*"Deja el amor del mundo y sus dulcedumbres, como sueños de los que uno despierta; arroja tus cuidados, abandona todo pensamiento vano, renuncia a tu cuerpo. Porque vivir de la oración no significa sino enajenarse del mundo visible e invisible. Nada. A no ser el unirme a Ti en la oración de recogimiento. Unos desean la gloria; otros las riquezas. Yo anhelo sólo a Dios y pongo en Ti solamente la esperanza de mi alma devastada por la pasión"
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jueves, 10 de abril de 2014
Es necesario que las comunidades cristianas se sostengan por sí mismas…
Esta historia es real, sucedió en la diócesis de Pala en Chad, país africano que visité en 2013. En los retiros de cuaresma. Se visitan las aldeas y se aprovecha para reconciliarse con Dios. Todo esto sucede bajo los árboles, la meditación, las confesiones y la Eucaristía. Entonces ahí estaba el misionero bajo un árbol y se acercó una pareja y se pusieron de rodillas. El misionero les preguntó si querían hablar y ellos dijeron, sí claro, no solo hablar sino confesarnos. Pero ¿juntos? pregunto el misionero. Ellos respondieron con una pregunta ¿no nos has dicho que el hombre y la mujer son una sola carne? pues que tiene que mi mujer se entere de lo que yo le digo a Dios y que yo me entere de lo que ella le dice a Dios. El misionero recordó que las confesiones en la iglesia primitiva eran comunitarias y todos decían sus pecados delante de todos. Y dijo, si vosotros lo queréis que se haga así. Sin duda, los valores cristianos que los misioneros nos han inculcado pueden cambiar el mundo, pero para que la semilla que Cristo ha sembrado a través de ellos no se pierda, es necesario que las comunidades cristianas se sostengan por sí mismas, con sus sacerdotes nativos que continúen el trabajo empezado por los misioneros. Pero esto no puede hacerse en muchas ocasiones por falta de medios económicos.
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