37), mantiene viva con ayunos y oraciones la espera del Mesías, dan a la Sagrada Familia un nuevo impulso a poner su esperanza en el Dios de Israel. En un momento tan particular, María y José seguramente consideraron el comportamiento de Ana como un signo del Señor, un mensaje de fe iluminada y de servicio perseverante.
A partir de la profecía de Simeón, María une de modo intenso y misterioso su vida a la misión dolorosa de Cristo: se convertirá en la fiel cooperadora de su Hijo para la salvación del género humano.
Favores singulares prometidos por Jesús a los devotos de los Dolores del Corazón Traspasado de María Santísima
Innumerables son las gracias que ha prometido Jesucristo a los devotos de los dolores del corazón traspasado de María:
•Los que se encomiendan a la Madre de Dios, recordando sus dolores, alcanzarán antes de morir, la gracia de hacer verdadera penitencia de todos sus pecados.
•Jesús los consolará en sus tribulaciones, señaladamente en las angustias de la muerte.
•Jesús imprimirá en sus almas la memoria de su Pasión, y que en el cielo les dará merecida recompensa.
•Jesús los pondrá en manos de María para que disponga de ellos según su beneplácito y les otorgue las gracias que mas necesitan.
Oración al Corazón Doloroso y Traspasado de María
¡Oh afligida Madre mía! Ya que en la persona de San Juan nos acogisteis como tus hijos al pie de la Cruz, a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos. Alcánzanos, sobre todo, oh tierna y compasiva Madre, la gracias de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amantísimo, a fin de que merezcamos alabarle eternamente en la gloria. Amen
Simeón
Lectura de la Biblia:
El cántico de Simeón
25 He aquí, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre era justo y piadoso; esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 A él le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, entró en el templo; y cuando los padres trajeron al niño Jesús para hacer con él conforme a la costumbre de la ley, 28 Simeón le tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 -Ahora, Soberano Señor,
despide a tu siervo en paz
conforme a tu palabra;
30 porque mis ojos han visto tu salvación
31 que has preparado en presencia de todos los pueblos:
32 luz para revelación de las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
33 Su padre y su madre se maravillaban de las cosas que se decían de él.
34 Y Simeón los bendijo y dijo a María su madre: -He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal que será contradicha,
35 para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma.
Lucas 2:25-35
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII QUINTA ESTACIÓN V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. Lectura Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
Simón de Cirene, de camino hacia casa volviendo del trabajo, se encuentra casualmente con aquella triste comitiva de condenados, un espectáculo quizás habitual para él. Los soldados usan su derecho de coacción y cargan al robusto campesino con la cruz. ¡Qué enojo debe haber sentido al verse improvisamente implicado en el destino de aquellos condenados! Hace lo que debe hacer, ciertamente con mucha repugnancia. El evangelista Marcos menciona también a sus hijos, seguramente conocidos como cristianos, como miembros de aquella comunidad (Mc 15, 21). Del encuentro involuntario ha brotado la fe. Acompañando a Jesús y compartiendo el peso de la cruz, el Cireneo comprendió que era una gracia poder caminar junto a este Crucificado y socorrerlo. El misterio de Jesús sufriente y mudo le llegado al corazón. Jesús, cuyo amor divino es lo único que podía y puede redimir a toda la humanidad, quiere que compartamos su cruz para completar lo que aún falta a sus padecimientos (Col 1, 24). Cada vez que nos acercamos con bondad a quien sufre, a quien es perseguido o está indefenso, compartiendo su sufrimiento, ayudamos a llevar la misma cruz de Jesús. Y así alcanzamos la salvación y podemos contribuir a la salvación del mundo.
Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la gracia de la fe. Ayúdanos a socorrer a nuestro prójimo que sufre, aunque esto contraste con nuestros proyectos y nuestras simpatías. Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar que así caminamos contigo. Danos la gracia de reconocer con gozo que, precisamente compartiendo tu sufrimiento y los sufrimientos de este mundo, nos hacemos servidores de la salvación, y que así podemos ayudar a construir tu cuerpo, la Iglesia.
