*"Deja el amor del mundo y sus dulcedumbres, como sueños de los que uno despierta; arroja tus cuidados, abandona todo pensamiento vano, renuncia a tu cuerpo. Porque vivir de la oración no significa sino enajenarse del mundo visible e invisible. Nada. A no ser el unirme a Ti en la oración de recogimiento. Unos desean la gloria; otros las riquezas. Yo anhelo sólo a Dios y pongo en Ti solamente la esperanza de mi alma devastada por la pasión"
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viernes, 10 de enero de 2014
Un solo deseo
Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús.
Es tiempo para que nos recojamos especialmente, para reflexionar, para evaluar lo vivido en el año que hemos dejado, para encontrar aquello en lo que debemos enfocarnos en el año que tenemos por delante.
Respecto de lo pasado, bastará con que nos resulte manifiesto aquél punto débil en nosotros, que nos lleva al alejamiento de Dios. Ese hábito, situación, sentimiento o pensamiento que nos acerca al abismo. Esa cuestión que nos hace perder la fe, la confianza, la percepción de la presencia. Conocer y comprender, nos ayudará mucho a prevenir y a recibir la gracia que necesitamos.
En cuanto a los días por venir: el propósito de enmienda, el deseo de seguir más profundamente a Cristo, aceptar las mociones del corazón que nos impulsan a una vida más acorde al Evangelio. Un punto en el cual concentrarnos, un centro de la ascesis y todas nuestras fuerzas y oraciones para llevarlo a cabo.
Es muy importante que nuestro deseo de permanecer junto a Dios en lo cotidiano sea ardoroso y dominante, por sobre todos los demás deseos que puedan aparecer en la mente o en el cuerpo:
El deseo de tener una vida simple, silenciosa, de continua oración. El deseo de servirle, de encontrar y hacer Su voluntad a cada momento.Eso es parte de lo que nos trajo a este camino, a estas páginas y a estos temas. Ese deseo es el que ha de crecer y orientarnos día a día.
Cada vez que repitamos la oración de Jesús, recordemos nuestro anhelo de unión total con Aquel que es y está en todas las cosas. Pidamos la gracia de un corazón unificado.
“Oh Señor, que nuestro corazón se convierta en templo interior, donde se canten perpetuas alabanzas…”
Un saludo fraterno para todos, invocando el Nombre de Jesucristo.
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