1.- La Virgen de Fátima: Señora más brillante que el Sol
SE CUMPLEN LAS PROFECIAS
Hemos contemplado estos últimos años el desmantelamiento imprevisto del marxismo en los países del Este europeo. Se ha cumplido hasta el último ápice la profecía de la Señora de Fátima: Rusia se convertirá. Por fin mi Corazón Inmaculado triunfará. Hay que entender la conversión de Rusia, en su carácter de atea y beligerante contra Dios y la religión, no en una conversión individual de cada persona, que esa no se da ni en Roma.
El caso es que aparte de la apertura de los templos y catedrales, hay datos significativos como el de la felicitación de Vladimir Putin, recién elegido Presidente de Rusia, al archimandrita Ioann Krestyankin, quien el 11 de abril de 2000, se encontró con la sorpresa de recibir una expresiva carta del presidente, en su noventa cumpleaños. El archimandrita Ioann, monje en el Monasterio de las Cuevas Pskov, cercano a la frontera con Estonia, atrae la devoción de muchos ortodoxos que lo consideran un monje que ha recibido el don del discernimiento espiritual. «Su vida -dice el presidente Putin en su carta- es un ejemplo de una gran y auténtica actividad y un sincero servicio a la Iglesia Ortodoxa Rusa, de un esfuerzo por reforzar la fe y el espíritu de nuestro pueblo». «Todos los rusos ortodoxos-añade- le conocen y le aman. Seguramente gracias a maestros como usted, Rusia está retornando a sus raíces espirituales y morales». El ha sobrevivido a la represión comunista contra la Iglesia y a los rigores de la vida ascética, como subraya Putin. Es la primera vez en su vida que los medios de comunicación rusos se ocupan de él.
RUSIA. EL MARXISMO
En el año 1917 se implantó en Rusia la dictadura del marxismo materialista y ateo de carácter estatal. Lenín y Trostki pensaban y ambicionaban dominar el mundo formando un supremo estado totalitario y ateo. Caída Rusia en sus garras, su plan se dirigía a conquistar España y Portugal para, desde allí, dominar toda Europa. El año anterior, 1916, Dios comenzó también a trazar su estrategia. Y así como para la Encarnación envió a un ángel, para anunciar este plan envió a Aljustrel, en Fátima, al Ángel de Portugal, para preparar a los instrumentos de sus planes, que eran tres humildes pastorcitos, Jacinta, Francisco y Lucía, de 7, 8, y 10 años. Cuando nació Jesús, ¿a qué reyes famosos suscitó el Señor, para que le adorasen? Es el mismo Evangelio quien nos responde: «Había en la región unos pastores...» (Lc 2, 8).
LOS PEQUEÑOS
Cristo quiere enviar a su Madre para dar un mensaje al mundo. ¿Quién lo recibirá? El plan de Dios sobre los hombres no ha variado: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos» (Mt 11,25). Lucía, la mayor, diez años, es la última de los seis hijos de Antonio y Maria Rosa dos Santos. Francisco, primo de Lucía, nueve años, es hijo de Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Jacinta, siete años, hermana de Francisco, son los más pequeños de once hermanos. No son santos de leyenda: en su nacimiento ni hubo voces ni señales misteriosas, ni amor a la soledad, ni seriedad impropia de la niñez. Niños sanos y robustos, crecidos en el campo, eran poco inclinados a visiones enfermizas. Tímidos y alegres, como hijos del pueblo humilde. Ninguno de los tres sabía leer ni escribir. Carecen de malicia, son puros y sencillos de corazón. Con la franqueza y la confianza de la niñez: «¿De qué país es usted?», le preguntarán a la visión celeste. Obedientes y amantes de sus padres: sólo una fuerza sobrenatural podrá atraer a Lucía hacia el prado de las apariciones, contra la prohibición de su madre. Tienen sus defectos. Como todos los niños, son naturalmente inclinados al egoísmo y a la comodidad. Ninguno de ellos ha nacido santo. Francisco revela siempre un carácter varonil, muy fuerte, en ocasiones violento. Jacinta, la pequeña de la casa, está acostumbrada a los mimos y pequeños caprichos de niña consentida.