Todos: Pater noster, qui es in cælis: Quis est homo qui non fleret, VIDEO Quinta estación:El Cireneo ayuda a Jesús |
Propósitos para el Año Nuevo
Ofrecemos una lista de 12 propuestas que pueden ayudarte a definir tus propósitos para el año que comienza.
Es costumbre al fenecer el año, revisar nuestra vida y plantearnos metas y propósitos para el Año Nuevo. Muchos se esfuerzan por realmente cumplir y vivir según los propósitos trazados. Otros tantos -los más- suelen quedarse en el camino. Sus buenos propósitos se quedaron tan solo en buenas intenciones. Pero alguien dice por ahí -y quizás diga bien- que de buenas intenciones, está empedrado el camino del infierno.
Los hijos de Dios debemos ser hombres y mujeres de palabra. Jesús nos enseñó a decir “Sí” cuando sea sí, y a decir “No” cuando sea no. En esta línea, es preciso al definir nuestros propósitos para el año que comienza, tomárnoslos en serio. Y hacer de ellos un verdadero compromiso.
Hay quienes optan por plantearse propósitos materiales: nuevo auto, el viaje jamás realizado, una casa más grande, un mayor sueldo. Esto está bien si es que estos objetivos no se definen como una mera meta -lo cual sería simplemente materialista- sino más bien como medios para algo más importante, como dar un mayor bienestar a la familia.
Unos más, prefieren definir propósitos que les ayuden a ser mejores personas. En esta línea, lectora, lector querido, quisiera compartir contigo una lista de 12 propósitos que pueden ayudarnos a ser sobre todo, mejores cristianos. Se trata de hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras. También de asumir ciertas actitudes y dejar de lado otras tantas.
1. Acercarnos más a Dios. Es innegable que de esto se desprende todo lo demás. Incluso el éxito al lograr cumplir con el resto de nuestros objetivos depende en gran medida de la cercanía a Dios. Pues sin Cristo, nada podemos hacer. Es importante aumentar nuestro tiempo de oración y participar de manera más conciente en los sacramentos. También bendecir siempre nuestros alimentos sea quien sea nuestro comensal. Además, en el 2012 iniciará el “Año de la Fe” proclamado por el Papa Benedicto XVI, de tal suerte que resulta imprescindible acercarnos más a Dios a fin de aumentar nuestra fe y vivir en plenitud este año santo.
2. Confiar más en Dios. Muchos se frustran porque Dios no les habla. ¿Quieres escuchar a Dios? Abre tu empolvada Biblia y léela. Te garantizo que si lo haces con la frecuencia debida -es decir, diario- escucharas de Dios las palabras que necesitas. No le exijas ni demandes favores, pídele todo pidiendo siempre que se haga su voluntad, pues Él sabe cuándo, cómo y en qué medida. Y al tener frente a ti las oportunidades que necesitas, acéptalas. Deja de cuestionar cada oportunidad, quedarte inmóvil y dejar de actuar. Dios te ayuda, pero necesita de tu parte. Dios te inspira, pero necesita de tu inteligencia. Dios te cuida, pero necesita tu confianza. Este año confía más en Dios, acepta lo que te envía y actúa en consecuencia.
