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lunes, 12 de noviembre de 2012

Trigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario

domingo 11 Noviembre 2012


San Martín de Tours


Leer el comentario del Evangelio por
Santa Teresa del Niño Jesús : “Lo ha dado todo”

Lecturas

1 Reyes 17,10-16.


El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber".
Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: "Tráeme también en la mano un pedazo de pan".
Pero ella respondió: "¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos".
Elías le dijo: "No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo".
Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.


Salmo 146(145),7.8-9a.9bc-10.


Hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos,

abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados.
El Señor protege a los extranjeros
y sustenta al huérfano y a la viuda;
el Señor ama a los justos
y entorpece el camino de los malvados.



El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones.
¡Aleluya!



Hebreos 9,24-28.


Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro.
Y no entró para ofrecerse así mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya.
Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.
Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio,
así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.


Marcos 12,38-44.


Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas
y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes;
que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad".
Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.
Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros,
porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir".


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza y doctor de la Iglesia
Manuscritos autobiográficos B,1 r°-v°

“Lo ha dado todo”

     “Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la
ciencia del amor”. ¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan
dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber
dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de
los Cantares, que no he dado nada todavía (Ct 8,7). Comprendo tan bien que,
fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor
es el único bien que ambiciono.

    Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa
hoguera divina; ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin
miedo en brazos de su padre. “El que sea pequeñito, que venga a mí” dijo el
Espíritu Santo por boca de Salomón (Pr 9,4) y ese mismo Espíritu de amor
dijo también que “a los pequeños se les compadece y perdona” (Sab 6,6). Y,
en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día “El Señor
apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los
estrechará contra su pecho” (Is 40,11)...

    Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más
pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la
esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide
grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud, como dijo en el salmo
49: “No aceptaré un becerro de tu casa ni un cabrito de tus rebaños, pues
las fieras de la selva son mías y hay miles de bestias en mis montes...
Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y de acción de gracias”. He aquí,
pues, todo lo que Jesús exige de nosotros. No tiene necesidad de nuestras
obras, sino sólo de nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara que no
tiene necesidad de decirnos si tiene hambre, (Sl 49) no vacila en mendigar
un poco de agua a la Samaritana (Jn 4,7). Tenía sed... Tenía sed de amor.
Sí, me doy cuenta, más que nunca, de que Jesús está sediento, entre los
discípulos del mundo sólo encuentra ingratos e indiferentes, y entre sus
propios discípulos ¡qué pocos corazones encuentra que se entreguen a él sin
reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito!    

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