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sábado, 17 de noviembre de 2012

Dominicas contemplativas

Soledad, silencio, contemplación interior
La vida de las monjas dominicas, lejos de ser una realidad aislada dentro de la Orden de Predicadores, es ante todo una complementariedad maduramente sopesada, tanto del ser como del hacer:
  • La monja para hablar con Dios en el silencio, orando ininterrumpidamente, pensar en Él e invocarlo.
  • Los frailes, hermanas y seglares, evangelizar por todo el mundo el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Estos dos aspectos de la vida dominicana se fecundan mutuamente por la caridad y la estrecha relación entre sus miembros.
Las dominicas contemplativas, somos mujeres que en el amor, hemos hecho de Dios nuestro centro, asumiendo como propios los sufrimientos y alegrías del hombre de hoy, perpetuando en la historia el clamor constante de Santo Domingo:
¡Dios mío! ¡Qué será de los pecadores!”; o lo que es lo mismo: ¡qué será de tantos hombres y mujeres ahogados en el sin sentido, en la desesperación, en el odio, en el vicio…! ¡qué será de tantas personas humilladas física y psicológicamente! ¡de tantos hombres y niños sin hogar, sin pan y sin amor!…
hemos hecho de Dios nuestro centro…
Las monjas dominicas queremos ser una luz en el camino de los hombres, un recuerdo perenne de la existencia de Dios y la alegría del Reino, ¡un testimonio viviente del Resucitado!

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