3. Dejar de Murmurar y de ver la Paja en Ojo Ajeno. Es increíble lo rápida que es nuestra lengua para desatarse y correr cual caballo desbocado en contra de alguien más. Y lo peor es que muchas veces murmuramos en contra de alguien según nosotros en aras de la justicia divina: porque éste peca mucho, porque ésta gasta mucho dinero, porque este otro es muy sucio y descuidado, porque esta otra es una chismosa, porque este va a misa pero se pelea con todos al salir y entrar en su automóvil, porque esta otra también va a misa pero se queda dormida... La lista es inacabable. ¿Qué tal como propósito de este año dejar de murmurar y mejor mirar a nuestro interior cada vez que algo nos parece mal? Porque es un hecho irrefutable que casi siempre que nos disgusta algo que vemos que otro hace, ¡es porque en el fondo nos disguta que nosotros hacemos lo mismo! Por eso advertía Jesús que es fácil ver paja en el ojo ajeno y no la viga que se lleva en el propio. Hagámonos el propósito de que al sentir la tentación de murmurar, cerrar la boca, ver a nuestro interior y en justicia decidir qué actitud debemos nosotros mismos cambiar, qué debemos dejar de hacer o que debemos comenzar a hacer.
4. Ser Portadores de Ayuda y Generadores de Cambio. Es fácil criticar lo que no nos gusta. Pero eso rara vez sirve de algo. A lo largo de este año, hagámonos el firme propósito de que cada vez que algo nos parezca malo, pensemos cómo ayudar para corregirlo o cambiarlo y actuemos en consecuencia. Si nada podemos hacer, mejor no estorbemos. Igualmente, seamos solícitos para ayudar a todo aquél que lo necesita.
5. Dejar de Ofendernos por Todo y de Pelear contra Todos. Jesús declaró bienaventurados a los mansos, porque heredarán la tierra. La mansedumbre es una virtud que nos ayuda a dejar de lado la violencia. Cuántas personas se ofenden por la forma en que los saluda el empleado de una tienda. Cuántos más se indignan porque el mesero no los vio al pasar frente a ellos. Cuántos estallan porque el conductor de adelante no va más de prisa. Cuántos se encolerizan porque su hija no guardó el cepillo y el espejo. Y en consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman represalias y lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! “¡¿Y cómo no me voy a enojar?!” es su típica justificación. Pero esa actitud no es digna de un hijo de Dios. Este año hagámonos el propósito de evitar pleitos y riñas. Desarrollemos mejor la virtud de la mansedumbre. Además de vivir en paz con los demás, seremos bienaventurados y heredaremos la tierra que el Señor nos tiene prometida.
6. Desarrollar la Pulcritud. Esto a muchos les cuesta trabajo. Pero es necesario reconocer que no podemos comprender el concepto de un “alma limpia” si no somos capaces de vestir una camisa limpia. El desaliño no es virtud, es por el contrario, un vicio terrible. No hay que confundir no ser vanidosos con ser sucios y desaliñados. Ir despeinados, con la ropa sucia y arrugada no es propio de un hijo de Dios. Porque nuestro cuerpo es un templo vivo del Espíritu Santo. Y ese templo debe siempre ser digno, tanto en su interior como en su exterior.
7. Ser más Laboriosos. Sobre todo a los laicos, Dios nos ha confiado el orden de la creación. Debemos trabajar para hacer del mundo que Dios nos ha regalado, uno mejor. Debemos también trabajar para crecer como personas, en talento y dignidad. Para el hijo de Dios, es inaceptable el trabajo a medias, entregado tarde o mal hecho. El hijo de Dios debe poner su sello en todas sus obras. Este año propongámonos hacer nuestro trabajo con pasión y calidad, recordando siempre cuando Dios puso en manos de Adán el Paraíso que había creado.
8. Ser Limpios de Corazón. Jesús prometió que los limpios de corazón verán a Dios. Sin embargo, los programas de TV cada vez más vulgares, las conversaciones con amigos y compañeros de trabajo cargados de palabras soeces, los chistes en doble sentido son fuertes barreras para mantener limpio el corazón. Este año que comienza, comprometámonos a mantener una diversión sana, conversaciones en la línea del respeto y un humor blanco que siempre divierte sin ofender ni contrariar a nadie más.