RELATO DE SOR LUCÍA AL OBISPO DE LEIRÍA
UN ANGEL PRECURSOR PREPARA A LOS TRES PASTORCITOS.
Primera aparición: «Soy el Ángel de la Paz».
En el verano de 1916, en la semicueva del Cabeço. «Soy el Ángel de la Paz», les saludó, y después rezó con ellos: «Dios mió, creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman».
ERA UNA SEÑORA MÁS BRILLANTE QUE EL SOL.
15. Día 13 de mayo de 1917. Primera aparición de la Virgen.
En Cova de Iría, a tres kilómetros de Fátima, el 13 de mayo de 1917. La Señora parecía tener entre 15 y 18 años; llevaba un vestido blanco hasta los pies, cerrado el cuello con un cordón de oro; un manto blanco la cubría desde la cabeza; las manos juntas y un rosario entre ellas...«Ni triste, ni alegre, sino seria». La Señora busca víctimas. Una vez prometido el cielo a los tres pequeños, les dijo: « ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todo el sufrimiento que a El plazca enviaros como un acto de reparación, por todos los pecados con los que El es ofendido y para pedir por la conversión de los pecadores?». —Sí, queremos.
Cuenta Lucía: Estando jugando con Jacinta y Francisco, en lo alto de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos de repente algo como un relámpago. —Es mejor que nos vayamos a casa —dije a mis primos—, está relampagueando; puede haber tormenta. —Pues, si. Y comenzamos a bajar la cuesta, llevando las ovejas hacia la carretera.
Al llegar a la mitad de la pendiente, muy cerca de una encina grande, vi mos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos adelante, vimos sobre una encina una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos paramos sorprendidos por la Aparición. Estuvimos tan cerca que nos quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella esparcía. Tal vez a metro y medio de distancia, más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: —1No tengáis miedo! No os quiero hacer ningún mal.—¿De dónde es Vd? —le pregunté.—Soy del Cielo. —¿Y qué es lo Vd. quiere?—Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después os diré quién soy y qué quiero. Después volveré aquí otra vez.—Y ¿yo también iré al Cielo?—Sí, irás. —Y ¿Jacinta? -También.—Y ¿Francisco? También; pero tiene que rezar muchos rosarios.
¿QUERÉIS OFRECEROS A DIOS PARA SUFRIR LO QUE OS ENVIE?
LA VISIÓN DEL INFIERNO
Francisco y Jacinta tuvieron sendas visiones sobre el Papa. Francisco le vio llorando y a la multitud tirándole piedras e insultándole. Jacinta, rezando con mucha gente ante una imagen del Corazón de María.
Hasta 25 años más tarde no se conoció el contenido de la aparición con la visión del infierno. La Señora abrió las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra, y vimos como un mar de fuego: sumergidos en este fuego a los demonios y a las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que salían de las mismas juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados, seme jante al caer de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor.
LA SEÑAL CELESTIAL.
Día 13 de octubre de 1917. 70.000 personas venidas desde todos los puntos de Portugal
Salimos de casa temprano. Había masas de gente. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se repetían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el lodo en los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Pedí a la gente que cerrase los paraguas para rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.—¿Qué es lo que usted quiere?—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío; que soy la Señora del Rosario; que continúen siempre rezando el rosario todos los días. La guerra va a acabar, y los militares volverán en breve a sus casas. Es necesario que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados; —y tomando un aspecto más triste—, No ofendan más a Dios Nuestro Señor que está ya muy ofendido. Y abriendo las manos, las hizo reflejarse en el sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.
LA DANZA DEL SOL
El sol giró rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo un momento, y giró de nuevo con una velocidad vertiginosa, irradiando haces de llamas rojo sangre. Finalmente, la esfera ígnea, pareció temblar, estremecerse y después arrojarse precipitadamente en ingente zigzag hacia la multitud. Al principio se oyó un tremendo grito de terror: “¡Señor, sálvanos!”. Cuando el sol se normalizó, resonó otra exclamación de asombro y alegría: ¡Milagro!... He aquí a María, enfrentada con el poder de las tinieblas, en una lucha cuyos triunfos y derrotas están condicionadas a nuestra conversión y arrepentimiento.
