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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Perdóname, Quiero Volver a Casa Padre.

Hoy la “Vida de Jesús” nos enseña como encontrar paz cuando la perdimos por orgullo, vanidad, por creer que podemos llevarnos el mundo por delante cuando circunstancialmente nos va bien económicamente.
En el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas. Lc 15, 1-3. 11-32, tenemos una de las parábolas más impactantes, la del Hijo Pródigo sobre la cual podemos hablar muchísimo ya que lo podemos enfocar desde el punto de vista del padre o de cualquiera de sus 2 hijos.

Te recomiendo leas atte esta parábola, lo hagas en un lugar solitario, sin ruidos, apaga tus teléfonos, msn y skype. Pídele al Espíritu Santo que te ilumine para comprender lo que Jesús quería decir en ese momento:

“Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’. Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.

Palabra del Señor.

Jesús nos muestra como el valor que uno de los hijos da al DINERO (con mayúsculas) pudo cambiar la vida no sólo de él sino la de su familia. Sabemos bien que el dinero es necesario para suplir nuestras necesidades de vida como alimentación, vestimenta, educación, diversión, etc. Pero si damos más valor que el corresponde nuestro dios pasa a ser otro que no es el único, el todopoderoso, el creador del cielo y la tierra. Eso nos lleva al orgullo, a la vanidad, es como una droga que puede estimularte parcialmente haciendote disfrutar placeres de este mundo pero que a lo largo no conducen a otra cosa que a la frustración, al desencanto, pues hemos entrado en el pecado y salir de él sólo se puede reconociendo con dolor y arrepentimiento sincero que nos hemos equivocado, que hemos ofendido a nuestro Padre y que estamos dispuestos por todos los medios, con sincera humildad volver a sus brazos, a esos brazos que nos estaban esperando, pues su AMOR es tan grande que nos espera desde siempre con su INFINITA MISERICORDIA.Es allí en este punto donde volveremos a encontrar Paz y Felicidad Verdadera con la Reconciliación, como sacramento, y la posterior Comunión, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Te dejo hoy un pensamiento de Henri Nouwen, en el libro “ El regreso del hijo pródigo”, de Editorial PPC.

“Ahora comienzo a ver lo radicalmente que cambiará mi trayectoria espiritual cuando deje de pensar en Dios como alguien que se esconde y que me pone todas las dificultades posibles para que lo encuentre, y comience a pensar en él como aquél que me busca mientras yo me escondo. Cuando sea capaz de mirar con los ojos de Dios y descubra su alegría por mi vuelta a casa, entonces en mi vida habrá menos angustia y más confianza. ¿No sería bueno aumentar la alegría de Dios dejándolo que me encontrara y me llevara a casa, y celebrara mi regreso con los ángeles? ¿No sería maravilloso hacer sonreír a Dios dándole la oportunidad de encontrarme y amarme generosamente?”.

Jesús Te Ama

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