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| Milagros Ortells Gimeno, Beata |
Nació en el seno de una familia profundamente cristiana, un
28 de noviembre de 1882, siendo bautizada en la Parroquia
Santa Catalina de la ciudad del Turía.
Milagro siempre se distinguió
por su piedad y su sencillez. Era de carácter sensible,
alegre, jovial y muy querida y valorada por todos cuantos
la conocieron. No le gustaban las vanidades, ni fue mujer
de guardar las apariencias. Se dice de ella que a
pesar de pertenecer a una clase social acomodada, pues sus
padres eran los dueños de una importante tienda y fábrica
de abanicos de la calle de Zaragoza, entonces núcleo comercial
por excelencia, nunca consintió llevar sombrero, sino mantilla, ni sentarse
en silla en la Iglesia, sino en el suelo, como
los más humildes. Buscaba además la compañía de las niñas
de clase más humilde.
A los diecinueve años manifestó su voluntad
de ingresar en un convento, y su madre la invitó
a hacerlo en las religiosas Reparadoras, pero ella prefirió el
convento de Capuchinas de Santa Clara, lo cual llevó a
cabo, un 9 de octubre de 1902, profesando como hermana
de coro.
Entre los servicios que prestó a la comunidad se
encuentran los de enfermera, refitolera (encargada de comedor), sacristana, consejera
de la abadesa y en sus últimos tiempos el de
maestra de novicias. Todos los testigos señalan en ella virtudes
como el de la prudencia, el espíritu de mortificación, su
profundo y sentido amor a la Virgen y a la
Eucaristía, su observancia fiel a la regla capuchina.
Durante la República,
ya antes de la guerra, se vio obligada a abandonar
el convento en dos ocasiones, pero no sufrió mayores molestias
que los sobresaltos.
El viernes día 20 de Noviembre de 1936,
al atardecer, Milagros, su hermana María y 15 Hermanas de
la Doctrina Cristiana, fueron obligadas a subir a un vehículo,
al que accedieron a empellones y con dificultad, y que
les condujo al picadero de Paterna. Allí algunas de ellas
fueron torturadas, sufriendo mutilaciones y vejaciones durante muchas horas, para
lo cual fueron utilizados instrumentos metálicos de los utilizados con
los caballos. Un estudio elaborado en la “Unitat Docent de
Medicina legal de la Facultat de Medicina de la Universitat
de Valencia” en base a la fotografía del cadáver de
sor Milagro describe perfectamente el terrible martirio al que fue
sometida esta monja.
Esa misma noche fueron fusiladas y sus cadáveres
depositadas en el cementerio de Valencia donde serían fotografiadas y
enterradas en cajas de madera.
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