*"Deja el amor del mundo y sus dulcedumbres, como sueños de los que uno despierta; arroja tus cuidados, abandona todo pensamiento vano, renuncia a tu cuerpo. Porque vivir de la oración no significa sino enajenarse del mundo visible e invisible. Nada. A no ser el unirme a Ti en la oración de recogimiento. Unos desean la gloria; otros las riquezas. Yo anhelo sólo a Dios y pongo en Ti solamente la esperanza de mi alma devastada por la pasión"
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sábado, 20 de septiembre de 2014
BENDICIONES y ORACIONES muy sencillas
Para aprender a orar, habituarse a elevar el pensamiento hacia Dios, impregnar del Espíritu Santo nuestra vida, y dar sentido y fuerza a todo cuanto hacemos.
Empezar el día
Te damos gracias, Señor, porque nos has concedido llegar al nuevo día, signo de la resurrección de Cristo.
Bendito seas, Padre del Cielo, porque este día es una nueva oportunidad para enmendarme, servirte y alabarte.
Señor: millones y millones de difuntos quisieran tener lo que yo tengo: un día para corregirme y crecer en tu amor.
Bendigo con tu bendición, Padre del Cielo, a cada persona que he de tratar en este día; cumple en todos tu voluntad.
Te bendigo, Padre, por este día, que nunca existió jamás y que nunca ha de volver; ayúdame a vivirlo contigo.
Espíritu Santo
Padre del Cielo, atiende el clamor de tu Hijo Unigénito y envía pronto y en abundancia el don del Espíritu Santo.
Por la dolorosa Pasión de Cristo, te suplico, Espíritu Santo: cuida el pueblo recuperado a tan alto precio.
Espíritu Santo: danos arrepentimiento y sincera conversión junto con la certeza de tu gracia y tu misericordia.
Abre nuestro corazón a tus inspiraciones y nuestra vida entera a la fuerza de tus dones y carismas, Espíritu de Dios.
Espíritu Santo: Tú que transformas el pan en Cuerpo de Cristo, transforma mi humilde siembra en cosecha grata a Dios.
Espíritu de Amor: ¡Ven! Sólo con tu luz y sólo con tu amor podré vivir como verdadero hijo del Dios Altísimo.
Espíritu Santo, que transformas el vino en Sangre de Cristo, revélame el valor del dolor cuando se asocia a su pasión.
Tú que con tu unción transformaste a la Virgen María en santuario de gracia, dame amor y constancia en la oración.
Espíritu Santo, dame suficiente comprensión de los misterios de Dios para entregar todo mi ser a sus sabios designios.
Don sobre todo don, Espíritu Santo, concédeme amar a Dios sobre todas las cosas, y a mi prójimo como a mí mismo.
Virgen María
Con las palabras que Dios escogió para saludarte, elevo mi pensamiento hacia ti, Virgen llena de gracia.
Con las palabras de Isabel, te repito, María: Bienaventurada eres porque has creído lo que te ha dicho el Señor.
Tú, María, eres bendita entre las mujeres: única que ha escuchado del Dios hecho hombre la palabra "Mamá."
No sabe uno qué admirar más: si la abundancia de lo que recibiste o la inmensidad de lo que diste al mundo, María.
María: ningún auxilio o don te faltó para la misión única que Dios te encomendó al darte su Hijo.
Gracias, María, Virgen Bella, por revelar en dónde está la verdadera hermosura.
El recogimiento de tu corazón es el secreto de la sabiduría de tu palabra, bendita Virgen de Dios.
¿Cómo no agradecerte, María, el SÍ de la Anunciación? ¿Pero entonces qué palabra usar para tu SÍ ante la Cruz?
María: Tu mirada, tu pureza, tu bondad... todo es derrota para el demonio; todo en ti proclama la victoria de Dios.
María, hoy quiero unirme a la Iglesia en oración porque tu plegaria anticipa y apresura la llegada del Espíritu Santo.
Jesucristo
Por el día bendito de tu gloriosa Encarnación, en que se decretó la salvación del mundo, gracias, Jesús.
Por la humildad y despojo que marcaron tu vida entera, ya desde tu nacimiento, gracias, Jesús.
Por el ocultamiento y la obediencia que sellaron los misterios de tu infancia, gracias, Jesús.
Por acoger para bien nuestro el Don del Espíritu, que te ungió el día de tu bautismo, gracias, Jesús.
Por tu limpia victoria sobre el demonio, sus tentaciones y sus trampas, gracias, Jesús.
Por cada uno de tus milagros, señales de tu infinita misericordia, y de la llegada del Reino de Dios, gracias, Jesús.
Por la elocuencia incomparable de tus palabras, que a todos llegan y a todos iluminan, gracias, Jesús.
Por haber acogido con dulzura a los pecadores y sobre todo: por regalarnos la gracia de la conversión, gracias, Jesús.
Por tu paciencia cargada de amor y sabiduría, en las horas oscuras de la Dolorosa Pasión, gracias, Jesús.
Por cada gota de tu preciosísima Sangre, derramada con tanto fuego de Amor, gracias, Jesús.
Por haber soportado el dolor de ver sufrir a tu Santísima Madre, y ello por nuestra salvación, gracias, Jesús.
Por el esplendor incontaminado e invencible de tu resurrección gloriosa, gracias, Jesús.
Por la Promesa bendita del Espíritu Santo, que cumpliste con creces el día de Pentecostés, gracias, Jesús.
Porque te has ido a prepararnos un lugar, junto a ti y junto al Padre, para toda la eternidad, gracias, Jesús.
Por el día mil veces bendito de tu retorno glorioso, desde ya te aclamamos: ¡Gracias, Jesús!
Alimentos
Te bendecimos, Señor, por estos alimentos y te pedimos que nos hagas sensibles a las necesidades de nuestros hermanos.
Bendice, Señor, estos alimentos, y ascienda a ti nuestra gratitud, junto con el deseo de servirte cada vez mejor.
Bendice, Señor, los alimentos que tu generosidad nos concede, y admítenos misericordioso a la mesa de tu Reino.
Bendice, Señor, nuestros alimentos para que perseveremos en tu santo servicio.
Señor, Tú que revelaste en la Cena tu amor a los discípulos, descúbrenos el misterio del pan que compartimos.
Terminar el día
Señor: gracias por quienes hoy cruzaron mi camino: todos enseñan algo sobre lo que debo hacer o lo que debo evitar.
Te bendigo, Padre Dios, por el trabajo realizado, y entrego a tu misericordia lo que ha podido y debido ser mejor.
Es misericordia tuya, Señor, llegar por fin a descansar; pero fue también tu misericordia poder cansarse trabajando.
¡Cuántas de tus obras, Señor, tuvieron a la noche por único testigo! Entre todas brilla la gloriosa Resurrección.
Señor, concédeme aceptar los momentos de oscuridad y saber que también de noche crecen las semillas de tu gracia.
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