9. Dar Más Tiempo a Nuestra Familia. Bien que lo sabemos. Pero bien que fingimos excusas para no cumplirlo. Necesitamos trabajar mil horas extras para pagar más horas de guardería y más maestros privados y más cursos de qué se yo para que nuestros hijos estén en un lugar seguro para poder trabajar más para tener más dinero para pagar más guarderías, maestros privados y cursos mientras trabajamos más... El ridículo torbellino que termina por destruir las familias mientras alguien escala peldaños y amasa fortunas. Basta ya. Este año fijemos bien nuestras prioridades: Dios, familia y trabajo. En ese orden. El resto, Dios nos lo dará por añadidura.
10. Disfrutar más la Vida que Dios nos Da. Ya basta de quejarnos de todo. Es suficiente de encontrarle peros a todo. Es hora de dejar de encontrarle a todo su lado malo. Acepta por el contrario con gozo todo lo que Dios te da, agradécelo y alaba al Señor por su bondad.
Encuentra la mano de Dios en todo lo que tienes. Mira a cuántos más les hace falta. Alaba a Dios por cada mañana, por la frescura del agua que corre en la ducha, por el desayuno que te da energía, por el sol que te calienta. Alábalo por la taza de café que te devuelve el buen ánimo, por la galleta dulce que lo acompaña, por quien te hace compañía mientras la bebes. Disfruta al “perder el tiempo” con tus hijos, pues son una de las mayores bendiciones que Dios te ha dado. Disfruta tus ratos de enfermedad, pues te dan tiempo para leer aquél libro pendiente y hasta para acercarte más a Dios. Que este sea uno de nuestros propósitos más firmes para este año. Pues así viviremos en paz, llenos de gozo y siendo infinitamente agradecidos a nuestro Dios.
11. Bajar de Peso. ¿Y por qué no? Este casi siempre es un propósito de Año Nuevo de casi todas las personas adultas. Y curiosamente, es el propósito menos cumplido. Sin embargo, para los hijos de Dios resulta importante porque bajar de peso va más allá que una cuestión de vanidad corporal. El exceso de peso en gran parte se debe al pecado capital de la gula. Y bajo esa óptica es que los cristianos debemos afrontar esta situación. Los pecados capitales se llaman así porque de ellos se desprenden muchos más hasta poner fuertemente en riesgo la integridad de la persona. Quien come demás, desarrolla usualmente otro pecado: la pereza, manifestada en la falta de ejercicio. El exceso al comer suele acompañarse en excesos al beber. Y tras las comidas, al fumar. La cadena puede no tener fin y los riesgos para la salud corporal e innegablemente para la salud del espíritu son muchos. Hagámonos pues el propósito para este año, de declara la guerra a la gula que nos ha esclavizado. Dejar atrás este pecado y mejorar la salud del cuerpo que Dios nos ha dado.
12. Ser Portadores de la Bendición de Dios. Las personas que necesitan de la bendición de Dios no precisan de un momento de éxtasis en que Jesús o la Virgen se les manifiesten y con su mano en la frente los bendigan. Necesitan más bien de cariño, de alguien que los escuche, de alguien que los ayude, de alguien que les dé trabajo, de alguien que les dé pan. Siendo hijos de Dios, hagámonos el propósito este año de ser portadores de las bendiciones de Dios para los demás: con nuestro tiempo, con nuestra ayuda, con nuestras manos, con nuestros labios y con nuestros bienes materiales.
Deseo que esta lista te ayude a definir tus propósitos para el año que comienza. Que Dios te bendiga y sostenga con su mano providente, bendiga todos tus sueños y te ayude a alcanzar cada una de tus metas.
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CARTA A UN ALMA DEPRIMIDA EN NAVIDAD.
Alberto Linero Gómez
Con la ausencia de seres que conocí y amé pero también con la sonrisa tierna de muchos nuevos bebés. Con mis debilidades, tentaciones y pecados, con mis fracasos y descuidos.
Claro que están en mí las fortalezas, las potencialidades y todas las cosas buenas que, gracias a Tu presencia, puede hacer. Si, Señor, aquí estoy tal cual como soy sin máscaras o apariencias.