He aquí, señor Obispo, la Historia de las Apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iría en 1917. "¿Quién es ésta que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Cantares 6,10. "Arrepentíos, que ya llega el reinado de Dios" Mateo 3,2."Velad y orad para no caer en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26,41
2.- San Isidro Labrador
Por Jesús Martí Ballester
SE POSTRARON LOS REYES
Ante su sepulcro se postraron los reyes, los arquitectos le construyeron templos y los poetas le dedicaron sus versos. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Burguillos, Espinel, Guillén de Castro, honraron a este trabajador madrileño. El historiador Gregorio de Argaiz le dedicó un gran libro: "La soledad y el campo, laureados por San Isidro". Fue su misión, laurear el campo, frío, duro, ingrato, calcinado por los soles del verano y estremecido por los hielos de los inviernos. El campo quedó iluminado y fecundado por su paciencia, su inocencia y su trabajo. No hizo nada extraordinario, pero fue un héroe.
Fue un héroe que cumplió el “Ora et labora” benedictino. La oración era el descanso de las rudas faenas; y las faenas eran una oración. Labrando la tierra sudaba y su alma se iluminaba; los golpes de la azada, el chirriar de la carreta y la lluvia del trigo en la era, iban acompañados por el murmullo de la plegaria de alabanza y gratitud mientras rumiaba las palabras escuchadas en la iglesia. Acariciando la cruz, aprendió a empuñar la mancera. He ahí el misterio de su vida sencilla y alegre, como el canto de la alondra, revolando sobre los mansos bueyes y el vuelo de los mirlos audaces.
TAN POBRE
Alegre y, sin embargo, tan pobre. Isidro no cultivaba su prado, ni su viña; cultivaba el campo de Juan de Vargas, ante quien cada noche se descubría para preguntarle: "Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?" Juan de Vargas le señalaba el plan de cada jornada: sembrar, barbechar, podar las vides, limpiar los sembrados, vendimiar, recoger la cosecha. Y al día siguiente, al alba, Isidro uncía los bueyes y marchaba hacia las colinas onduladas de Carabanchel, hacia las llanuras de Getafe, por las orillas del Manzanares o las umbrías del Jarama. Cuando pasaba cerca de la Almudena o frente a la ermita de Atocha, el corazón le latía con fuerza, su rostro se iluminaba y musitaba palabras de amor. Y las horas del tajo, sin impaciencias ni agobios, pero sin debilidades, esperando el fruto de la cosecha “Tened paciencia, hermanos, como el labrador que aguanta paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía” Santiago 5, 7. Así, todo el trabajo duro y constante, ennoblecido con las claridades de la fe, con la frente bañada por el oro del cielo, con el alma envuelta en las caricias de la madre tierra.
NO SABÍA LEER
UNA SANTA
Empezaba la vida de familia. A la puerta le esperaba su mujer con su sonrisa y su amor y su paz. María Toribia era también una santa, Santa María de la Cabeza. Un niño salía a ayudar a su padre a desuncir y conducir los bueyes al abrevadero. Era su hijo, que lo era doblemente, porque después de nacer, Isidro le libró de la muerte con la oración. Luego arregla los trastos, cuelga la aguijada, ata los animales, los llama por su nombre, los acaricia y les echa el pienso en el pesebre, pues, según la copla castellana: “Como amigo y jornalero, - pace el animal el yero, - primero que su señor; - que en casa del labrador, - quien sirve, come primero”. Hasta que llega María restregándose las manos con el delantal: "Pero ¿qué haces, Isidro, no tienes hambre? -le dice cariñosamente-. Ya en la mesa, la olla de verdura con tropiezos de vaca. Pobre cena pero sabrosa, condimentada con la conformidad y animada con la alegría, la paz y el amor. Y eso todos los días; dias incoloros pero ricos a los ojos de Dios. Sin saber cómo, Isidro se ha ido convirtiendo en santo. “Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin” Salmo 1,1. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante” Juan 15,6
EL DIÁCONO DE SAN ANDRÉS
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