Aquí estoy para darte gracias por todo lo que viví en este año, por las situaciones de bendición que pude experimentar, por los triunfos, las sonrisas que pude esbozar, por todo lo que me diste y que pude gozar a plenitud.
Gracias por todo lo que he vivido por Ti y para Ti. Sé que has estado presente en cada situación de mi existencia, sé que me has mirado cuando mis ojos cerrados se negaban a verte, se que me has cargado cuando mis piernas se doblaban y no me permitían caminar, se que me haz hablado cuando la mudez de la tristeza no me hacía posible orar.
Te he sentido secarme las lágrimas en los momentos en que el dolor, la pobreza, los embates del mal, la frustración como dagas filosas destrozaban mi interior y me hacían llorar.
Te he visto acompañarme en los instantes en que la soledad era la única que se empeñaba en estar conmigo. Gracias, porque en muchos momentos no te vi ni te sentí, ni pude hablar contigo, ni te oré, pero Tú estabas allí a mi lado para protegerme y bendecirme.
Gracias por todo lo que he experimentado en este año de bendición, porque sé que todo, a pesar de que no lo entienda así, ha sido para mi bendición.
Señor, aquí donde estoy, quiero entregarte el año que llega, quiero abandonarme en tus manos para vivir en alegría, paz, amor, bondad y esperanza cada uno de los días del próximo año.
Señor, quiero en este momento pedirte que me bendigas, me llenes de tu felicidad, y de tu prosperidad, quiero vivir este próximo año como una muestra de tu amor por Ti, quiero alejar de mi mente cualquier pensamiento negativo, cualquier miedo , cualquier pesimismo, quiero decirte que te amo y que confío plenamente en ti.
Señor, sé que Tú no me dejarás en ningún momento del próximo año, por eso desde ya te entrego cada momento de dolor, de dificultad, de tristeza que tenga que vivir, sé Tu quien haga que pueda vencer cada obstáculo y me acerque a Ti, necesito tu protección, que seas mi escudo para que nada ni nadie me haga daño.
Necesito tu prosperidad, esto es, que mi trabajo y mis fuerzas se vean fructificados con los dones necesarios para vivir dignamente. Necesito tu salud para que mi condición débil y frágil se vea fortalecida y pueda ser testimonio de tu poder.
Necesito tu perdón por cada una de mis equivocaciones concientes. Señor, estoy seguro que el próximo año será un tiempo de gracia y de bendición. Hoy cuando agoniza este año quiero celebrar todo lo bueno que Tú me darás en el futuro inmediato.
Señor, quiero pedirte por las personas que están a mi alrededor, por los que amo y los que me aman, Señor, sé Tu su luz y su camino, su bendición y su protección. Pero también quiero pedirte por los que no me aman, para que tu Señor devuelvas bendiciones por cada deseo malo que tengan hacia mí, para que Tú se lo devuelvas en bien.,
Señor, Danos amor y paz a todos y haznos felices. Amén.
Cuán Grande es Dios
Cuando recuerdo el amor divino, que entregó a su hijo para salvarme a mi, quien sufrió y murió en una cruz, solo puedo agradecerle a Dios y decirle Cuan Grande Eres, Cuan Grande es tu Amor por mi. Gracias mi Dios.
Señor mi Dios al contemplar los cielos el firmamento y las estrellas mil
al oír tu voz en los potentes truenos y ver brillar el sol en su senir.
Mi corazón entona la canción Cuan grande es ,
cuan grande es Él.
Cuando recuerdo del amor divino
Que desde el el cielo al salvador envió
aquel Jesús que por salvarme vino y en una cruz sufrió por mi, murió.
Cuando mi Dios me llame a su presencia
Al dulce hogar al cielo de esplendor,
le adoraré cantando la grandeza de su poder y su infinito amor.







